Al referirnos al terror, vamos más allá de la definición del género en sí para tomar en cuenta la sensación que siente (o no) el espectador frente a lo visto. Por tal motivo, viajamos imaginariamente Kasajistán para recorrer sus calles y meternos en una historia de pobreza, deudas y marginalidad imperdible.

“Sicko”. «¿Donde hay un mango…?
Hay un viejo refrán que afirma que “la necesidad tiene cara de hereje”. Esto implica que, ante una situación extrema, se puede llegar a apelar a algunas malas artes para superar un percance determinado. Igualmente, en este caso, se prevé que, quien debe apelar a éste axioma, es una persona buena. Un hombre o una mujer que viven un dilema acerca de su propio accionar.
Aitore Zholdaskali decidió tomar esto que hemos dicho y darlo vuelta, de la manera más cruda posible. Azamat y Tanshoplan es una pareja que vive en Kasajistán, con serios problemas económicos. Mientras Azamat maneja un taxi/Uber, Tansho es una mujer alegre y optimista que trata de buscar una solución a estas deudas. De más está decir que tienen posturas diferentes ante la vida. Al respecto, hay que ver quien inventa una enfermedad terminal para lanzar una colecta solidaria en redes para salir de pobres, y como se posicionan ambos frente a este engaño.
El guión concebido por Kazybek Orazbek y Aldiyar Zhaparkhanov es atrapante en tanto a como se dibuja a ambos personajes protagónicos y la manera en que entran y salen aquellos que van conformando y modificando el mundo de la pareja. Allí es donde entra la fértil creatividad de Zholdaskali para concebir una especie de fábula negra, de vértigo e intriga constante. La tensión es constante y está muy bien dosificada. Cuenta con ese interrogante interno del espectador de “¿Cómo sigue ahora?” y la respuesta siempre está a la altura de las circunstancias.

La violencia es la consecuencia necesaria del efecto dominó que implica un engaño que abarca a una gran cantidad de personas, redes sociales de por medio. Si hay un monto de dinero suculento, todo se potencia aún más. Esto no quita que también surjan preguntas al respecto, aunque no sea –creo- el deseo de la película. El rol de activo-pasivo en el marco de una pareja que no para. Es una autopista de dirección única en que no se puede frenar so pena de tener alguna contraprestación irreparable, de la que no hay vuelta atrás.
El ambiente oscuro e intrigante es cortesía de una fotografía certera junto con una iluminación que aparece en ocasiones, pero es fundamental para crear diferentes ámbitos. Inclusive, hay una escena en que remitirá inmediatamente a Natalie Portman en “V de Vendetta” pero para destacar la sordidez que es fundamental en este gran film surgido de Kasajastán. Es cuando se puede hacer mucho con poco y lograr un impacto enorme.
Las actuaciones de Ayan Utepbergen y de Dilnaz Kurmangali son de calidad. El primero, al dar vida a un Azamat que busca lograr lo que se propone, cueste lo que cueste. En cambio, Dilnaz Kurmangali es esa Tansho que cambia a medida que pasa el tiempo e implosiona por todo lo que ocurre, siendo protagonista obligatoria de la gran mentira.
“Sicko” es todo lo políticamente incorrecta que se puede ser, en un diálogo con los espectadores en cuanto a los límites que hay en su desarrollo. Atrapante e imperdible, llama a cierta reflexión sobre el carácter incobrable de algunas deudas que, en ocasiones, deberían mantenerse de esa manera.
Ficha técnica.
Guión: Kazybek Orazbek y Aldiyar Zhaparkhanov. Intérpretes: Ayan Utepbergen, Dilnaz Kurmangali, Aida Kurmangaliyeva, Azat Zhumadil. Dirección de fotografía: Bagdat Argynov. Edición: Shalkar Taneke. Diseño de arte: Olzhas Almen. Sonido: Andrey Guschin. Música: Sultanali Kongyratbay. Producción: Anna Katchko. Producción ejecutiva: Manas Atamyrzayev. Compañía productora: Tartaria Films. Países: Kazajistán. Año de producción: 2025. Duración: 102′. Dirección: Aitore Zholdaskali
Viernes 24 de abril. Sede Cinépolis Plaza Houssay Sala 4. A las 14.35 h.
