El próximo viernes 9 de enero, se estrena en Argentina “Los días perfectos”, obra adaptada y dirigida por Daniel Veronese, basada en una novela de Jacobo Bergareche, protagonizada por Leonardo Sbaraglia. La cita será en la sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes. Para tal fín, se realizó una conferencia de prensa que contó con la presencia de Sbaraglia, Veronese y Julieta Novarro, productora de la puesta.
A continuación, la palabra de los artistas que brindaron los detalles de una propuesta que tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de los estrenos del 2026.
Fotos: Cecilia Inés Villarreal.

– ¿Cómo empezó todo esto?
Leonardo Sbaraglia: Empezó antes que yo…
Julieta Novarro: El inicio fue muy simple. Leí el libro de Jacobo Bergareche, un autor vasco que me fascinó. Trabajo en microteatro con María Figueras, también curadora, actriz, directora y dramaturga. Se lo di y le dije “Hay que hacer algo con esto”. Ella, de manera muy generosa, se lo presentó a Dani Veronese que, a la semana, ya tenía la versión teatral. Me acuerdo perfecto que fue algo muy natural por cómo se dio. Cuando la leí, Dani tomó una decisión muy inteligente sobre el material. Cuando hay un libro y uno se enamora de un texto, es muy difícil quedarse con una parte y dejar otra de lado. A uno le gustaría que todo esté arriba del escenario pero debe tener teatralidad. Después, se sumó Leo,
LS: Por una cosa o por otra, tardo en leer, porque, por suerte uno siempre está con las manos metidas en varias cosas. Ramón, mi representante, me dijo “Tenés que leerlo” y lo hice en una noche. Fue una primera lectura en voz alta y terminé emocionado. Mi primer acceso al material fue la versión que hizo Daniel, que era una muy teatral y dramática. No entendía que podía venir de una novela. Tan bien escrita con tanta poética y al mismo tiempo con acción. Es un texto lleno de imágenes que te llevan para todas partes, a tu propia vida como a la de –creo- todas las personas. Es la experiencia que recogimos en las 27 funciones que hicimos hasta ahora, 24 en Madrid.
Daniel Veronese: A veces, uno se encuentra con materiales que, de la misma manera que un actor dice “lo tengo que actuar”, me dije “esto lo tengo que dirigir”. Sentía que el libro tenía una obra dentro. De la misma manera que me fascinó, también supe qué tenía que dejar mucho afuera porque es una novela bastante larga.
LS: Hacía mucho tiempo que estaba buscando un material. Me cuesta mucho organizarme para hacer teatro que es de las cosas que más me gustan en la vida. De hecho, estuve haciendo teatro 10 años sin que prácticamente nadie se enterara (risas), con “El territorio del poder”, con Fernando Terrez. Fue mi manera de poder subirme al escenario durante los últimos 10 años. La última vez que había hecho teatro a la usanza fue justamente con Daniel, haciendo “Cock”. Justamente por eso, fue muy importante para mí poder encontrar este material.
JN: Jacobo Bergareche va a venir al estreno en Buenos Aires y se va a quedar unos días acá. Fue increíble para nosotros porque terminamos estrenando en Madrid y él no lo podía creer. Decía “quería ir a Buenos Aires y terminamos estrenando en Madrid”. Así estuvo fluyendo todo.
LS: Empezamos en Madrid porque mi agenda, en ese sentido, iba cambiando. No depende nunca de uno, sino de 150 cosas y éstas varían todo el tiempo. Entonces, es muy difícil comprometerse con un teatro. Era complicado, pero se tuvo la propuesta de arrancar en el Teatro La Latina. Nos fue hermoso y vinieron a vernos más de 12 000 personas. Fue un éxito que no esperaba. No estaba acostumbrado a recibir 600 personas por día de miércoles a domingo, dos funciones dos sábados. Vino Gonzalo Demaría (N de R: director del Teatro Cervantes) y le gustó muchísimo. Después, vino la propuesta y justo había un hueco en enero. El Teatro Nacional Cervantes va a abrir, creo que por primera vez sus puertas para que podamos hacer esta temporada entre el 9 de enero y el primero de febrero. Será de miércoles a domingo con dos funciones los sábados.

– ¿Cómo fue el proceso de adaptación del texto en primera instancia? Después quería preguntarle a Leo cómo se apropia él del personaje y si le agregó alguna particularidad.
DV: El libro tiene una parte muy grande al principio y después, un tercio, que es lo que tomé. Es una carta a su mujer. La lectura nos resultó emotiva y empática. Una persona que habla con una simpleza y con una profundidad demoledora. Pensé que “si a mí me emociona, a la gente la va a emocionar”. Me pasa con un material que, después de dirigirlo y estrenarlo, me pongo a pensar en otra cosa. Con esta obra, por primera vez en la vida, la voy viendo como si no la conociera y la conozco. Voy detrás, como si fuera el público. Me dejo llevar. Nadie puede salir de ahí y decir “no habla de mí”, “no me pasó esto o no me va a pasar.» Es muy buena. Después está si gusta este tipo de teatro. Hay gente a la que no le gustan los monólogos.
Por otro lado, a Leo lo dirigí en el 2012 2013 en «Cock». Trabajé muy bien con él. Estrenamos, me fui a dirigir España, volví a los dos meses y sentí que había crecido. Al momento que estrena, el actor empieza a crear y conocer lugares que en los ensayos no aparecieron. La idea es que crezca en la dirección correcta. Le dije a Leo “En dos meses hiciste otra cosa y desde la dirección, me pone muy feliz”. Uno, como director tiene que largar el espectáculo. El teatro es del actor. Es muy fácil trabajar con Leo. Le marco cosas, las entiende, se equivoca y le digo, «Mira, esto me parece que no”. Nunca me dijo nada. Confía y al otro día está todo resuelto. Es obediente y creativo, y a la vez, muy libre. Es muy profesional y ha crecido mucho. Esa profundidad se transmite a la platea.
– ¿Conversaron con el autor?
JN: Cuando leí el libro, le escribí a Jacobo un mensaje directo de Instagram. “Hola, soy Julieta Novarro. La verdad es que tengo la ilusión de poder hacer este libro tuyo, este texto, poder transpolarlo a una propuesta teatral. Me respondió al instante. “Me da mucha ilusión”, y ya estaba en nuestro equipo. Es un autor con una generosidad extrema. Incluso antes de decirle con quién, porque otro autor te podría preguntar “¿Cómo va a ser?”, “¿Dónde va a ser?”. Para él, ya era fascinante el proceso. Entonces, ya tener al autor de tu lado te predispone. Además, la propuesta de Daniel era audaz. Cualquier otro autor te puede decir “Quiero que respetes mi texto de tal manera” o “quiero que se haga así”. Jacobo, en ese sentido, priorizó lo teatral por su propio texto. Hay algo ahí, del ego que dejó de lado, que me parece muy valioso.
LS: Vino uno o dos días antes del estreno, a un ensayo. Lo tenía ahí y lo veía, en la segunda o tercera fila. Soy de ver al público. Lo ví como a ustedes ahora pero con menos luz y vi que estaba sonriendo.
DV: Cuando lo conocí a Jacobo, fui con mucho miedo porque tenía que explicarle por qué había hecho esa sangría con su libro. Es una es una sangría. “Perfecto”, me dijo. No quiso leerla y la vio el día del estreno. Me dijo Jacobo “no me parece que es mi novela” y le respondí “Son todas palabras tuyas”. Un par de cosas que suceden en España, las llevamos acá. Eso tiene que ver con la versión y con la calidad emotiva que le da Leo. Es maravilloso cuando pasa y se lo digo a él.

– Leo, ¿cómo pensaste la interpretación del guión que te trajo Daniel y qué punto de contacto tenés con el protagonista de la historia del libro?
LS: Todos nos sentimos identificados desde el punto de vista que uno ha vivido y que hay cosas que quedaron atrás. Luis está en una relación de pareja hace 17 años y se encuentra con algo que lo pone en crisis. No puede, como dice, “volver a casa sin proponerte una terapia experimental. O sea, es estrictamente necesario que leas esta carta antes de que yo esté entrando por la puerta”. Es como si hubiese descubierto algo en esas cartas de Faulkner que hablan de 30 años de una relación paralela. Una especie de refugio para sobrevivir al “tedio” de su matrimonio
Al margen de una relación de pareja -quizás yo en este momento de mi vida no sé si esté atravesando una crisis-, estuve 20 años en una relación, me separé hace 10. En ese sentido, estoy en un estadio diferente al del protagonista, pero me sigue tocando. Primero, porque viví una relación y entiendo lo que es estar 20 años en pareja, pero también se podría hablar de un vínculo con nosotros mismos. ¿Dónde quedó nuestro niño interior? ¿Toda esa vitalidad o esos sueños? ¿Estamos haciendo lo que queremos? ¿Vivimos de la manera que queremos? En ese sentido, el espectáculo funciona como una posibilidad y una pulsión, como un interruptor de vida, de poética, de creatividad. Creo que es lo que más necesita el mundo en este momento. El encontrar lugares donde la creatividad, la poética, la metáfora y la magia estén presentes.
– ¿Qué es lo que te hace tardar tiempo en poder encontrar un texto y que pase tantos años que queremos verte arriba de un escenario?
LS: Daniel, a lo largo de todos estos años, me ha ofrecido muchas propuestas hermosas, pero me fue muy difícil compatibilizarlo. Uno no quiere dejar colgado a nadie. Son acuerdos que uno, muchas veces, no puede cumplir justamente por cómo arrancamos la charla hoy. Por eso, al haber encontrado un texto como este, que uno dice “Bueno, lo puedo hacer cada vez que tengo un mes libre”. Esta propuesta del Cervantes apareció apenas me enteré que el mes de enero lo tenía libre. En ese sentido y gracias al cielo tengo mucho trabajo y me ha costado a nivel práctico el poder encontrar material, a nivel práctico, con mis características y por donde me ha ido llevando la vida.
– ¿Qué serían para vos, “los días perfectos”?
LS: Para mí son, muchas veces, estar en un campito que tengo acá, a 100 km de capital. Es el lugar donde más feliz he sido y soy, y no porque tenga nada en particular. Simplemente, me gusta despertarme ahí, tener la posibilidad de ver el sol saliendo. Estar sentado, y ver el sol bajar del otro lado. En el medio cocinar, tomar mate, estar con amigos, mi novia, mi hija y mi vieja. Son cosas tan hermosas… Si en enero, el lunes y el martes estoy allá, y el miércoles termino en el Cervantes, es algo soñado.
– ¿Cómo fue, para vos, trabajar en un unipersonal en tanto su preparación, obviamente, especial? Este tipo de obras, ¿te tocan en un momento determinado de tu vida? Quizás 10 años atrás ni se te hubiera ocurrido hacerla
LS: Tal cual. Son proyectos que no sé si hubiese podido hacerlos 10 años atrás. Hay algo que te va dando también la propia vida. Sus golpes y las posibilidades de ir ampliando y pasar umbrales que quizás antes no te atrevías. Puertas que no te atrevías a abrir. Eso va tomando cuerpo, tierra en el propio cuerpo, en la propia experiencia y confianza. El haber hecho por 10 años “El territorio”, me fue dando esa práctica, sin la cual, no sé si hubiese podido hacer esto. Es el único refugio que uno tiene arriba del escenario. Hemos hecho 27 funciones y ninguna fue igual a la otra. Esto tiene que ver con que es un material con el que me gusta mucho trabajar. Tiene que ver con el presente de mi oficio, de mi actor, de mi persona y con los espectadores.
– La relación con el público…
LS: Cuento algo que nos pasó en España y todavía acá no, pero sonaba el teléfono cada rato. O sea, hay dos características que hay. Una, apenas llegué, me dijeron, «Preparate porque el público tose mucho.» O sea, no es que se esté aburriendo, sino que tosen. Entonces, las tosidas era un telón de fondo, una especie de música incidental. Sin embargo, el público reaccionaba hermoso. Después, fueron los teléfonos, a tal punto que empecé a agregarlos al texto. “Paula, atendé el teléfono. No tengo ningún apuro”. Volvía a sonar. “Te dije que atiendas”. (risas). O sea, eso pasa. Lo que no nos pasaba allá y sí pasa acá, -ya tuvimos tres funciones, dos en Córdoba y una en Rosario- es que la gente filma mucho. Acá tenemos un montón de material de Rosario y Córdoba (risas).
JN: La verdad es que después ves historias de Instagram con casi 10 minutos de la obra. Uno se desespera al respecto y eso que también tengo ganas de grabar pero no lo hago

– ¿Cómo fueron las repercusiones en España, en Rosario y en Córdoba?
JN: Pasaron muchas cosas. Primero que nosotros yo para particularmente, puedo enamorarme de un proyecto y me gusta trabajarlo artísticamente. Es una pieza de Alberto Negrín que armó un dispositivo muy potente. El relato tiene una potencia que ya veíamos en los ensayos en el estudio de Daniel. Llorábamos al verlo hasta la última función. Estuve de gira y me sigue pasando. El público aplaude de pie y no me canso de decir que era un desafío. Verlo a Leo es una maravilla igual que la dirección de Daniel, pero realmente el público puede estar en una que puede emparejarse con lo que uno está contando y está viviendo. Vamos a ver pasa ahora, después de ver públicos disímiles como el madrileño, el rosarino, el cordobés.
LS: Llega muy profundo a la gente. Es como si se despegase de la obra y entendiese, tocándole un tono muy subjetivo. La gente te transmite sensaciones con una subjetividad con muchos pliegues y sensaciones. Es hermoso para un actor recibir eso. A uno le gusta encontrar materiales que produzcan eso al público y que lo transforme, lo interpele. Que te ponga en un espejo y poder inspirar, transformar. Iluminar un poco y decir “Bueno, es posible seguir creyendo en algo”.
DV: Con el casting que hicimos, siempre dijimos que Leo era el actor para este texto. Pienso en otros actores argentinos o españoles que son muy buenos, pero no producen esa cercanía.
– ¿Cuánto tiempo pasó para decir, después de los mensajes de IG, “misión cumplida”?
JN: El primer mensaje me mandó Jacobo fue tras la primera función de España. Ya había muchas devoluciones de la gente y después otra cosa, no hubo tantos ensayos…
DV: Igualmente, un año antes siempre había encuentros…
LS: Mientras, iba pasando letra y demás…Acá se reprodujo y se ensayó tal como se iba a hacer en España. Hasta trataba de imaginarme cómo iba a ser en el teatro allá. Hicimos todo en un salón que alquiló Juli y se reprodujeron todas las medidas del teatro, del escenario con la pantalla incluida. Entonces, íbamos invitando gente, amigos para que vengan. Así teníamos la amplitud de ir mirando aparte a todas partes. El tema es que nosotros ensayamos acá hasta un viernes; viajamos un lunes y a los dos días estrenamos en Madrid. Fue fuerte.
DV: Era como componer un tema, lo tocás para tu familia y luego haces para 50 mil personas.
JN: En los ensayos, ya pasaban cosas…pero bueno, uno tiene cierto sentido común. Más si uno viene produciendo distintas narrativas. En la primera lectura, ya lloramos los dos y para mí, eso es cierto parámetro. Después, como dice Daniel, venía gente que a Leo lo ponía en un lugar donde también era muy importante la palabra de esa gente. No venían solo a palmearle la espalda. Estábamos preparados para que nos digan lo que sea.
Por otra parte, tuvimos que armar un diseño de producción, porque hicimos una producción argentina que viajaba a España con otra española. Era un híbrido que tuvimos que crear. Otro tema importante que tenía que ver con la propuesta era conseguirlo a Leo. Nosotros tomamos una decisión a largo plazo que era seguirlo.
LS: En un momento, empezamos a encontrarnos con Dani, en noviembre, diciembre del año pasado y hubo que cargarlo todo. Por eso digo, cuando me preguntan porque no hago teatro. De pronto, me llamó Guillaume Canet, para filmar con Marion Cotillard y ellos se entendieron. Después me llamó Almodovar y ellos entendieron. Después, fue lo de Carlos y pude venir solo una semana para el estreno de “Menem”. Es una realidad que estoy viviendo y también es un goce. Todos tomamos un compromiso. Después del año que tuve, estrené la obra en Madrid. Fue duro por cómo se sintió este año.
– …se tenía que dar…
JN: No solo eso. Es muy difícil bancar los momentos de espera y pensar a largo plazo, más hoy en día. Por eso, cuando nosotros tuvimos “la ventanita” de enero fue buenísimo en tanto no había ninguna sala. Pido disculpas porque tengo salas de amigos y de gente que uno quiere y le hubiese gustado estar, pero, ¿quién te va a decir en noviembre o diciembre que tiene una sala en enero? Es un poco ir cabalgando en el momento y pensar rápido. Lo de Córdoba y Rosario se produjo en 25 días. Parece que es un dispositivo simple y no lo es. Ya lo van a ver en el Cervantes.
DV: Hay algo de la familiaridad con la que trabajamos… Nos gusta hacer lo que hacemos. Es muy difícil, por ejemplo, encontrar una productora como Juli a la que siento como una amiga, con la que tengo confianza. No tenemos contrato firmado. No es que éramos amigos, pero hay una cosa que lo hablamos en la gira. Esto es como una familia, pero de verdad. Nos sentimos muy a gusto.
LS: Creo que vamos a hacer la obra por muchos años….
“Los días perfectos”. Viernes 9 de enero hasta el domingo 1 de febrero. Teatro Nacional Cervantes. Libertad 810, de miércoles a domingo, 21 h.
