Lo soez no quita lo valiente
Concepción, puesta en escena: Mathilde Carmen Chan Invernon. Interpretación: Arianna Camilli y Mathilde Carmen Chan Invernon. Dirección técnica de escenario: Marie Montfort Prédour y Hugo Cahn. Creación de luces: Justine Bouillet y Loïc Waridel. Escenografía, Vestuario: Andrea Baglione. Creación sonora: Aho Ssan y Loïc Waridel. Entrenador vocal: François Renou. Colaboración artística: Maud Blandel. Miradas externas: Anna-Marija Adomaityte, Piera Bellato. Confección de vestuario: Charlotte Lépine. Asistencia de escenografía: Antonie Oberson, Gaëlle Chérix. Producción: Cie Carmen Chan, Christine Maupetit. Coproducción Emergentia – encuentro para la creación coreográfica emergente realizado por L’Abri, el TU y el Pavillon ADC Ginebra, La Bâtie Festival. Apoyos: La Loterie Romande, Fondation Engelberts, Ernst Göhner Stiftung, Corodis, Cantón de Ginebra. Duración: 45 minutos
Festival TABA. México 3554. Viernes 13 de febrero, a las 20 h.

Desde hace algunos años, la explosión del feminismo llegó para, no solo reivindicar la lucha de la mujer por la obtención de igualdad de derechos y contra la violencia de género, sino para poner la lupa en la conducta masculina. De más está decir que, lo más fácil para los “machos”, fue parapetarse en la trinchera del “soy así” y convertirse en cascotes con patas, en vez de abrirse –y enriquecerse- con los nuevos vientos de cambio. Algo que, parece ser, no respeta fronteras.
En esta edición del TABA, “Bell end” abre la programación con una propuesta polémica, que pone el dedo en la llaga de lo dicho en el primer párrafo. Dos seres, dos hombres, reciben a los espectadores. De a poco, su conducta logra la empatía de varios/as de los/as presentes, pero, ¿qué pasa cuando la misma se prolonga a través del tiempo? La sensación de “acostumbramiento” se va imponiendo, aunque de diversas formas. La de la mujer, por convivencia “forzada” con el mismo mientras que en los hombres por el reconocimiento inmediato de ese comportamiento. Es cuando la risa cómplice –ponele- da lugar a la incomodidad y a la reflexión. Un estancamiento adolescente que no lleva a ningún lugar aunque, nadie va a decir nada al respecto. El “somo’ todo’ amigo”, “es así y no lo vas a cambiar” y demás, invaden las mentes de los tipos en medio del pavoneo de quien domina la escena.
Por tal motivo, lo que hacen Arianna Camilli y Mathilde Carmen Chan Invernon –ideóloga general de todo lo visto- impacta y también molesta. Lo procaz pasa a ser norma de conducta. ¿Es tan así? Probablemente no, pero se debe señalizar con un imaginario cartel luminoso para darse cuenta. ¿O nos percatamos de todo y nos hacemos los otarios para seguir con la farsa generalizada? Lo que se ve en el escenario atraviesa a gran cantidad de hombres y su linkeo con alguien en particular. Podría caerse en una enumeración que va tanto desde Liam Gallagher hasta un viejo amigo de la secundaria, pasando por uno mismo en las propias etapas de crecimiento.
Las coreografías y los diálogos que se ven en pantalla son elocuentes. Parece que no hay tanta diferencia entre la “moderna” Suiza y Argentina. La falta de respeto es moneda común a todos los países. El atrasar años, quizás también. Un “in your face” tosco, burdo y poderoso, del que nadie puede hacerse el/la distraído/a. Una boca puede hablar tanto como una panza. Habrá que ver cuál de las dos dirá algo interesante. No en vano se le pregunta a los hombres con cuál de las dos cabezas piensa. Los resultados quedan a la vista. Sobre todo, cuando subís al colectivo o al subte y te encontrás con un tipo con las piernas abiertas. Más si sos hombre y ante esta situación cotidiana, la “comprendes”. Pero, ¿qué hace la mujer? La empatía y el ponerse en lugar del otro, te lo debo.
La dupla Camilli- Invernon juega con la platea y está bien. Es genial cuando el artista pone al público en un lugar difícil. Es su función. Una señora irrespetuosa que sacaba fotos delante de este cronista pero, después del tercer sonido, deja de hacerlo. Se queda dura. No entiende lo que ve. “Fui a ver una obra para divertirme con mi hijo y veo esto”. Excelente. Preste atención a lo que ve, abra su cabeza –y la de su hijo- y charlamos. Después, analizaremos a partir del “gusto” porque aquí también hay algo por decir.
Surge un nuevo interrogante. ¿Me puede resultar interesante algo que no me “gusta”? Tranquilamente. La reiteración constante de un recurso puede ser contraproducente en tanto lograr lo contrario a lo buscado. Pero ahora la pregunta es si se reitera el discurso para que se entienda lo que se quiere decir. ¿Debemos caer en el exceso de “pedagogía” y “didáctica” con un público que tiene la capacidad de atención de un capítulo -corto- de una serie de Netflix y sufre de una adicción al celular? La discusión es larga.
“Bell end” es de ese tipo de puestas que abre el debate apenas termina la función. Ideal para recomendarla a quien –se sabe- le va a impactar y a pasar un mal momento por lo visto sobre el escenario. El linkeo es constante y llama a la reflexión. Más cuando el público está molesto, pero aplaude. La hipocresía se viste de respeto. Parafraseando a Miguel Abuelo, “no lloren, crezcan”., aún a partir de una obra que no te haya gustado en absoluto.
