
La obra realizada por un artista determinado tiene la –obvia- particularidad que cuenta con la impronta de su realizador. En ocasiones, esta situación termina chocando con diversas cuestiones que van desde la coyuntura de la época en que fue concebida hasta burocracias kafkianas que entorpecen su desarrollo. De más está decir que, como dice un viejo refrán, “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”.
Algo de esto ocurrió en 1982, en la Francia del presidente François Mitterrand. El mandamás galo tenía en mente llevar a cabo la construcción del “Gran Arco de la Defensa”. Para tal fin, se realiza un concurso internacional de arquitectura. El ganador es el ignoto arquitecto danés Otto Von Spreckelsen.
Lo que sigue a continuación es algo que podría ser esperable pero, no por eso, menos interesante. La personalidad creativa de Von Spreckelsen entra en conflicto con las trabas del Estado francés y los vericuetos de la política. Más aún cuando no contaba con la visibilidad que tenían otros arquitectos a los que termina superando, cortesía de un talento enorme, regido por ciertas normas éticas y morales.
Con las cartas sobre la mesa, Stéphane Demoustier crea una ingeniería cinematográfica tan sutil como atrapante. A partir de la presentación de los distintos personajes, crea una atmósfera que, en ocasiones, coquetea con un suspenso bien dosificado y absolutamente creíble. El cruzado que busca que su obra sea realizada, no solo de la manera en que fue concebida sino con la calidad que merece. Es quien tiene todo para ganar pero el contexto en contra. Estamos en los años 80 y, si bien no había un auge de las computadoras tal como hay hoy, comenzaba a establecerse las diferencias entre el romanticismo del artista y los costos de que implica vivir en una sociedad moderna.

Entre las varias virtudes que cuenta el film, pone el dedo en la llaga (en diálogo directo con la actualidad) algunas cuestiones que merecen analizar y debatir. ¿Hasta dónde se debe ser consecuente con sus ideas en tanto pueden llevarse a cabo? El idealismo juega una partida de ajedrez encarnizada con la tozudez. “Que se doble pero que no se rompa” decía con sabiduría el axioma de un partido político que lo olvidó por completo con el paso de los años. Inclusive, el tan mentado “son todos iguales” entra en la discusión ante las prioridades políticas de cada partido en ejercicio del poder.
Para lograr todo esto, Demoustier se vale de una adaptación precisa de la novela “La grande arche”, de Laurence Cossé así como de actuaciones de nivel. El excelente Claes Bang da vida a un arquitecto consumado por la integridad de su arte. Toda la tensión gira en torno a su figura que no duda en llevar al límite su compromiso con el deseo de crear “para la humanidad”. Los exactos Xavier Dolan y Swann Arlaud son esas contrafiguras que sirven para potenciar al héroe en su camino. Dolan es un Jean-Louis Soubilon que refleja los mecanismos estatales de permisos y laberintos legales; en cambio, Arlaud crea un Paul Andreu que es el “segundo” de Von Spreckelsen en la tarea faraónica de llevar a cabo el “cubo” (tal como fue concebido originalmente y no “arco” como se lo terminó conociendo). Es quien tendría los “pies sobre la tierra” en relación a las posibilidades del proyecto. Párrafo aparte para Sidse Babett Knudsen como Liv, esa esposa que acompaña y apoya desde una presencia fuerte pero no avasallante. El ojo atento la reconocerá como la protagonista de la serie “Borgen”, en la que interpretó a la política Birgitte Nyborg. Otra gran actuación de Babett Knudsen que certifica la calidad de los actores daneses.
Cautivante y reflexiva, “El gran arco” despierta ese tipo de preguntas que uno se hace en torno a un proyecto y como se lleva a cabo, en torno a su integridad. Más aún, con el resultado final que queda a la vista del mundo entero, tras su inauguración en 1989, en coincidencia con el bicentenario de la Revolución Francesa. Nunca está de más un poco de memoria y justicia para aquellos héroes anónimos que pelean con el corazón, combatiendo tanta soledad.
Ficha técnica.
Dirección y Guion: Stéphane Demoustier. Con Claes Bang, Sidse Babett Knudsen, Xavier Dolan, Swann Arlaud y Michel Fau. Producción: Muriel Meynard. Co-producción: Marie Gade. Fotografía: David Chambille. Música: Olivier Marguerit. Edición: Damien Maestraggi. Título Original: L’inconnu de la grande arche. Género: Drama. Año: 2025. Duración: 106 Minutos. País: Francia. Basada en la novela «La grande arche » Edición Gallimard, 2016, de Laurence Cossé.
Salas. Cinépolis Recoleta, Showcase Belgrano, Showcase Norte, Atlas Patio Bullrich, Atlas Nordelta, Cine Belgrano Multiplex, Cine Cacodelphia, Cine Lorca, Cine América – Santa Fe, Cine Arte Córdoba y Cinema Paradiso – La Plata
