En la tercera entrega de lo que fue el 2025 a nivel teatral, hoy corresponde el turno a los actores, que desarrollaron su actividad en el teatro independiente, comercial y oficial, mas allá de la precisión de estas denominaciones. La calidad de los trabajos trasciende todo esto.

Comenzamos con la que podríamos considerar una de las obras del año, situación que se mantiene, a lo largo del tiempo, con varios unipersonales. como si la presencia de un artista en el escenario, condensase toda una idea. Tal es el caso de “Mi vida anterior” en que Dennis Smith actúa y concibió la dramaturgia junto a Teresa Donato, basado en el libro «Desaparecida dos veces» de la propia Donato. Smith se hace cargo de todo y lo hace bien. Actúa, canta y es el maestro de ceremonias de una creación de sentido que, al igual que los silencios, resuenan con contundencia ante lo vivido en la Dictadura y lo que ocurre al día de la fecha.
Con “El invierno del oso. Crónicas fascistas de Stalingrado”, Manuel Santos Iñurrieta concibe una actuación inspirada y certera, con un texto que apunta tanto al pasado como al presente…y al futuro. Un soldado ruso está en el frente de combate, en el sitio de Stalingrado por parte de los nazis. Deja de lado (un tanto, no mucho) su arma, para reflexionar sobre los acontecimientos. Elige la comedia y la poesía para combatir el conflicto, sabiendo de qué lado está (no es «todo lo mismo»). Santos Iñurrieta combina política y sensibilidad en dosis precisas. Cada palabra es de una actualidad atroz. Guernica se reproduce en Gaza y en otras geografías, cortesía de la mano (derecha) del hombre.
Germán Rodriguez estrenó “La era del olvido”, unipersonal en que encarna a un hombre que aguarda la definición de su candidatura. Se develan los entretelones de la política partidaria contemporánea en que los valores se cambian como figuritas, los escándalos se tapan y la obsecuencia por un cargo no tiene escrúpulos. Todo, en un contexto plagado de “fake news” y superficialidad. Es allí en donde la interpretación de Rodríguez no da respiro. Su cuerpo y su voz se articulan para elaborar cada gesto y movimiento en un continuum poético plagado de matices. Esta versatilidad se centra en el cuerpo del actor y juega con los múltiples sentidos asignados a los objetos en un ejercicio de pura teatralidad.
Pero Rodriguez no se conformó sólo con este estreno. Presentó también la inquietante “Implicados” y volvió con esa gema eterna que se llama “Rodando”

En la misma línea de debate, “Sudtextos argentinos” refleja la riqueza de la literatura y el teatro argentino. Martín Kahan retoma textos de Esteban Echeverría, José Hernández, Osvaldo Lamborghini y Tato Pavlovsky y los hace a “gusto y piaccere”. Se ingresa a un mundo en que, lo primero que se ve, es un hueso que se consume a fuego lento. El público es ese “otro” que ingresa a un ámbito hostil. Es parte de un relato en que la muerte y la violencia son protagonistas, aunque con los matices que son propios de un vínculo (y un hecho) determinado. Lo que cambian son las formas. Cada deceso se resignifica. Lo tolerado anteriormente, ha dejado de serlo. El manto de piedad ha caído en nombre de…lo que usted imagine. Cualquier coincidencia con la realidad es cierta.
En “Siempre guardavidas”, Sergio Mercurio realizó una combinación de distintos lenguajes teatrales de los que sale airoso. Teatro de objetos, multimedia y más para una puesta conmovedora. Juanito cuenta su historia como guardavida. El recuerdo es fragmentado, pero quien lo ve, es testigo compasivo y empático del mismo. No importa. El paso de los años y cómo afecta éste a la salud son situaciones que todos –sin excepción- enfrentaremos. Mercurio no quita un ápice de la profundidad –y dolor- del tema, y lo aborda con sensibilidad, sin recargar las tintas.
En lo que a “duplas actorales” se refiere, ya habíamos destacamos a puestas como “Yunta” (Matias Broglia y Pedro Risi), “Una sombra voraz” (Diego Velazquez y Patricio Aramburu –que también brilla en “El trágico reinado de Eduardo II…del TGSM) y “La revista del Cervantes” (Marco Antonio Caponi y Sebastián Suñé, -Tato Bores y Enrique Pinti, respectivamente). No olvidamos del póker de “Druk” y un elenco tan ecléctico como exacto (Pablo Echarri, Juan Gil Navarro, Carlos Portaluppi y Osqui Guzmán)

De la programación del Teatro San Martín, retomamos las performances de Martín Urbaneja y Joaquín Furriel. Con destacadísima trayectoria en el teatro independiente, Urbaneja protagonizó “La piedra oscura” en la que da vida a los últimos instantes de vida del último amor de Federico García Lorca. Y lo hizo con la solvencia que le es reconocida.
En el caso de Furriel, vuelve al TGSM con otro Shakespeare tras el éxito de “Hamlet” que había protagonizado con la dirección de Rubén Szuchmacher. Ahora, fue el turno de la visceral y divisoria de aguas “La verdadera historia de Ricardo III”. Furriel lleva adelante la última creación de Calixto Bieito, con una composición fuerte. Cuerpo y talento al servicio de un personaje único, con todos los recovecos que puede tener en tanto maldad, egoísmo y codicia. Justo en tiempos en que la crueldad está de moda…desde las altas esferas.
Quién le ha puesto el ojo al teatro en el 2025 fue Luciano Castro. El popular actor encaró dos proyectos tan interesantes como disímiles. En el primer caso, con “Sansón de las islas”, dio vida a un luchador de catch que vuelve del retiro para levantar la moral de la población, en el marco de la Guerra de Malvinas. Castro brinda una actuación sólida y creíble que coincide con su “physique du rol”. Por otra parte, en “Caer –y levantarse-”, es Junior, un boxeador que pelea contra sus propios fantasmas. Es bien conocido el gusto de Castro por el boxeo y aquí, lo plasma para llevar adelante una historia atrapante, con un conocimiento pormenorizado del paño. Pero, pareciera que su lucha es contra el prejuicio generalizado sobre sus posibilidades actorales y el encasillamiento al cual lo sometió cierto periodismo de “espectáculos”. Una pena. Se pierden de dos puestas que tienen mucho para descubrir. Cualquier crítica negativa habla más de prejuicios de quien escribe que otra cosa.

Otro tanto puede decirse de Nico Vázquez que lleva adelante “Rocky”, la conocidísima historia del “Semental italiano” que salta del celuloide para hacer pata ancha en el Lola Membrives. Vázquez realiza un trabajo exacto con una preparación seria y el carisma que le es propio, en una puesta que deja felices a todos los que van a verla.
Para finalizar, destacamos los regresos absolutamente vigentes –y que recomendamos no se los pierdan- como “Seré”, “Un poyo rojo”. “El ardor”, «El David marrón», “Bufarra”, «El brote», «Muerde», “El hombre de acero” y “Rodando”. Imperdibles todas, más aún con el linkeo con una realidad que, como diría el dicho, “supera la ficción”. Esto, con todo lo negativo que implica. Más aún, cuando desde esferas impensables –como el arte y la cultura- se vota al verdugo.
