Se define como “artista escénico” aunque es reconocido como director, actor y músico. Pero Lisandro Rodriguez es más que eso. Acaba de editar el muy recomendable “Teatro Comercial” (Paripé Books) en el que brinda reflexiones y “factos” de gran riqueza. Bicicleta de por medio, ECDL fue hasta Estudios Los Vidrios para una rica charla en la que Rodriguez se explaya sobre el teatro, la música, la creatividad y el paso del tiempo.
Fotos: Nora Lezano.

– Lisandro, ¿el título del libro sería….?
– Es “Teatro comercial”
– ¿Cómo surge la posibilidad de hacerlo?
– David Jacobs, el editor del INT me invita a hacer un libro sobre dirección. “Creo que es un buen momento para que puedas compartir tu experiencia”. La verdad es que no me lo esperaba. Había fantaseado algo, pero nunca fue algo concreto. Escribo de a “cachos” ya que no soy muy sistemático con la escritura. Fue cuando recordé un libro que había hecho Norberto Laino, a través de preguntas que le hacía Carla Pesolano. Era una especie de entrevista-libro. Pensé en algo así en tanto mi laburo es muy de la oralidad.
– Sí.
– Cuando te pones a escribir es como “¡Ay, la puta madre!”. Son tan fuertes las contradicciones que tengo en el ejercicio del trabajo… Dejar algo escrito es muy fuerte. Le dije de hacer unas entrevistas, pero no despegaba, hasta que le conté que solía tomar notas en mi teléfono. “Son reflexiones que hago sobre el laburo. Casi como ‘ayuda memoria’. Para pensar”. Se las mandé a David y me dijo “¡Boludo, es esto!”.
– A partir de ahí, cambió todo.
– Si. De repente, le mandaba 50 notas y me decía que estaba buenísimo. “Voy a hacer 300 aunque al final, fueron 299, como un número determinado”. Además, me gusta mucho el libro “Notas sobre el cinematógrafo” de Bresson. Es hermoso. Lo mismo el “Cuaderno de notas” de Chejov. Como todo libro de notas, no solo me parece inspirador sino…
– …íntimo.
– Sí, íntimo, amable. Es más cercano. Hay algo de la intimidad que tiene que ver con el laburo, ¿viste?
– Se nota el vínculo que establecés con el lector que podría ser un alumno, un colega o un periodista.
– Sí. Es cierto, aunque no lo intenté. Las mismas notas tienen algo de eso. Saqué las referencias a los nombres personales en tanto que no sea tan “abierto” porque sería inabarcable. Fue algo que me dijo Andrés Gallina en tanto centrarme en las notas. Además, quería que sea un libro que, donde lo abras, no tengas que ir a otro lugar para poder leerlo.
– Decías esto y me acordé del excelente “Retromanía” de Simon Reynolds. Tira data desde los Beatles hasta Wire, pero tenés que estar con la compu, para escuchar la cita. En tu libro, vas al meollo de la cuestión.
– Que sea algo muy cercano y decir “Leo acá y me dispara a esto”. Esto sea para discutirlo, hacer pensar o aporte al proceso en el que esté cada uno. Era más directo y menos pretencioso.
Comerciante y teatrero.
– ¿Por qué el título de “teatro comercial”?
– Vengo de familia de comerciantes. Me parecía que, para poder hablar de mi trabajo, no puedo no hablar de algo de mi vida, pero sin caer en una autobiografía. Mi vínculo con el teatro, el arte o la música en su momento, tuvo una faceta comercial, en el sentido del tipo que se levanta la mañana y tiene que armar el quiosco, ¿viste? Bajar el toldo, subir la reja, barrar la vereda y preparar el cambio. Me siento medio “almacenero” todavía con eso. No di el salto en tanto decir “tenía una sala chiquita y ahora es grande, con una estructura”. De hecho, ahora tengo menos estructura que antes, por más que la sala sea más grande.
– Seguís abriéndole la puerta del teatro a la gente…
– Es cierto y también hago pocas cosas en relación a lo que podría hacer. Viene gente que me ayuda, pero soy yo “el almacenero”. Ahí está “lo comercial”. Soy muy celoso de mi laburo en ese sentido. Me interesa que la gente no haga fila, o deba mostrar el QR del QR. Intento ser lo más flexible posible, en la medida que se pueda. Salir de la lógica de teatro, incluso del independiente que reproduce, en ocasiones las lógicas del teatro comercial. Mi noción de “lo comercial” tiene que ver con ese comercio de barrio, donde entra una persona y uno la acompaña. Obviamente, le querés vender algo, pero querés que se vaya contenta y que vuelva. Que, de alguna forma se vaya transformado en esa experiencia de intercambio.
– Tu libro no tiene el aura de “método” en tanto dirección y puesta en escena que pueden tener otras publicaciones…
– No creo en un método. No me funciona esa idea. Quizás lo mío sea un “anti método” y se convierta en eso. A lo largo de los años, uno va conociendo determinadas cuestiones del laburo, pero me cuesta pensar en la idea de un método. Colegas de otras generaciones o incluso, Stanislavski, lo planteaban un método. Es super válido y está buenísimo. Para mí, tiene que ver siempre como uno se pare frente a lo que enuncia el otro. Me pasó mucho, sobre todo en mi primera formación, con Agustín Alezzo. Estaba bueno aprender a recibir lo que te puede ofrecer el otro. Los mejores maestros y maestras o las cosas que te llenan, tienen que ver con algo que te sacude. Te da un cachetazo y te dice “che, mirá. Puedo producir, o se puede hacer de esta manera”. Difiere con la idea de creer que estoy adquiriendo “herramientas para poder hacer”.
– Se entiende. Decía “método” en tanto hay maestros tienen una forma de llevar adelante sus clases y la plasman en un libro.
– Desde ese sentido, es muy personal
– Leía algunas notas y te imaginaba diciéndolo o viajando en el tiempo a alguna de tus puestas. Decís “Dirigir es ofrecer un sentido, varios. Dirigir es hacer que el otro se sienta no tan muerto en la dificultad de la exposición, en el vicio de la exposición. Actúa eres compartir la atención de forma fluidamente insoportable”. Me mandó a “Duros”.
– Claro. Sí, sí, entiendo. Esa reflexión encierra varias cosas. Cada una de esas notas intenta construir un pequeño manifiesto, en sí mismo. Que uno pueda leerla y decir “¿Qué está diciendo?”. Por eso, lo podés ligar a “Duros” o a una obra en particular.
– Fue un link…
– Claro, alguien perdido y la actuación como una zona perdida. Después, hay algo más técnico o puntual de la actuación. Pienso que un actor en escena es como si perdiera todo tipo de vitalidad. Como si la escena te chupara y uno tuviese que aprender de nuevo a darle vida a los signos vitales. Por eso digo que uno está como muerto. La escena es como si a priori te chupase. A partir de eso, tenés que empezar a armar vida, darle un sentido. Me gusta pensar que la dirección o el teatro es como un juego de complicidad con el otro en el que decimos «Che, acá no hay nada y tenemos que hacer que haya algo”.

Endogamia y elitismo
– Haces mención al elitismo. Tiras ideas y dejas que el otro lo procese, lo cual es un muy lindo ejercicio de hacer que el lector o quien sea se ponga a reflexionar.
– Son cosas que uno va escuchando, enunciando y viviendo. Pensé mucho lo del elitismo y lo endogámico. Vivimos en un tiempo donde -por lo menos lo veo así- frente al ataque, una mirada donde se disiente frente a determinada cosa, uno tiende a defenderse. No es decir “No, esto no es así”. Me pasó que, escribiendo el libro, fue decir “Bueno, sí, somos elitistas y endogámicos”, pero no desde el lugar de “Ay, bueno, soy burgués y es así”.
– La snobeada…
– Es distinto ser snob que ser burgués. Tiene que ver con algo que el ser burgués es casi una condición. El esnobismo es más una postura frente a las cosas. Ahí radica la diferencia. No soy snob aunque me asumo burgués por eso te lo digo. (risas) Lo que importa tiene que ver en cómo se contextualiza en un entorno y con distintas variables. Veamos. Lo endogámico es real, pero se piensa que es fijo y queda ahí. Al respecto, pongo siempre el ejemplo de Pilar Gamboa, una actriz que está en todas las plataformas y es de las más famosas o conocidas del momento. Otra es Lore Vega. Quien la esté viendo en una plataforma, en el cine, en la televisión o lo que sea, no se está preguntando de dónde salió.
– Es cierto.
– Pero esta actriz salió de un lado, no de un repollo. No es Darín, que es hijo de la televisión y está todo bien. Pero la mayoría de los actores y actrices que vemos en escalas populares no salen de la escuela de Polka. Entonces, esos lugares a los que llamamos de manera crítica “endogámicos” o “elitistas”, también producen un lenguaje valioso, que después puede trascender (o no) a otros espacios. Hay muchos otros ejemplos al respecto, incluso mucho más periféricos. Puede ser endogámico y elitista, más allá de que sean lugares privados o públicos, porque son chicos y se retroalimentan.
– Que después se exploten hacia fuera, es otra es cosa. Por ejemplo, en los 80, con el Parakultural, Cemento. Carlos Belloso viene de ahí. Eran escuelas, lugares chiquitos…
– Sí, sí. Igualmente, cambió muchísimo el mundo de los 80 para acá, aunque todavía hay pequeñas usinas creativas. Veníamos de una dictadura, pero ahora el nivel de miseria y de necesidad que hay en la calle es muy grande. Está el discurso libertario que dice “hagan igual” y que “en los 80, no necesitaban al Estado”. Era otro mundo. Hoy necesitas un Estado que esté presente para acompañar, con políticas de apoyo, de acompañamiento. De hecho, este libro lo iba a editar el INT. Fue pensado y escrito para que se distribuya de forma gratuita en todo el país, pero se desfinanció su editorial.
– Es ideal para que los jóvenes lo lean.
– Sí, un poco lo que dice Santi Loza en la última nota.
– Decís “dirigir es la idea de querer controlar. Lo interesante de la dirección es que en su misma práctica asume su descontrol, su impotencia”. Listo. Tira la bomba y ya está.
– O sea, que habilita algo a pensar…
– Exactamente. Es corto teniendo en cuenta que, al día de hoy, cuesta mucho prestar atención a algo muy extenso….
– Sí, son posteos.
– Estás tirando factos todo el tiempo.
– No me lo mencionaron de esa manera, pero entiendo a lo que vas. Hubo una buena decisión del editor de dejar una nota por página. Que haya espacio en blanco para decir algo, para pelearte, anotar o apuntar algo.

Ser o ¿no ser?
– Pones en tu definición “artista escénico”. ¿Por qué? Pensaba que ibas a poner “director”.
– No sé, ¿viste esas definiciones? En un momento, lo había pensado tal como Emilio García Wehbi había dicho que era “artista multidisciplinario”. Me gustaba eso, más con Emilio que es un recontra referente. Mañana, la cambio (risas). Las definiciones son difíciles. Igualmente, hoy me puedo asumir más “artista” en ese sentido y lo escénico. Abarca un montón de cosas, como la música, lo multidisciplinario y también algo de la escena política que uno habita. Entonces, lo del “artista escénico” es más abierto y tiene que ver con el tono del libro de “abrir”. Siempre “abrir” y no relativizar. No decir “todo es lo mismo” sino que “vale todo”, pero desde un lugar estimulante. Hagamos, seamos menos cuidadosos en el sentido de menos “temerosos”. Pensar en cómo volvemos más fértil nuestro laburo. Hacer, hacer y hacer.
– También es como puede manejarlo uno…
– Si, si. Hay factores al respecto. En mi caso, con la pandemia y unos años después, la pasé muy mal. Fue un hachazo en el tiempo, en la vida de muchos. Evidencio algo muy fuerte del mundo de los vínculos del trabajo. En lo personal, me mató. Santi lo dice muy bien con eso de “aléjense de las personas que los aburren”, O que les hacen mal.
– ¡Qué tema este…!
– Muchas veces, pensamos lo que hacemos de modo muy romántico, como algo elevado. El trabajo que me interesa está más cerca y el enemigo lo está aún más…
– Estás a punto de citar a Vito Corleone y eso de “a los amigos hay que tenerlos cerca y a los enemigos aún más cerca todavía”.
– Sí, sí, para identificarlos. Hay algo muy personal en lo que hacemos. Debemos estar muy atentos con quién uno se cruza y arma cofradía, familia. Es un trabajo colectivo el que hacemos y te pueden cagar la carrera en un segundo. La que tenes, la que podrías tener, la que no tuviste. Es muy fuerte. Hay algo del laburo que es estar atento también a eso. Ver con quién estoy produciendo y a quién tengo cerca.
– Saqué una nota para Funámbulos y elegí el tema “teatro y marginalidad”. Hablé con dos personas que hablaron muy bien de vos. Leticia Coronel y Mariana Bustinza.
– ¡Cumbi! La famosa Cumbi Bustinza
– Cumbi recordó que, en un momento, le dijiste “¿vos sabes de esto? Crea a partir de esto”. No hay muchos docentes que le brinde la posibilidad al otro que cree.
– Eso es muy importante para mi. Al menos, intento eso. A veces sucede y a veces, no. Es un intercambio y un vínculo. Darle espacio al saber que uno tiene, con el que uno está familiarizado. Para la escena, uno tiene que conseguir algo de esa lógica para construirla o estar estimulado. Si no es que tengo que hacer algo que no sé y debo aprender algo. El aprendizaje es más fértil cuando estás en una zona de familiaridad con el objeto. Cumbi conocía ese mundo. Había algo muy potente. No necesariamente tenes que hacer un biodrama, pero sí tomar algo de esta familiaridad como referencia sobre lo que querés hablar.
– A partir de eso, tenés un mundo para desarrollar.
– Si está esa habilidad es porque alguien, en algún momento, se interesó por vos. Es como, el que cuenta anécdotas en el asado. La contó mil veces, pero no importa. Tiene una legitimación que es repoderosa para la actuación o para producir algo. Es un registro muy primario y primitivo de que a alguien le importa lo que vos estás produciendo. Lo digo en términos concretos. Todos tenemos pequeñas legitimaciones para poder construir una carrera.

La historia sin fín.
– Hablando de carreras, vi muchas de tus obras y pensaba “todas vigentes”. Me acuerdo de “Duros”, de “La parodia está de moda” que hiciste con Martín Seijo…
– Qué polémica que fue en ese momento… Mal! ¿Cuántos la vieron aparte? 10, 20, 100. Un montón y a la vez nadie.
– Me acuerdo cuando me contaste que fueron con las botellas de agua a Argentores…
– El otro día veía que hicieron una obra donde creo que la vendían con algo parecido y era como un suceso. Decía “Bueno, hace 10 años hicimos lo de “la Parodia” y hace 20 hicieron otra cosa. Eso es lo lindo también del teatro. También lo digo un poco en el libro respecto a que “no hay registro”. Una filmación no es registro y eso es lo particular del teatro que está buenísimo.
– La que me parece que es absolutamente actual es el unipersonal que habías hecho…
– Si… “Retrato de un hombre actual”, de Martín Slipak…
– Que al día de hoy sería…
-… un Milei o un Caputo, directamente. Uno dice “¡que loco todo!”. Era de una ingenuidad asombrosa y al mismo tiempo, no. Un personaje que estaba sacado, como si fuera una ametralladora. Con Martín hablo siempre de eso y todo el tiempo decimos…
– ¿No se les ocurrió volver a hacerla?
– Pasa eso. Yo quiero. Es muy tentador y lo digo, no como una verdad, pero es como volver con una ex, o resucitar un muerto. Por ahí está buenísimo o quizás….
– ¿Pensas que sería volver con la ex…?
– No. Me refiero como algo que ya hicimos y ya quedó, digamos. Está en la memoria esa fuerza. Cuando uno hace una obra, es coyuntural porque uno está inmerso y perdido en ese contexto. Si uno quiere revisitar algo que hizo en el pasado porque dice, «Che, esa obra ahora sería una bomba”, hay algo de ese gesto que, en sí mismo, hace que se pierda. Por eso digo lo de “volver con una ex”. Decís, «Che, por ahí quedó todo bien y hay onda y lo que sea”, pero ya tengo una memoria compartida con esa persona. Si uno se enamora de alguien es como un reconocimiento nuevo de ese presente. Ok, pero antes pasó esto, esto y aquello. Ahora pasa otra cosa, tenés otro cuerpo. Es otro mundo, otra mente…
– Justamente cuando entramos a tu casa veíamos al Papa Francisco. Hablando de obras que podrías volverse a hacer, ¡qué lindo quilombito hiciste con “Dios”!.
– Y sí.. También uno puede decir “la puedo volver a hacer” pero es como los músicos, a los que le dicen “Tocate tal tema…”.
– “¡Flaco, tocá ‘Muchacha’!”
– Claro…obviamente salvando todas las distancias. El músico quiere tocar el disco nuevo porque hay algo que se está operando en su presente. El teatro es muy cruel en ese sentido. No deja registro. Para mí, el trabajo está muy ligado al deseo cambiante del presente. La pregunta de ¿qué me da curiosidad?
Lo que vendrá
– Contame qué estas preparando ahora.
– Hice un disco de canciones. Estoy terminando de mezclarlo para masterizarlo. Creo que el 9 de julio vamos a presentar un tema del disco. Vamos a cortar un simple.
– ¿Cómo se llama el disco?
– No tiene nombre, pero el proyecto se llama “No”. En principio estamos Nicola Carrara, que es músico, Caro Saade, actriz y cantante y yo. El 9 de julio vamos a lanzar un tema que se llama “Independencia”. Vamos a ver si llegamos. Es la idea. Después, queremos presentar el disco. Es la primera vez que hago canciones de mi autoría. La música es algo que me da una abstracción que el teatro no. Además, es mucho menos neurótica.
– En los últimos tiempos, tus obras tuvieron música tuya como, por ejemplo, “Fassbinder”.
– Si, pero tocaba como intérprete de la música de otros. De hecho, la música de mi hermano está muy presente en todas mis obras. Composiciones suyas, de sus discos, que casi le pedí para determinadas obras y que incluso ejecuté. Pero bueno, esta vez me pude como mandar a hacer canciones y componer yo.
– ¿Qué tocas en el disco, más allá de ser el cantante?
– Hice las letras, canté y después toqué guitarra y bajo. Nico produjo las canciones y toca guitarra. Es muy buen guitarrista mientras que yo “fogoneo”. (risas). Caro se sumó ahora a grabar voces. Es un disco medio acústico. Son muy canciones. No tiene batería y si, algunos sintes que grabé, muy chiquitos. En vivo lo hacemos con guitarra y voz. Diego Vainer también estuvo colaborando y por ahí participa.
– ¿Lo vas a sacar en físico?
– En principio, sale por plataforma. Estaría bueno en físico. Sería vinilo, ¿no? La verdad es que, en principio, no. El arte de tapa…Algo voy a hacer físico seguro, por ejemplo una serigrafía, no sé. Estoy laburando con Nora Lezano que hizo unas fotos. Estamos probando, pero bueno, no sé. Vamos a ver.

– A nivel actuación, ¿hay algo?
– Si. Estoy ensayando una obra como actor, con Maruja Bustamante como directora. Fue volver a encontrarse con Maruja. La obra se llama “Venado asesino”. Es una adaptación de una novela brasilera contemporánea que es un joven adolescente que mata al al presidente de derecha. Max Suen sería ese joven y yo sería una especie de entrevistador de esa situación. Un poco contextual, ¿no? ¿por qué será? Conceptual y contextual.
-. Volvés a la actuación pero… ¿tenías ganas?
– ¡No se…! (risas). Por un lado, sí. Me parecía que estaba bueno probar. El ejercicio de ponerme en el rol de actor más clásico…me viene bien por como soy, por mi forma de laburo y eso. Después, me termino metiendo en todo. Por suerte, Maruja es una divina. Nos conocemos mucho y ya le dije “¡Boluda, me voy a meter en todo!”, pero siempre tratando de respetar los roles, desde un lugar para aportar y no de otra cosa.
– ¿Cuántos son en el elenco?
– Somos dos, Max Suen y yo. Así que estoy con esto, el disco y también estoy ensayando con Nayla Pose y María Abadi. Escribí algo a partir de muchos encuentros, sobre un libro de Rebecca Solnit que se llama “Una guía sobre el arte de perderse”. Ahí dirijo y ellas actúan.
– Te hago las últimas. Te doy un formulario y te pregunta “ocupación” ¿Qué pones?
– Mi hijo me dijo que soy experto en mover cosas. Sería un “movedor de cosas”. ¿Qué haces? ¿A qué te dedicas? Mover cosas. ¿Ocupación? Podría ser artista, pero no sé. Es medio engañoso por la cantidad de tiempo que estoy resolviendo cosas y haciendo trámites. Yendo, viniendo, armando listitas de supermercado, paternando…
– Si no eras, como se te conoce, director de teatro, ¿qué hubiera sido de tu vida? ¿Músico? O ya lo sos.
– Soy músico. Me asumo como tal. No me puedo pensar como artista escénico sin pensarme como músico. La formación que tuve, me construyó como artista. En relación de dónde vengo (mi familia comerciante) estudié economía, para ser contador o administrador de empresas, Mi parte más conservadora me hubiera llevado por esos lados. Bastante feos, debo decirte.
– El lado oscuro de la fuerza.
– Sí, sí. Pienso mucho en eso. De hecho, tengo mucha gente cercana, amigos de esa época que se fueron a zonas horribles. Ese es mi mayor mérito, el no haber caído en las garras de ese mundo. Lo que conseguí fue por mi trabajo y a fuerza ideológica. Sí pienso que, para mi idiosincrasia, para el lugar de donde vengo, fue un montón. Luché contra muchas cosas, sobre todo, sociales y familiares. Obviamente, reivindico a mi familia que supo acompañar y bancar. Aun eligiendo algo que mis padres no esperaban.
– Si por la puerta de tu casa, entrase el Lisandro de los 18 años, ¿qué le dirías?
– Buenísima la pregunta. ¿Qué le diría? Ay, boludo, qué fuerte. 18 años. Ay, no sé.
– ¿Algún consejo, alguna recomendación?
– “Calmate”. Es una recomendación interesante para los 18 años. Calmate, y al mismo tiempo, “seguí”. Eso me parece. Está esa condición, pero seguí. Seguramente te vas a ir y se me va a ocurrir. Es tan fuerte como pensar los 18 años de hace 20 y pico, hacia atrás. Es otro mundo. Verme con 18 años entrando por esta puerta, entraría a otro mundo. Diferente, pandemia de por medio encima. También le diría “atento”, “cuidado”. Por ahí, esto tiene que ver con que soy padre. Igual, lo que me pasa con mi hijo es que tengo la sensación de que “haga”. Y si hace, lo recontra banco.
Lisandro Rodriguez. “Teatro Comercial. 299 notas sobre dirección y puesta en escena”. Paripe Books.