Un Guillermo suelto en la pampa
Autoría: Marcos Arano Forteza y Noah Dobin Bernstein. Actúan: Daniel Begino, Guido Botto Fiora, Malena Finamore Catz, Magalí Meliá, Alejandro Pavesi, Ignacio Quesada y Matthew Wray. Intérprete y músico en escena: Damian Ferraro y Vera Garelli. Máscaras: Alfredo Iriarte. Maquillaje: Silvia Zavaglia. Diseño de vestuario y de escenografía: Vanesa Abramovich. Redes Sociales: Mutar Digital. Música original: Sergio Vainikoff. Diseño De Iluminación: Matias Canony. Diseño gráfico: Martín Papanicolau. Asistencia de escenografía y de vestuario: Catalina Quetto Garay. Asistencia de dirección: Paula Sanabria. Prensa: Aida Giacani y Adriana Lauro. Producción ejecutiva: Marco Riccobene. Producción general: Noah Dobin Bernstein. Dirección: Marcos Arano Forteza.
El Galpón de Guevara. Guevara 326. Jueves, 20 h.

Él…siempre está. De alguna manera u otra aparece o es una inspiración. Después, se verá el producto final pero esto es otra cuestión. Estamos hablando de un tal William Shakespeare que, nuevamente, es piedra fundamental para la concepción de una puesta que tiene mucho para ver, debatir y disfrutar. Esta vez, a cargo de la pluma de Marcos Arano Forteza y Noah Dobin Bernstein, con la dirección del primero.
A partir de las desventuras de Lorenzo, un actor de neto influencia shakespereana y su hija Cordelia -¡cuac!-, que se quedan varados en un pueblo del interior del país por un desperfecto de su auto. Será este incidente el comienzo de una historia entretenida que abre diversas aristas a considerar, que van desde la tensión ciudad-campo hasta aspectos más simples que hacen tanto a la cultura, la información y la política. La llegada de los citadinos sacude la vida cotidiana de una población que había sufrido la explosión de una fábrica de capitales británicos que residía allí. De más está decir que los propietarios no se hacen cargo de las consecuencias del siniestro que destrozó todo.
El texto creado por la dupla Arano Forteza-Bernstein es tan rico como corrosivo. Hace de la ironía y el humor su estandarte en la concepción de una puesta atrapante. El dibujo de los personajes, tanto en su trazo grueso como en sus mínimos detalles, da cuenta de la seriedad del proyecto. Cada palabra salta del escenario para inquirir a los presentes a una reacción. Ésta podrá ser más cercana a la sonrisa cómplice y sarcástica aunque la carcajada también hace su aparición. El lenguaje lúdico, pleno de guiños a la actualidad, establece un vínculo por demás cercano y certero.
La metateatralidad es fundamental. Más aún, cuando visbiliza ciertos “hilos” que aparecen en la concepción de las obras, egos de los artistas de por medio. No en vano, en el contexto en que se presenta la acción, se lleva a cabo “La tempestad”. Todo será una excusa más que bienvenida para hablar de cuestiones que atraviesan el tiempo, sin documentos ni nacionalidades que van desde los problemas de las clases sociales hasta amores prohibidos.
Los acontecimientos se desarrollan sin prisa y sin pausa. El escenario amplio se lo agranda y achica da acuerdo lo requerido, con buen tino. Las actuaciones son precisas, cortesía de un elenco de probadísima calidad.
Divertida y atrapante, “Con los ojos de ahora” observa y mira una realidad a partir del clásico universal de la literatura, con precisión meridiana. No escatima la crítica pero siempre con exactitud, sin perder la sonrisa. Excelente programa para el jueves por la noche, con teatro de calidad y un pequeño homenaje al más moderno de todos los dramaturgos aunque hayan pasado más de seiscientos años de su paso a la inmortalidad.
