Espacio y familia
Dramaturgia y dirección: Romina Paula. Con Pilar Gamboa, Esteban Bigliardi, Esteban Lamothe y Susana Pampín. Iluminación: Matías Sendón. Diseño de espacio: Alicia Leloutre y Matías Sendón. Dirección: Romina Paula.
Espacio Callejón. Humahuaca 3759. Domingos, 17 hs.

Cuando se habla de “versión libre”, el gesto fruncido es lo que acompaña casi instintivamente a dicho concepto. No obstante, en el caso de “El tiempo todo entero”, en relación con “El Zoo de Cristal”, de Tennessee Williams, realizada por Romina Paula, el mencionado gesto varía hacia la sorpresa y la atención constante, esa que hace que uno esté sentado casi en el borde de la butaca, no exenta de pequeños “¡uh!” aplicables a distintos momentos de la obra.
Una madre con sus dos hijos, Antonia y Lorenzo, habita un living en el cual cabe un mundo. Lorenzo está a punto de irse a España. No le dijo nada a su hermana, que no sale nunca de casa pero lleva a Maximiliano para que lo conozca. Suena Marco Antonio Solís. Su No hay nada más difícil que vivir sin ti sobrevuela con su aura toda la puesta. El sentimiento contenido, implosiona como una lágrima o un gesto fuera de lugar. Nada más. Hay tensión. Parece que algo va a pasar cuando todo está pasando.
El texto pergeñado por Romina Paula alumbra situaciones que son finalizadas por los espectadores en su recepción. La familia y su dinámica interna que cobija al mismo tiempo que ahoga, es ese límite que se tensa constantemente. Es llegar al punto en que es menester tomar una decisión poderosa, en la cual no hay «medias tintas». El «miedo escénico» será esa «espada de Damocles» sobre los presentes que, en ocasiones, se ubican un zugzwang constante. Cualquier cosa que se haga empeora la coyuntura. ¿Cómo salimos de este lío, más si los vínculos son condimentados con una paciencia que, podría abrirle la puerta a la manipulación?
El desarrollo de los hechos es armónico y atrapante al tiempo que apunta a distintos lugares. La riqueza reside en un todo teatral que parte desde el diseño del espacio con una escenografía, amplia, cómoda y exacta. Lo mismo ocurre con la iluminación que es precisa con los climas y ambientes que crea. El vestuario se vincula con la búsqueda de ese mix de sensibilidad y firmeza que se propone desde el escenario.
La poética de la dramaturgia, que describe seres que ocultan su fragilidad en una fortaleza ficticia, es sutil pero contundente. En especial, Antonia (o Laura, en El zoo….) que aquí vive encerrada en su casa siendo su único contacto con el exterior a través de una computadora. Es aquí cuando todo se vincula con esta época de alienación, anomia e impersonalidad en las relaciones. Cada personaje está esculpido con precisión en sus mínimos matices, que es donde reside su riqueza y su esencia. Prosigue con las excelentes actuaciones de un elenco que tiene a Pilar Gamboa como pivote de todas las situaciones con solvencia y soltura.
Bajan las luces y el elenco sale a saludar, pero ¿termina? En absoluto, la reformulación continuará más adelante. Quizás sea necesario ver la obra de nuevo. Mejor aún. El buen teatro merece verse y disfrutarse la cantidad de veces necesarias para alegrar el corazón
