Lo que no pasa de moda
Dramaturgia y dirección: Juan Andrés Romanazzi. Con Paula Mbarak, Ivan Moschner y Laura Silva. Vestuario y escenografía: Aje Roppongi y Mauricio Vila. Iluminación: Pablo Rojas. Pelucas y caracterización: Aje Roppongi. Diseño sonoro: Paula Vargas. Video y fotografía: Clara Romanazzi. Diseño gráfico: Ramiro Valle. Asistencia de dirección: María Florencia Laborde. Producción: Carola Parra. Duración: 70 minutos.
El Portón de Sánchez. Sánchez de Bustamante 1034. Martes, 20.30 h

Las historias de antaño pueden tomarse con la heroicidad y la “moraleja” que permite la distancia temporal, en relación con la actualidad. Más aún, si fueron llevadas al cine que las dota de una proximidad tan grande que terminan siendo un texto pasteurizado, apto para el consumo rápido del público.
En cambio, desde el teatro, hay varios ejemplos de una extrapolación a través del tiempo que termina siendo certera y reveladora en tanto el planteo de nuevas reflexiones. Por ejemplo, si Ulises dejase su aura guerrera para convertirse en un chofer de micros de larga distancia y Penélope fuese la mujer que cuida el baño de una estación de ómnibus.
Será en ese preciso instante cuando los planetas se alinean para crear un relato que transciende sus condiciones de producción de la mitología. Un mundo nuevo, con toques de humor, pero extremadamente humano en tanto los deseos y necesidades de los protagonistas. La búsqueda del amor en tanto felicidad se contrapone con la vulnerabilidad propia de quienes rascan la olla para (sobre) vivir. Imperfectos de pies a cabeza, retoman el axioma de Adrián Otero en tanto “se aman, se pelean, se vuelven a amar”.
Asimismo, Helena no sale de esta lógica, conformando un triángulo de retroalimentación constante en torno al deseo y todo lo que éste implica. Cada uno podrá/deberá desafiar sus propios temores para obtener algo de bienestar. Es este “algo” –que podrá ser mucho o poco, según quien lo mire- en la forma en que se encare su búsqueda lo que sobresale y pide la atención necesaria. Será en ese momento en que lo planteado toca a los presentes. El fin justifica los medios en ocasiones. ¿Será así? Los protagonistas luchan contra el tiempo cruel que –pareciera- no querer darles el gusto. ¿Se puede luchar contra el “indetenible”?
Con un espacio bien definido por una escenografía tan amplia como precisa y dos ámbitos bien determinados, la iluminación enmarca la acción con apariciones impactantes (¡ese “volante del micro” …!). Todo, con el gran aporte del mismísimo Leonard Cohen que, desde su “Steer your way”, le pone música y letra a ciertos planteos de la obra. El pasado y el presente, altares y centros comerciales como íconos de tiempos determinados que son representativos de contextos y sociedades. Años de guerras que han quedado atrás, aunque la tirria permanece indisoluble.
La creatividad de Juan Andrés Romanazzi se encuentra en plenitud con un texto que cautiva desde distintos flancos. Los diálogos e intercambios visibilizan algunos valores que han que dado de modé ante el avance arrollador del individualismo y la frialdad de los vínculos. En lo que sería la primera parte de su trilogía “De las veces que los mitos”, Romanazzi vuelve a unir talento con Paula Mbarak e Iván Moschner (con quienes ya había hecho la excelente “Los secretos” y Mbarak, al frente del gran unipersonal «Las promesas«). Con la incorporación de la muy sólida Laura Silva, crean una puesta realmente intrigante.
Llega el final con un aplauso entusiasta. “Las traiciones” te lleva de viaje desde Troya -con caballo de fuerza modificado- a la actualidad con una resignificación constante de situaciones y creencias que permiten el diálogo permanente. Quizás, retomando esa frase de Charly García que sostenía que “lo que fue hermoso, será horrible después”. O no tanto. Dependerá de cada uno.
