Referente de la música urbana argentina, con una trayectoria que abarca el blues, el rock & roll y la canción de autor, Marcelo López regresa por al escenario de Clásica y Moderna para ofrecer un nuevo concierto en formato trío junto a artistas invitados. Destacado, músico, pianista, cantante y compositor mendocino, López habla de música, influencias, coyuntura y el recuerdo de su amigo Marciano Cantero.

– Marcelo, ¿cómo te sentís en el formato de batería/percusión, bajo y piano?
– Me siento bien porque César Franov, el bajista, es de mucha calidad. Es casi un guitarrista por cómo toca y llena las cosas. He trabajado con César en el 2002, 2003, 2004 que se fue después a a Mallorca. Ahora, cuando me enteré que había vuelto, lo llamé y me dice “Sí, claro”. César es de la escuela de Jade, de los músicos del centro, de Lito Nebbia. No tengo que decirle de qué manera tiene que tocar o no, con su bajo de seis cuerdas. A Facundo lo conozco desde pequeño, de acá, de Mendoza, anduvimos bastante bien con esa formación. Después, lo que va cambiando son los cantantes, pero los instrumentos son esos tres.
– ¿Qué vas a estar presentando?
– Voy a estar presentando los temas que grabé en Café Berlín en vivo en el 24 con esa misma formación y cuatro temas nuevos que he grabado en este tiempo. Ahí Lito me dio el OK para ponerle “Tardecitas en Melopea” o “Cuatro tardes en Melopea” porque son cuatro temas nuevos. Un par los grabé con César y otros con otra gente, con Martín Castro, un guitarrista mendocino de folklore. Además, invité a Laura Hatton, tremenda cantante, que era de Buenos Aires 8, de Flores Negras. Hacemos una linda versión de “Ruta 66” en inglés.
– ¡Qué lindo!.
– También serán de la partida Jorge Garacotche de Canturbe y un par de “nebbieros viejos” ya que tienen el ADN de Nebbia, como Eduardo Raggio y Beto Antelada que supo cantar mucho con Julio Zenko. Esto es solo para cambiar un colorcito.
Lo que me gusta realmente de “Clásica y moderna” -es la tercera vez que voy- es el piano, que es muy lindo, la cercanía de la gente que está ahí al lado y el viejo concepto de recital. La gente va a escuchar un recital y yo cuento una pequeña historia de cada tema, sobre todo de los míos, para mostrar cuál es la génesis de la canción tanto instrumental o como los cantados.
Me gustaría, en una de esas, incorporar un guitarrista o poner un saxo, un violín, un cello o algún otro instrumento, pero bueno, una cosa es grabar y otra cosa es actuar en vivo. Son cosas bien diferentes. Siempre respetando la estructura de canción y la melodía que sigue siendo la reina, como le decimos nosotros.
– Con lo que acabas de decir que “la melodía es la reina” me estás tirando el título de la nota.
– Cuando presento un tema que se llama “Melodías por llegar”, comento cuando un escritor está frente al papel o un pintor está frente a sus telas, a sus óleos y no puede hacer nada, como el síndrome de la página en blanco. Desde el piano vas tocando unos acordes y decís “Están lindos estos acordes, solos en el universo”, hasta que no aparece la señora, que son una sucesión de acordes. Ahí digo “hasta que no aparece la reina” que es la melodía. Estaba hablando con mi hijo de ese tema, que tendrá 6 o 7 años, y me dice “Bueno, ponele ‘Melodías por llegar’ cuando estás esperando que aparezca la melodía”. Aparece la melodía, aparece la letra.
Eso lo contaba mucho Paul y que hacían con John cuando componían en los 60. Era “acordes-acordes-acordes” y bueno, “hagamos una melodía”. Y después hacían otra. Uno, al estudiar a los Beatles, puede decir “esta melodía debe ser de John”, “esta es de Paul”. He sido siempre muy cancionero. Mi viejo tenía vinilos de tango y a mí no me gustaba el 2×4 pero era por la marca. Cuando empecé a ver, sin las marcas, decía “¡que canciones!”. Hace unos días, acompañé acá en Mendoza a un cantante de tango, que se llama el Varón Álvarez. Hicimos un montón de esos tangos como “Soledad” de Carlos Gardel, “El día que me quieras”, “Naranjo en flor”, y decía “¡qué linda melodía!” . Forman parte de lo que uno termina siendo a nivel síntesis, de tanto escuchar. Y uno, para este tipo de canciones, va tarareando la melodía, que es la reina.
– La reina.
– Sí, sí. No sé si ves lo que estoy leyendo. Es el libro de King Crimson, “Crónica de un malestar”. Es de España, no está acá. Andá a tararear una melodía de los primeros temas de Crimson. ¡Te morís!
– Un poco complicado para silbar….
– Lo llegué a conocer a Fripp. Hice un tema que está en un disco que se llama “Soundtrack 1519”, que se llama “Gracias, Señor Fripp”. Se lo hice llegar pero no dijo nada. Está con el Guitar Craft y todo eso que hace, que son como 60 guitarristas dando vuelta. Digo en el espectáculo que “se lo di a Fripp y estoy esperando que me mande los pasajes para England para ir”. Todavía no han llegado. No importa. La verdad es que tengo un compromiso con el piano, con la música y conmigo mismo.
– ¿Vas a grabar la presentación en Clásica y moderna?
– La otra vez porque voy con unos amigos de Buenos Aires. A una amiga de Quilmes, le digo “Grábate tres temas, el vivo, la gente con un multitrack, o sea, que si puede algo se puede arreglar”. Es bien cerquita el piano. Hablo con la gente de las primeras mesas; si quieren cantar o cuestiones rítmicas. Les cuento la historia de la letra, de donde salió cada cosa. Eso es lo lindo de de la música. Por eso te decía la palabra “compromiso” con el instrumento, la música y con uno mismo. El arte no es un acompañamiento, “la nueva bufanda, la nueva camisa que se ha comprado Daniel”. No, es otra cosa. Al que le interesa, forma parte de tu personalidad y de tus cosas y mierda que uno cuando era pibe defendía que le gustaba la progresiva en contra de la comercial.

Músicos y compromisos.
– Hablando de tu compromiso con la música, ¿hay algún día en que no te sientes al piano?
– Muy pocos. Hace unos meses me estoy sentando con este bandoneón negro. Lo agarré hace poco y me gusta. De hecho, ya lo he tocado dos veces en vivo. Lo pongo en la mesa y voy aprendiendo. Cuando encuentro algo, me voy cagando al piano que lo tengo a la vuelta y veo si es un Si menor o un disminuido. Si estoy con alguien, capaz que le digo que me saque una foto de la mano en el bandoneón para ver qué apreté. Generalmente, paso unos minutos de la mañana, aunque hay otras veces que paso más rato en el piano. Te diría que todos los días me siento al piano. Vas teniendo en la cabeza las armonías y las nuevas búsquedas que hay de temas viejos. Me hace muy feliz descubrir algo. “Ah! Era esto lo que habían hecho!”. Como no sé leer música…
– Ah, mira.
– No no, solo cifrado americano que aprendí de grande. Ahí es donde digo “Ah, este es el famoso 7911” que se dice de armonía. “Ah, esto es de jazz”. Ahí me junto con Laura Hatton, que es la esposa de Rodolfo Gorosito y me dice, «Mira, ‘Ruta 66’, ya sea la versión de Pappo y las versiones originales, la podes hacer en cualquier tono que se te cante, pero la riqueza armónica está en Fa, donde fue compuesto. Ahí tiene para Fa, Si Bemol y Mi Bemol, lo que sería la trompeta, el saxo o algún instrumento”. Entonces, podes tocar “Zamba de mi esperanza” en catorce tonos diferentes, pero hay uno donde tiene el contenido armónico real. Es el que tiene los brillos para que pueda surgir.
– ¿Quiénes fueron tus referentes dentro del piano?
– Varios, pero me encantaba – y después, lo conocí, trabajé con él y soy muy amigo de sus hijos- era Ariel Ramirez. Me gustaba su identidad en tanto que escuchabas ese piano y sabías que era él. Tuve unas charlas muy lindas y no pude tomar clases con él porque vivía en Mendoza y me pedía en el 87 que fuera, por lo menos, una vez por mes a Buenos Aires. Lamentablemente no podía comprometerme a eso. Después, Manolo Juárez y me hice muy amigo de Mora, su hija que manejaba Notorius. Dentro del rock, Ciro Fogliatta, de Los Gatos. También, Litto en la manera de tocar el piano, que es su forma de componer. Bill Evans, el único blanco del “Kind of Blue” de Miles Davis y Michel Petrucciani.
– Sos muy ecléctico en los estilos.
– Claro. De todo eso tenés que ir buscando algo para conformar tu personalidad respecto a cómo vas a tocar y todo eso. Me gustaba el órgano Hammond de John Lord y Rick Wakeman a quien fui a ver, cuando tocó en el 81 para presentar “1984”. A Jan Hammer lo fuimos a ver con Spinetta también en el 79. A veces, cuando toco y hay un lindo piano, pido un aplauso para el mejor invento de la humanidad que, obviamente, es el piano. Después, viene el bidet. Vos podes tener otras ideas pero bueno. Primero el piano y segundo, el bidet.
Estilos e influencias
– A partir de tu versatilidad en la construcción de la melodía y de la canción; ¿en qué momento se deja de lado al virtuosismo en pos de la canción?
– En el inicio, hay un chico al que hay que ponerle una camisa, medias y zapatos. Después hay que ir buscando alguna cosa pero no lo leo al principio como virtuosismo, sino que responde a lo que estás intentando hacer. Así, va a la papelera de reciclaje un montón de cosas. “Este estribillito está lindo, pero quedó solo”. Después aparece y lo podes usar en otra canción. Una vez leí que en Londres, hay un lugar de salas de ensayo que se llama King Cross. Contaba David Gilmour que él se daba cuenta que no iba a poder tocar rápido -con virtuosismo- y salía mal de las clases. Una vez, su profe le dijo “Me tenés cansado. No vas a ser Django Reinhardt. Lo que tenés que hacer es buscar tu identidad, tu sonido. Uno que diga ‘Es el sonido del grupo de este muchacho”. Creo que lo consigo y mal no le fue a Gilmour con su estilo.
– Que prácticamente es uno de los más reconocidos.
– O alguien que vos escuchas una guitarra y decís “Eso es Pink Floyd, por Gilmour o alguno de los otros”, pero no hay virtuosismo en el toque. En Argentina, nunca fue valorado Oscar Aleman. En todo el mundo fue muy valorado y acá lo conocemos algunos.
– Es cierto. No falta quien dice que George Harrison, por no ser virtuoso, no tiene crédito. La evolución de Harrison dentro de los Beatles es impresionante.
– En esos shows en vivo hasta el 66, están los dos adelante cantando y él atrás. Solamente aparece cuando canta o comparte el micrófono en algunos coros. Y los silencios donde viene la construcción de una melodía entre parte y parte, y los solos son hermosísimos. Son limpios y terminan bien. El tipo agacha la cabeza y le da. Después, cuando empezó a meter algunos temas, terminó componiendo “Something” según Frank Sinatra, la mejor balada de amor del mundo. No lo dijo un cuatro de copas, sino Frank Sinatra. “Here comes the sun” y después, muchos temas solistas. Saca el disco triple y temas como “Give me lord, give me peace on earth”.

Actualidad y coyuntura
– ¿Cómo ves, que en ocasiones se les critique a los músicos algún posicionamiento o expresión política?
– Más allá que se critique o no se critique, nadie tiene que estar embanderándose per sé, pero si vas y lo decís, está bien. Si no te bancan más por ser peronista o lo que sea, que no te banquen. Que me importa. Sin mezclar las cosas, uno tiene su personalidad, sus ideas, sus cosas y ha abrevado en todo esto que hemos nombrado antes. En Cortázar, en Lito, en El Flaco, en Moris y bueno, el rock tiene esa cuestión contestataria. Me sorprende muchísimo lo de Emilio Del Guercio. Machi o algunos otros. Me aleja, pero bueno, no dejo de reconocer todo lo que hicieron.
– Hay una cuestión que vengo charlando, no solo con músicos, sino con periodistas inclusive que es que, pareciera que el rock de alguna u otra manera se volvió conservador.
– Sí, puede ser, pero el más actual, no el de, como dicen en España, “la quinta a la que pertenecemos nosotros”. He leído posiciones de gente como Elton John, Elvis Costello, ni hablar de Roger Waters. Son muy puntuales.
En su momento, lo escuchaba a Joan Manuel Serrat, Drexler o el mismo Sabina. Bueno, Charly, sin hablar mucho directamente en entrevistas, en sus canciones, lo decía bien clarito. Soy de la época de “que se puede hacer salvo ver películas”. Ese tema era del 77 y el tipo está diciendo “Más vale que vean películas porque no se puede hacer nada”. Después, vino con “Los dinosaurios” y todo ese tema. No le pondría ningún rótulo si el tipo no sale a hacer un embanderamiento de algo. Pero si sale con algún tipo de conservadurismo, me alejaré de ese lugar, pero bueno, cada uno es como es.
-¿Qué sentís cuando un músico dice que es “auténtico” y termina haciendo la misma canción a través de los años?
– No estaría bancando sus palabras con eso. Trato de no meterme porque tengo muchos amigos pero hay tributo a Pink Floyd, a Creedence, a Bon Jovi, pero estas canciones ya están hechas. Entiendo que se labure y todo ese tipo de cosas, pero son músicos que han tenido, en su momento, la posibilidad de componer o de hacer su propio su propia canción. Son buenos instrumentistas, los defiendo de ese modo, pero la verdad es como dice Lito Nebbia “hacé tus canciones, te va a ir mejor. No sé si irá más o menos gente, pero te va a ir mejor. Las otras canciones ya están hechas”. Es un homenaje y no lo hago igual primero porque ya está hecho y segundo, tengo mis cosas para mostrar. Por más que te den con un cañazo, ya verás, pero mostrás tu tema.
Historia, reconocimientos y olvidos
– Cuando me llegó la gacetilla ya decía “Marcelo López, músico urbana”
– Sí, claro. Yo le digo siempre, “Canciones urbanas”.
– Que no te confundan también con los chicos del trap, que también hacen música urbana. (risas)
– No! (risas) ¿Sabes a quién respeto muchísimo y he tocado varias veces con él? Es más porteño que Isidorito. Es Alejandro del Prado. He tocado con él hace mucho en Buenos Aires y acá, en Mendoza. El tipo desaparece, aparece, toca y desaparece por un tiempo. Hace esa música que abreva en el tango, en la milonga y en un montón de cosas. Había sido guitarrista de Zitarrosa y es un gran compositor. Entonces, cuando me preguntan dicen, «¿Cómo se llama el show?, respondo con “Nueva canción urbana”, “canciones urbanas” o “canciones de la ciudad del día de hoy”. Eso que en los 70 y en los 80 era Moris y Lito. Sinceramente, me encantaría volver a tocarlas con Lito. Lo hicimos una vez acá en Mendoza hace 25 años. Ahí fue cuando entré a Melopea. O esas canciones testimoniales de Miguel Cantilo.
– Un grande Miguel. Con él también tenes una historia….
– Sí. Hay una foto muy linda en un libro en Mendoza en el 20, a la salida de la pandemia. Lo acompañé en un tema que lo escuchaba cuando tenía 11 años. Es “Tiempo de guitarra”. Cuando lo traía en el auto al hotel ya que se iba el otro día, le digo “No sabes lo que es para mí tocar ‘Yo vivo en una ciudad’, ‘Catalina Bahia’, o ‘Padre Francisco’, que las escuchaba en el Winco”. y Miguel dice, «Qué bueno, qué bueno” Esas son canciones que me emocionan. Por eso, mi síntesis es Lito; inclusive más que Charly, el Flaco o Fito. Lito, Miguel y Moris.
– Nombraste a Lito, a Miguel y a Moris. ¿Por qué no sé lo los reconoce como merecen?
– Actualmente, no pero mi generación sí. Si alguien dice que le gusta la música y no conoce algún tema de Lito, Moris o Miguel, la verdad, pierde mi respeto. No lo conocía a Gardel pero reconozco quien es. O quién era Cadicamo o Contursi. ¿Por qué Fito y Spinetta hace 40 años grabaron “Grisel”? La hija de Contursi vivía acá, en Mendoza y murió hace muy poco. Me acuerdo que venía a las cenas de SADAIC con nosotros. Esas eran canciones tremendas. “Soledad” es del 31, “El día que me quieras” es del 35. A “Sus ojos se cerraron”, la grabó Sandro. Hay que respetar y conocer un poco….Acá es donde volvemos a lo que decía Charly, “Melodía, armonía y ritmo”.
Otro que me gustaba mucho, para terminar con los “no reconocidos” fue Gustavo Moretto, de Alma y Vida, una banda que quedó en un limbo que no estaba en el rock y ni tampoco en lo otro. Quedó boyando por ahí. Cuenta la leyenda que ellos y La Joven Guardia de Roque Narvaja, quedaron en ese limbo porque se pelearon con Daniel Ripoll de la Pelo, por lo que nunca figuraron en la revista. Es una leyenda, no sé si es verdad pero….
– Más adelante en el tiempo, las tres V de los años 80 (Virus, Violadores y V8) terminan imponiéndose a contracorriente de todo lo que había.
– Sí. Es cierto. Musicalmente, mejor Virus y después V8, en lo suyo. Lo de Violadores era una cuestión casi contracultural. Siempre recuerda León Gieco de cuando fue a tocar en el show para Malvinas y que los Violadores se negaron. “Pil Trafa tenia razón”, decía León.
– Pil murió hace un par de años.
– Si, si. Una lástima. La verdad es que tenía razón. Nos usaron como forros en el Festival de la Solidaridad que, al día de hoy, sigue siendo polémico.
– Miguel y León fueron de los pocos que hicieron autocrítica sobre esto.
–Siempre recuerdo a León diciendo “Tenía razón, Pil Trafa”, La música es tan bella y generosa que un género puede abarcar un montón de cosas. Las canciones tienen un tinte determinado que van conformando tu identidad en tanto pueblo y persona. Quien escucha música y le llega, tiene fotos del alma que quedan para siempre.

Amigos y recuerdos.
– Hablando de músicos e identidades. ¿cómo lo recordás a Marciano Cantero?
– Éramos compañeros de la primaria. Una vez, hicieron un test vocacional y ahí preguntaba que revistas leíamos. Todos ponían “El gráfico”, “Goles”, “Patoruzú”. Dos personas pusieron a la revista Pelo, él y yo. Horacio, tal como se llamaba Marciano, fue un músico que se hizo bien de abajo y aprendió muy bien su instrumento. Tenía una especial relación con “la reina”, “la señora”. Hacía muy lindas melodías. Las baladas de Marciano. una especial cuestión para hacer lindas melodías y las baladas de Marciano eran geniales. Había logrado su identidad. Estuvimos acá cenando con su compañera, la mía y otra pareja, unos meses antes que se enfermara y se muriera. Él era del 60 y yo, del 61. Siempre manejó una humildad fuerte. Mira que ha sido criticado, pero a él no le importaba. Decía, “Bueno, si no le gusta, no le gusta”.
– Conociéndolo a Marciano, a Horacio, como le decís vos, ¿no fue demasiado humilde?
– Sí, pero no iba a cambiar. Se salvó de la colimba porque era chicato, tenía pie plano y una costilla flotante o algo así. Le decíamos que le habían dado un libro de Don Santos Lara, por eso de que venían todas las enfermedades… Él no jugaba al fútbol aunque estaba con la radio y con sus cosas. Cantábamos las propagandas de la radio en los recreos. Eran los jingles de la época. Hacíamos las voces y todo.
– Le metían los arreglos….
– Si, hacíamos “Aurora” a dos voces con el “Alta en el cielo” y él metía un “tururúuu”. Lo de Marciano viene porque justo estábamos en un campamento religioso cuando salió la película “Encuentros cercanos”. Ahí le pusieron el apodo y le quedó.
– Te preguntaba por su humildad porque en México, es Gardel, es Lennon y acá, no se lo valoró. Quizás, y me hago cargo de lo que digo, por cierto porteñocentrismo.
– Puede ser. A él lo quería mucho. Eran muy amigos de César Banana Pueyrredón, y una cercanía en cuento a la composición de las baladas. Más romántica la de César y más rockera la de Marciano. Voy a Chile muy seguido. Cada vez que voy a la sala de ensayo, todos me dicen “Estuve leyendo…” y tiene 40 años ese tema. Bueno, así es recordado mi querido Marciano. Después toqué en la inauguración de un teatro en Maipú que se llama “Marciano Cantero”. Estaba el hijo y lloramos muchísimo. Toqué “Eterna soledad”, “Amigos” y un par de temas más. Viste como es esto… Uno piensa que está bien, “normal” pero, hay una edad en que en cualquier momento un compañero de ruta manca. No sabíamos que estaba tan enfermo.
– Te hago las últimas. Si te dan un cuestionario y dice “Marcelo López, ocupación”, ¿qué pones?
– Abogado (lo soy) y pianista de acompañamiento. Justo, hablando la humildad, diría que compongo mis canciones, pero puedo acompañar todo, cosa que me gusta mucho.
– Si no eras “pianista de acompañamiento”, ¿qué hubiera sido de tu vida?
– No sé, sería solo abogado. En aquellos años, en el 81, estudiaba Derecho y estaba con un montón de gente de música, concretamente de los Markama. Entonces me decían “¿Qué mierda estás estudiando Derecho si vos sos músico? Larga toda la mierda y dedicate a la música”. Pero los que me lo decían, eran bancarios a la mañana de 7 a 13.30. Entiendo lo que me dicen aunque, en todos estos años, he trabajado solo con los detenidos, con los presos, en la parte penal, yendo a Buenos Aires o acá. Todo eso me dio espalda para hacer mis cosas. No es fácil vivir de la música.
Hace poco, Facundo Guevara me dijo “Nos han cambiado todo de vuelta”. Esta gente, ya sabes quién es, los hermanitos, nos han cambiado todo.
– La última, si por la puerta de tu casa entrase el Marcelo López de los 18 años, ¿qué le dirías?
– “Nunca dejes de tocar el piano”. Mi papá murió cuando tenía 15. Fue una bomba nuclear en mi casa. Lo que me ayudó, porque fue totalmente inesperado, fue la música. Justo había salido “El jardín de los presentes”. Era consciente de todo lo que pasaba y después, vino el golpe militar. He estado ocho horas en mi pieza con el piano sacando un tema, adelantando y atrasando la cinta del casete. corta un pedazo de torpille dame con el agua y el cassette, adelantando y atrasando. Siempre, frente a todo, estuvo la música.
Marcelo López en “Los ciclos de los viernes”. Viernes 8 de mayo. Clásica y Moderna. Av. Callao 892. A las 21 h. Entradas.en Plateanet. En sala o reservando por whatsapp al +54 9 11 7234-3224
