Marcelo Savignone: Tiempos de reflexión y creatividad.

El estreno de su unipersonal “De interpretatione” marca un año de creación plena que incluye un proyecto con Pedro Aznar, la finalización de la carrera de Filosofía y un libro sobre su labor investigativa en el teatro. Marcelo Savignone encara el futuro con tranquilidad y optimismo mientras reflexiona sobre Chejov, las nuevas influencias, lo que dejó la pandemia y sus propios cambios profesionales y personales.

Fotos: Cecilia Inés Villarreal
 

-Marcelo, contame acerca de “De Interpretatione”. ¿Cuándo y cómo surge?
-Veamos. En marzo del 2020, estrenaba dos espectáculos: “The king” y “Cuerpo” –una indagación sobre textos de Spinoza-. Venía coqueteando con la filosofía, por lo que me anoté en la universidad a hacerla. Esto me llevó a escribir mucho y a conocer pensadores con los que no tenía tanto contacto o había profundizado. Tal fue el caso de Paul Ricouer, con un par de citas suyas que me parecen fantásticas. Una dice “cuando se entra en contacto con un texto, el autor ha muerto”. Muy interesante. Había era “hay muchas interpretaciones de un texto pero no es infinita”. Vi esto y sentí que estaba metido en eso. Más aún con las puestas de Chejov que había hecho.
Por otra parte, me quería hablar de la filosofía pero no de los autores de siempre ni de conceptos literales. No me sale y no me gusta. Tomar a Ricouer pero sin caer en lo didáctico. En “Texto y narración” aparece la idea de “confesión” como esa “noción de salvar el tiempo”. A esto le sumamos que me gusta San Agustín + “confesión de salvar el tiempo”. Ok, confesemos las puestas de Chejov que son una parte troncal de mi vida artística. Tuve la suerte de ganar el Premio CTBA y al poco tiempo, arranqué a crear. Ahora estoy a punto de terminar la licenciatura de filosofía y por sacar un libro de teoría teatral. Eso fue mi “pandemia”.
 
-Si fueras un músico, “De interpretatione” sería no un disco de recopilación sino uno de “Lados B”, con rarezas, de mucha calidad. Es darle una vuelta de tuerca a los Chejov, más aún siendo un unipersonal.
-Si! Leí lo que habías escrito y va por ahí. Es la imagen que tenía al respecto. Hubo una síntesis de elementos. Volver a la música y las imágenes. De repente, la puerta del Vania, cuando va para atrás. ¡Esa imagen era tremenda! Es lo maravilloso de volver a hacerla y también lo doloroso de la ausencia de los cuerpos. Fue recuperar a través de la música, -que es la misma- pero tampoco lo es porque no soy el mismo. La ausencia como gran tema pandémico en el medio. Era volver a visitar el texto y lo que fue la trilogía de Chejov, un núcleo duro de mi vida artística, tal como las máscaras o Shakespeare. Chejov es como un espejo de lo que me va pasando en la vida. Eso es muy fuerte. Es ahí donde estoy creando ahora.
 
– ¿Cómo fue el proceso de selección de los textos?
– Fue releer las tres obras y sus engranajes. Lo que hacía y decía en pos de confesar algo. Ver de nuevo los videos y readaptar todo ya que hay palabras que hoy no me suenan. Schleiermacher dice que “cuando uno traduce, la traducción no debe perder la lógica de su propia lengua”. Eso me pareció muy significativo para volver a visitar estos textos.
 
-También haces mención a hechos de tu vida como separaciones, la muerte de tu papá.
– Fue un antes y después. Hoy me paro con Vania y recién ahora tengo la edad de Chejov cuando lo escribió…y un poquito más. Había un denominador común como la frustración como material poético. Lo mismo con La Gaviota que es otra la que transito. El objeto “gaviota” tiene un significado potentísimo en mi creación. Es reinterpretarlos desde un hoy en que, sin duda, mi vida no es la misma que cuando hice Vania.
 
-¿Siempre pensaste esa puesta minimalista con la iluminación, la puerta y la silla?
-Al principio, directamente no había nada. Después, pensé qué era lo que más se necesitaba en tanto empezar a crear desde la imaginación y compartir ese imaginario con el público. Trajimos los primeros signos que podían servir para las tres obras. La puerta es un ejemplo de esto que sirve tanto para el Vaniacomo para la entrada de las Tres Hermanas. Obviamente, no podía faltar el objeto “gaviota” o el arma del Vania pero prescindimos de Serebriakov aunque una vez lo trajimos al ensayo (N de R: En «Un Vania», Serebriakov era un maniquí ante la partida abrupta del actor que lo iba a hacer).
 
-Ahí se gana en contundencia.
-Claro. En la ausencia gana en potencia el texto. Hay que encontrar la dosis justa de lo que hay que contar para hacer eficaz al teatro. Que se comunique el concepto sin que esté masticado.
 
-“De interpretatione” es una puesta tanto para el que conoce tu obra como para quien te ve por primera vez…
-Es así. Los que ya vieron las obras tienen otro disfrute en tanto es un “Uh… ¡era esto!”. Quienes no lo han visto, pueden ver un trabajo sólido sobre Chejov y la actuación. No deja de ser una obra nueva con su respectiva hipótesis.
 
-¿Qué te dice la gente cuando termina el espectáculo?
– Esta obra me sorprendió. Lo entendía como la apertura a un mundo específico pero conmueve mucho a los espectadores por lo que impregna. Cuando estaba construyendo “Cuerpo”, con los textos de Spinoza, sabía que iba a tener momentos desopilantes, de carcajada y otros no tanto. En el caso de “De Interpretatione” no viajé con este criterio sino con lo de “salvar el tiempo a través de la confesión”. Estrené y me asombra la llegada que tiene con los espectadores. Es muy grato esto.
 
– Con tus obras se da la situación que hay espectadores que vuelven a verla…
– ¡Algo está pasando al respecto! .Alguno que fue a los work in progress también siguió viniendo. Por suerte es una linda constante que se da. En trabajos como “Vivo” es una obviedad, pero también se ha dado en otros. Es muy importante el “boca a boca”. No tenemos la estructura de hacer un estreno y llenar. Estrenamos y si a la gente le gustó, se genera todo este proceso.


El legado de la escritura.
 
-¿Cómo ves la frase de Ricouer de “la obra deja de ser del autor para ser del público” siendo vos mismo un creador?
– Estoy en un momento de mi vida como artista de pasaje, de tránsito. Ahora pude escribir un libro con el cual voy a poder dejar plasmada toda la investigación que hice a lo largo de 25 años. Está ideado en clases que plantean desde ejercicios hasta una mirada filosófica al respecto. Puedo ver que muchas cosas que me pasaron en la vida, me hicieron muy bien. Me siento de igual manera conmigo como artista. Entonces no tengo ningún recelo en abrir y compartir. Ese es mi lugar hoy.


 -Contame del libro.
– Se va a llamar “Poner el cuerpo” y lo va a editar Atuel. Va a reflejar la investigación de 25 años. Arranqué con el trabajo de Lecoq. En el 2010, volví a Londres, después de haber estudiado con Thomas Prattki. Hice una función de “Vivo” que fue el regalo a mi maestro. “Esto es lo que vos me brindaste.”. Fue muy hermoso, pero con el paso del tiempo, me di cuenta que también era una despedida. Desde el 2010 hasta la fecha, puedo decir que doy un trabajo basado en Lecoq pero con un fuerte cuestionamiento al eurocentrismo. Pienso en la región y en la necesidad de salir de ese cuerpo conquistado para volver a valorarse.
 
-¿Qué contenidos va a tener?
– Va a ser teórico-práctico. Mucho funcionamiento del cuerpo, pero la filosofía se encuentra detrás. Algo que cuestioné a la técnica de Lecoq era que me daban los ejercicios y no me explicaron de donde salieron. Ahora no tengo ganas que, en mis clases, se dijese “si” y nada más. Necesitaba pensar el por qué, ¿de dónde surge?. Me fui a buscar eso. De ahí que terminé en la carrera de filosofía. El libro tiene que ver el funcionamiento del cuerpo.
Después tengo una saga ya escrita. Uno específico de la creación; otro que es “Erase una vez el principio”, con todo el concepto de máscara neutra. Después ya están los de máscara en general, balinesa, Commedia Dell Arte. Me doy cuenta que me estoy yendo para ese lado. El teatro es mi vida. No pienso dejarlo ni creo que se pueda pero sé que hoy tengo otros placeres. En otro tiempo, era estar en escena; hoy ya no tanto. Convivo con otros goces como el de la escritura.
 
Nuevos proyectos
 
-Esta etapa de reflexión y de transición, ¿la estás haciendo en torno a tu carrera?
-Si…en torno a las elecciones que se han hecho. Mirá, a fin de año, en diciembre, filmé en Misiones, una película llamada “Vinchuca” que espero se estrene este año. Estuvo fantástica la experiencia pero podría decir que, hace cinco años, iba a estar exultante pero hoy forma parte de mi carrera. Ahora estoy creando un nuevo proyecto grupal llamado “Terco” en el que la música la va a hacer Pedro Aznar y la coreografía, Luciana Acuña, del grupo Krapp. Somos siete en un equipo que está bárbaro. En otro momento, decía “¡Guau!” pero hoy es una parte más de mi camino. Si la pandemia acomodó algunas fichas, sentó las prioridades. Al menos, en mi caso. Es estar lo mejor posible en mi presente.
 
– ¿”Terco” va a retomar algo de “Ensueño” el espectáculo de danza que hiciste en el TGSM?
– Tiene un algo con un movimiento más pleno pero combinado con textos de Shakespeare. Te diría que es la síntesis de ese año. En este caso están “Hamlet”, “Rey Lear” y “La Tempestad” trabajados junto con los movimientos de composición de la obra. Es un muy lindo proyecto. La intención es estrenarla el año próximo, quizás para el FIBA.
 
-¿Qué te dejó el trabajo en el San Martín?
-Un vínculo extraordinario con la gente de la Compañía y un proyecto de alguien que no es coreógrafo. Fue poder plantarme con ciertas leyes del movimiento y realizar una obra coreográfica. Me recuperó la intuición del cuerpo. Me hubiese gustado volver a hacerla, pero tendrían que hacerse las dos obras. Fue una experiencia muy linda, con un proyecto muy enriquecedor. En su momento, estaba en paralelo con “Cruel” que estaba cerrando un ciclo con un grupo y a su vez, abriendo la posibilidad de volver al movimiento con más potencia.
 
Pienso y después, creo
 
– Si no era por la pandemia, ¿hubieras podido hacer la carrera de Filosofía?
– No me hubiese dado el tiempo. El primer año de confinamiento estudiaba y daba clases por zoom y el segundo año, en que se pudo volver a lo presencial hasta cierto momento, di menos clases pero seguí estudiando por plataforma. Ahí metí materias de cuarto año pero no hubiese podido hacer la carrera. Ahora me quedan cinco materias para la licenciatura. 

– ¿El estudio resignificó tu trabajo con las obras?
-Volver a Spinoza después de la carrera…es fuerte. En el plano de lo conceptual, no me limitó el cuerpo sino que me lo expandió. Me brindó más libertad. Además, la teoría teatral siempre me interesó. En la carrera, presenté un trabajo sobre de árbol del Génesis, de la sabiduría cruzándolo con el de “Esperando a Godot”. O el libro de Hobbes con “Lear” como telón de fondo. Es la gran rueda shakespereana a través de las distintas épocas. Esas cosas, se van repitiendo. El tiempo cíclico griego…La academia le brinda un lugar al cuerpo que puede visitar, pero no profundizar. El haberlo podido profundizar, me hizo muy bien. Me interesaron las máscaras balinesas, me fui a Bali; me interesaba Lecoq y fui a Londres a estudiar con su director pedagógico. Lo mismo con la filosofía y me metí en la carrera. Me reconozco en eso de ir al fondo.
 
-En tu rol docente, ¿qué buscan los alumnos? ¿Una teoría para el campo de la actuación, ser «estrellas»?
– Hay un lugar de entrenamiento y creación. Una especie de intérprete autónomo que le permita salir del lugar del “¿qué tengo que hacer cuando estoy en escena?”. Ese es el principal elemento. Como se acercan al estudio, no lo sé. Quizás sea el “boca en boca”. En el estudio se entrena de manera física, práctica y teórica. Hay mucha teoría porque considero que la gente debe abrir el pensamiento. Tirar esa data es importante en tanto el teatro es un espacio de cultura y experiencias así como una forma de sentir la vida. Lo que se palpa en el Belisario es sentir el teatro y a través del teatro, la vida.
 
-¿Cuánto hay de talento, de trabajo y estudio en el actor?
– Siempre me basé en el trabajo de Ashtanga Yoga que decía que era “99% práctica y 1 de teoría”. Fue mi lema durante muchos años hasta que me di cuenta de la importancia de la teoría. Por lo tanto, nivelaría tanto la práctica con la teoría y dejaría el talento un poco al costado. Me cuesta pensar al talento porque, en mi caso, no me considero alguien talentoso.
 
-¡Mira vos….!
-No lo soy en tanto necesité del arte para expresarme. Me costó mucho todo. Estudié un montón. Cuando doy clases, invito siempre a trabajar.
 
-¿Cómo está el Belisario?
– Resistió la pandemia que no es poco. Cada quince días estaba la incertidumbre que se cerraba. El último toque fue la ventilación cruzada en el sótano. Pudimos hacerla por suerte. El Belisario vive por las clases y por la programación. Se sostiene como puede y siempre estamos en rojo, pero resistimos.
 
– ¿Cuantos años tiene?
– Cumplimos 20 años en el 2021, en plena pandemia.
 
-Hay pocos que tengan 20 años….
-Si, es cierto. Quizás tengamos poco glamour pero estamos resistiendo. Ahora estrenó Diego Casabat, un placer que nos acompañe alguien a quien admiro. No estamos de moda, estamos haciendo teatro.
 
Pasado y presente
 
-Sos de los precursores de los unipersonales masculinos en los últimos tiempos. ¿Cómo ves esta forma de hacer teatro?
-Me sirven para experimentar algo cuando no puedo guiar a un grupo. Por ejemplo, ahora estoy con Ricouer. ¿Cómo hago para guiarlo? Lo utilizo para investigar algo, me doy contra la pared, busco y encuentro. Cuando tengo las cosas un poco más claras, me abro. El unipersonal es un lugar de investigación, donde no hay horarios porque si sale, ensayo a las 4 de la mañana. Me permite dialogar con esas formas así estoy más disponible cuando después estoy con un grupo.
Arranqué en el 2001 con “La esperata”. Después seguí con “El comeclavo” y vinieron “Suerte”, “HxH”, “En sincro” y demás. Sirvieron para cuestionar elementos de la teoría teatral. “HxH” fue la obra que me permitió encarar después a Chejov. Pero en relación a la época, me pareció muy interesante el fenómeno de los unipersonales que los pienso como una obra completa. De hecho, “Suerte” tiene toda una ingeniería detrás, con un fuerte trabajo lumínico y musical. Lo mismo “De interpretatione”. 

-Hablas de etapas de cierre y recuerdo como hablabas de “Suerte”, “HxH”. Ahora, ya está, ¿no?
– Lamentablemente, si. Me costó un poco pero tengo que aceptar que ha pasado el tiempo. Me pidieron “Suerte” hace poco, desde Perú pero creo que ya está aunque fueron obras que me encantaron. Hoy estoy en el camino de la creación. Espero que “Terco” este mejor que “De interpretatione”. Seguimos creando, abriendo, desplegando. Hubo momentos fantásticos como “Suerte”, “HxH”, en que la creación estaba formidable pero ya está.
 
– Después de la pandemia, ¿cómo ves que afectó a la ceremonia teatral en sí? Cambiaron los horarios, los días y hasta los públicos.
-Fue contundente lo que ocurrió con los teatros. Volvían los templos y nosotros no podíamos abrir nuestros espacios. La vuelta fue a cuentagotas, con el aforo y a su vez, la gente yendo al teatro. El otro día vino una persona a ver “De interpretatione”, que no veía desde la prepandemia. Me di cuenta que no era porque elegimos no vernos sino que no se podía. Ahí cayó la ficha. Entiendo que hay algo de reordenarse pero los cuerpos están lastimados al contacto, el estar tranquilo al lado de alguien. La pandemia fue muy dura en eso. Las narrativas sobre la pandemia fueron muy duras para pensar con el otro al lado, que es de lo que vive el teatro. Recién ahora las clases se empiezan a sentir mejor. Los cursos intensivos de julio volvieron a tener gente de afuera, de Brasil, de Ecuador. Fue volver a sentir que eso que a uno lo conmovía en tanto el vínculo con la región. Este abrazo…¡hace cuanto tiempo que no me lo daba! Igual siento que el cuerpo está desgarrado, lastimado. Además la violencia en la calle es muy fuerte. Eso hace que este todo más intolerable todo.
 
-Me sorprendió como se resignificaron los horarios. Hace años, fui a alguna función de “Suerte” a las 0.30 hs y ahora, ese horario es casi impensado…
– Es más, ahora las 22 hs, es tarde. Lo sé pero no podía antes. Elegí este horario para retomar esa mística, en la medida de las posibilidades. Me encantaría que el público acompañe.
 
-Si llegase a este bar el Marcelo Savignone que estaba por estrenar “Suerte”, ¿qué le dirías? ¿Algún consejo o recomendación?
– ¡Le diría que la obra que está por hacer está buenísima! (risas). Esto se lo diría, más allá de todo, porque siempre fue mi pata más débil la de creer en lo que hago. No sé si es ego o confianza. Por eso, no leo Alternativa. Si me dan un palo, me hace mal. Si hay diálogo, está bien. Puedo hacer una obra que no funcione y que no guste. Lo que no concibo es la agresión. No puedo agredir a alguien que está haciendo su trabajo.
 
-¿La única crítica valedera es la que habla bien del artista?
– No. Me gusta la posibilidad de pensar. La que habla bien nos ayuda a poner en valor aquello contra lo que hemos luchado los artistas con que lo que hacemos “no es esencial”. El “¡Ah! Haces teatro, ¿y de qué trabajas?”. Cuando la crítica valora lo que haces, pone en valor algo socialmente. La critica que dialoga, me parece muy valiosa. Si la crítica cree que posee una verdad respecto del trabajo de uno, no es así. Me interesa mucho el diálogo que se entabla con vos, Ana o Araceli. Son una parte fundamental del entramado teatral. Además, es algo que me apasiona.
 
-Tenes un formulario delante y te pregunta “Ocupación”. ¿Qué ponés?
– Queda medio cursi pero pondría “artista”. Ya no pongo actor. No lo tengo ni el Instagram. (risas). Pongo “artista” porque me gusta pensar en el arte como creador. La actuación es un modo muy importante pero me interesan muchas cosas más alrededor.
 
“De interpretatione”. Teatro Belisario. Av Corrientes 1624. Sábados, 22 hs.

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