Pessoa, escrito en su nombre (Teatro)

Poesía en estado teatral


Dramaturgia y dirección: Alfredo Martín. Con Marcelo Bucossi, Daniel Begino, Lorena Szekely, Leonel Dolara, Dolores Perez Demaria y Mariano Scovenna. Vestuario: Jessica Menendez. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova. Fotografía: Sol Atta. Diseño gráfico: Gustavo Reverdito. Asistencia de dirección: Cinthia Demarco. Producción: Graciela Gallo


Andamio 90. Parana 660. Viernes, 22.30 hs


Parece que Fernando Pessoa está siendo motivo de inspiración para diversos espectáculos de Buenos Aires. Bienvenida sea esta situación y más aún cuando cae en manos de Alfredo Martín que, tras su díptico sobre Franz Kafka, retoma a otro escritor de pluma excelsa.


En este caso, concibe a un Pessoa que llega a una casa en la cual descansará –o eso intentará- de sus fantasmas personales y una vida ajetreada. Pero será en esa residencia donde no estará solo, sino que contará con la compañía de sus diversos heterónimos, especie de alter ego que fue creando a lo largo de su vida, en la cual, fue internado en varias ocasiones. Es menester decir que la gran cantidad de heterónimos da cuenta de la ruptura del “yo único” para que surjan varios “yo” al tiempo que la obra de cada uno de ellos será diferente una de la del otro. De esta manera, serán voces que salen de un mismo cuerpo para encontrarse con el mismo pero desde el exterior del mismo Pessoa. La visita de varios de ellos – Ricardo Reís, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos- en su lecho de muerte en donde Ofelia Queiroz, su amor platónico también se hará presente.  Pessoa mantuvo con Ofelia una relación desde el punto de vista afectivo.

Será allí donde jueguen la realidad cotidiana y el mundo onírico. La enfermera mantendrá el anclaje al presente pero será la aparición de Ofelia la que se combine con ese simbolismo con el cual juega la puesta en la que la mirada de los otros heterónimos se ubicarán más allá de lo real.


La puesta es dinámica y subyugante. La iluminación junto con la escenografía crea ese ambiente donde la realidad y el ensueño se conjugan de manera armónica. Se conciben dos  planos, dos espacios que determinan la sala donde está Pessoa y el espacio onírico con una concepción más modernista. La forma en que ambos se funden en un abrazo poético crearan ese lugar donde el público se ubicará, como un voyeur de los acontecimientos. Ojo, este concepto tipo figura-fondo, en la que el público ingresa como si fuera un laberinto que conectará directamente con un texto maravilloso.


El desarrollo del texto dará lugar tanto al humor como a la reflexión en dosis precisas. A partir de ese humor captará al público desde otro lugar. La puesta abre el abanico con respecto a su aprehensión, en tanto alguna parte de los espectadores se quedará más con la parte melancólica y otros, con un marcado deseo de leer Pessoa. Melancolía no con un estado negativo sino como espacio positivo, de entusiasmo y descubrimiento al caminar por estas zonas de la mente. Las múltiples aristas de la puesta también dan lugar a un trabajo colectivo sublime, con la sutileza en su mínimo detalle como el juego con los objetos.


La dirección captará las sutilezas tanto de un texto como de un personaje rico en sus variados matices. El elenco captó perfectamente la idea motriz, que lleva adelante la puesta y la pudo ubicar en el lugar exacto. La mutación en Pessoa y Ofelia es constante, con actuaciones excelentes y disfrutables de principio a fín. Al respecto, párrafo aparte a la sapiencia que le es reconocida tanto a Marcelo Bucossi como a Lorena Szekely en la composición de la pareja protagónica.


Con la creatividad y sensibilidad que le es reconocida, Alfredo Martín captó, como pocos, la esencia del eximio escritor portugués y creó la excelente “Pessoa, en su propio nombre”, ubicándolo en la cartelera porteña de teatro, con un homenaje de alta calidad.

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