Quitar el velo de la violencia
Autor y director: Fernando Rubio. Elenco: Gabo Correa, Pablo Gasloli, Lucrecia Oviedo, Nayla Pose, Jorge Prado, Silvina Sabater. Diseño sonoro: Sebastian Sachtel. Diseño de espacio: Fernando Rubio. Asistencia de dirección: Tatiana Sandoval
Festival Temporada Alta. Sábado 21 de febrero. Timbre 4. México 3554. A las 20 h.

Dos micrófonos se ubican de manera paralela a un escenario. Dos bancos pequeños, sin respaldo se ubican en el centro, sobre un piso de tierra, esperando a ser ocupados. Parece ser una caja que se convertirá en un cuarto u otra geografía.
Suenan voces que relatan diferentes hechos, por demás trágicos y duros. El «decir» parece ser absolutamente «objetivo» en tanto no habría emoción alguna. ¿Debería haberla? Las acciones se condicen con lo dicho y lo potencian. Cada situación tendrá su devenir que, para alguno, podrá ser «inesperado». ¿Lo será?
Fernando Rubio plantea una performance en que el texto, las actuaciones, la pantalla y toda su creatividad se plasma sobre tablas, mientras indaga sobre los femicidios y la violencia contra las mujeres. Por ende, exige una atención única e inocultable. La actualidad de los temas planteados no da pie a que la evasión diga «presente». Es más, su aparición condenaría a quien la albergue. Más aún, en tiempos de conservadurismo extremo y liberotarismo desmedido que atrasa años.
Cada recorte impacta en tanto representa diversos y múltiples puntos de vista. El acercamiento es sutil al oído pero directo en cuanto a los detalles de aquello que no se ve o no se nos permite ver. La intimidad deja de serlo para romper la cuarta pared e inquiere. La incomodidad se percibe en los presentes así como la conmoción. Ambas podrán diferir, llegado el caso, si se es hombre o mujer, su vida y sus vínculos. Reiteramos: no es posible mirar para otro lado so pena de terminar siendo «abyecto y desalmado», como diría un tema de un reconocido cantante rosarino. No es exageración.
No vuela una mosca en la sala grande de Timbre 4. La concentración es absoluta, tanto por parte de los artistas como del público. El diseño sonoro del portuario Sachtel es sutil pero certero en sus apariciones. El elenco es de calidad y no se excede en ningún momento. Por el contrario, la contención en sus manifestaciones es tan precisa como contundente.
“Yo no muero. Ya no más” llega al final y quedan esos segundos de pausa entre el shock, la reflexión y el deseo de aplaudir lo visto. Fernando Rubio concibió ese tipo de puestas performáticas que combinan de manera exacta el arte con la denuncia, al tiempo que exige una toma de posición. Teatro de visión necesaria, en vínculo directo con una realidad que duele.
