Con su cuarto libro bajo el brazo, “Un loco y un psicólogo. Un ensayo sobre la risa”, el psicólogo y escritor Martín Berasain creó una novela reveladora y atrapante que indaga en los límites entre la locura y la lucidez en un contexto dominado por la cultura de la imagen. En diálogo con ECDL, Berasain no solo brinda detalles respecto a la publicación; analiza diversos aspectos de nuestra sociedad como “la positividad constante”, la influencia de los medios y las redes sociales.

– Martín, ¿cómo surge la posibilidad de hacer “Un loco y un psicólogo. Un ensayo sobre la risa”?
-Desde hace diez años escribo sobre temas de psicología. Escribí sobre las conductas y emociones, sobre los vínculos entre los varones y los hijos, y también sobre la masculinidad. En los últimos años, hice un viraje hacia la literatura al escribir “Diálogo entre el Principito y un psicólogo”, con la editorial Hojas del Sur. Ahí se me encendió un “fueguito” de escritor y me dije: ¿por qué no una novela que incluya elementos de psicología? Así fue que me vinieron los personajes y una historia para contar, con un trasfondo de reflexión sobre la época actual, respecto de la exigencia de felicidad y rendimientos permanentes.
– ¿La localidad de “Argot”, en el libro, fue creada como espejo de nuestra sociedad o como futuro próximo? Lo pregunto por el detalle de sus características y deseos.
– Es un lugar imaginario donde viven ciudadanos conectados con la tecnología y las comunicaciones digitales. Puede coincidir con la mayoría de las ciudades actuales y futuras, en que las personas se vinculen y comuniquen a través de las tecnologías digitales.
– ¿Cuándo y de qué manera surgen «el psicólogo» y «Luigi», el paciente, como personajes?
– Ambos representan rasgos arquetípicos. Por un lado, el psicólogo simboliza la cordura, la razón, cierta comprensión de la salud mental y, por extensión, de la vida. Además de ser personajes de la novela, son figuras que muchos podemos ubicar. Luigi (quien encarna la locura…) representa a miles de personas. Puede espejar algo de los humanos, en tanto perplejidad y angustia ante los temas de los que dialoga con el psicólogo.
– ¿Siempre pensaste en el diálogo como nudo de la acción en la que gira el libro?
– Los “diálogos” funcionaron y fueron bien leídos en el libro con El Principito; desde ya, un personaje clásico. Se ensamblan en “Un loco y un psicólogo”, permitiendo reflexionar sobre temas que sería difícil abordar de otra manera. Lo hace de modo no acartonado y divulgativo al tiempo que permiten repensar la realidad en que vivimos y los vínculos y valores que habitamos.
– ¿Cuánto hay de Martín en “Carlos Villaverde”? ¿Hubo catarsis en el libro?
– Como dijo Borges, “la vida de un autor es materia prima que puede transformarse en arte”. Es materia indispensable de cualquier obra que el escritor haya vivido. Esto incluye que, muchas veces, se haya frustrado, sorprendido, deleitado y más, hasta volcar en un relato algo como un libro. Ahora bien, el psicólogo (Carlos Villaverde) expresa inquietudes que se reconocen en muchas personas, más allá del autor. Lo interesante es que, habiendo algún tinte de catarsis, -si la hubiera-, el eje y el valor del texto inciten a una realidad y reflexión compartida; que tenga un sentido distinto para cada lector.
Para decir un poquito más: no estoy del todo de acuerdo con los excesos de las tecnologías y cómo se infiltran indiscriminadamente en las historias y relaciones humanas, hasta poner bandera adentro de nuestra mente y de nuestra atención.

– ¿Crees que se “romantiza” a la locura, en tanto se la toma como un rasgo particular de cierta genialidad?
– Siempre se tomó en la literatura a la figura del “loco” y de “la locura” para expresar, en torno a ellos, genialidad, brillantez, astucia, pero también para connotar los aspectos más “irracionales y desopilantes” del ser humano. La figura del loco y de la locura refleja lo desopilante, lo marginal, lo que nadie reconoce en sí mismo. A la vez, puede simbolizar elementos puramente negativos, que también son humanos y se pueden ver en un personaje así.
– En el libro se toca el tema de las “conspiranoias”. ¿A qué se debe que hoy en día, en especial después de la pandemia, se crean todas aquellas “teorías” y/o “creencias” que antes eran absolutamente marginales?
– Después de la pandemia, las relaciones humanas estuvieron mucho más mediadas por la tecnología. La cercanía que implican los contactos para “hablar y hablar”, sin embargo, no facilita tanta confianza y cordialidad como se esperaría. La desconfianza, como ideas delirantes, tiene un costado de falta de solidaridad y de miedo a los otros. Con las redes sociales y las relaciones mediadas por las tecnologías, aumentan las distancias de corazón a corazón, de voz a voz, que son formas espontáneas y sutiles de comunicarnos. Con la pandemia y la proliferación de lo digital como mediador de los vínculos, aumentaron la distancia y la desconfianza entre personas.
– La positividad permanente, ¿no termina siendo una ilusión de la que nadie quiere salir?
– La “positividad” es un ideal promovido con imágenes híperpositivas, al cual la mayoría quiere acceder. Resulta simpático estar autocentrados, sintiendo emociones positivas y agradables a cada momento. La publicidad, la televisión, internet y las redes sociales promueven la idea de estar siempre satisfechos y contentos, probablemente como otros lo están…Al menos, así se ve en sus movimientos y rostros que brillan y se muestran encantadores.
– Al día de hoy, la risa, que en su momento era un arma contra los poderosos, ¿dejó de serlo y pasó a ser un rasgo de la crueldad?
– La risa es un elemento puramente humano. Resulta que actualmente, en la sociedad de las redes, con nuestra humanidad híperestimulada, la risa representa nuestra tendencia a renovar constantemente las experiencias de goce, a ir por más, a desear todo el tiempo algo que promete hacernos más felices. La risa es símbolo de una persona satisfecha y realizándose en experiencias placenteras. Esto funciona, tanto como una realidad, como una propuesta para cada uno.
– ¿Las redes sociales terminaron siendo un “remedio peor que la enfermedad”?
– Los contactos de “todos con todos”, las conversaciones abreviadas, de todos a la vez, quitan actos de presencia y empatía real, así como de diálogo receptivo, incluso hacia los vínculos cercanos. El modo comunicativo digital conlleva menos actos de presencia real, de escucha y de interés genuino y empático.

–¿En qué momento de tu carrera profesional te encuentra este libro?
– Me encuentra con la experiencia de años de atender consultas de psicoterapia. Ahora, mis intereses se amplían desde la psicoterapia hacia situaciones sociales que influyen en la psicología de las personas. Para ser más exacto, me interesa vincular los trastornos de salud mental, como ansiedad, consumos, pánico y estados depresivos -además de la historia familiar y el funcionamiento del cerebro-, con las relaciones sociales ensambladas e influidas por la tecnología.
– Si no eras psicólogo, ¿qué hubiera sido de tu vida?
– Además de escritor, alguna vez pensé que “en otra vida, fui antropólogo social”. Quizás, como me gusta tanto la psicología individual, me interesa comprender qué hay del conjunto social expresándose en cada uno, en la propia voz. Que hay de los modelos sociales, costumbres y creencias en los pensamientos íntimos y personales.
– Si por la puerta de tu casa llegase el Martín Berasain de 18 años, ¿qué le dirías? ¿Algún consejo o recomendación?
– Le diría que intente aprender de los errores e intente levantarse todas las veces. Vale la pena avanzar en el camino; explorar, descubrir y crear propósitos. Uno debe encontrarlos o creárselos. El camino es para explorar.
Martín Berasain. “Un loco y un psicólogo. Un ensayo sobre la risa”. Editorial Planeta.
