Los Pipis y un nuevo fenómeno pop
Idea: Federico Lehmann, Matías Milanese, Los Pipis Teatro. Texto: Federico Lehmann. Actúan: Martina Algan, Fran Bert, Rocío Busca, Eva Capusotto, Pedro Concetti, Ramiro Gelvez, Federico Heinrich, Malena Luchetti, Milton Novo, Ima Parise, Salvador Romano, Paloma Urquiza, Trinidad Xanthopoulos. Producción musical: Matías Calatroni, Majo Chicar, Caterina Rafaela Glüzmano. Piano en vivo: Lucía Mantinan. Letras de canciones: Lina Lavarello, Federico Lehmann. Coach vocal:Fran Abbondati Coreografía: Eloy Antunez Greminger. Asistencia musical: Lina Lavarello. Producción Audiovisual: Tatiana Boria. Producción: Tomas Savino, Los Pipis Teatro, Teatro Empire. Prensa: Prensópolis. Asistencia de dirección: Lautaro Mele. Dirección: Federico Lehmann, Matias Milanese, Los Pipis Teatro. Duración: 90 minutos.
Teatro Empire. Hipólito Yrigoyen 1934, CABA. Viernes, 21 h.

Por Mariana Turiaci
Los Pipis lo hicieron de nuevo: crearon un nuevo fenómeno teatral. Una obra irreverente, multifacética y atractiva que marca un precedente en la escena porteña, con un equipo de artistas jóvenes en el marco de un proceso de creación colectiva y de intercambio interdisciplinario. En estos tiempos de Inteligencia Artificial, individuos atomizados y vínculos efímeros, esto es tan revolucionario como bienvenido.
El próximo furor es el resultado de la cuarta residencia artística de la compañía integrada por Matías Milanese y Federico Lehmann, quienes llevan adelante este programa en paralelo a la creación de sus obras y al dictado de clases. En esta oportunidad, lanzaron una convocatoria abierta en la que se anotaron más de 450 postulantes. Se seleccionaron a 13 jóvenes, (actores, actrices, cantantes, bailarines y músicos) que trabajaron durante tres meses en un intenso trabajo de investigación y exploración colectiva.
El primer musical de los creadores de El mecanismo de Alaska (obra de culto para muchos) es la historia de una madre joven y una hija adolescente, con sus desencuentros y la imposibilidad de comunicarse, de un padre ausente y el desamor, del fanatismo al aferrarse a ilusiones efímeras y la necesidad de pertenencia. Esto, en un marco de vulnerabilidad, en que los saqueos y la represión son moneda corriente. Así surge una boyband -devenida en un fenómeno en el Tercer Mundo- que funciona como cortina de humo para expiar pasiones y anestesiar conciencias.
La situación social está a punto de estallar, como esa madre que descubre (¿demasiado tarde?), una suerte de espacio de pertenencia. Como ese miembro de la banda que se escapa horas antes del show más importante; esa hija que no encuentra sosiego ni compañía o aquél que lo invade la omnipotencia de la fama. Un estallido al ritmo de canciones pegadizas y situaciones desopilantes.
Esa explosión, esa energía desbordante, se traslada a la puesta que hace uso de todos los espacios del Teatro Empire. Desde las butacas hasta los pasillos, se crea una atmósfera envolvente que sorprende e impacta a los espectadores con actuaciones cargadas de una vitalidad abrumadora desplegándose con precisión coreográfica, un rasgo característico de Los Pipis. A esto se le suma el ritmo, otro elemento distintivo en sus producciones, que se percibe tanto en las canciones como en la sucesión de los diferentes momentos. El instante emotivo y la pausa están en el lugar preciso.
Por otra parte, es un espectáculo completo. Hace uso de los recursos típicos del musical y logra construir una obra distinta. La poética de la dramaturgia encuentra la teatralidad a través de la actuación y de los cuerpos presentes en escena. Esto prueba de que no existe texto demasiado “literario” cuando se logra descubrir la forma de desplegarlo en actuación. Es el mérito de una dirección que no solo apunta a la puesta en escena, sino que lleva la interpretación a otro nivel.

El teatro de Los Pipis (los mencionados Matías Milanese y Federico Lehmann -foto de arriba-) eclipsa las categorías. No es teatro físico, pero el cuerpo está en el centro de la actuación. No es teatro de texto, pero la dramaturgia es tan compleja como poética. Es, en conjunto, otro lenguaje que utiliza las herramientas de una forma novedosa para crear espectáculos de calidad que entretienen, cuestionan, incomodan y también emocionan. Una estética propia que dialoga con el presente y que se convierte en ética.
¿Por qué? Porque Los Pipis han inaugurado una forma de creación colectiva que le da espacio a artistas muy jóvenes en una época donde los lugares de visibilidad parecen estar reservados para los mismos de siempre. Como compañía, no se quedan en la endogamia característica del circuito independiente, sino que expanden sus fronteras en los diversos talles, montajes y residencias.
¿Será precisamente por esto por lo que se están convirtiendo en un fenómeno juvenil? Sus obras y clases están repletas de jóvenes. En este sentido, podríamos preguntarnos ¿Los Pipis son un fenómeno pop? ¿Puede aplicarse una categoría de la industria cultural a la hora de analizar un colectivo artístico independiente cuando el teatro, desde sus orígenes, ha sido pensado con otros conceptos?
Seguramente no haya respuestas cerradas, pero en todo caso, se trata de un Pop que redefine el concepto porque no se somete a las reglas del mainstream. Sus obras incomodan, cuestionan y hacen estallar las categorías de clasificación. En suma, Los Pipis con su estética y su ética hacen del teatro, una forma de estar en el mundo.
