Jorge Zima: “Soy artista por necesidad de comunicar”

Su ADN multifacético lo llevó al cine, a la música y ahora, a la escritura. Acaba de publicar el revelador y entrañable “Restos diurnos” (Ed. De los cuatro vientos) donde aborda lo que fue la pandemia desde un lugar más poético y ameno, pero sin quitar ni un ápice lo que fue en sus consecuencias. Café de por medio, Jorge Zima se refiere al libro, su inspiración, lo que dejó el coronavirus a nivel social y la incertidumbre por el futuro.

– Jorge, ¿cómo fue la concepción del libro? Te lo pregunto porque, en un momento decís que, por un lado, tenías los dibujos y por el otro, los textos.

– Este libro tiene la particularidad que no pasó con ninguna otra cosa que yo haya hecho en lo artístico: no hubo ninguna intención previa. Quizás sea esta una de las cosas que más me gusta del libro. O de esta experiencia mía con lo creativo. En ningún momento me propuse hacer un libro. Fue hecho con la sensación de que no le tiene que gustar a alguien.

– Ah, mirá.

– En absoluto. Durante la pandemia, y un poco lo cuento en el prólogo, fui escribiendo… Muchas veces lo hago, en tanto escribo ideas para una peli, un poema o una canción. En este caso, sentí mucho la necesidad de hacer estas anotaciones. La pandemia fue algo muy especial de la que de lo que se ha hablado curiosamente poco y las consecuencias son notorias.

– Exactamente.

– Algo nos pasó, como si hubiéramos hecho un pacto de silencio. Creo que, perdón por la digresión, hubo una cosa curiosa con la pandemia que fue que nos pasó a todos al mismo tiempo. Casi no podemos pensar en otra cosa en nuestra vida que nos haya pasado a todos al mismo tiempo. Quizás alguna guerra mundial, pero nosotros no la hemos vivido a ese nivel. Incluso ahora hay una guerra que no la estamos viviendo todos igual. Los participantes, también tienen una vida diferente. Acá, a todos nos estuvo pasando lo mismo, aunque cada uno lo vivió con diferentes graduaciones de acuerdo a lo que le tocó. Para algunos fue trágico, pero todos vivimos la misma situación. A eso me refiero. Nos igualó. Por eso, quizás las consecuencias que tenemos. Sobre todo, las psicológicas que no las vemos mucho pero están. Tenemos que hacer un esfuerzo especial para verlas.

– Fue una época muy especial.

– Sentí los momentos y cuento un poco. Estuve mucho tiempo cuidando a mi madre, por lo que iba a su departamento. Entonces, sentía mucha necesidad de estar en mi casa y de esa soledad que me volvía a conectar conmigo. Eran notas para mí, de lo que se me pasaba por la cabeza y necesitaba escribirlas. En cambio, los dibujos es algo que hago casi siempre.

– Son buenísimos.

– Entonces, se juntaron las cosas. En un momento vi que mi cuaderno estaba lleno de esas anotaciones y me sentí que tenían “algo”. Al mismo tiempo, se fueron juntando muchos dibujos en esa misma época. De algún modo, me pareció que –aunque nunca lo pensé- hubo un momento que dije “Uy. Capaz que estas dos cosas pueden juntarse”. Hacer algo porque sentí que dialogaban. Con los dibujos fue siempre así. No tengo ningún control sobre ellos. Los hago sin importar si a alguien le gusta o no. Es solamente que la mano se mueve. Te juro que no estoy exagerando. Hubo momentos en que tenía un bloc de hojas al lado. Depende del marcador que tenga en mano, sale el dibujo que sale. Esos dibujos son realmente lo que más está en directo con mi inconsciente de lo que yo pueda producir.

– Los dibujos son como separadores entre los capítulos. Inclusive, parecían ser ese puente de canción previo al estribillo. Le daba una cadencia que me parecía fantástica.

– ¡Qué bueno! Mira, estuve mucho tiempo con esto porque tenía muchos más dibujos que texto. Tenía que elegir los dibujos y en qué lugar iban a ir. Es gracioso porque, en realidad no tienen una conexión directa. Son bastante abstractos y cada uno puede ver cosas distintas. No es que grafica lo que dicen, pero al mismo tiempo no es que están puestos de manera aleatoria. De algún modo, dialogan con lo que dice y le quita solemnidad a lo escrito. Por ahí, uno escribe cosas que parecen sentencias o pensamientos profundos que, al estar el dibujo al lado, es todo más lúdico.

– Al leer el libro, sentía que, en un punto, estaba dialogando con vos. Que me contabas algo y se metía J, todo en relación con la pandemia. ¿Lo pensaste así o surgió así?

– No lo pensé, pero después, cuando lo fui viendo, sentí que empezaba a suceder eso. Y me gustaba mucho. No te voy a negar que tuve que vencer un cierto pudor, porque son bastante íntimos los pensamientos en algunos momentos. No son necesariamente cosas que uno comparte tan fácilmente. Me estoy mostrando con mis debilidades, mis miedos y mis penas. Fue un ejercicio interesante. Un desafío que sentí que venía sucediendo en otros aspectos, por ejemplo, en el último guión que escribí y todavía no logro que sea película. Mi emotividad está metida ahí. A veces, uno como artista tiene que ir sacando capas y capas para llegar al lugar más central que es la voz de uno.

– Si, es otra cosa.

– De las cosas que he hecho, no conozco un trabajo más grande que construir un guión que esté bien construido.

El lado B

– ¿Quedaron textos afuera del libro?

– Quedó una gran parte adentro porque no eran tantos. No fue el caso de los dibujos.

– Dibujaste más de lo que escribiste.

– Sí, sí. Tengo pilas de dibujos. Esta idea de haber hecho algo “sin la pretensión de” es muy liberador. Hay un punto también que me pasa, que ya lo había pensado con el dibujo, pero creo que este libro tiene eso en relación de no haber sido consciente de esa escritura ni de esos dibujos. Es como si no fuera mío y al mismo tiempo siento que hay pocas cosas que he hecho que sean tan yo. Es como un sueño. De hecho, tiene algunos

– Hay una parte onírica

– Tal cual, porque es muy nocturno. El título dice “diurnos” porque son los restos que quedan al día y usé esa idea. El libro es muy nocturno.

– Por eso le pusiste “Restos diurnos”. ¿Salió rápido el título?

– Se ve que sí. Es algo raro porque suele costar bastante. Esta vez, tuvimos suerte y salió. El libro son fragmentos y tiene que ver con ese momento de la pandemia. Un período en que uno no podía ordenar.  

– ¿Volviste a releer el libro?

– Sí, sí.

– ¿Cómo es esa la sensación?

– Es linda porque realmente no sé lo que viene. No me acuerdo que sigue. Entonces me sorprende y digo “Uy, mira qué bueno esto”. Lo que si tengo, es la costumbre de escribir sueños. Los recuerdo bastante y había desarrollado el ejercicio de escribirlos. Tengo una pila de sueños anotados y a veces, alguna que otra vez, muy de vez en cuando, agarro alguno uno de hace años y lo leo. No tengo ni idea qué es y es totalmente novedoso para mí.

– De acuerdo al lector, le va a pegar de una manera diferente, resignificando lo dicho

– Sí. Absolutamente. Ahora me acuerdo que, en el libro, hay una reflexión sobre el tema de los sueños. Mariano del Mazo cita un fragmentito de lo que escribí sobre el hecho de que, cuando uno cuenta el sueño, ya parte del mismo se pierde en el mismo relato. Éste es un filtro, un pasaje, una traducción. 

Consecuencias y reflexiones

-Tu escritura era como una especie de diario de guerra de lo que estabas viviendo, con mucha precisión y poesía. Lo primero con lo linkee fue con Zizek y su sentencia tan desafortunada de cuando dijo “Vamos a salir mejores de la pandemia”.

– No me acordaba que él había dicho eso.

– En tu libro lo asocié cuando hablabas de “colocar ropa en el lavarropas”. Me encanta eso. Con esa frase describiste más la pandemia que cualquier cosa que se ha dicho Zizek.

– ¡Qué lindo! Tiene como un humor, pero es más profundo. Es la sensación que uno tiene. “Esto está en marcha”.  También hay una melancolía de algo que no sucedió. O sea, hay una melancolía y una nostalgia de algo que nunca sucedió y también añoramos. Lo hacemos de manera aún más abstracta porque no sabemos ni siquiera que es. Pero hay añoranza en el fondo. Una cosa que uno quisiera completar con algo que no sabe qué es.

– ¿Cómo recordaste la pandemia hoy 2026?

– Qué buena pregunta. Tengo recuerdos distintos Uno es ese, que me acerca a la experiencia que fue el libro que, en ese momento, no lo era. Había una sensación de introspección. Por supuesto, también de temor porque nos olvidamos que, al principio, uno no sabía en qué concluía eso. No es que estabas viviendo una película cuyo final más o menos se sabía o el tiempo que iba a durar.

– Y ahora, eras vos el protagonista.

– Totalmente. Era una sensación difícil que, inevitablemente, te hacía reflexionar sobre la existencia y la importancia de los vínculos. Obviamente, si uno era más o menos sensible a eso, ¿no? Lo que era importante antes de la pandemia y que, ni siquiera se daba cuenta uno de esto. Es muy interesante para reflexionar de la postpandemia. ¿Qué es el contacto físico? Vivimos en un mundo regido por la razón pero que, al mismo tiempo se comporta irracionalmente. Es una combinación muy extraña. Ahí es donde –quizás- ganó una idea más conceptual. ¿Qué quiero decir? No hace falta que me encuentre con vos físicamente porque igual lo puedo hacer virtualmente. Al final es lo mismo. Si nos vamos a decir palabras y te voy a ver. ¿Cuál es la diferencia? Parece que no sería mucho pero no la podemos nombrar, identificar a esa diferencia, ¿me explico?

– Sí. La diferencia de lo presencial.

– ¿Cuál es la diferencia? No sé, no te la puedo decir exactamente. Ahora estamos sentados frente a frente, hablando. ¿Podríamos haber hecho esto por Zoom? Claro, pero ¿es lo mismo? No. Entonces, ¿cómo nombro esa diferencia? No lo sé. Ahora, sí sé que esa diferencia es muy importante.

– Es fundamental. De hecho, la gran cantidad de parejas que se separaron. Me gustaría saber cuántos se separaron y los que se juntaron.  

– Claro, tal cual. Es que estábamos como obligados, muchas veces, a estar juntos, justamente por eso. Ahí hay un punto importante. O sea, el abrazo, ¿viste? Salimos de esa situación en la que no podíamos hacer y tampoco nos empezamos a abrazar por las calles, ¿viste? Algo de eso quedó y ganó. También creo que eso lo estamos sufriendo porque no lo hemos podido nombrar, ni cuantificar. Si a esto le sumamos que vivimos en un mundo donde han ganado las leyes del mercado… No solo ganaron en la forma en que se opera el mercado y la economía, sino han ganado en cómo se manejan las relaciones humanas. Ahí está el tema.  

– Sí, se entiende.

– Por eso, estamos con una carencia enorme de eso porque es una necesidad muy humana

Pandemia 2026

– Después de un momento de desarrollo de la ciencia y la medicina, cae la pandemia y se vuelve un estado de naturaleza complicado. Se llega un tope y parece que hay que volver

– Justamente, es un poco ligado a esto “otro” que no lo podemos medir y la ciencia avanza y te pasa por arriba. No nos preguntan para crear este celular que ahora tiene atrapada a toda la humanidad. Es un aparato de una practicidad enorme, pero lo maneja el demonio. Hay grupos de padres han logrado que, en algunas escuelas, los pibes no usen el celular. Nos empezamos a dar cuenta que muchos de estos inventos, llenos de tecnología, si bien son útiles, también nos están haciendo mucho daño. Hemos perdido la posibilidad de pensarnos y decidir ya que deciden los grupos de poder económico. Igualmente, a pesar de todo esto, la necesidad del contacto, del abrazo, va a seguir estando. Esta carencia va a explotar en un momento. No la vamos a poder esconder porque somos humanos.

– ¿Te sorprendió que, después de la pandemia, se llegara a un nivel de irracionalidad en los vínculos, en las relaciones, de terraplanismo?

– Sí, me sorprendió y me pegó fuerte. Lo viví con mucha angustia en los días mismos de la pandemia. Al principio, se aplaudía a los médicos pero eso duró dos minutos y después se los echaba de los departamentos. Esa irracionalidad empezó a ganar las calles cuando, si había un momento donde era necesario el uso de la razón, era ese. Cuando me preguntaban sobre quién debía opinar sobre la pandemia, no digo Leonard Cohen o Bob Dylan. No. Tráeme un médico especialista en el tema. Le voy a creer más a ese doctor que a alguien que admiro, pero por otras razones. Lamentablemente, apareció lo otro. En un momento, sentí que era la corriente del parammísmo. Todo “para mí”. Si estuviese acá, Darwin y te cuenta sobre la Teoría de la Evolución, y le digo “Ok, pero para mi…”. ¿Cómo para mí? El otro es Darwin, ¿vos quién sos?

– Todo un tema….

–  En ese momento esa idea cobró una importancia impresionante por las redes, dejando las opiniones igualadas. Los científicos dicen “eso” y había toda una corriente que decía “Para mí, no”. Era y es una locura eso. Tenía que primar la razón, combinada con la solidaridad. Si había una oportunidad para la humanidad de actuar en conjunto, era esa. Ahí se tenía que ver cómo nos unimos para decir que «lo más importante es el beneficio colectivo”. Al final, ganó la idea de la libertad individual. “No me podés decir que me tengo que encerrar”. No nos pudimos poner de acuerdo en una cosa tan básica, racional y lógica que era cuidarse. Es como si estuviese en un avión y dijese “Necesito que abran la ventana porque quiero tomar aire. ¿Cómo me vas a impedir que tome aire? ¿Se va a caer el avión? Para mí, no se cae”.

– Sigue en boga todo esto.  

– Eclosionó esa idea que cualquier discusión se terminaba con la evidencia. Ahora, no, por esto del “para mí”. La evidencia ya no termina la discusión. A esto, sumale que es más complicado todo por la inteligencia artificial y la creación de nuevas verdades. Cuando la evidencia no importa para zanjar una discusión, se termina el contrato social. Nuestra forma de conducirnos en la sociedad tiene que ver, no solo con la evidencia sino con ciertas confianzas. Una lógica de, por ejemplo, comprar un café acá, lo pagás y listo. Ahora, si el tipo te dice “No, usted no me pagó”, ahí empezamos el círculo de locura. Ganó muy fuerte esta irracionalidad que fue muy promovida desde los grandes medios de comunicación.

– Al respecto, ¿con cuánta gente te peleaste por esto?

– Buena pregunta. No tanta, por suerte. Sí, con gente en la calle, pero no con amigos. En mi caso, no tengo tantos amigos y los que tiene más o menos comparten una posición frente a la vida. Con algunos, pudo haber alguna divergencia, pero era conversable. Una amiga española, por ejemplo, desconfiaba de cómo se estaba tratando el tema de las vacunas y todo eso. Pero ella era es más científica porque era bióloga. Era comprensible su posición y lo estaba viviendo en España, que era distinto a acá, que se usó políticamente el tema, por parte de la derecha.

Libros y más

– ¿El e-book va a desplazar al libro de papel?

– Creo que no. Sigue habiendo esa necesidad. El libro sería como lo presencial, en relación con lo que decíamos y casualmente, no se lo puede medir

– Las nuevas generaciones, ¿están valorando el libro?

– ¡Qué pregunta! Creo que van a haber nuevas generaciones que nos van a sorprender por antitecnológicas, por necesidad de rebeldía o de hacer otra cosa. Nosotros asociamos a la juventud con el celular todo el tiempo. Capaz que, en un tiempo, esto se empieza a revertir.

– Si te doy un formulario y te pregunta «Ocupación”, ¿qué decís?

– Me quedo pensando todas las veces. Depende de quién me pone el formulario, pongo una cosa o la otra. Si es más formal, pongo “productor artístico” que suena más importante, ligado más a los negocios.

– ¿Sos director de cine, músico, escritor? O como decía Bárbra Streisand, que era “una actriz que canta”. ¿Escritor que filma? ¿Músico que escribe?

– Mira, la verdad es que nunca me consideré de un modo u otro. Cronológicamente, lo primero que hice fue la música. Estudié música y composición en la universidad de Córdoba, porque había una carrera de composición que, en ese momento, casi no había en ningún lugar.

Pero tampoco me considero músico. Siento a la canción como un lugar cómodo, con su dispositivo muy particular. Las métricas y la combinación de la palabra con la melodía, con la música. De hecho, voy a empezar “Palabra cantada”, un programa de radio que se va a centrar en la canción y la miramos desde diferentes ángulos. Tengo una especie de pequeña militancia en decir que la canción debería ser considerada una rama más del arte, porque generalmente a los cancionistas se les dice músico.

– De hecho, hay cantantes que no son compositores, como Elvis o Sinatra, por ejemplo.

– Tal cual, pero ahí en ese caso, serían más músicos, porque están poniendo su voz que es un instrumento musical. El cancionista, o sea, el que crea canciones, está haciendo una cosa distinta. Es difícil comparar a John Lennon con Stravinski, por ejemplo. Son enormes en sus respectivos campos, pero cual sería este. ¿Cuál es el campo de Lennon? La canción, la letra, Combinar esa cosa tan especial de la canción.

– En el libro metes un tema de Leonard Cohen.

– Claro. Soy muy fan. La canción elegida cuadra con lo que venía escribiendo en el libro. En realidad, lo cité y al nombre de una canción, Tower of Songs en tanto sentía que, a veces, me había ganado un lugarcito en la torre de la que hablaba Cohen.

– Si no eras cineasta, productor o lo que sea ligado al arte, ¿qué hubiera sido tu vida?

– No lo sé. Me lo pregunto muchas veces. También me digo “¿Por qué hago esto?”. No te creas que he convivido con esto cómodamente. Todo el tiempo me cuestiono lo que soy. En el libro, deslizo alguna cosita. Es agotador pensarse todo el tiempo y no sé qué hubiera sido. Sé que tenía facilidades para otras cosas, si querés. Creo que soy artista por necesidad de comunicar. Había empezado a estudiar Economía mientras hacía la Licenciatura en Composición Musical. Me gustan las matemáticas y la física, pero en un momento, sentí que no podía ser. No me imaginaba siendo eso y me incliné hacia lo artístico. Hay una tensión dentro mío continua. Tengo una parte muy racional y otra más poética; y ambas están ahí. Cuando marchan juntas, estoy bien; sino es una guerra interna muy complicada.

– Ahora sí, la última. Sí por la puerta de este bar, apareciera el Jorge Eduardo Zima de los 18 años, ¿qué le dirías?

-Uy, no lo sé. Qué difícil. También alguna vez he pensado eso, pero depende de cómo está el Jorge Zima de ahora. Encima, tampoco es que mi yo de ahora sea un yo constante. Es muy fluctuante. A la mañana puedo estar de un modo y a la tarde, voy a estar en un lugar distinto con respecto a mí. Eso lo pongo en el libro. A veces esa perseverancia en lo que hago, la siento como un mérito, y otras, me desprecio por eso. Si estoy en un momento en que en que siento que el camino que elegí me ha traído más penurias, trataría de aconsejar ese pibe de que esquive algunas cosas. Que piense un poco más racionalmente las decisiones. Pero si estoy en un momento más pleno con mi decisión y mi camino, le daría una abrazo y le diría “seguí adelante. ¡Dale que va!”.

“Restos diurnos” de Jorge Zima.  (Ed. De los cuatros vientos).

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