Cine: “Legerin. En busca de Alina”. Un destino de libertad.

No mucha gente sabe quién es Alina Sánchez. Menos aún, respecto a la existencia del Kurdistan y del pueblo kurdo, dueño de una cultura riquísima. Por tal motivo, a partir de una noticia periodística, la directora María Laura Sánchez unió fuerzas con la productora Valeria Roig para llevar a cabo un documental tan atrapante como revelador.

La cámara viaja a Córdoba para conocer la niñez y la juventud de una joven que estudia medicina en Cuba. Su nombre era Alina Sánchez. De personalidad inquieta y ávida de conocimiento, en plena sintonía con su sensibilidad, se pone a disposición de la causa de los kurdos en pos de su reivindicación como pueblo y el pedido de respeto a su derecho a su independencia.

La forma en que María Laura Vasquez concibe el documental es precisa. Lleva con exactitud el dato biográfico pero sin quitar un ápice de la pasión a lo que era la razón de su vida: brindar la ayuda que requieran los más necesitados, a partir de sus conocimientos médicos.

Por eso, tras su arribo a Rojava, ciudad autónoma ubicada en el norte de Siria que sufre el ataque y bombardeo de Turquía que considera al Kurdistán como un Estado autónomo e independiente, con sus propias leyes, Alina toma la causa kurda como propia. Pone cuerpo, corazón y cerebro a disposición de un pueblo que la acoge tal como una hija dilecta. De hecho, cambia su nombre al de “Legerin”. Además, su personalidad se amalgama con un estado más justo y colectivo en su concepción.

El documental fue realizado en territorio kurdo de Siria y en Argentina por medio de una coproducción de dos equipos liderados por mujeres de Argentina y Rojava. Los testimonios son riquísimos no solo en referencia a la personalidad de Alina sino de la lucha de los kurdos. Todo, como si fueran una inseparable de la otra. De esta manera, se forma ese rompecabezas que es esa mujer que llevó su impronta a una geografía por demás lejana pero propia a su sentir.

Pero ojo, el gran mérito del film es que no cae en ningún tipo de banalización ni exaltación de una figura que es por demás destacable en su conducta. Se muestra todo pero nunca cae en el golpe bajo, ni en un panfleto propio de una serie, lo cual se agradece enormemente. Alina es mucho más que eso. Ni hablar cuando pasa a la inmortalidad de los corazones kurdos (y argentinos) cuando fallece en un accidente automovilístico el 17 de marzo de 2018.

“Legerin. En busca de Alina” atrapa desde un lugar que combina sabiamente la información con las vivencias de una joven que no dudó en buscar su propio destino, dejando una huella muy fuerte lejos de su ciudad natal. Ahora, su legado viaja a través de quienes valoran su deseo por la vida en libertad.

ECDL tuvo la posibilidad de charlar con María Laura Vásquez y nos contó lo siguiente.

– ¿Te acordas cuándo fue la primera vez que escuchaste hablar de Alina?

– Fue cuando Valeria (N de R: Roig, productora de la película) me acercó el guión. Antes, no había escuchado de ella. Esto fue en el 2019.

– ¿Qué sentiste cuando la descubriste a Alina?

– “Sentir” es una buena palabra. Me conmocionó y emocionó. Sentí que había un montón de puntos de identificación. Yo también estuve en Cuba y en Chiapas, así como con ciertas búsquedas y procesos. Pienso que, al hacer una película, uno siempre en alguna parte, en algún sector también uno habla de uno mismo, ¿no?

Contarla a Alina implicaba contar ciertas partes y preguntas de mí que Alina profundizó, por supuesto, mucho más. También me permitió desarrollar cuestiones que me convocaban particularmente.

– La película es muy seria y no cae en la banalización del personaje, en tanto una ídola para la remera, ¿no?

–  Claro. En absoluto. La trabajamos con respeto y con toda su profundidad. Esto incluía la vulnerabilidad que había en las dudas propias que implica vivir, ¿no? Alina era diferente. Hay personajes que podían tener contradicciones internas y resolverlas. No fue el caso de Alina que, hubiese sido contradictoria si iba y venía en torno a una decisión, de una u otra de manera. El mostrar su aspecto más vulnerable la hace más humana y más cercana a los espectadores.

-¿Cómo ves el recorrido de Legerin, en tanto personaje, entre comillas. ¿Siempre lo pensaste así como evolución de historia o ya tenías una idea para hacerlo?

– Desde que supe que el nombre “Legerin” significaba “búsqueda”, eso ya me definió. El nombre elegido determinó el proceso narrativo que es a partir de su propia búsqueda. O sea, desde el inicio quedó establecida la idea narrativa.

– Hay una postura contra los procesos de invisibilización en la cuestión femenina, el trabajo colectivo y la cultura kurda. ¿Cómo ves estos aspectos en relación con el público?

– Veremos en tanto se está arrancando este proceso. Creo que estamos en un momento interesante como para desnaturalizar un montón de paradigmas que nos han instalado.

En relación al primero, en torno a la mujer, las kurdas toman esta idea de que no hay proceso de transformación social ni ningún tipo de revolución sin anular o sacar lo que es la opresión de la mujer, que es considerada la primera forma y la más estructural de las opresiones. Me parece que esa idea es interesantísima y es única. Las revoluciones del siglo XX no planteaban esto. Eran otra cosa. Estaba la lucha de clases, la reforma agraria, pero nunca se puso a la opresión femenina como centralidad en el conflicto.

Con respecto a los kurdos, en Argentina se los conoce muy poco. Me parece que es fundamental el documental en tanto sirve para indagar un proceso rico e inédito, pero de una complejidad enorme. Por otra parte, siempre digo que una película es una obra dramática. Por eso, va a servir para que, los que les interese este proceso, puedan ir, conocer y abrir un poco el panorama.

Finalmente, la invisibilización de la cultura kurda ha sido total. Me pasó de centrarme anteriormente en proyectos latinoamericanos, revolucionarios, y demás, y no la conocía. Además, está expuesta al genocidio cultural desde hace décadas. Están intentando matar su cultura, su lenguaje, sus formas políticas de organización social. Todo es parte de lo mismo, de un genocidio cultural que viene hace años.

– Una de las mujeres kurdas se refiere a un genocidio lingüístico.

– Exacto. De hecho, en Turquía está absolutamente prohibido hablar kurdo. Hasta te pueden preso si lo llegas a hacer.

– Además, se menciona un hecho que quedó invisibilizado como fue la “Primavera árabe”.

– Lo sé. Justamente, hablando de “invisibilidades”, ¿no? Fue esa revolución del 2012 que genera después el proyecto del Confederalismo Democrático. Pudimos meterlo, pero también lo tuve que estudiar en tanto lo complejo de los planteos. El Confederalismo Democrático surge en ese momento histórico. Antes, me tendría que ir hasta los otomanos de la primera y la segunda guerra mundial. Es tan complejo, pero por supuesto la Primavera Árabe fue decisiva para ponerle nombre a este proceso político que se propone.

– El film propone una ruptura de paradigma a partir de lo colectivo y la postura de Alina. Es increíble como choca hoy, con este contexto neoliberal e individualista que nos atraviesa.

– Absolutamente. Va en contra de todo lo que nos quieren imponer como proyecto de vida donde solamente importa lo que nos pasa y el otro no tiene nada que ver conmigo. Generar que el otro le vaya mal, para que a mí me vaya mejor. Una propuesta absolutamente darwinista, civilizatoria que nos está llevando a la crisis, que haya vivido, más profunda y la más terrible de la humanidad.

– ¿Qué repercusión te sorprendió más en la trayectoria que tuvo la peli?

– Me sorprendió todo el efecto que tuvo en Europa. No lo esperaba. Valeria contó algo al respecto en tanto la forma en que la historia del Kurdistán estuviera tan instalada en Europa así como la comunidad kurda. Fue sorprendente porque se llenaban los cines con la película. Realmente, no me lo esperaba.

– ¿Cómo sigue ahora todo?

– El 26 de marzo va a estar en la sala Norita. Después va a estar en Itaca está el 15 de abril y el 22 de mayo, en sala Lúcida. Después, se va a proyectar en Córdoba, en Quilmes, en San Martín en Bariloche.

Ficha técnica

Dirección general: María Laura Vasquez. Dirección en Rojava: Dêrsim Zêrevan. Producción: Valeria Roig en asociación de producción con Nûjiyan Film Production & Alandar producciones. Idea original/guion: Paula Bartolomé y Marcela Marcolini. Dirección de Fotografía y Cámara: María Laura Vasquez y Mauricio Centurión. Sonido directo: Sugyn Quintana y Valeria Roig. Montaje: Ximena Alejandra Franco. Dirección de sonido: Mercedes Tennina. Postproducción de imagen: Lucila Kesselman. Música Original: Agustín Ronconi. Diseño Gráfico: Shaktimar Sánchez. País: Argentina. Año: 2023. Duración: 82 mins. Calificación ATP.

Próximas funciones

  • Jueves 26 de marzo. Sala Nora Cortiñas. Moreno 2654.
  • Miércoles 15 de abril. Espacio Itaca. Humahuaca 4027
  • Viernes 22 de mayo. Sala Lúcida, Av. Cabildo 4740

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