
Tras el boom de lo que fue “Gámbito de Dama”, el ajedrez tuvo una pequeña primavera de popularidad. Anya Taylor Joy dio vida a una Beth Harmon que imponía su talento y sus vicisitudes en el mundo machista de los trebejos. No obstante, éste personaje no era solo una creación artística sino un patchwork de la personalidad de ajedrecistas varios como Bobby Fischer, Gary Kasparov o Vera Menchik. Lo que muy pocos sabían –salvo los amantes del juego ciencia- es que había una joven que coincidía en varios aspectos con la introspectiva y carismática Beth. Inclusive, hasta compartían el rojo fuego de su cabellera.
Nacida en Budapest, Hungría, país de fuerte tradición ajedrecística, Judit Polgar es considerada la mejor exponente de la Historia. Tiene méritos de sobra para ostentar dicha corona. Inclusive, cuenta con una vida por demás rica. Era la menor de tres hermanas (Zsuzsa y Sofía) que hicieron del apellido Polgar una marca indeleble en el ajedrez, pero lo de Judit superó todo. Tal fue el record de obtener el título de Gran Maestra a los 15 años y 5 meses, superando a Bobby Fischer. El experimento realizado por papá Lazlo y mamá Klara de brindarle a las nenas, una educación destinada exclusivamente a su desarrollo ajedrecístico, daba sus frutos.

Asidua visitante a nuestro país, Judit se destacó por encarar su carrera en el mundo de los trebejos al competir con hombres. Allí es donde se encuentra el mérito principal del documental. Como no podía ser de otra manera, cuenta con la cuota de lucha y resiliencia en un ámbito muy machista, en el que a la mujer se la ninguneaba. Ni más ni menos. Esto incluye la incapacidad de soportar una derrota por parte de los más afamados ajedrecistas (tal es el caso de Victor Korchnoi frente a Sofía) y las declaraciones de Fischer o Kasparov. Inclusive, siendo el primero albergado por la familia Polgar en sus últimos años de vida, en medio de sus problemas legales y personales.
Las mujeres, muy de a poco, se abrieron dentro del mundo del ajedrez. Lo que habían construido sus hermanas o jugadoras como Pia Cramling o Maia Chiburdanidze, Judit lo mejoró. Lo hizo tanto en calidad como en el lapso de tiempo en que obtuvo sus éxitos. Inclusive, en su larga lista de galardones, hay uno que brilla con especial aura que es el haber ganado junto a sus hermanas (tenían 19, 14 y 12 años) y a Ildiko Madl, dos veces consecutivas las olimpiadas de ajedrez por equipo en 1988 y 1992, derrotando a las –hasta entonces- imbatibles soviéticas.

El camino de la heroína que plasma el documental de 95 minutos, busca hacer justicia con quien brilla como pocas y cuenta logros impresionantes. Pero también es una niña devenida mujer que busca vivir su propia vida. La relación con sus padres –en especial, Laszlo-, sus hermanas y su forma de encarar su existencia son importantes; al igual que su relación de pareja. Es una jugadora con los pies en la tierra, que sabe precisamente lo que quiere y cómo lo quiere.
Igualmente, como no podía ser de otra manera, se buscó una figura que se contraponga a la buena de Judit. El elegido es nada más y nada menos que el ya mencionado Gary Kasparov, quizás el mejor ajedrecista de todos los tiempos. Ahí surge la pregunta simple de “¿para qué?”. Si bien termina derrotando al “Ogro de Bakú”, ¿cuál es la necesidad de contraponer logros que van por caminos diferentes, a menos que el ego –y el machismo- se entrometa? De hecho, el comienzo del documental tiene más minutos destinados a Gary que a la propia protagonista. Una pena.

Es justamente por este punto donde el documental pierde un tanto el rumbo al pegar la figura de Judit a la de Gary. Se lo que quiere ubicar a Kasparov como “villano”, algo que tampoco termina de cuadrar. Con más minutos destinados a su propia vida y a la de su familia, hubiese logrado un documental 100% Polgar. Esto, sin necesidad de crear “enemigos forzados”. De hecho, se dejan de lado varios momentos destacables como su paliza a Anatoly Karpov y sus victorias frente a Korchnoi, Viswanathan Anand o Alexei Shirov. A veces, hay que dejar de lado la parte edulcorada hollywoodense ATP y centrarse en las virtudes propias de quien es el/la homenajado/a
“La reina del ajedrez” hace honor a la vida y obra de Judit Polgar y al legado que ha dejado para futuras generaciones. Una jugadora única e irrepetible, que aún perteneciendo al Olimpo de las leyendas, mantiene la humanidad y la humildad de los/as grandes.
