“Las despedidas” (Teatro)

La narración como una forma de capturar el tiempo

Dramaturgia y dirección: Ariel Bar-On. Con Ariel Bar-On, Zoilo Garcés, Julieta Koop y Natalí Lipski. Producción: Compañía El Asombro. Creación: Compañía El Asombro. Vestuario: Cecilia Zuvialde. Iluminación: Diego Becker. Fotografía: Michi Catopodis. Prensa: Prensópolis. Co-producción: Casa Teatro Estudio, Teatre Un.

Casa Teatro Estudio. Guardia Vieja 4257. Sábados, 18 h.

Por Mariana Turiaci

Hay obras que quedan resonando una vez que termina la función. Obras que, en su aparente sencillez, despliegan múltiples capas de sentidos. Obras que no son para espectadores distraídos. Tal es el caso de Las despedidas, la última creación de la Compañía El Asombro en coproducción con Teatre Nu (España) y Casa Teatro Estudio (Buenos Aires).

En esta puesta interpretada por Zoilo Garcés, Julieta Koop, Natali Lipski y Ariel Bar-On, quien también está a cargo de la dramaturgia y de la dirección, una profesora de actuación dicta su clase, discute con alumnos que ponen en cuestión la vigencia de sus conceptos y contenidos, se enamora y emprende un viaje. Al mismo tiempo, sus estudiantes ensayan un nuevo espectáculo, entrenan, buscan festivales y becas. Se ilusionan con lo que podría ser y se frustran con lo que no fue.

A través de estas situaciones, la pieza se asienta en una dramaturgia de procedimiento que va desplegando y entrelazando múltiples escenas que se resignifican continuamente. Como en un juego de mamushkas, un ejercicio de actuación se transforma en una despedida en un aeropuerto, mientras que una escena de teatro clásico deriva en un debate sobre el hecho artístico y el lugar del docente. Gracias a esta dramaturgia brillante, el tiempo se vuelve circular y la narración se convierte en la herramienta que arma y desarma el recorrido.

Precisamente, una de las preguntas principales que derivan de todo aquello es por qué narramos los seres humanos. Como sujetos atravesados por el lenguaje, la narración es nuestra forma de capturar el tiempo, tanto hacia el pasado como de cara al futuro. Recordamos y contamos lo que sucedió; imaginamos y ponemos en palabras aquello que deseamos. Lo que fue y lo que podría llegar a ser. Y ese mismo procedimiento narrativo es ya una puesta en escena ficcional. Por eso los límites entre la realidad y la ficción resultan, a veces, tan difusos. Como en esta obra.

Y también, sea real o ficción, toda situación tiene su final. Algunos más grandilocuentes, otros tan diminutos que no se perciben como tales. La vida misma está integrada por múltiples despedidas, por caminos que se cruzan y se separan. Podemos despedirnos de alguien amado, de un proyecto, de un sueño o de una parte de nosotros mismos. Y ahí también aparece la narración como una forma de hacer inteligible el mundo que nos rodea.

Las despedidas pone en escena una variedad de temas: el paso del tiempo, la relación entre práctica y formación, la pedagogía, el desarrollo profesional en el campo artístico, las expectativas y las frustraciones, los deseos y los miedos. Y es también una reflexión sobre la docencia y sobre la fragilidad del teatro, fundamentalmente, de la forma de producción que caracteriza al sector independiente, donde todo parece pender de un hilo o estar despidiéndose en cualquier momento.

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