Ayer sábado 17 de enero, partió a la inmortalidad de quienes hicieron de la música y el canto un culto, Marikena Monti. En un lejano 2008, tuvimos el placer de entrevistarla en la previa a la presentación de uno de sus espectáculos en los deleitaba a los presentes con canciones de su amplio repertorio. Nada mejor que recordarla con el cariño y el respeto de siempre, con sus propias palabras.

-Entrevista realizada para la revista Noticias Urbanas el 22 de enero de 2008 y publicada a los ocho días, el 30 de enero de dicho año-
Es una cantante reconocida y eso que grabó poco. Está presentando su show “Retrato en Blanco y Negro” todos los miércoles de enero y febrero en Clásica y Moderna. Serena y con muchas cosas para decir, Marikena Monti se toma un cafecito con NU.
– Marikena, ¿cómo surge “Retrato en Blanco y Negro”.
– Tiene una historia curiosa. Estaba viendo un documental que se llama “Fellini, ese gran mentiroso”. Tengo una profunda admiración por Fellini, un director genial y un artista extraordinario. El documental es una joya. Habla de los actores, la actuación y de lo que es el cine, para él. Dice que el cine, en realidad, “está más cerca de la pintura que del teatro o de la actuación”. Uno piensa en él, en Bergman o en Scorsese….
– ¡Qué nombres!
– ¡Si! “La Edad de la Inocencia” está más cerca de la pintura que de las grandes actuaciones. Entonces, cuando uno se dedica a algo artístico, los estímulos son muy extraños y vienen por caminos muy inesperados. No sé porque, viendo esta película de Fellini, escuchándolo hablar, me vi sentada en un sillón con pasamano, contándole cosas a la gente. Me pareció muy fuerte la imagen y la llamé a Patricia Zangáro, gran dramaturga y amiga. Le dije “Patricia, veo esto”. Patricia me respondió “Si, estás sentada en un sillón blanco, vestida de negro”.
– Ahí empezó la búsqueda, ¿no?
– Exacto. Fue a partir de esa idea y de la sugerencia de Lino Patalano de contar los años 60. Le grabé un casete (varios) de lo que había sido mi vida desde lo artístico. Además apareció el retrato con Vinicius de Moraes en la Fusa en Punta del Este que es en blanco y negro, del año 67. De ahí “Retrato en blanco y negro”. La búsqueda de los títulos, que la hace tan interesante, es que, después van apareciendo más cosas alrededor de esa idea.
– Es cierto.
– Los años 60 fueron años de blanco y negro. En primer lugar, porque la fotografía en color era más rara. Las grandes fotos eran en blanco y negro y ya casi ni se hacen aunque sean las mejores, las más artísticas. Por otro lado, eso generó un equilibrio y una explosión de arte extraordinario. Después, fue un retrato negro, lamentablemente.
– ¿Como elegiste el repertorio para el espectáculo?
– Le grabé y le iba cantando a Patricia Zangaro las canciones que hacía en aquellas épocas.
– ¿Tuviste que hacer mucha selección de las canciones?
– No porque estaba claro que si aparecía Vinicius, iba a cantar las dos canciones que aparecía con Jobim. Si aparecía Chico…buscamos algo que no fuese tan melancólico.
– ¿Vas a grabar el espectáculo?
– Si. Está grabado, con producción de Lino Patalano. Se consigue en el Maipo.
– ¿La grabación fue realizada en vivo o en estudio?
– Fue en estudio pero pasó algo maravilloso. Cuando llevaron las máquinas para grabar los aplausos, nos tocó un público maravilloso. Es como un show grabado en vivo. No se hizo porque es muy difícil grabar en vivo. Además tenes que hacer muchas tomas de funciones. En un disco no podes equivocarte una palabra o desafinar ¼ de tono una nota.
Ser o no ser popular.
– Hoy, la expresión “cantante popular” está tan denostada…
– Muy…porque ser un cantante popular no implica hacer canciones fáciles o digeribles, ni formar grupos para que la gente se divierta y se entretenga. Atahualpa Yupanqui fue uno de los grandes artistas populares de la música argentina y del mundo. Un poeta extraordinario que decía todo con sencillez y gran profundidad. Además, hablaba de la realidad social. Por ejemplo “Hermanita Perdida” es una canción para las islas Malvinas. Lo que se desvirtúa, parecería que siempre ocurre con la música popular, es que las personas que tratamos de bucear en algo mucho más interesantes que el “chingi chingi” o decir frases hechas pero vulgares de la vida cotidiana, buscamos poetas y autores que vayan más allá. Que hable de lo cotidiano y de la vida como Eladia Blázquez. Entonces la música popular…Hay mucha confusión. Creo que el público no está confundido dentro de todo.
– ¿No?
– No porque sino Serrat ni Sabina no hubiesen tenido público, Mercedes Sosa no seguiría cantando ni Julio Bocca no se hubiese transformado en un artista extraordinario. Son muchas cosas, todo el tiempo. El hecho de que artistas como es mi caso, sigamos trabajando… Este año (2008), el 4 de marzo, van a ser cuarenta años que debuté en la “Botica del Ángel” de Eduardo Bergara Leumann. Hace cuarenta años que canto y vivo del canto…que no es nada fácil…
– Te preguntaba porque, tomando el parámetro de la venta de discos…
– Yo he grabado poquísimo.
– ¿Por qué?
– Pienso que, en primer lugar, debería haberme movido más para grabar pero también mantengo una posición dura respecto del sistema. Es muy difícil que alguien me convenza que cante algo que no me gusta. Me ofreciesen el oro y el moro pero no puedo. Una vez, hace muchos años, hice unos disquitos de 45 rpm cuando estaba empezando a cantar. La gente del sello me presionó para que haga una canción que no me gustaba. Fue terrible lo que duró la grabación del tema porque no memorizaba la letra. Era porque no me gustaba. Canté música de Serrat o Chico Buarque y no era que no tenía memoria. Parecía que me empeñaba en desfigurar la melodía porque no me gustaba.
– ¡Guau!
– Me acuerdo que terminé de grabar y estaba con una gran amiga mía, Susana Provenzano, que fue mi madre artística. Una persona que me apoyó muchísimo cuando empecé mi carrera. Me acompañaba y me contenía. Salí de la grabación, me senté en su auto y me puse a llorar. Le dije que había comprendido que no podía hacer concesiones. Nunca digas nunca porque uno no sabe si hay necesidad…hago la aclaración. Tampoco me voy a hacer la Mujer Maravilla (que no lo soy ni mucho menos). No sé si uno está en una situación muy límite, si puede llegar a cantar…Lo comprendo pero me di cuenta que así nomás, no podía. Me interesa que las cosas que hago respondan a mi propio pensamiento. Hay un montón de autores al respecto y voy detrás de eso.

Letra, música y compromiso
– La otra vez estaba charlando con Miguel Cantilo y me decía que él no consideraba que a la gente no le interesa la letra.
– En el rock, hay una parte que solo es para bailar pero fijate que hay gente a la que sí le interesa la letra. Fito Paez no escribe pavadas. Tampoco Calamaro. En el caso de los Redondos, son pura letra y música. Además, si se sabe que se van a presentar en Choele Choel a las cinco de la tarde del 29 de marzo, hay setenta mil personas para verlos.
– Tu vigencia es impresionante.
– En mis espectáculos, la gente me agradece muchísimo los autores que canto. Me doy cuenta a la legua. Y eso que canto autores franceses y lo traduzco
– Hacés a Edith Piaf…
– Si, si. Canto “Le vie en rose”. Creo que hay público para todo.
– ¿Esta bueno eso?
– Si, porque se generan fuentes de trabajo. Sería muy aburrido que a todos les guste un solo estilo de música. Una persona que ama la música no puede encasillarse. Si se va a una fiesta y escucha a la Mona Jiménez, no se puede no salir a bailar el cuartetazo. La Mona Jiménez ya forma parte del folklore argentino, con su estilo, su personalidad, sus letras y el arrastre que tiene con la gente. No hay que ser más papistas que el Papa. La crítica respecto a los otros artistas no me interesa. Me molesta mucho la gente que habla públicamente de otros artistas. Me parece una traición aunque sea a alguien que uno considere de un nivel más bajo, ponele. Pero si me interesa apuntar a la sociedad…
– Vos sos una artista comprometida…
– El ser artista tiene que ver con mi parte de sentir y de ver. Es comprometerme con la gente. Decir lo que significa la libertad. Vivimos en un mundo en el que millones de personas viven en la pobreza. Si los artistas no somos los que los dicen, ¿lo van a decir los políticos? No. Soy medio anarco. Es el arte el que tiene que mostrar. Pintores como Carlos Alonso, Castagnino o Quinquela Martín dejan en su obra la visión de la miseria del mundo. En un país que le puede dar de comer al mundo, es doloroso que haya chiquitos revolviendo la basura. Es inexplicable. Si uno no habla de estas cosas… No es solo hacer hincapié en determinadas cosas, sino tener un ojo crítico en la sociedad.
– Viviste en París en momentos más que especiales…
– Estuve casi tres años, de adolescente. Me fui a los diecisiete y volví a los veinte. Me dio vuelta la cabeza y me cambió la vida. Gran parte de lo que soy como artista son esos tres años que les agradezco a mis tíos Marta y Jorge. Fueron años de oro. Lo que uno aprende viviendo en Paris…Es una escuela de vida. No pensaba ser cantante…
– ¿Que pensabas ser en esa época?
– Había empezado a estudiar Letras y, a mi vuelta, pensaba seguir, pero no. Fue tal el cambio, la revolución que había, los museos, las calles de Paris, el aire que se respiraba. Solo con caminar en la calle, te daba vuelta. Volví y no quería estudiar. Mi mamá casi se muere. ¡Pobre vieja…! Lo mismo mi viejo. Cuando se habla de profesiones desde lo artístico, como carrera…El campo del teatro, del cine y todas las disciplinas artísticas son una manera de vivir. Cuando encarás una de estas artes, tu manera de vivir y tu cabeza funcionan de otra manera. Es lo que pienso y es muy personal. Tu cotidianeidad es muy diferente. Ojo, no es un lecho de rosas en ninguna parte del mundo y acá es más difícil todavía.

Pasado y presente
– Recién dijiste que vas a cumplir cuarenta años de tu debut…
– ¡Si! Recuerdo que estaba aterrorizada, como siempre, pero me sentía muy acompañada por un grupo excelente de gente que estaba en la misma situación que yo. Una época en la que recuerdo todo lo maravilloso y no lo malo. Lo pasé fantástico. Aprendí muchísimo de Bergara Leumann, un gran amigo de la vida. Es un maestro. Cuando abre la boca, hay que escucharlo.
– También sos actriz…
– Estudié teatro un año y medio con ese gran maestro de teatro que es David Amitin. Fue genial y me hubiese gustado estudiar dos años más. Trabajé desde el año 71 con varios directores como Lía Jelin. Hice dos espectáculos más con ella y dos con Ruben Szchumacher, cuatro con el grupo de Carlos Ginés, uno dirigido por Ester Ferrando y dos o tres, dirigida por Ulises Barrera (hijo). Ahora, mi primera experiencia de teatro teatro, es con Diego Kogan y Patricia Zangaro y música de Oscar Lahiguera. Ensayamos un año y aprendí mucho. “Retrato Blanco y Negro” cuenta con la dirección de Alejandro Ullua. Tanto trabajar con directores y con el tiempo, se va dando en el canto una cosa de histrionismo. Hice trabajo corporal con Susana Yasán y danza clásica con Carmen Maidana. Aprendí lo básico que es muy interesante para los cantantes, cierta cosa del movimiento.
– ¿Cómo era Marikena de chica?
– Era bastante tímida. Muy metida para adentro. Tenía cosas muy raras. Le mandé una carta a la cigüeña porque quería que me trajera un muñeco como el que tenía pero de carne y hueso. Me crié con hermanos varones. Tiré la carta al viento. ¿Como una carta para la cigüeña iba a ir por correo? Ya tenía esas cosas extrañas. En las fotos era la nenita que estaba mirando más que haciendo otra cosa…
– ¿Te apoyaron tus padres cuando empezaste a desarrollar tu faceta artística?
– No mucho… Mi papá me pagaba una colección de libros de pintura y mi profesora de pintura del secundario le gustaba muchísimo como pintaba. Me estimularon mucho a que leyera y todo eso. Después el que me dedique a esto a los veintiún años no les gustó mucho, pero…era mi vida.
