El delicado sonido del teatro.
Texto: Juan José Saer. Performers y voz: Victoria Roland y Guillermina Etkin. Composición musical y música en vivo: Guillermina Etkin. Asistencia de dirección, sonido y bajo en vivo: Azul Faini. Diseño lumínico: Matías Sendón. Diseño de vestuario: Belén Parra. Fotografía: Centro Cultural Borges, Martina Perosa y Wo Portillo del Rayo. Idea y dirección: Juan Coulasso y Victoria Roland. Duración: 65 minutos
Centro Cultural Borges. Viamonte 525. Sábados y domingos de marzo, 20 h.

Crear aún cuando el riesgo sea importante y se tensen los límites de una definición de libro, como si esta fuese la verdad revelada. La dupla conformada por Juan Coulasso y Victoria Roland honra la palabra «búsqueda». En este caso, continúa el camino inaugurado con las excelentes “El mundo es más fuerte que yo” y “Una obra más real que la del mundo”, con una nueva propuesta igual de atrapante y recomendable que las mencionadas. Aquí, el dúo creativo une fuerza y talento a la reconocida Guillermina Etkin para dar a luz una puesta inquietante.
A partir de “La mayor”, de Juan José Saer, se procede a una intervención completa de un texto para concebir una obra nueva, partiendo ya de un clásico. Una experiencia curiosa e intrigante para quienes ingresan a esta vorágine de combinaciones artísticas varias. Cada espectador hará su propia versión dentro de su propia cabeza…y corazón. Por eso, no es raro que haya gente que esté con los ojos cerrados o mirando al infinito. Los gestos y el acompañamiento musical hacen lo suyo. ¿Un recital de teatro o una performance sonora? Lo que sea. No importa.
La voz de Victoria Roland es clara y elocuente. En ocasiones, parece que retoma a la Amelita Baltar de “Balada para un loco” aunque su cadencia la ubica en este 2026, siendo aquella su condición de producción. En cambio, Guillermina Etkin salta del piano a la trompeta o bate parches de una batería electrónica, para concebir la atmósfera musical. Azul Faini es esa mano invisible que sostiene todo y aporta desde la discreción. Desde ahí, hace aún más importante su presencia.
Como no podía ser de otra manera, el sonido es fundamental. El tratamiento que se le brinda es pura creación de sentido. El relato tiene distintas velocidades. La luz hace su aparición. Marca espacios, con todo lo que implica esta palabra. Esto trascenderá si los ojos estén abiertos o cerrados en la personalísima gira mágica y misteriosa que estén realizando los presentes. Los cuerpos de los artistas se mueven, se desplazan. No se quedan quietos salvo en ocasiones. Todo está sensiblemente calculado.
Una trompeta a lo Miles Davis de su última etapa atraviesa el ambiente. El oído melómano establecerá estas diferencias que terminan siendo complementarias y necesarias. Lo mismo podría decirse en relación con discos urbanos como “The heart of Saturday night” de Tom Waits o incluso “la Trilogía de Berlin” de David Bowie, aunque este último, deja un guiño a una modernidad industrial que deriva en esta actualidad cibernética, fría y terraplanista. Una Buenos Aires que cambió a través del tiempo para ser una urbe en la que hay seres humanos que la disfrutan y, sobre todo, la sufren.
El texto se vive, más que se relata. Se dice como quien realiza una catarsis, con sus diferentes estados. Hablar para comunicar. Esa voz en off, con expresión deforme tiene algo que impacta y quita cualquier tipo de mareo. Es en ese híbrido de lenguajes donde la puesta adquiere una identidad absolutamente definida y personal. Son esas paradojas en las que este tipo de proyectos transita y les cae como anillo al dedo. No hay centro… ¿o hay varios? ¡Hasta la disposición de los asientos es rara!
“La mayor” es tan cautivante como difícil de encasillar e incómoda para muchos. Es, justamente, una de sus tantas virtudes. Arriesgar para crear, sin miedo a equivocarse. Algo que, lamentablemente, pareciera estar en vías de extinción. Exige al espectador y no brinda nada “masticado” para un consumo fácil y placentero. Por el contrario, es en todo ese proceso donde radica su riqueza e inquietud artística.
