Un mundo chejoviano en medio de la Pampa húmeda
Dramaturgia y Dirección: Victoria Hladilo. Elenco: Carlos Belloso), Laura Nevole y Manuel Vignau. Diseño de escenografía: Celeste Etcheverry. Asistente de escenografía: Casiana Ronconi Palma. Realización de escenografía: Taller Núñez. Diseño de Iluminación: Ricardo Sica. Diseño de Vestuario: Gabriella Gerdelics. Música original: Tony Abadi. Ambientes sonoros: Ignacio Viano y Nicolás Benaghi. Diseño Gráfico: Melina Florio. Colaboración Artística: Victoria Marroquín. Prensa & difusión: Daniel Franco. Producción: Victoria Chamorro y Victoria Hladilo. Asist de Dirección: Sebastián Frígoli
Teatro del Pueblo. Lavalle 3636. Lunes, 20 h.

Por Mariana Turiaci
Si alguien ha narrado con maestría los vericuetos del amor y las inquietudes de las nacientes burguesías, ha sido Antón Chéjov. En esta oportunidad, la pluma de Victoria Hladilo trae estas cuestiones a un escenario más cercano para nosotros: el corazón del “granero del mundo”.
Inspirada en un cuento del dramaturgo ruso publicado en 1898, “Siete estaciones para hablar de amor” traslada la acción a la Buenos Aires de principios del siglo XX. Allí Gregorio y Anna, una pareja de terratenientes citadinos, conocen a Pablo, un profesional liberal con ideas progresistas heredero de unas tierras en el campo. Éste, con su música, sus chistes y su cosmovisión lleva frescura a la acartonada vida del matrimonio. Invitado por el estanciero, Pablo llega a la casa y entabla vínculos muy distintos con cada uno. Una atracción inmediata con Anna y una profunda amistad con Gregorio. Es así como a medida que transcurren las estaciones, su presencia se vuelve no solo fundamental sino necesaria para el funcionamiento de la monótona pareja. Es aquí donde el amor no va a tardar en aparecer con todos los peligros que conlleva.
La diferencia entre la pareja y el “invitado” no es otra que la del campo y la ciudad donde las problemáticas cotidianas se miden con distintas varas que, a su vez, dan lugar a visiones del mundo muy contrarias entre sí. De un lado, pobres desamparados y del otro, ricos desinteresados sin conciencia de clase. Será Pablo quien -quizás- funcione como anclaje entre ambos mundos. Es el que camina tanto en la tierra como en las ajetreadas calles con una sensibilidad distinta a la de la mayoría.
De esta manera, entre debates políticos e intercambios ideológicos, se cuela la seducción, las expectativas y esa imposibilidad que hace aumentar el deseo. Las estaciones se van sucediendo y crecen los conflictos sociales, las sospechas y la angustia de lo que implosiona en un silencio no exento de dolor.
Uno de los hallazgos de la pieza es la adaptación del universo chejoviano a un escenario geográficamente más cercano manteniendo los temas principales que han atravesado la obra del escritor ruso. Tópicos como la imposibilidad del amor, la oposición entre el campo y la ciudad, la insatisfacción de la vida burguesa, el peso de la monotonía cotidiana, la frustración de no poder seguir los verdaderos deseos, la incomunicación y la desigualdad entre clases sociales están presentes en este texto de Hladilo ganador del “Concurso Argentores 2023”.
Todo ello, desplegándose en un tiempo cíclico donde la acción crece y aumenta la tensión dramática. Esboza y muestra solo la punta de ese iceberg que permanece oculto. Como en los clásicos chejovianos, los personajes no dicen todo. Hay cuestiones que es mejor callar. Sobre todo, en un tiempo donde las mujeres tenían mucho más que perder que los hombres.
Cada elemento de la puesta está al servicio de reconstruir la época y, junto con la iluminación de Ricardo Sica, erigen esa circularidad de las estaciones que se van sucediendo. La puesta avanza con ritmo intercalando momentos de ternura infinita con otros repletos de tensión, gracias a la dirección de Hladilo. El elenco es absolutamente sólido. Carlos Belloso imprime presencia y peligrosidad a su «Gregorio» mientras que Laura Nevole aporta una sinfonía de matices. Al respecto, el «Pablo» de Manuel Vignau es el encargado de llevar frescura y calidez al relato.
“Siete estaciones para hablar de amor” dialoga con el presente y demuestra que los tiempos no han cambiado tanto. Seguimos arrastrando las mismas cuestiones que hace un siglo atrás: la desigualdad, el sexismo, la lucha de clases, entre otras. El mundo es otro, más complejo, más conectado, pero las injusticias y los deseos ocultos siguen quemando corazones.
