Let it be
Libro: Juan Francisco Dasso y Julieta Desmarás. Idea original y actuación: Belén Pasqualini. Diseño de escenografía: Micaela Sleigh y Marlene Lievendag. Diseño de vestuario: Jade Ferrari y Zoel Gastou. Fotografía: Bruno Busnelli. Diseño de iluminación: Mili Chain. Diseño de visuales: Tomás Serio (t0n). Asistencia Musical: Cardinal Sur. Mezcla y Mastering: Hernán Ambrogi. Diseño de movimiento: Carla Rímola. Prensa: Prensópolis. Diseño de producción: Mery Pastore Camino. Producción, composición musical y letras de canciones: Belén Pasqualini. Dirección: Dasso, Desmarás, Pasqualini. Clasificación: + 13 años. Duración: 60 minutos
Dumont 4040. Lunes 7, 14 y 21 de septiembre, 21.30 h y sábado 3 de octubre, 22 h.

Suele haber historias que implican rupturas de las más profundas, para saciar un deseo extremadamente profundo. Es algo que le ocurrió a Margaret Bulkley, una mujer nacida en Cork, Irlanda, el 9 de noviembre de 1795. Su anhelo por estudiar medicina la hizo dejar de su identidad de lado para convertirse en James Barry.
¿Fue así? ¿Cuánto cambió «Margaret» para ser «James»? Para algunos, será mucho y para otros, no tanto. Sólo el sexo pero ¿lo modificó realmente? Estos interrogantes y varios más, son planteados por Belén Pasqualini en un unipersonal tan cautivante como rico en las múltiples capas que propone para conocer, analizar y sentir.
Por tal motivo, desde el mismísimo inicio de unos sesenta minutos muy bien desarrollados, la atención viaja del oído a los ojos –y viceversa- con precisión no exenta de sensibilidad. No cualquiera rompe con los deberes, obligaciones y leyes de una época para convertirse en quien dejó un legado en la medicina. Mejoró las condiciones de higiene al tiempo que realizó la que sería considerada la primera cesárea exitosa de la historia.
El texto concebido por la dupla Juan Francisco Dasso y Julieta Desmarás no escatima datos ni detalles de una vida en la que pasó de todo. Sacrificio en pos de una vocación. Dos caras de una misma moneda, que conforman un todo que es mayor que la suma de ambas partes. El quiebre que realiza Margaret al transformarse en James no es algo para tomar a la ligera. Lo hizo porque quería entrar a estudiar y no podía por su condición de mujer.
Será en ese momento en que el diálogo con la actualidad se hace palpable. Quizás, no de manera literal pero sí, en tanto la igualdad de derechos entre hombres y mujeres sigue siendo una asignatura pendiente en varias sociedades, atiborradas de conservadurismo que atrasa años. Tampoco cae en una romantización banal sino que pone sobre la mesa una discriminación que viene desde hace mucho tiempo. Cambian las formas pero continúa al día de hoy, con una estela de muerte que no ha menguado.
Belen Pasqualini lleva adelante un espectáculo integral en el que pone toda su talento y su sensibilidad para crear un ser único e irrepetible. Su aura ocupa el centro de la escena junto con el adecuado uso de imágenes. Un dispositivo escenográfico potencia el siempre vigente axioma de “menos es más” para construir los diversos ámbitos en los que ha vivido. Lo mismo ocurre con el vestuario, que funciona como esa segunda piel de quien muta constantemente sin perder su esencia.
Párrafo aparte para la interpretación vocal de Pasqualini. Canta a dos voces, con coros y una partitura plena de armonías y melodías, de precisión quirúrgica. Una interpretación cautivante que se linkea con un excelente trabajo en el diseño sonoro. Un repertorio con tintes electrónicos que combina música irlandesa, al mejor estilo Jesse Buckley. Técnica y corazón para una artista que no escatima encarar nuevos desafíos.
A través de una puesta tan atrapante como entretenida, la troika Pasqualini-Dasso-Desmarás concibió la excelente “(Ser) James” que es toda una toma de posición. En tiempos en que la pasteurización y la banalización de algunos términos parecen imponer agenda, surge un musical que reivindica el deseo de libertad y el respeto por la identidad.
