Mathilde Invernon. Perturbar para abrir la reflexión.

El Festival Temporada Alta suele tener, en sus diferentes ediciones, momentos destacables. Vimos las dos funciones de «Bell End” y notamos -junto con colegas- el impacto en el público por su planteo sobre la violencia de género, con cuerpos -y panzas- atravesados por la música y la mordacidad e la ironía de las palabras y las coreografías realizadas. Por tal motivo, charlamos con Mathilde Carmen Invernon, la mente maestra y creadora detrás de una puesta poderosa, atrapante y ponzoñosa que gira sobre un personaje por demás conocido para el público argentino, tal como es el “pelutodo” –ya saben a quién me refiero-, con toda la ironía, humor y crítica posible.

– Mathilde, primera y obvia pregunta. ¿Cuándo y por qué imaginaste “Bell end”?

– Primero que nada, hice una pieza que gira sobre el tema del “pelutodo”. Me animaba esta idea de hacer una obra. Hicimos una especie de charla universitaria hablando con el público sobre que es un pelotudo, como si fuese una broma. Además, estuve trabajando sobre Valentine de Saint-Point, una artista coreográfica. Leí mucho sobre ella y retomé todas las cosas que dijeron los hombres sobre ella, en los años 20. Fui pensando en toda esta invisibilización de las mujeres, algo que siempre fue muy fuerte. Así nació la idea de hacer una pieza sobre eso.

– ¿Cuánto tiempo te llevó ensayarla y escribirla?

– Muchísimo tiempo. Primero, hice una residencia de investigación para indagar sobre cuál es el microgesto y la micropalabra del «pelotudo». Su postura y la manera de definirle de una manera coreográfica y teatral. Hice entrevistas en las que preguntaba sobre un “pelotudo” que tengas cerca o hayas amado. Intentaba hacer esto quizás desde un lugar más “científico” y no tan subjetivo. Deseaba invitar gente a verlo, con un espacio menos vacío y material fino y específico.

Después, gané el concurso «Young Choreographer» en Ginebra, por el que hice una pieza basada en ese material. Fue más improvisado, con menos escritura -si bien la idea de la dramaturgia era la misma- y menos cuerpo. Esto fue en el 2023. Un año después fuimos a un festival grande de teatro y danza, también en Ginebra. Me compraron la pieza y me dieron dos semanas más de trabajo. Ahí fue cuando hicimos la luz y trabajamos el principio del texto que ya tenía escrito.

– ¿Cómo llega a vos la palabra “pelotudo”?

– A partir de la traducción de la palabra francesa “connard” al idioma de cada país.

– ¿Siempre pensaste en “Bell End” como título para la pieza?

– Admito que soy muy mala con los títulos. Fui buscando sinónimos para “pelotudo” en internet, pero no encontraba. En “Bell end”, “bell” en francés es “bonito” y “end” implica algo en relación al final. Fue decir que “vamos a acabar con el pelotudo de una manera bella”. Por eso, me gustó el titulo. Igualmente, nadie lo entiende en tanto es en inglés, pero en uno muy “slang”, de calle.

Aquí, allá y en todas partes

– Cuando vi la obra, lo primero que pensé fue que no había tantas diferencias entre los suizos y los argentinos, en relación con la mujer. ¿Cómo fue la recepción de los hombres y de las mujeres, obviamente? Imagino que habrá una diferencia…

– La verdad es que depende. A veces miramos a hombres blancos de 50 años o más y pensamos que no se van a sentir tocados por la pieza y no es así. Depende de muchas variables. A muchos hombres que les gusta mucho porque tiene algo muy emocional. Cuando estamos viajando, de gira, siempre nos hablan mujeres de distintas edades; algunas más grandes, otras más jóvenes. La canción del final toca una fibra muy especial en la gente. Es entender cómo, en la obra, un microgesto, una micropalabra, para todo el mundo, puede llegar hasta una violación o un femicidio.

Es verdad que, con la mujer, la palabra es más fácil. Les es más simple el decir, el llorar o hablar de eso. Esto no quita que haya hombres que lloren. Les habla, más allá de su condición de padres y se los interpela como “hombres”. Solo en un lugar hubo un problema con la pieza.

– ¿Dónde?

– En París.

– ¡Qué raro!

– Si, si. Fue muy extraño porque fue en un festival pequeño, para jóvenes coreografos. La organización no fue buena. Un joven dijo algo feo mientras que un hombre más grande le dijo algo a Ariana. No sé por qué pasó esto. Siempre la pasamos bien con la obra. Nunca se han levantado en el medio de la función para irse, por ejemplo. Al menos, por ahora. (risas).

Impacto en Timbre 4.

– Vi las dos funciones de “Bell End y me dio la impresión que la segunda función fue unos minutos más corta y que, en la canción del final, le cambiaron el ritmo.

– No, no. Es siempre lo mismo. Mirá que interesante lo que decís porque casi que no se cambió nada, aunque a veces, cuando estamos cansadas, podemos hacer algo al respecto.

– En relación con el público, en la primera función, al principio, estaba tratando de agarrar por dónde iba la obra y cuando empezaron con “los ruidos”, les cayó algo y se quedaron…

– ¡Si!

– …y en la segunda, fue entrando más de a poco, pero más curioso y abierto.

– Si. Hay públicos más tímidos, que van entrando de a poco. Se siente como más “único” e “individual”. Por eso, en ocasiones, hay más “risas”. Personalmente, me gusta cuando la gente se ríe y después le agarra esa cosa de “¿qué es esto?”.

– Me pareció muy relevante cuando hablaron con los estómagos, con las “panzas”. Para cierto tipo, cierto “macho”, el tema de la panza es una reivindicación de cierta hombría.  

– No necesitas hacer nada con tu panza cuando haces ventriloquía. Respecto a lo que decís, te digo que hay una coreografía de la panza durante toda la pieza. Un baile, tal como lo hacen en Marruecos, por ejemplo. Igualmente, no lo hacemos de la misma manera porque me interesaba la idea de la sensualidad, siempre en relación con el pelotudo. Muchas mujeres y hombres estamos enamorados de estas personas. Tenemos un tío o un padre así. Hay amor y eso me interesaba.

Por otra parte, ¿por qué una panza es sensual cuando es de mujer y cuando es de hombre es de poder? Puedo sacarme todo porque soy hombre. Las tetas afuera, todo. Esto fue al principio. Además, como soy mujer, bailarina y actriz, sé que hay una exigencia en tanto ser “fina”, tener la panza adentro, etc. Me gustaba la idea de ir a lo que no-es-bonito o no ser guapa. La panza es el lugar de las emociones. La pieza es también una catarsis; es poner afuera toda la violencia que el cuerpo ha soportado toda su vida.  

Un contexto nefasto

– En estos momentos en que, tanto en Europa como en Argentina hay una vuelta de la extrema derecha y del fascismo, la obra impacta aún más. ¿Cómo lo ves al respecto?

– Es mi manera de expresarme sobre eso y es a través del arte. En un momento, la pieza era eso, pero después pensé en hablar directamente del pelotudo, que es más preciso. Que haya violencia sobre otro cuerpo y el placer de ejercerla es fascista. Es muy importante hacerla porque siempre que estamos viajando, encontramos a gente a quien le toca muchísimo. La pieza nos permite pensar que nuestra cultura, en distintas esferas como el amor, la risa y demás, puede incorporar ideas fascistas. Hay que entenderlo y se está dando en una gran cantidad de países.

– Me dijo gente que vio tu obra que no era tan feminista sino anti machista. ¿Coincidís con esta apreciación?

– No porque no tengo miedo de ser feminista. Pareciera que ahora hay un temor a decirlo cuando es absolutamente básico y obvio. Es como decir que uno es antirracista. Es el respeto al otro.

– ¿Qué sentís cuando, al día de hoy todavía hay periodistas, dramaturgos, directores que piensen que el arte no tiene que estar vinculado a la política, de ninguna manera?

– Hace poco, escuché algo muy interesante. Sostenía que decir algo es político y también puede ser filosófico o sociológico; después la política se lo apropia y dice “Esta va a ser mi política”. El arte es pensamiento, no es un maquillaje; no es algo para ser más guapa sino para traer belleza al mundo. Todo esto se hace con ideas, con pensamientos que incluyen, a la política, la poética, etc.

Presente y futuro.

– ¿Dónde aprendiste español?

– Mi padre es español y yo nací en Francia. Además, sus padres son españoles.

– ¿Cómo te llevaste con el acento argentino?

– Me encanta. Más allá de hacer las obras, me encanta ir a un lugar y aprender cosas nuevas. Por eso, me pareció interesantísimo hacer la obra con un giro hacia lo argentino. Hay muchas palabras que no son las mismas. Cambia el vocabulario y tampoco soy bilingüe, pero me encanta esa diferencia con algunas palabras en relación a España, esa forma de hablar. Me encanta Argentina, el público y toda la gente con quien hemos hablado.

– Si te doy un formulario y te pregunta por tu profesión, ¿qué pones?

– Artista.

– De no ser artista, ¿qué hubiera sido de tu vida?

– Nada, no sé. Siempre lo pienso, pero es imposible para mí. He intentado hacer otras cosas en relación con la sociología y la política, pero no. También me interesó trabajar con flores… ¡Ah! Trabajé en una asociación de niños, para ayudar, pero por poco tiempo. No era para mi.

– Si por la puerta de donde estás ahora, llegase la Matilde de los 15 años, ¿qué le dirías? ¿Algún consejo, alguna recomendación?

– Le diría que debe tranquilizarse porque tus sueños van a existir. Eso. De pequeña, todo fue una lucha. Siempre fue mi manera de pensar. Es muy difícil para mi la autoridad o ser como la gente quiera que vos seas. Eso lo viví siempre, desde la escuela. Por eso, lo de “tranquilizar”. En un punto, el venir aquí, a Argentina, a América Latina a actuar, es como un sueño que he tenido toda mi vida y que estoy cumpliendo ahora.

– ¿Cómo sigue “Bell End” ahora? ¿Dónde la van a presentar?

– Vamos a París en marzo y después iremos a Valencia. En otoño estaremos en Milán y Roma. La verdad es que está muy bueno lo que está ocurriendo en tanto nunca fue la intención. Al ser mi primera obra, no pensaba que iba a salir de Suiza ¡y hace dos años que estamos girando! Es muy lindo lo que pasa porque es una obra que te acerca a la gente, lo cual es muy importante.

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