“Invasiones I. No bombardeen Buenos Aires” (Teatro)

El que cierra y el que apaga la luz.

Narrado a través de las canciones de Charly García. Idea, libro y dirección: Ricardo Hornos. Con Elena Roger. Intérpretes (por orden alfabético). Christian Alladio, Nath Aponte, Pablo Arias Garcia, Pamela Baigun, Carmela Barsamian, Facundo Basso, Juan Diego Bros, Matías Bruno, Walter Canella, Fede Couts, Francisco Cruzans, Juan Martín Delgado, Abril Ferrería, Angel Hernández, Julián Kohl, Alan Madanes, Julián Mardirosian, Fernando Margenet, Nicolás Martínez, Luis Rodríguez Echeverría (LARE), Agustín Pérez Costa, Lisa Queti, Federico Salles, Violeta Socas, Fernando Ursino, Wally Valli, Pedro Vega, Pato Witis, Sebastián Ziliotto. Músicos en escena: Javier López Del Carril (guitarra acústica y eléctrica), Carlos Britez (piano), Christine Brebes (violín y sintetizador), Juan Bayón (bajo), Lisandro Etala (guitarra eléctrica), Francisco Paz (batería), Octavio Estrin (efectos de sonido y sintetizador). Duración: 90 minutos

Dirección musical: Javier López Del Carril. Dirección vocal: Ana Carfi. Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Diseño de vestuario: Graciela Galán. Arreglos musicales: Murci Bouscayrol y Ricardo Hornos. Diseño de iluminación: Matías Sendón. Diseño sonoro: Rodrigo Lavecchia. Curaduría histórica: Felipe Pigna. Diseño de video: Federico Luis Lamas, Johanna Wilhelm. Asistencia de dirección: Sara Córdoba. Asistencia de coreografía: Magali Zato. Asistente de diseño sonoro: Hernan Altamirano. Asistencia de escenografía: Julieta Kompel. Asistencia de iluminación Hernando Teijeiro. Pianista en ensayo: Agustín Cañás. Asistencia de vestuario: Araceli Fernández, María de Concepción y Noelia Reinoso.  

Teatro General San Martín. Miércoles a sábados, 20.30 h. Domingos, 19.30 h.

Es indudable que Charly García es un ícono de la música y la cultura argentina. Por ende, el deseo de rendirle un homenaje en vida es una tentación tan grande como merecida. Para tal fin, Ricardo Hornos pergeñó un musical basado en las canciones del bicolor para describir la “previa” a la invasión realizada por las tropas inglesas, encabezadas por el general William Carr Beresford. Para cerrar un triángulo perfecto per sé, la tercera parte la componía la gran Elena Roger, ama y señora de los musicales, de gran prestigio internacional y una carrera sublime, más allá de “Piaf”.

Lo descripto es la info que antecede al primer acorde que da inicio a una puesta ambiciosa de gran despliegue, con más de treinta artistas en escena y una banda en vivo. Elena Roger es Charly/Cassandra, la mujer sobre la cual girará el hilo narrativo. Es la que “adivinó todo lo que estaba pasando” y, como no podía ser de otra manera, nadie le da importancia a sus advertencias en un primer momento.

Hay cierto clima de recital que invade a la sala Martín Coronado. Pasan algunos minutos de la hora indicada para el inicio y el público se impacienta. Bate palmas pidiendo el comienzo de esta ópera rock que termina siendo una fiesta que reverdece –si es que hiciera falta- a uno de los pilares del rock argentino y latinoamericano.

Si hay algo que queda claro desde el primer momento es la importancia del cancionero de Charly García en la cultura argentina. Su prolífica carrera desde Sui Generis, pasando por La Máquina de Hacer Pájaros, Porsuigieco, Seru Giran, Tango y su etapa solista, no solo reflejan la creatividad de su pluma y su musicalidad, sino que retrataron momentos históricos con precisión. Más aún, durante la etapa de la dictadura. La selección realizada para la ocasión es acorde a lo requerido. Alguno pedirá algún tema más de la Máquina, pero será solo por gusto personal.

A lo largo de poco más de una hora y media, hay un desarrollo armónico de los hechos, con momentos que impresionan, cortesía de una escenografía que va desde lo más austero a lo majestuoso con armonía. La iluminación es otro de los puntos altos a destacar. La coreografía es exacta y voces acordes a lo que requiere el género. La banda suena ajustadísima, siempre con Roger como capitana de una puesta que llega a un puerto seguro.

No obstante, hay un punto a considerar. La dramaturgia no termina siendo lo sólida que se espera. Descansa demasiado en el conocimiento que ya se tiene del hecho histórico que se relata. Allí es donde algunas modificaciones a las canciones de García no terminan de convencer, siendo un poco forzado el encastre en el relato final. El formato del musical le brinda una pulcritud a algunas canciones que brillan justamente, por todo lo contrario, en tanto su clima intimista en ocasiones como desgarrador en otras. El “Rap de las hormigas” o aquél que forma parte de “La grasa de las capitales” suenan artificial para quien conoce la obra de García y lo ha visto en varios recitales en sus distintas etapas.

El público es un espectáculo aparte. Vive a pleno el espectáculo, en ocasiones coreando las canciones en voz baja. Es más, se logra el casi milagro que no haya celulares sonando, salvo alguno que quiera sacar una foto, pero un láser justiciero aparecerá para cortar la acción. No importa. La compenetración es absoluta. Se vive la gesta heroica de 1806 como propia. Más aún, cuando se arría la bandera inglesa o las tropas invasoras se rinden. El patriotismo en un momento de éxtasis que… ¿cómo? ¿Ese público –o parte del mismo- que aplaude la rendición británica es aquél que votó para presidente a un admirador de Margaret Thatcher que está destrozando la cultura, la salud, el trabajo y la educación pública junto con el mercado interno y la industria nacional? Y si…. Las contradicciones del inimputable colectivo denominado “público”.

Termina “Invasiones I” con el saludo final y la banda interpretando “Buscando un símbolo de paz”. La gente está contenta, disfrutando de lo visto y lo escuchado, con una puesta que logra su objetivo. Impecable de principio a fin, con una Elena Roger de una performance acorde con sus pergaminos. Inclusive, quizás, con un plus en tanto al repertorio que le toca interpretar en esta ocasión. Además, será una excusa para volver a escuchar uno de los más importantes artistas de nuestra cultura, como es Charly García. Algo que debería ser de escucha y disfrute cotidiano para con un artista que nació “para mirar lo que pocos quieren ver”.

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