“Revolver”. El caleidoscopio musical eterno que cambió la historia de la música.

Pasan los años y el legado de The Beatles parece brillar cada día más. Sus discos siguen siendo de objeto de culto, estudio y admiración. En solo ocho años, cambiaron la música como nadie. El próximo 5 de agosto se cumple medio siglo del que muchos consideran el mejor disco de The Beatles. No, no es “Sgt Pepper”, es “Revolver”.

Parece reiterativo, pero, por enésima vez, volvemos a recordar a quienes crearon lo que sería hoy, la modernidad de buena parte de lo que se escucha a nivel musical. Hace seis decenios, en pleno auge de los colores y la plena experimentación sonora, The Beatles volvían a encabezar el mundo del rock con la edición de un disco cuya tapa era en blanco y negro. Un collage de fotografías con una forma de espiral. Inclusive uno podría decir que esa forma denota un cabello que se filtra entre los retratos de los músicos. Su nombre era “Revolver”. El concepto de la tapa era muy particular. Se mostraban los rostros de los Cuatro de Liverpool sin que hubiese necesidad de poner su nombre. El arte de tapa es de Klaus Voormann, un viejo amigo de la banda, de los tiempos en que eran unos ingleses descarriados que tocaban en Hamburgo  

En 1966, The Beatles era ya una banda consolidada que cambiaba el paradigma musical con cada disco que editaba. El enorme Rodolfo Medero llegó a decir que “hicieron que todo lo que había antes de ellos, fuese antiguo y viejo. Todo quedó en un pasado, detrás de los Beatles”. Los Fabs Four estaban en un momento de plena ebullición creativa que iba a explotar el 5 de agosto de dicho año.

Hubo un anticipo cuando el 10 junio de 1966, publican un simple excelente que tenía  “dos lados A” con “Paperback writer” y “Rain”. Una cara bien Paul Mc Cartney y la otra, puramente John Lennon. Este simple no solo anticipaba –sobre todo “Rain”- lo que iba a ser “Revolver” sino que ninguna de las dos canciones aparecería en el disco. Debemos añadir que los temas venían con sus respectivas imágenes, en lo que sería la precuela de los futuro videoclips. Algo que ya habían hecho con «We can work it out» y «Day Tripper» y….también Bob Dylan con «Subterranean homesick blues».

Será en ese 1966 que el estudio de grabación abría un nuevo mundo que John Lennon, Paul Mc Cartney, George Harrison y Ringo Starr iban experimentar y expandir hacia límites insospechados. Era el 6 de abril de dicho año cuando se inició la primera sesión de lo que terminaría siendo “Revolver”. La tormenta de ideas era tal que la primera sesión de grabaciones iba a centrarse en la denominada “Mark I” pero que pasaría a la posteridad como “Tomorrow never knows”, tema que cerraría el disco en su versión final.

Estaba todo servido para que los Cuatro de Liverpool inicien su enésima una revolución musical –y social-. Cada canción tenía otras versiones de similar calidad, algo que se pudo apreciar con la aparición de los “sesiones piratas” del disco. Algunas de ellas, rescatadas en el documental Anthology de The Beatles, de 1993, con la aparición de sus consabidos discos.

La esencia del álbum era el de una narración constante. Desde el “one, two, three, four….”, de George para iniciar con Taxman hasta Tomorrow never knows, último tema que dejaba abierta la puerta a toda la experimentación que tuvo el rock en los años posteriores.

John tenía sus inquietudes filosóficas a flor de piel. Nombra a la muerte por su nombre en She said, she said. Las guitarras sonaban con fiereza en una canción cuyo origen fue el actor Peter Fonda que había compartido algunos ácidos con John y George. Como no la estaban pasando bien, Fonda –de amplia experiencia en “viajes”- le dijo a George que se relaje y que casi se muere cuando era chico, en una mesa de operaciones. “Sé lo que es estar muerto” dijo Fonda. Fue esa frase la que tomó John para crear una canción sublime que cerraría el lado A del disco.

En I’m only sleeping, John pone su imaginación al servicio de un rock absolutamente onírico que da cuenta de su experimentación sonora. Dos solos de guitarra de George pasados al revés y con la velocidad modificada se conjugan con la voz somnolienta y burlona de John que lanzaba sus críticas sobre el estilo de vida moderno (“Todos piensan que soy un vago pero no me importa/Creo que están locos/Corren de un lado para otro sin que haya ninguna necesidad”). Su alegre delirio es palpable en And your bird can sing y frases como “Dijiste que tuviste todo lo que querías/Y tu pájaro puede cantar/Pero nunca me atrapaste”.

La marcación de guitarra es fuerte en Doctor Robert con alusiones a las drogas y a los dealers. “Si te sentís mal/el Doctor Robert te levanta/Tomá un trago de esta taza especial”. En el verso de “Bueno/bueno/bueno/te estas sintiendo mejor” es el aterrizaje -capaz- de un viaje completo. Estas alusiones tienen un dejo de ironía en tanto que el consumo tocaba a las «altas esferas», ya que el Doctor Robert “trabaja para la Salud Nacional”.

La búsqueda de Paul se dirigió hacia los aspectos más ligados a la melodía. Tal es el caso de Eleanor Rigby. Arreglos para un doble cuarteto de violas, violines y violonchelos, dirigidos por George Martin secundaban a Paul en voz principal y John en el contrapunto de la última estrofa.  Tal como ocurrió en Yesterday, ninguno de los Beatles tocó algún instrumento. También marcaría un mojón en la pluma compositiva de Paul. Dejaba su costado más amoroso para volverse introspectivo y reflexivo, al referirse a los orígenes de la soledad de los individuos.

Junto con otros personajes como el Padre Mac Kenzie, el tema denota cierta condición urbana. Eleanor Rigby es la que sueña un sueño mientras levanta el arroz que se arrojó en una boda, en una iglesia. El mismo padre Mac Kenzie escribe un sermón que no será escuchado por nadie. Todo….mientras Paul se preguntaba de donde vienen y a donde pertenece la gente sola. Dicen que había una lápida con el nombre de “Eleanor Rigby” pero Paul afirmó que el título del tema venía de su gusto por el nombre, quizás por la actriz Eleanor Bron. El apellido Rigby salió del nombre de un negocio de los muelles de Bristol. En cambio, el padre Mc Kenzie era, originalmente Mc Cartney pero Paul no quiso usar ese apellido –que era el propio pero no tenía parentesco-. Con John fueron a la guía telefónica y el apellido que lo seguía, era el Mc Kenzie.

La encantadora Here, there and everywhere dedicada a su novia de entonces, la actriz Jane Asher, tiene a cada una de las palabras del título abriendo las estrofas de la canción. Una voz suave, casi en falsete, junto con una melodía suave la convirtieron en el clásico que es y, según John, una de sus canciones favoritas de la banda.

La autocompasiva For no one se refiere a aquél amor perdido que nunca volverá a brillar. Aquí Paul toca bajo, piano y clavicordio y Ringo, batería, maracas y pandereta. El tema cuenta con un solo de corno francés a cargo de Alan Civil. La optimista Good day sunshine” abría el lado B con un título que hacía referencia al buen tiempo en ese verano británico. Lazy Sunday afternoon de The Small Faces y Sunny afternoon de The Kinks hacían una referencia similar.

El último tema de Paul al disco fue la brillante Got to get you into my life, un excelente soul que había escrito después que la banda probó por primera vez la marihuana, cortesía de Bob Dylan. Fue uno de los primeros temas en los que usaron instrumentos de viento.

Con tres canciones, George Harrison lograba un protagonismo nunca antes obtenido en un disco de The Beatles. Revolver se inicia con su Taxman y su amargo descargo contra la suba de impuestos del gobierno británico. “Dejame contarte cómo va a ser la cosa/Es uno para vos y diecinueve para mi/porque soy el recaudador de impuestos”. Si bien las guitarras son fuertes, el sonido grave del bajo –interpretado por Harrison- dibuja melodías que permiten que la canción tenga un plus de calidad. El verso final “Y vos no trabajas para nadie más que para mi…” da cuenta del rencor hacia el gobierno, algo extensible al día de la fecha.

Con I want to tell you, George retoma el formato de canción rock con cinco tomas grabadas de la base rítmica (piano, batería y guitarras) eligiéndose la toma tres como la mejor, a la cual se le añadía una sobregrabación de la voz principal, los coros de John y Paul y algunas percusiones como maracas y panderetas.

En cambio, en Love you to, la atmósfera gira hacia la India. El músico indio Anil Bhagwat participó en la grabación del tema y recuerda que “un amigo me contactó para tocar con un tal ‘George’. No sabía quién era hasta que me pasaron a buscar en un Rolls Royce para ir a Abbey Road. George me pidió que tocara al estilo de Ravi Shankar. Afinamos la tabla e improvisamos para la canción. Fueron muy generosos de poner mi nombre en la contratapa del disco”.

En Revolver, George Harrison no solo tiene mayor preponderancia a nivel compositivo sino que su gusto y curiosidad por la música de la India permite el acercamiento de Oriente con la música occidental. Algo que también realizó, aunque en menor medida Brian Jones en los Rolling Stones.

Nadie pensaba, en ese momento, que Yellow submarine iba a tener la travesía icónica que le dio el paso del tiempo, película animada mediante. Esta vez, la particular sonoridad monocorde de Ringo lleva la voz cantante de un tema que debe ser de los más cantados en la historia de la música. Con efectos especiales, que incluían a Brian Jones golpeando un vaso y a John haciendo burbujas con un sorbete en un vaso de agua, Ringo metía “su” himno beatle con una orquesta acompañando un estribillo que será cantado en todo el planeta.

El carácter narrativo del disco se expresa en la forma en que las canciones (la parte) conforman un disco (el todo) sublime que se lee como tal. Las primeras trece son una especie de “presente”, como un resumen de lo hecho hasta ese momento. Todo, de una grandísima calidad, al cual se le añadía el plus de la experimentación en el estudio. Será en su última canción donde ellos, con la voz de John desafiante y nasal, abren la puerta del futuro.

En Tomorrow never knows, John quería sonar como si fuera el Dalai Lama cantando desde una montaña. La leyenda dice que deseaba 4000 monjes cantando de fondo. Igualmente, el efecto en la voz se logró gracias a que George Martin sacó el sonido por un parlante Leslie de un órgano Hammond. Repeticiones continuas y cintas pasadas al revés, a distinta velocidad cerraban un disco sublime, cuya cereza del postre era una canción que decía, “Apaga la mente/Relajate y dejate llevar por la corriente/Abandona todo pensamiento/Entregate al vacío/Escucha el color de tus sueños/O juega el juego de la existencia hasta el final…del principio”.

De esta manera, el disco se cierra como si fuera una sentencia profética de lo que iba a venir. Al respecto, si bien la influencia de su sempiterno productor George Martin –el quinto beatle, por ser justos con su legado- fue poderosísima, hubo otros hechos que, por menores que sean, fueron decisivos no solo para la historia del cuarteto sino de la música en general. Hubo un ingeniero de sonido llamado Geoff Emerick que entró a trabajar con veinte años (¡) en los estudios Abbey Road. Una mente joven, abierta a la experimentación que recibía todas las ideas de Lennon, Mc Cartney, Harrison y Starr para bajarlas a la realidad de la consola y demás.

En esas sesiones, los Beatles solían doblar sus voces lo cual era un proceso largo y laborioso, que los agotaba –sobre todo a John-. Ken Townshend, otro de los ingenieros de estudio, creó el ADT (Artificial Double Tracking) o Doblaje Artificial. ¿En qué consiste? Es una técnica de grabación analógica diseñada para mejorar el sonido de voces o instrumentos durante el proceso de grabación. Se retrasa la cinta para crear una copia atrasada que después se combina con el original. El efecto que se logra es la duplicación natural de voces o instrumentos alcanzados por doble seguimiento. John quedó muy impresionado con el descubrimiento ya que solía pedir que su voz fuera “doblada” (“flanged” en inglés). La influencia fue tal que, al día de hoy, el término “flanging” forma parte del lenguaje de los estudios de grabación

El calendario dirá que el 5 de agosto de 1966 la tapa blanco y negro de Revolver iluminaría las bateas de las disquerías al tiempo que expandiría nuevos confines a la música popular hasta que un tal Sgt Pepper, un año después, reformularía todo nuevamente.

Algunos días más tarde, hartos de las giras, darían su último concierto en un estadio. El 29 de agosto de 1966, nadie sabía que el concierto de Candlestick Park, San Francisco, iba a ser el último de la banda.

Elogiado hasta el cansancio y con la necesidad de escucharlo una y otra vez por su creatividad inagotable, el excepcional Revolver extiende su influencia al día de hoy. En esa usina de constante ebullición que era la década del 60, The Beatles volvían a dejar en claro que estaban un paso delante de todos, consolidándose como la mejor banda de todos los tiempos. Y eso que todavía no habían sacado Sgt Pepper, The White Album y Abbey Road. Pero el corazón de muchos seguirá girando al compás de Revolver.

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