Copa rota
Dramaturgia y coordinación: Lisandro Penelas. Con Lisandro Penelas, Francisco Lumerman y Nacho Gracia. Escenografía: Julieta Capece y Juan Teodoro. Diseño de luces: Soledad Ianni. Redes Sociales: Hernán Salcedo. Música: Nacho Gracia. Diseño: Nico Risso. Fotografía: Nicolás Tonelli. Asistencia De Producción: Victoria Paez. Asistencia de dirección: Verónica Amor y Catalina Lemeillet. Prensa: Carolina Alfonso. Producción: Compañía Moscú Teatro, Lali Fischer, Luis Lusardi, Lucas Palacios, 437 Producciones. Edición Audiovisual: Juan Verduga. Duración: 70 mins. Dirección: Ana Scannapieco.
Moscú Teatro. Ramírez de Velasco 535. Sábados, 19 h.

El mundo de las adicciones implica mucho más que el abuso de una sustancia determinada. Involucra a una persona, su mundo y a todos aquellos con quienes mantiene un vínculo cercano. Esto, para empezar. Después, como si fuera un efecto dominó, no se sabe cómo puede terminar una situación atravesada por el exceso.
Esto, que puede ser obvio, debe tomarse en consideración cuando uno se sienta en la platea de Moscú. Desde el momento en que un hombre llega a una clínica de desintoxicación por sus problemas con el alcohol, empieza un desarrollo no apto para todo público. Mejor dicho, exige un nivel de comprensión y de apertura mental que pone en jaque el lugar de confort del colectivo denominado “público”.
La dramaturgia de Lisandro Penelas da cuenta de una historia bien conocida, con personajes reconocibles, y lo hace con una precisión no exenta de sensibilidad. La pluma de Penelas se instala en las vivencias de cada uno de los protagonistas. No desde una óptica meramente descriptiva sino en sus dolores y la lucha que encaran en pos de mejorar su calidad de vida. Más aún cuando sus respectivas parejas e hijos figuran en el horizonte ante la inminente llegada del Año Nuevo. ¿Podrán?
Un detalle a considerar es que hay plena conciencia respecto al por qué están donde están. Saben y verbalizan el motivo de su arribo a la granja. Por ende, la transparencia de sus acciones se materializa, conformando un “tira y afloje” en su manifestación que visualiza aspectos por demás oscuros. La agresividad es tan latente como palpable y tiene la rara paradoja de ser esperable, aunque, no por eso, menos sorpresiva. Por algún lado, debe explotar esa tensión aunque haya una búsqueda de mejora a través de un tratamiento que busca indagar dentro de cada uno de los pacientes. Preguntas que atraviesan el límite de lo que se quiere contar so pena de encontrar lo no deseado -y menos, admitido-. Es ese Cuando miro adentro tuyo, me asusto de lo que hay. Cuando veo tus ojos y no estás, que cuadra a la perfección con lo que ocurre.
El impacto ubica a los presentes en la situación planteada en escena. El linkeo es inmediato con lo vivido ya sea a nivel personal o por referencias cercanas. Será por esto que la risa -incomoda- aparece como reacción lo visto. Los motivos serán tan vastos como personales. Es lo-que-pasa en ese devenir del tiempo aunque ésto no puede “verse”, a simple vista. No faltará quien diga que “no pasa nada” pero ¿qué debería pasar? Es menester salir del lugar de confort para establecer vínculos diversos con el silencio, lo no-dicho, lo esbozado e inclusive con la ironía. La reflexión debe ser atenta y crítica, inclusive contra la posición que uno tiene frente a esta fotografía. Aquí, hay dolor, bronca e impotencia, lejos de cualquier idealismo de aquello que produce daño. Los culpables podrán ser muchos, aunque haya un escamoteo tanto de lo que se siente como de lo que se…consume.
La escenografía y la iluminación son fundamentales para enmarcar los acontecimientos. Tres espacios en los que la interacción es constante si bien, en ocasiones, no se ve lo que ocurre. Esta invisibilización de algunos hechos, los “supuestos” y la omisión de ciertas acciones forman parte de una creación de sentido poderosa, cortesía de la artesanal dirección de Ana Scannapieco. El elenco es sólido y responde absolutamente a lo requerido por la dramaturgia. La dupla Penelas-Lumerman es un ensamble tan exacto como orgánico. La presencia de Nacho Gracia es fundamental por sus aportes desde la música y también, de los silencios.
“Una semana más” pone sobre tablas la lucha contra una adicción sin romanticismo ni heroicidad. Es la complejidad de un relato que dialoga con aquello que la sociedad busca ocultar y también, castigar. Hete aquí, la importancia de puestas que llamen a la reflexión sobre temáticas candentes y ponzoñosas que deben afrontarse con la seriedad que amerita, pero sin perder la sensibilidad en el medio.
