“Glub! Ejercicio de supervivencia”.

Tiempo de resistencias

Autoría y actuación: Pablo Razuk. Diseño sonoro: Mar Bel. Realización de escenografía: Osvaldo Gonzulio Gonzalez Rubio y Cecilia Onorato. Diseño De Iluminación: Horacio Chino Novelle. Diseño gráfico: Pablo Vega. Asistencia técnica y de dirección: Siro Razuk. Dirección general: Martin Ortiz.

Teatro El Crisol. Malabia 611. Viernes, 20.30 h.

Por Mariana Turiaci

Un hombre en una balsa, la inmensidad del mar y el grito desesperado “¿Hay alguien con vida?” Así comienza Glub, ejercicio de supervivencia, el unipersonal escrito e interpretado por Pablo Razuk con dirección de Martín Ortíz. Una primera imagen que inquieta y cuyas sensaciones seguirán quedando en la atmósfera.

Está solo… ¿o no tanto? Con la naturaleza como única compañía, los días y las noches transcurren iguales en un eterno retorno. ¿Está escapando? ¿Tiene un destino, una especie de “tierra prometida”? ¿Es el único sobreviviente del mundo? ¿Se trata de un sueño o está muerto y aún no lo sabe? Múltiples preguntas se abren, dejando varias inquietudes en la mente del espectador.

En ese tiempo no tiempo, en ese presente perpetuo, él no se rinde. Se llena de pequeñas rutinas para sobrellevar un día (y una noche) más. Mientras tanto, el lenguaje es su refugio y su trinchera. Habla y reflexiona con palabras propias y ajenas en un cruce textual que invoca a Shakespeare, Lorca y Calderón de la Barca. También recuerda el pasado, esa vida que alguna vez lo llevó a enamorarse y a soñar con otros futuros posibles.

Esa pulsión tan humana que es la narración, se convierte acá en su propia marea, una que lo cobija y que lo arrulla en las horas más frías. Narrar y narrarse para aferrarse al presente, a lo que queda de humano; para no perder ese lenguaje que nos distingue de otras especies; para no olvidar y para resistir, tal como hace el teatro en estos tiempos de crueldad.

El texto tiende puentes con otras expresiones artísticas como la música y el cine: el clásico tema de Los Gatos considerado fundador del rock nacional y películas como El náufrago y Titanic. Esa balsa en la que naufragan Tanguito y Lito Nebbia es la que todavía permite hacer pie abrigando alguna esperanza. Al igual que Tom Hanks, también tiene un compañero manufacturado entre tanta soledad. Hay una reconstrucción de ese universo onírico donde parece navegar el protagonista. En ese sentido, la utilización de elementos audiovisuales, junto con la iluminación, terminan de configurar ese eterno retorno a lo mismo.

En ese clima desolador, Pablo Razuk nos brinda toda una clase de actuación gracias a su interpretación y al manejo corporal y vocal mientras que la dirección de Martín Ortíz logra encontrar y explotar la teatralidad de un texto absolutamente poético.

Glub es una puesta sobre la soledad, el coraje, los sueños y el poder de la palabra. Es también un ejercicio metateatral porque ¿qué es un unipersonal sino un ser humano en una balsa? Ese puro presente que desafía a tomar riesgos y sortear obstáculos con una entrega absoluta para sobrevivir, como lo está haciendo la sociedad argentina hoy.

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