Músico de reconocidísima trayectoria, festeja los cuatro años del proyecto “Conexión Sujatovich”, en The Lift, este viernes 20 de marzo, a las 20 h. Este espacio musical, creado por el enorme Leo Sujatovich, incluye su repertorio «Spineteano» (temas que compuso con Luis Alberto Spinetta y otros) junto a sus piezas cinematográficas e improvisaciones a partir de relatos, historias y poemas enviados por el público.
En diálogo con ECDL, Sujatovich describe los pormenores de este aniversario mientras reflexiona sobre el rol del artista en relación con la coyuntura, los legados y la autenticidad en la música.

– Leo, ¿cómo surge Conexión Sujatovich?
– Todo aflora a partir de mi afición por la improvisación, que es algo que me gusta hacer de toda la vida. Me di cuenta que era un modo novedoso de tener, digamos, nuevas fuentes inspiracionales. A partir del momento en que quería hacer un proyecto de tocar y producir, dije, «Bueno, este le voy a poner una fecha y voy a convocar a la gente para que, si tiene algo para compartir (algún texto, relato o anécdota), me la escriba al mail conexiónsujatovic@gmail.com Después, cuando vengan esas personas al teatro, al boliche o donde sea, me pongo a improvisar.
– Tengo entendido que vas a tocar temas de Spinetta Jade. ¿Cómo hiciste la selección de los temas y sus respectivos arreglos?
– Fue de manera espontánea en tanto músicas que me gustan tocar. En relación a los arreglos, son versiones de piano. Canto y me acompaño. El arreglo, en sí, es una relectura, una reinterpretación, de esas músicas, de manera libre. A veces, lo hago más corto, otras más larga. Cada día es distinto.
– ¿Vas a grabar la presentación?
– Puede ser. A veces grabo, a veces no; depende de cómo venga el día. En general, soy de grabar. También depende de cómo es cada espacio y los medios que tengan. Hay lugares que tienen los mejores medios y, otros no tanto. Por eso, voy viendo.
– Si bien te presentas con tu piano y tu voz, con un ambiente intimista, minimalista, ¿alguna vez se te ocurrió hacerlo en banda? Esto, más allá de que tengas un invitado.
– El tema es que, en la cuestión de las improvisaciones, se hace complicado ponerse a improvisar cuando hay otra persona y las consignas son distintas. Igualmente, no es algo imposible. De hecho, terminé hace poco un proyecto muy lindo en que tocaba la música de una película en vivo, originalmente muda, que fue “Nosferatu”. Ahí lo hice con un dúo de chelistas que eran muy buenos improvisadores. Nos juntábamos e íbamos pensando unas ideas, unas pautas. Duró una hora y media. Por eso digo, no es imposible, pero para estas presentaciones me siento cómodo y disfruto mucho al tocar solo.
– Al respecto, ¿cómo ves al día de hoy el legado de Jade?
– Enorme. Ayer vi un videíto que me mandaron de un chico muy jovencito. Creo que tenía nueve años y estaba tocando “Amenábar”, sentadito en el piano. Me imagino que, no sé, el padre escuchaba esa música. El pibe, en vez de estar tocando Spinetta Jade, podría estar con Tini, ponele, como dicen muchos. Podría suceder, pero en este caso, no. Estaba tocando Spinetta Jade. Lo hacen pocos, pero sucede. Ahí se ve la vigencia de un artista enorme.
– ¿Te agarraron, por ejemplo, ganas de regrabar material que habías grabado o ya queda ahí, como si fuera una fotografía de su momento?
– No, cada tanto escucho, justamente, a partir de charlas que tengo que brindar. Pero sí, me gusta escucharlo. Una vez, hice “Ping Pong”, uno de los temas de Bajo Belgrano y después, “Vida siempre” en una versión folklórica que hicimos con Lucho González y con mis hijos. Hasta ahí, creo. No digo que no, pero bueno…
– La palabra “improvisación”, tanto para músicos, periodistas como fans, encierra un aura de virtuosismo y de magia. ¿Crees que sigue manteniéndose a través del tiempo tanto como la ligazón con el jazz o inclusive con el tango y el rock?
– Lo del virtuosismo es relativo porque uno puede improvisar cosas muy sencillas en donde no hay un despliegue excesivo de técnica. La magia… ¡está bueno que aparezca! No siempre aparece o lo hace con distintas intensidades. Lo que si es un poco mágico es que uno puede adaptarse y tocar libremente algo que tenga sentido, que conlleve un relato, una narrativa musical. No puede tocar cualquier cosa por más que uno esté improvisando. Por ahí sí, pero bueno, hay improvisaciones e improvisaciones, ¿no?
– Es cierto.
– Escuchas “The Köln Concert” de Keith Jarret y es, probablemente, lo más magnánimo, lo más alucinante que hay de un tipo improvisando en el piano. Te das cuenta que te están contando algo, que está, prácticamente descomponiendo, una obra. Creo que todo pianista, por lo menos en ese estilo, admiramos mucho lo que Jarret hizo porque es un ejemplo de lo que es sentarse en el piano para improvisar. Después me enteré la historia de que estaba muy a disgusto con el piano que le llevaron. No le gustaba y, aun así, grabó una obra maravillosa. Increíble.

Buscar, encontrar, grabar
– Al día de hoy, las nuevas generaciones tienen un acceso más libre a distintos consumos culturales. ¿Crees que esta gran cantidad de acceso a la música que tienen las nuevas generaciones afecta su creatividad? ¿O se repiten los mismos patrones?
– Está bueno el acceso a la información y a la música. Es verdad lo que decís que, en otra época, era diferente. Primero que nada, no existía la red, ni ese tipo de acceso. Particularmente, cuando era adolescente, dependía muchísimo de un amigo mío que tenía la suerte de que su papá le traía muchos discos de afuera. Cada tanto me invitaba a su casa y llevaba casetes para copiarme los discos. Para mí, eso fue una tremenda fuente de información.
Hoy en día, está acá. Al prender la compu, que ya tenes todo al alcance de la mano. Me parece que, en algún sentido, uno tiene que depurar mejor los filtros de lo que quiere escuchar. Hay muchas músicas inspiradoras. Me gustan muchas pero no cualquiera y no todas. Aún con todo el torrente tremendo de información, me cuesta encontrar cosas nuevas que me gusten, que me cautiven. No me resulta sencillo. Estoy atento a que algún amigo me diga, «Che, escuchaste tal o cual cosa”. Me encanta enterarme cuando eso sucede.
– Al respecto de lo que dijiste, Los Beatles fueron rupturistas para el rock. Miles Davis lo fue para el jazz y Piazzolla para el tango. Pasan los años y siguen siendo los más “modernos”. ¿Qué pasó en el medio? ¿No hubo creatividad, curiosidad?
– La verdad, no lo sé. Es una pregunta muy difícil de responder. Sí, coincido en que creo que cada vez es más difícil generar ruptura, la originalidad. Inclusive, yendo más atrás en el tiempo. ¿Quién superó a Stravinsky? Es más fácil pensarlo. Bach, Beethoven, Mozart. Todos esos genios, ¿Cuántos fueron? ¿40, 50? Sí armamos un Top 50, digamos, de los grandes genios de la música empezando, si querés, desde Mozart para acá, hacemos la lista de grandes maestros y después se va achicando. Los que vos mencionaste, por supuesto que entran, pero después, muy de cada tanto, aparece alguno. El otro día escuché un pianista rumano que me encantó. Realmente me pareció muy original. Era agua fresca. Hay que estar atentos y también ávidos para que eso suceda.
– Al día de hoy, ¿cómo se graba la música? Te lo pregunto por la comprensión tan grande del sonido que hay para los celulares. Digo, ¿para qué se estaría grabando? ¿Para un desarrollo artístico de curiosidad o para que ingresen en estos aparatos y sea más fácil inclusive el acceso del público?
– Los procesos de mastering que se están haciendo hoy, están apuntados a que suenen bien en todos lados, inclusive en uno de estos teléfonos. Muchas veces, agarro el celular y tengo estos auricularcitos para escuchar cosas en el teléfono que suenan muy bien. Obvio que no es lo mismo estar escuchando acá, con unos parlantes buenos en tu casa, pero también es una nueva posibilidad. Desde que apareció el walkman, hubo que masterizar y ecualizar para que se escuche bien todo, en todos lados.
– Es verdad, pero dentro de todo, tenías todavía una cinta. Ahora, ni eso.
– Sí pero no sé si la cinta del cassette sonaba mejor a un MP3, uno de buen calibre, que suene bien. Por eso digo que, depende de las definiciones y las configuraciones del MP3.
Ser o no ser….
– ¿Qué sentís cuando un músico dice que es “auténtico” y después hace la misma canción a través de los años. ¿Se puede ser auténtico sin ser creativo?
– ¿Qué es el auténtico? Definamos el ser “auténtico”.
– En un reportaje con Mederos, decía que ligaba lo auténtico a lo museológico porque se parapetaba en esa posición de “lo autentico es lo que yo creo”, para después ser exhibida en un museo.
-Para mí, ser auténtico es ser honesto con lo que uno quiere hacer. Esa es una definición de autenticidad. O sea, yo soy auténtico porque me expongo con lo que soy. No me pongo ninguna careta ni me voy a convertir en otra cosa que no soy. Uno se da cuenta cuando escucha a alguien que no es muy auténtico.
– ¿El artista puede contradecir el gusto del público?
– El gusto del público es del público y el del artista es el artista. Si matchean, bárbaro. Ahora, si el artista se pone a ver cuál es el gusto del público para ver si los puede atrapar y vender más discos, estamos en un problema. ¿Sabes cuántos públicos hay en el mundo? Muchísimos. Bueno, ¿cómo haces para partir tu música para gustarle a todo el mundo? Es imposible.
– En ocasiones, el público le dice al artista, “no era lo que esperaba de vos”. Hay carreras que se han cimentado en repetir la misma canción, y cuando cambiaron, el público se fue.
– Es una posibilidad. Un riesgo que se toma. Si alguien del público me dice, “¡Ay! ¡Qué lástima! ¡No era lo que esperaba de vos”, le respondo con un “Lo siento, amigo. No sé qué esperabas de mí, pero esto es lo que soy yo”. Esta en todo tu derecho de que no le haya gustado.
– Luis era un maestro en esas cuestiones, de estar siempre buscando y creando por caminos absolutamente creativos y personales.
– Es eso, él siempre tocó lo que tuvo ganas de tocar. En general, la gran mayoría de los músicos “auténticos” van por ahí también. Eso no quiere decir que uno, en algún momento, no necesite dar un viraje, digamos. “Mira, estoy buscando otra cosa, estoy un poquito cansado de lo que estoy haciendo”. Está bueno buscar otra fuente, otra inspiración. Eso también puede suceder y es muy digno que un artista necesite dar un volantazo de verdad.
– ¿Crees que al rock le está pasando lo mismo que, en su momento, al jazz y al tango en tanto se esté volviendo de “culto” en relación a otros géneros más masivos y populares?
– Puede ser. Lo que pasa es que el rock también fue mutando. Hay bandas que suenan de tal manera, mezclado con otras cosas. Por ejemplo, los Ratones Paranoicos siempre siguieron una línea. Ojo, no digo que esté bien ni mal, pero es una banda que aun siendo muy popular pueda, dentro de todo el universo, haber quedado como más “de culto”. Esto, frente a otras expresiones. Igualmente, me parece que está bueno que haya de todo.

El rol del artista
– ¿Qué sentís, como artista que, al día de hoy, se los critique muchas veces por tener algún posicionamiento político respecto a la coyuntura en lo que se vive?
– Me parece perfecto que un artista se manifieste. Antes que artista, es persona y ciudadano. Si tiene algo para decir, ¿por qué no lo va a hacer? Si tiene un micrófono a disposición, suerte para él.
– Todavía se da la situación que hay artistas que dicen “Mi arte es mi arte, yo con la política no tengo nada que ver”.
– Está bien. Eso también es una decisión aunque no lo sepa. Es una posición personal. Es como que alguien diga “Che, no sabemos nada de tu vida. Sos un tipo famoso, tocas la viola, canta, conocemos todas tus canciones y no sabemos nada”. Mi vida es personal y voy a hablar de eso cuando tenga ganas. Si yo quiero opinar de política o no, es una decisión personal. No me parece que sea una cosa observable como una crítica negativa. digo, o sea Perfecto. Estoy realmente en contra cuando alguien dice “dedícate a tocar la viola”. No. Me dedico y digo lo que tengo ganas. Si vos no tenés ganas de escuchar lo que digo o crítico, no lo escuches. Soy una persona que tiene derecho a expresarse.
– ¿Qué música estás escuchando, al día de hoy? Ya sé que, de todo, pero algo en particular como el pianista rumano.
– No me acuerdo bien el nombre…A ver…Acá lo encontré. Es Dominik Wania. Después, hay otro que me aparece mucho en mi Instagram, que es un pianista tremendo. Es polaco y tiene un nombre larguísimo. Tiene un estilo en el que se nota que es amante de Bach. Es medio jazzero y hace unas “bagatel” –como le dice- que son unas piezas cortitas de menos de un minuto. ¿Qué más te puedo decir? No tengo mucha más novedad. Sigo escuchando mucha música clásica. En estos últimos tiempos, estoy bastante a Mahler.
– ¡Qué bueno!
– Si. Me gusta mucho su obra. El año pasado, entregué una obra sinfónica que había sido un encargo de la Orquesta Sinfónica Nacional. En el proceso de escritura, cuando empiezo con ese tipo de proyectos, soy de estudiar mucho. Agarro los libros de vuelta. Lo que sucede que uno no está todos los días escribiendo. Entonces, hay cosas que dejas de hacer porque ya que terminaste la obra. Pasan meses hasta que agarras otra. En ese tiempo, se empiezan a diluir. Por eso, está bueno agarrar los libros, el profe, o lo que sea. Parte de esa nueva apertura de libro fue hacer un poco de análisis de la obra de Mahler que es alucinante. No me puedo cansar de escuchar eso, de “Los preludios” de Shostakovich o lo que hizo Skriabin, un compositor que, lamentablemente, no es tan conocido como debería serlo.

Hoy y ayer
– Te hago las últimas ya, Leo. Si te dan el típico formulario y te preguntan profesión. ¿Qué pones?
– Músico.
– ¿Te imaginas siendo otra cosa sin que no sea ser músico?
– No. En algún momento hice el intento de estudiar arquitectura. Hice medio año y dejé.
– Si por la puerta de tu casa entrase el Leo Sujatovich de 18 años, ¿qué le dirías a ese joven?
– Mira, a veces me reprocho no haber sido mejor estudiante de música.
– ¿En serio?
– Si, si. Siempre fui mal estudiante. Tuve una relación muy desordenada con el estudio. Entonces, podría decirle “che, dale, ponerte las pilas”, pero qué sé yo. Me salieron así las cosas.
– Y salieron muy bien.
– No me salieron mal, qué sé yo. A veces, tal vez si hubiera sido más metódico…Por ejemplo, si hubiera ido al conservatorio o una escuela de música, hay un método de primer año que voy a hacer. Cuando salís, hay cosas que, tal vez, pudiste automatizar o tener más aceitadito, ¿viste? Bueno, eso no me pasa. Tengo que volver, retomar y agarrar un libro, etc. Tengo que ir y volver, ir y volver. “Bueno, fuiste un estudiante pésimo, eso lo tendrías que encarar así”. La verdad, no sé. Así me salió a mí.
Por eso, si me lo encuentro al pibe de 18, le podría decir eso, pero sería medio nabo.
– ¿Le quitaría algo de esencia, de lo que después también termina siendo parte de tu ADN, de tu de tu devenir como músico, como creador?
– No sé. Tengo dos hijos músicos, que son muy talentosos. Mi hija Luna fue al conservatorio, se recibió, hizo todo. Mi hijo, Mateo, fue más parecido a mí. ¿Quién hizo las cosas bien o mal?
– ¡Ah, qué pregunta!
– Exacto ya que los dos llegaron. Para mí, los dos hicieron lo que quisieron, lo que pudieron, lo que les salió. Estoy feliz de que hayan hecho las cosas a su modo. Eso es lo que tengo para decir. Me dicen, «Eh, mi hijo quiere dedicarse a la música”. Hay una sola cosa que siempre recomiendo que, para mí, es la más importante de la formación musical: escuchar mucha música. Si tu hijo o hija quiere dedicarse a la música, enchufale los auriculares y que escuche música hasta que se quede dormido. De todo. Que escuche mucha música. Después si quiere ver teoría, estudiar solfeo, que vaya, pero todo esto después de haber escuchado música, algo que interese. Todos recuerdan cuando estabas en el colegio y veías al nabo del profesor/profesora decía, «Ahora todos a solfear. Un, dos, tres, cuatro”. Yo no quería hacer eso.
– La gran cantidad de chicos y chicas que siguen recordando con hastío y bronca al famoso solfeo…
– ¡La cantidad de gente que se frutró! Está lleno. Los profesores y profesoras que han frustrado a mucha gente por pensar que le iban a inculcar y a meter la música como si fuera una cuchara de sopa. Eso no funciona.
Viernes 20 de marzo. Leo Sujatovich festeja los cuatro años de “Conexión Sujatovich”. The Lift. Godoy Cruz 1967. A las 20 h. Entradas en https://wonder-ticket.com/evento/jcconexionsujatovich
