Pequeños círculos (Teatro)

Realidad onírica


Dramaturgia y dirección: William Prociuk. Con Valentino Alonso, Agustín Mendilaharzu, Margarita Molfino, Alberto Suárez y Debora Zanolli. Vestuario: Jam Monti. Escenografía: Alicia Leloutre. Diseño de luces: Matías Sendón. Sonido: Martín Bosa. Operación de luces:   Leandro Orellano. Diseño gráfico: Leonor Barreiro. Asistencia de iluminación: Sebastián Francia. Asistencia de dirección y producción: Javier Torres Dowdall. Colaboración creativa: Javier Daulte, Agustín Mendilaharzu y Margarita Molfino. Director asistente: José Formento.


Espacio Callejón. Humahuaca 3759. Viernes, 23.30 hs.


En el teatro porteño, hay –pocas- puestas que son difíciles de encasillar. Como aquellas matrioskas (mamushkas) que forman parte de la cultura rusa, en la que una muñeca vive dentro de otra, William Prociuk ha creado una puesta perspicaz, donde la intriga es uno de sus puntos más altos.
El ingenio cotiza en bolsa en el teatro. Una vuelta de tuerca sobre un tema que suele atravesar la creación literaria como la relación de un autor con sus propios personajes, pero ubicandolo dentro de un suspenso que no está tan desarrollado dentro del teatro porteño.


Capas de tiempo superpuestas sobre tablas. Pasado y presente juegan en la pluma y en la cabeza de un escritor que –dicen- no es lo que dice ser. Más aún cuando sus propias creaciones saltan la realidad para empezar a opinar con respecto a sus propia vidas frente a, nada más y nada menos, que su propio Creador. Pero será en ese tiempo presente cuando la noción de cordura empieza a tambalear frente a una mente preclara, que no podía detener su nivel de productividad. ¿Podía? ¿Quería? Un escritor como héroe y villano de su propia historia donde el amor, la soledad, la muerte y la ambición pueden constituir un coctel explosivo para la percepción de su propia vida personal y profesional. Los laberintos intrincados de una vida donde las decisiones tomadas lo esperan a la vuelta de la esquina para pedirle credenciales por las medidas adoptadas en tiempo y forma.  


Con una precisión digna de un metrónomo pero sin la frialdad de éste, entran y salen los personajes con armonía. Las actuaciones son precisas a los requerimientos de una dramaturgia exacta, que busca gambetear ciertas normas preestablecidas en la concepción del principio, nudo y desenlace.

La escenografía y la iluminación juegan un papel fundamental en la creación de una atmósfera tan particular como fácilmente identificable, en tanto tres contextos juegan con el clima de tensión e incertidumbre que atraviesa la puesta.


William Prociuk retoma el suspenso para desarrollar en “Pequeños círculos” una puesta de calidad, atrapante de principio a fín.  

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