Agujero interior.
Dramaturgia y dirección: Sofía Brihet. Con María Soldi y Sofía Palomino. Diseño de escenografía: Martina Nossetto. Realización de escenografía: Francisco Benvenuti, Federico Di Pilla, Leandro Di Pilla, Josefina Minond. Vestuario: Josefina Minond. Iluminación: Matías Sendón. Diseño sonoro: Juan Lepíscopo. Colaboración coreográfica: Bernardita Epelbaum. Realización audiovisual: Lola Dacal, Estrella Herrera, Nicolás Turjanski, Sofía Brihet. Fotografía: Sebastián Arpesella. Producción: Carola Parra. Co-producción: Casa Teatro Estudio. Asistencia de dirección: Aime Fehleisen. Duración. 70 mins.
Casa Teatro Estudio. Guardia Vieja 4257. Sábados, 22.15 h.

Por Cecilia Inés Villarreal
El aire se percibe viciado. El silencio es sepulcral. Hay algo del orden de un “sin tiempo” al ingresar a la sala. Quizás sea por el diseño del espacio y la iluminación. La proximidad con el público es un poco intimidante ya que en las obras de teatro (y en todas las manifestaciones culturales) hay una separación tajante entre los polos de los actores y los espectadores. En este caso, la emisión y la recepción se solapan y no hay manera de mirar para otro lado.
Sofia Brihet, en su primera obra como dramaturga y directora, concibe a dos amigas-hermanas-sobrevivientes que emergen de un refugio-madriguera-vientre en un escenario posapocalíptico. Con precisión no exenta de sensibilidad, María Soldi y Sofía Palomino representan dos mitades, una racional y la otra emocional que conversan, dudan y esperan (¿algo?, ¿alguien?). Todo, en una danza de silencios, apariciones y desapariciones donde los cuerpos se fusionan y se repelen.
El desempeño de los personajes se fortalece con las interpretaciones. El uso despojado del espacio es limitado (e interesante), provocando la consabida incertidumbre. ¿Qué sucede en el exterior? ¿Es seguro salir del capullo y abrirse a la vulnerabilidad? ¿Hablar y sacarse todo es sanador o es preferible que el flujo de los pensamientos descanse en el interior? En algunas ocasiones, las palabras suman; en otras, se convierten en un nubarrón confuso donde es necesario despejar las «x» como en una ecuación matemática.
Las pausas en el relato brindan el aire suficiente para observar alrededor lo que sucede (y lo que no). Lo íntimo y lo perturbador se dan la mano mientras el sonido invade la sala, sea por presencia o ausencia. ¿Dónde estamos? ¿Qué será del destino de estas dos solitarias, mujeres con miles de interrogantes, secretos? ¿Qué pasado esconden, por qué están en ese lugar inhóspito? ¿Quieren estar ahí, lo planificaron? El tono inquietante se linkea con el corto Diario de un alien abandonado de Rubén Guzmán, en 8 mm. “Los finales, como las estrellas, se apagan sin tantas explicaciones”.
Apenas en la tierra interpela al espectador desde lo íntimo con un texto reflexivo para sumergirse y emerger de la propia conciencia. Será cuestión de pensar qué hacer con la vida, el tiempo y el lenguaje, artefactos evanescentes que se construyen y destruyen.
