Actriz con vasta experiencia, acaba de estrenar la excelente “Telefonistas”, última creación de Martín Ortiz. Allí se mete en la previa del bombardeo a la Plaza de Mayo, combinando drama y comedia. Celeste Gerez brinda detalles de la puesta mientras recuerda su participación en “Memorias de una muchacha peronista” en televisión y “Clase póstuma” en el Teatro San Martín así como reflexiona sobre el teatro actual, el ser docente y enseñar a adolescentes en una coyuntura complicada.

– Celeste, ¿cómo llega la propuesta de “Telefonistas”?
– Nos juntamos con Martín Ortiz y Carla Haffar. Ellos estaban trabajando otra obra. Íbamos a hacer otra cosa, otra obra que no tenía nada que ver. Una obra más histórica, pero de otro tema. Nos veníamos juntando mientras Martín escribía hasta que un día dice “No. Esperen, esperen. Denme un tiempo…” y empezó a escribir lo que sería “Telefonistas”. Me acuerdo que le dije “las dos ideas están buenísimas, pero tengo que duelar la primera” (risas).
Ahí empezó todo. Además, Martín disfrutó meter la historia de su mamá. Entonces, arrancó todo como por un tubo. Después se sumaron Luciana (Procaccini) y Cristian (Sabaz). Hacía un montón que queríamos trabajar con Martín y como que no se daba por una situación, por horario, por proyectos, blá. Ahora se dio de esta forma.
– ¿Quién es Margarita, tu personaje?
– Margarita viene de Balcarce y pensaba que este trabajo era una gran oportunidad para ayudar a su familia y de poder crecer, en todo sentido. Es una persona que no se come una. Hay algo del dolor en cuanto ve algo que le parece injusto ya que tiene una respuesta directa. Intenta que no pase y manejarlo, pero salta al toque. Tiene compañeras de trabajo como Mabel y Rosa que es su antítesis. Lo ves en lo picante que es. En ese sentido, son iguales. Al principio, la pensaba en tanto “lo que pasa es que Rosa la busca” y no. Margarita va y dice “hoy la voy a ver a Rosa y le voy a decir tal cosa” (risas). Después, con Mabel, hay una sensación de que hay que cuidarla y que Mabel la cuide a ella.
– ¿Qué sentiste en la interacción con Mabel y Rosa? Son personajes bien definidos y hay una extrapolación más que obvia. ¿Hay más Mabeles hoy, en la vida?
– ¡Qué buena pregunta! Pienso en Mabel en diferentes puntos. El miedo, la crisis y todo eso atrae partes conservadoras. Te hace querer no moverte, quedarte con eso, pero hay otras búsquedas. Todo, en lo que es el sentido de la mujer. No es el caso de Mabel, pero si más individualista lo cual es una gran macana.
– ¿Te costó encontrar a Margarita?
– Sí. Todo el tiempo la pensaba de otra forma. A ver, Margarita es peronista. Tiene su búsqueda, su acción, su tarea, que es el saber todo el tiempo. La buscaba del lado que uno lo conoce en tanto “A ella le gusta esto y aquello”. Ahí fui para el otro lado y dije “quiere liberarse de esto y de aquello”. No tiene la imagen de la época. La rompe y busca lo nuevo.
Por eso también genera tanto contrapunto con el personaje de las chicas, en especial, con Rosa. O sea, fue pensarla a Margarita de un lado y decir «vamos a buscarla por otro lado”.
– Al respecto, ¿en qué momento ocurre esto que decís de “no es por acá, voy por allá”?
– Fui encontrando la parte quizás más trágica primero y la otra, la de comedia –la obra tiene estos cruces- la entendía desde otro lado. Puedo decir “no sé” y voy a probar otra cosa que, quizás, más o menos funcionaba. En un momento, empecé a ver qué acción tenía, pero no solamente cuando estaba en escena sino cuando estaba afuera. ¿Por qué? ¿A dónde se va? ¿A dónde se va a buscar?¿Dónde le dicen “no. Vos sos mujer y esta información no te la vamos a dar”? La empecé a pensar fuera de escena y después la ubiqué en ella.
– ¡Lindo laburo! ¿Fue de los más complicados que tuviste?
– La verdad es que fue difícil, más que nada por el cruce de géneros que decíamos. En un momento, la cabeza te dice que vamos a hacer una comedia pero, ojo que también está lo otro. Sinceramente, fue todo un desafío.
– Me quedé con algo de la obra, que es que es muy armónica….
– Si…esto es buenísimo porque todo sucede en un solo día. Entonces, está totalmente concentrada. Va creciendo escalón tras escalón y de repente, ¡pumba! Además, si bien nosotros estamos condensados en un espacio, pero tenemos muchos otros. Lo que vemos por la ventana, de dónde venimos, el patio de las palmeras. Por eso, no solo hay algo de ese “afuera” sino que hay una “escucha” en tanto todos los personajes sabemos algo y queremos tener otra información. El que cree que sabe todo claramente no tiene info. Hay algo con el saber, con el escuchar, el adelantarse, pero cuando crees que te adelantás, estás atrás y todo va a pasar, sin que lo puedas frenar. Eso genera la impotencia del personaje.

Ensayo general para la farsa actual
– En relación con el estreno de “Telefonistas”, y a ciertas propuestas teatrales, ¿falta teatro político? ¿Está mal visto?
– No creo que esté mal visto ni que tampoco falte. Siempre está bueno sumar más miradas, con un hecho artístico y de compromiso. En un momento estuvo, no sé si mal visto, pero que no sea panfletario. Pasó que se perdió el miedo a eso y se necesitaron –al menos he visto bastante- obras que te interpelen. Es como todo, son momentos en que uno necesita la identificación mientras se suman miradas y cuestionamientos también.
– ¿Te sorprende que haya gente del teatro independiente que apoye el modelo libertario?
– Sí, aunque una parte tuya dice que te sorprende pero vemos como estamos y bueno… Se llegó porque se votó esto. Los números dicen eso lo cual no quita que sea difícil de entender que se apoyen tantas injusticias. Lo que sucede en discapacidad, la salud pública, lo que sucede el día a día en que se ahorra para cargar la SUBE. Ni hablar cómo está el teatro independiente, ¿cómo llegamos a esto?
– ¿Te pasó de tener alguien cercano que ha apoyado este modelo?
– No sé si lo ha apoyado, pero eventualmente, no lo comentaba mucho. No conozco mucha gente que apoye directamente, pero si había algo detrás de la queja. De mi parte siempre estuvo el hablarlo, por ejemplo, con compañeros de trabajo, porque necesitaba saber. Nunca me enojé con la persona que voté otra cosa, porque es lo que ve cada uno. Pasado el tiempo, si seguís apoyando esto que, no sé si decir “decisión” o “equivocación” –que la tenemos todos- pero quiero saber por qué. ¿Estás de acuerdo ahora con todo lo que sucede? ¿No te sentís estafado con lo que pasa? Fue verlo y escuchar muchas situaciones como “mi familia estaba muy enojada. Votó esto y no pude hacer otra cosa”. Eso fue sorprendente en una compañera. Ahí ya había un tema con las diferencias. ¿Cómo es que no se puede, en un núcleo familiar o de amigos pensar otra cosa? Bueno, pensémoslo, charlémoslo. ¿Estás muy enojado? ¿No estuviste de acuerdo antes? Ok, pero esto no es la solución.
– Al contrario, te hunde.
– Claro. Por eso te digo, que sí me parece bien el cuestionamiento está bien. Hasta los que creemos que estaba superbien algunas cosas en otros momentos, está bueno cuestionarlo porque si no, llegamos en silencio a esto.
– Te lo preguntaba porque, en las marchas, por ejemplo, en defensa del INT, digo “somos pocos”.
– Si, lo entiendo. No es algo para dejarlo para segundo plano. Hay muchos que apoyamos y pensamos lo mismo, pero después la convocatoria y la visibilidad es poca. Estoy pensando en diferentes aspectos. Creo que lo importante es siempre sumar y en relación a esto que vos decís, es importante estar. Tiene que ver con eso, con “el estar”. Siento que, a veces, por la cantidad de cosas que cada uno hace por sobrevivir –y muchos no vivimos en CABA-, complica todo, pero el esfuerzo de ir, está bueno. Suma, y no da lo mismo que no ir. Es muy importante esa defensa.
– Es la satisfacción de poner el cuerpo…
– … y el encontrarse con los compañeros y las compañeras en esa situación puntual. Es más, me parece que quizá tenga que ver más con los encuentros que con el poner el cuerpo.
– Este aparatejo -el celular- ha hecho mucho para que el encuentro se resquebraje.
– Sí, sí, pero no quiero irme de lo político. Solo hago un paréntesis de esto que muchos hemos leído de los amigos que dicen “tengo que contarte lo que pasó”. ¡No! Juntate a vivir y charlar sobre eso que pasó. Hay que hacer el esfuerzo para encontrarse. No da lo mismo el encontrarse para hablar eso que ocurrió.
En el Teatro San Martín
– Hiciste “Clase póstuma” en el Teatro General San Martin, una obra sobre tu maestro, Juan Carlos Gené. Hubo muchas cosas que te atravesaban.
– Fue un sueño esa obra. Mismo cuando la estábamos ensayando estaba buenísimo. Fue escrita y dirigida por Alejandro Robino, con quien ya habíamos trabajado en “Memorias de una muchacha peronista” y con varios habíamos estudiado con Gené. La obra era una clase, obviamente póstuma. Hubo muchas cosas…por ejemplo, el personaje de Mario Petrosini, que hacía del aprendiz, fue profe mío, así como compañero y amigo de esa época. Todo era como si fuese una mamushka, con una cosa dentro de la otra. Fue hermoso. Teníamos los “cuatro frentes” con la gente mirando y participando de “la clase”.
– ¡Es cierto!
– La gente participaba mucho. Además, Claudio Gallardou hacía el personaje de Juan y lo era. Lo veía a Claudio en una construcción increíble que resultaba muy cercana. Por momentos, hacía preguntas como “¿qué es la felicidad?” y la gente tenía ganas de hablar y de responder. Cuando se da eso en el teatro, es maravilloso.
– Era linda, artesanalmente hablando.
– Si. Era milimétrica porque, al trabajar con los cuatro frentes, teníamos todo el piso marcado. Después, obviamente se tapó. Aparte, hay cosas que uno trabaja en una obra como acontecimiento total, que lo vive muy contento, pero después se lo lleva. Hay algo de las posiciones de los frentes que, si te parabas o te perfilabas y le pifiabas un poquito, lo tapabas a otro.
– Era un elenco muy lindo.
– Me hiciste acordar de algo. Una vez cuando hacíamos “Hamlet” con Juan, tenía muchas ganas de hacer una obra. Lo llamé por teléfono y le dije “Juan, tengo esta idea”. Me respondió “escribí una carta y poné qué te gustaría contar. Siempre se puede hacer. Busquemos la forma”. La obra era sobre una santa popular. Entonces, cuando veía que era algo que tenía mucho que ver con vos, era “Dale, probalo”. Esto lo hago en los talleres. ¿Cómo lo imaginás al personaje? No importa cómo es, pero ¿qué hace?, que es la importancia de la acción. Como vos lo traes, no lo va a traer otro; y le vas a poner tu impronta. La imaginación como identidad y como acción. No es lo mismo que imaginás vos, viniendo de Floresta, con todo el viaje que tenes en la bicicleta, que yo de Polvorines, tomándome un tren y otro que quizás es más porteño y vive en Villa Crespo. Tu Hedda Gabler funciona diferente viniendo del lugar que venís. No lo olvidas. Con Juan trabajábamos con la tonada que cada uno tenía, por lo que había algo de la identidad y de la construcción colectiva que, en un punto, termina haciendo un teatro político.

Mujeres arriba
– El otro día, recordamos cuando habías hecho con Stella Matute “Más frágil que el silencio”, una puesta fuerte. ¿Cómo viste el desarrollo del teatro hecho por mujeres, ciertamente feminista, que se extendió con los unipersonales?
– Mirá, no sé si crecimos, pero visibilizamos todo a la vez. Eran las autoras, las directoras, las actrices, escenógrafas, guionistas, y más aún en cine esto. Hay algo donde quisiera decir que se avanza, pero quizás caminamos todas juntas. Está buenísimo eso. Hubo muchísimos unipersonales. Me gusta lo que veo, y no hay solamente personajes históricos, con cierto revisionismo sino que también, son actuales. Personajes que encontras en diferentes lugares, no solo en Argentina, quizás más anónimos. Necesitamos abrir el camino. De alguna forma hay que abrirlo. Cueste lo que cueste.
– Después empezaron a explotar los unipersonales femeninos…
– Si, con un estilo bien aguerrido. Creo que, en realidad, fueron momentos en el que estuvo bueno que haya más visibilidad en esto. Hice stand-up un tiempo y también ahí había muchos hombres y las mujeres tuvieron que abrirse camino. Esto fue tanto para la comedia, el stand-up, el drama y con todos los géneros. Fue el instante preciso de abrir caminos. Fijate que, en un punto, a la mujer no se le permitía siquiera el humor. Vamos a la historia y el humor, el cómico era un hombre y las mujeres, dentro de esa comicidad, teníamos otros roles. En la revista, por ejemplo, que es un teatro que nos identificó por mucho tiempo, estaban los capocómicos y mujeres, había muy pocas. Me encanta la comedia, pero es como ganar espacio también porque era como algo destinado solo para para hombres. Esto también tiene que ver con la equivocación. Tenés poco lugar, poco para hacer, poco para equivocarte.
– Es una muy buena reflexión. Volviendo a la historia, Nini Marshall era una referencia pero la única con una visibilidad tan fuerte dentro de la comicidad.
– Es la visibilidad. Sabes cuántas veces he escuchado decir “lo que pasa es que quiero llamar, pero no hay”. ¡Si hay! Buscá, llamá y fíjate. Esto sucede en todos lados. Todos tenemos el derecho para equivocarnos. En realidad, no hay “equivocación” sino que es prueba. Es obvio que si tenés kilómetros de cámara o de escenario, vas a tener otra “pisada” ahí.
– ¿Cómo recordas “Memorias de una muchacha peronista”?
– Fue una experiencia maravillosa. Fue parte del primer Plan de Fomento Audiovisual Federal. Éramos todos actores de teatro a los que nos eligieron, viniéndonos a ver en las obras que hacíamos. Era todo muy horizontal ya que todos teníamos el mismo sueldo. Era un elenco muy grande para una serie de época. Fue una patriada la que hicieron Omar Quiroga y Ale Robino porque hacer un proyecto así era muy costoso. Fue un desafío enorme porque todos teníamos que entrar en ese código audiovisual de la época. Aprendí muchísimo de ese trabajo.
– ¿Te acuerdas en qué obra te habían visto?
– Sí. Estaba haciendo “El regreso del tigre” con Luis Brandoni, Patricio Contreras y Florencia Raggi y la dirección era del Indio Romero. Además, mi personaje no tenía nada que ver con el que hice en la serie. Me acuerdo que Ale iba a las clases de dirección de Gené y me fueron a ver con Flor. Ahí me llamaron para para hacer el personaje.
– Una época muy linda de la televisión pública
– Sí, si. Es cierto. La Ley de Proyectos Audiovisuales permitía que se hagan estas miniseries que contaban historias, en algunos casos, de diferentes provincias y ciudades. Era una gran posibilidad para los actores, para los trabajadores del arte, en tanto una fuente de trabajo para la industria muy importante.
– ¿Se puede ver la serie en algún lado?
– En su momento, estaba en la página de TDA y ahora, en You Tube. Mirá, en un punto, se parece a “Telefonistas” en tanto la acción es la desarrollada durante un día. Eran 13 capítulos correspondientes a un año determinado, dentro del peronismo.
En el aula
– Al día de hoy, sos docente. ¿Cuánto hay de Gené en vos al enseñar?
– Espero que mucho porque fue un maestro maravilloso. Tuve otros pero había algo de Juan que… Trabajaba mucho con uno y mucho con vos. Primero, meterle todo lo vos que puedas para poder después construir otras cosas y también sacar parte de lo tuyo. Eso era muy bueno. También los límites al momento de crear, el compromiso.
– ¿Cómo es dar clases a adolescentes en este contexto tan particular atravesado por redes sociales, etc? Más en algo tan sensible como la actuación.
– Mirá, al celular lo recontra usan porque es parte. Nunca voy a estar en contra de eso pero sí trato que trabajen mucho con lo que ellos traen. Inclusive, quieren proponer algún ejercicio. Me encanta eso porque es un compromiso con ese momento. Sí entramos y nos vamos con el celu, ¿por qué no cuidamos este espacio y vemos hasta dónde podemos tirar el hilo de la imaginación? Me encanta trabajar con adolescentes porque plantean mundos, dinámicas, preocupaciones, que son muy de ese momento. Hay que atender y acompañar eso. Es el momento en que, muchas veces, surgen las vocaciones.
– Es cierto.
– A veces los chicos dicen “No sé qué voy a hacer”. Saben qué es lo que quieren. Lo que pasa que tienen al mundo proponiéndoles constantemente un plan B a sus deseos.
– ¿La enseñanza a los adolescentes está un tanto estigmatizada por falta de comprensión de los chicos?
– Creo que los chicos manifiestan problemáticas como en todas las edades. No es los mismo si los papás se quedan sin trabajo y están preocupados, o hacen mil cosas para sobrevivir. A veces, a los padres y madres no les queda otra que sacarles actividades. O sea, es como proponerles un plan B de marketing. Entonces, me parece que –insisto-, hacen muchas cosas los padres y también los chicos. A veces, necesitan tiempo para juntarse, para el ocio. Están con muchas actividades los chicos, los adolescentes y las infancias, también.
– ¿Están sobreestimulados, como se dice ahora?
– Más que eso, tienen muchas actividades. Estaría bueno que tengan más tiempo para jugar, para encontrarse. Es lo que me parece en eso. Después creo que hay profes -y lo veo en el cole todo el tiempo- que dejan la vida y proponen un montón de cosas. El tema es encontrarse a escucharlos. Lo del celu….es el mundo que nos tocó.
– Nosotros mismos no nos podemos escapar. De hecho, estamos haciendo la nota con un celular.
– Olvídate, a veces les pregunto a los chicos, -porque me interesa- por el tiempo de pantalla. Les digo “Che, ¿cómo venimos con el tiempo de pantalla?”. Todo el tiempo les presento que a mí me pasa lo mismo. Entonces, habría que blanquearlo y correrlo un poco también, en tanto nos pasa a todos. El celu nos hace creer que podemos hacer un montón de cosas que no podemos.
– Además, es una adicción.
– Obvio. Nos pasa a todos también. ¿Por qué ellos van a quedar afuera de eso? Hay que intentar motivarlos con otras cosas también.

Cae el telón
– Te hago las últimas. Si te doy un formulario y te preguntan “profesión”, ¿qué pones?
– Actriz. Soy una actriz que ama dar clases y acompañar procesos creativos. Eso me encanta.
– ¿La dirección aparece?
– Apareció en un momento. De hecho, todo lo que es mi trabajo en el cole dando clases, es también parte de una coordinación y de una dirección también. En la Escuela de Actuación coordinó y también dirijo las muestras. Tomé clases de dirección varias veces. Me gusta. Me aparece mucho con la comedia también, como hay algo del adentro, ¿viste? Pero bueno, no lo sé. Es algo que uno lo piensa más. Es un trabajo enorme la dirección. No es fácil. Una cosa es dirigir actores y actrices y otra es dirigir una obra donde es una es una totalidad.
– No es lo mismo.
– Para nada. Me acuerdo que iba a las clases de dirección y cerraba un ojo porque necesitaba ver la totalidad. En algún momento lo voy a hacer porque me gusta mucho.
– ¿La dramaturgia?
– También hice. De hecho, me siento más cómoda dirigiendo algunas cositas que escribí yo. Lo que voy escribiendo es más como creación colectiva.
– Si no eras actriz, ¿qué hubiera sido de tu vida?
– No lo sé y tampoco me lo imagino porque siempre quise ser actriz. No, no, no lo sé. Familiarmente, me han propuesto plan B, plan C y plan D pero siempre quise ser actriz.
– Si por la puerta de este barcito entrase la María Celeste Gerez que terminaba la secundaria, ¿qué le dirías a esa niña?
– Le diría que “era por ahí. Costó pero era por ahí”. Me acuerdo cuando terminé la secundaria…no es que en un momento dudé pero era el crecer, todo era nuevo. Terminé en el 2000. Fue difícil, con cuestiones de familiares, de todo un poco. Por eso te digo que, no es que dudé de ser actriz sino que estaba en un grupo que se peleaba mucho. No me gusta ver a la gente se pelee. Me dije “¿esto va a ser así?”. Fue ahí que hubo “algo”. Me acuerdo de un viaje de egresados, que uno de los profes –de esos que no te olvidas más- me pidió que me encargue de la presentación. Me dieron un rol que no era solamente actuar sino también organizar y coordinar. En eso, hubo algo que es lo que te permite levantar vuelo. Dije “como sea pero va a ser por acá”. Fue cuando me dije que iba a ser por acá.
Hoy en día, doy clases a adolescentes, tanto en el cole como en la Escuela de Educación y a veces me dicen “¿y si no me va bien?”. Esto me hace acordar mucho a ese momento. “O no me va como yo creo que me debe ir”.
– Eso es otra cosa.
– Claro. Son dos cosas diferentes. Mi vieja siempre me dijo “hacé lo que te gusta porque eso, en sí, es un regalo”. El resultado no importa. Es nunca largar eso y apoyarte en lo que te gusta.
“Telefonista”. Centro Cultural de la Cooperación. Av Corrientes 1543. Viernes, 20.30 h
