Reconocido actor de teatro, vuelve al ruedo de los unipersonales por partida doble. Primero, con la excelente “La era del olvido”, que pone el dedo en la llaga de la trastienda política y después, con una pequeña temporada del gran clásico “Rodando”. Germán Rodríguez analiza al teatro, la coyuntura, el rol del actor y el futuro cercano.

– Germán, ¿cómo surge “La era del olvido”?
– Me pasa el texto Francisco Estrada que lo escribió, en el 2018/2019. No es un texto que escribió hace poquito. Él me dice, no sé si es verdad, que me tenía en mente en un momento de la escritura (risas). Cuando me lo ofrece, me gustó mucho el texto. Así arrancó todo, con un texto terminado, a diferencia de los otros unipersonales que había hecho, que eran textos en proceso.
– ¿Sí?
– En “Rodando” fue a partir de un texto que yo escribí y Acobino lo transformó en la maravilla que es. Lo reescribió todo y lo terminó él. En cambio, “Rodeo” fue un texto que tenía Agustina Gatto muy desarrollado, pero se terminó de escribir con el trabajo que hicimos juntos en el espacio. En este caso, ya estaba escrito y me encantó.
– No hubo que hacerle nada…
– No. Un proceso que me apasionó, fue la reescritura que tuvo la obra en el espacio. Eso fue muy lindo. Un arduo trabajo, de mucha “prueba y error” junto al director. Al ser un unipersonal también fue el ir involucrándome cada vez más en ese mundo. Así empezó el texto y después fue estudiarlo. Disfruto mucho tener tiempo para hacer eso. El vínculo con las palabras, sobre todo cuando es una obra de texto, es la puerta de acceso. Me pasó como en “Rodando”, que fue en vacaciones y lo pude estudiar. Es genial porque leo, pienso, descanso y las palabras quedan. Después empezamos a ensayar. Esto fue en el 2024, en que estuvimos ensayando en casa. Venía Francisco, primero una vez por semana, después dos y tres, fuimos al Camarín de las Musas y salió.
– ¡Qué bueno!
– Pero fuimos indagando por muchos lados. La cuestión más realista viene de Francisco que es del palo del cine. Tiene algo muy lindo que se puede ver en You Tube que es “Proyecto Aluvión”.
– Lo vamos a buscar.
– Está bueno. Además, laburó mucho en el Congreso, por lo que conoce mucho ese mundo. Estaba bueno todo, pero había cosas en la historia que no terminamos de encontrar. Hubo un momento de quiebre del trabajo con el aporte fundamental de Mariana García Guerreiro. Veníamos pensando y viendo, y de repente hubo un gran giro de la puesta en escena que fue liberador. Me acuerdo que faltaba poco para estrenar y no estaba preocupado, sin embargo, no sabía que tenía que hacer (risas).
– Una situación particular…
– Si. Cuando fue ese tiro de la puesta, a partir de ese trabajo con todo el aporte del equipo, cambió todo radicalmente. Estoy acostumbrado a esto. Mis primeras obras fueron con “La fronda”, con Ciro Zorzoli en que las puestas en escena se armaban en las últimas dos semanas. Es un proceso que nunca sufrí. Trabajo con alguien en quien confío. Como actor, es parte del trabajo. Cuando hay confianza y hay trabajo en equipo, tal como en “La era del olvido”, sale todo excelente. Fue liberador porque fue muy corporal. Pocas veces tuve esa certeza corporal como ahora. No sabía bien qué venía, a dónde tenía que ir, qué pasaba, pero con las funciones, ya se fue armando. Cuando estrenamos, ya tenía un piso.
– Había un recorrido.
– Si, pero después del estreno, seguimos ensayando a partir de las devoluciones. Lo seguimos trabajando. Ese piso se fue consolidando cada vez más. Fue muy lindo ese vértigo antes del estreno porque sentí que esa era la inteligencia actoral. Sé que son cosas que se dicen, pero yo la percibí. Es decir, “es acá”, “este es mi cuerpo y pasa esto en la obra”. Tuve esa certeza. Después te puede gustar o no, qué sé yo, es indiscutible. Pero mi certeza también.

Un hombre particular
– Sos Rodrigo Torres ahora, pero ¿es tu primer “villano”? Lo pongo entre comillas esto porque ¿puede ser considerado así tu personaje?
– ¡No! Si es recopado… ¡Votenlo! (risas). La verdad, nunca lo pensé en esos parámetros porque no pienso las obras en términos de personajes. Es un flash, ¿no? Pero hay que hacerse cargo de eso también. Mirá, cuando doy clases no uso el concepto de “construcción del personaje”. No me sale. Siento que el personaje surge de un montón de cosas, Por ejemplo, lo que uno más festeja son los vínculos y desde ahí, se construye el personaje. Cuando es un unipersonal, también hay vínculos. Con las palabras, con el espacio, pero siempre lo pienso como abarcando. Pero, retomando lo que decís, hice un “villano”, en tele, en «El elegido», que era el hermano de Calu Rivero. Después, hice personajes pusilánimes, perdedores y algunos más refinados, como engreídos.
– Antihéroes.
– Exacto. Trato de ampliar mi repertorio actoral. Es algo que siempre tuve desde que estaba en la instancia de formación. Siempre quise romper ciertos límites personales. Nunca quise caer en un physique du rol solo.
– ¡Qué tema ese!
– Es todo un tema, pero después cuando salís a la vida profesional decís “Por favor, cataloguen mi ‘physique du role’ así siempre tengo trabajo”. Eso pasa, aunque íntimamente, tuve claro el deseo de poder habitar muchas obras, personajes y voces. Trato de meterme en esos universos y de no hacer pie en lo seguro, en lo que puede funcionarme.
A esta altura del partido, ya tengo herramientas. El cuerpo está más o menos disponible todavía, pero siempre hay una búsqueda artística en cada trabajo. Por eso, lo pienso de manera amplia más allá de los personajes.
– A todo esto, ¿siempre se pensó el nombre de Rodrigo Torres?.
– Tiene problemas con la “r”… y no se llamaba Rodrigo en la primera versión. Era “Nicolás” pero por las reminiscencias a los políticos que conozco, dije, «Mejor pongámosle Rodrigo y no voy a decir más”. (risas). Ya está.
– Es tu primera obra política al 100%, ¿no?
– Mira, es política en el sentido que habla del mundo de la política, pero no es partidaria. Creo que siempre hice teatro político. La primera obra que hice, así grande, fue “Living, mi último paisaje”, que hablaba del cruce entre los discursos del Nunca Más y las comedias de “teléfono blanco”. Era de Ciro Zorzoli y el grupo La Fronda. “Ars higénica” o “A un beso de distancia” que hablaba del mundo íntimo, de la seducción y los lugares comunes. Estos tres trabajos con La Fronda que dirigió Ciro eran muy políticas. Son de las que más me gusta hacer. “Absentha” también era muy política desde lo artístico.
– Es cierto.
– Ahora, en “La era del olvido”, es un tipo que está en una situación de poder, a la espera de un nombramiento. La temática es mucho más específica. En ese punto, es cierto que es más explícita. Fue una de las cosas que me sedujo del texto. Cuando la empezamos a ensayar, Javier Milei no era presidente pero estaba sobrevolando esa posibilidad que después se concretó. Estábamos ensayando en ese primer año de gobierno y obviamente me daban ganas de hablar de eso. Hay muchas referencias, pero a partir de esa estructura. La puesta en escena terminó emergiendo. Es algo que es actual y que tenía muchas ganas de meterme. El contar, tomar partido y de decir algo de mi rol de actor. Es lo que siento que estamos haciendo con “La era del olvido”.
– ¡Te cortaste hasta el pelo y cambiaste hasta el peinado!
– Así es. ¿Viste que Clark Kent se saca los lentes y es Superman? Yo me desato el pelo y soy Rodrigo Torres.
– ¿Lo habías pensado con corte de pelo y todo?
– Sí. El pelo me lo iba dejando largo, porque sabía que algo de la peluca iba a andar. Más cuando veíamos a los líderes de derecha del mundo. Tienen unos peinados un tanto exóticos. Ahí dije, “A ver cuál va a ser el peinado de este tipo…” y fue siendo este. Me lo estoy dejando a pesar de otros laburos que me salen. Estoy defendiendo el pelo todo lo que puedo porque es un corte medio raro. Me lo ato y pasa muy desapercibido, así que estoy tranquilo en la vida cotidiana. Después, es un bodoque que tengo en la cabeza cuando me lo suelto.

El paso siguiente
– ¿Qué te dice la gente cuando te esperan para saludarte?
– Hay preguntas que van por “¿cómo hiciste para estudiar todo el texto?”. La memoria es un bien, que se aprecia y se agradece. Otras preguntas son lindas…o te dicen “¡estas hecho bolsa después de todo esto!”. No sé. Se renueva la energía y no salgo cansado. Al contrario, salís medio manija. Esas son las preguntas lindas, inocentes y más corporales. Después siempre las devoluciones que uno tiene del público que se queda a charlar después de la función. Hay devoluciones que son muy buenas. Salen todos bastante movilizados corporalmente.
– ¡Ah! ¡Mirá!
– Vino Mariana Nazar, archivista e historiadora, y me dijo “salí temblando”. Que te digan eso siendo actor, ¡mamadera! Esto pasa a nivel corporal porque la temática nos moviliza mucho. Todo lo que está pasando, nos mueve el cuerpo. No nos están dejando manifestar en la calle. Nos están pegando en el cuerpo, por ejemplo, los miércoles en la plaza Congreso. Entonces, con el arte podés hacer esto, que pase algo en el cuerpo de los espectadores. Siento que es una revancha a ese mundo de la política que nos está tratando tan mal a los artistas. El poder meterme en ese universo y hacer una implosión. Se ve también en los espectadores que hay algo de catarsis necesaria. Estoy recibiendo mucho esas devoluciones.
– ¡Qué bueno esto! Pero, ¿se te enojó alguien?
– No, pero ¿sabes qué está pasando? Están viniendo de distintos partidos políticos y salen conmovidos. Distintos palos políticos. Me parece maravilloso que pase esto. Todo es la escritura de Francisco que se mete con ese universo. Igualmente, también puso cosas personales en juego. Es lo lindo de un artista. En mi caso, traté de estar a la altura. Uno sale conmovido por la humanidad que hay. Evidentemente eso trasciende, más allá de lo partidario y de lo que se cuenta como relato. Hay otras cosas que también están llegando y que están buenas.
– Imagino que te estás muriendo por sacarla de gira y ver qué te van a decir.
– Si. Nosotros estrenamos en enero por lo que tuvo un gran crecimiento. Al poco tiempo de haberla estrenado hicimos una función en una movida que se llama Lomas en Escenas, en Lomas de Zamora. Nos invitaron a hacer una función en un teatro muy distinto al que hacemos. Una sala más grande que la del Camarín de las Musas y anduvo muy bien. Después estuvimos en SAGAI, con un equipamiento técnico muy bueno, con un espacio mucho más grande de donde la hacemos y también anduvo muy bien. Asi que vamos a hacerla en Bahía Blanca ahora en agosto.
– ¡Qué bueno!, ¿tenes la fecha?
– Sí, el viernes 22 de agosto, a beneficio de la escuela de teatro de allá. Viajé varias veces a hacer teatro allá y como el teatro también está castigado por todo el tema climático, vamos a hacer en la biblioteca, que tiene capacidad para 300 personas, una sala grande. Después, vamos a hacerla en las Nobles Bestias, en Banfield, que es una sala grande. Pero esta obra la haría también en la calle.
– ¡Sería muy interesante!
– No te digo en una plaza con tantas distracciones, pero si en lugares abiertos. Para mí, es un proceso que sigue en investigación en ese punto. Justamente, la otra vez vino Gaby Alonso, de La Runfla y le gustó mucho. Le pregunté si la veía para la calle y me respondió “no sé, me parece que es la obra es muy íntima”.
– Igual, creo que “La edad del olvido” se la banca….
–Si si. Creo que se la rebanca para hacerla en este tipo de lugares. También hay que ver el equipo que necesitaríamos porque la música es importante. Ver si no compite con mi voz en el marco del espacio. Pero quiero probarlo. Seguramente, lo haré. Está pasando que las obras están durando tan poco en cartel que, ya con cinco meses, dos veces por semana, es un triunfo.
– Una temporada pasó de ser del año a un semestre.
– Para mí, la temporada es un año. Chamuyemos lo que vos quieras, digamos lo que queramos, que hiciste dos temporadas dentro del mismo año, pero la temporada es un año. Sé que hay gente que lo está diciendo, pero bueno, son estrategias de producción que, si al trabajo le sirve, que digan lo que quieran. Lo que queremos los artistas es que la gente vaya al teatro. Si decís “quinta temporada” y eso suma que la gente vaya, ¡dale! Mientras que la gente vaya a ver algo que esté bueno… Las estrategias de producción hacen lo que pueden.

La vigencia constante
– Recién hablaste de “Rodando”. Siempre está volviendo sin irse.
– Sí. Mira, a “Rodando” también la tengo en el cuerpo, como ahora a “La era del olvido”. Otras, como “Absentha” también tendríamos ganas de hacerla, pero somos cuatro cuerpos, más el de la directora, de la asistente de dirección. Son más cuerpos que hay que ponerse de acuerdo. Ya es más difícil. Un unipersonal es más fácil. Sobre todo, si sigue vigente.
– Justamente, te iba a decir que participaste en puestas que siguen siendo muy vigentes, desde los unipersonales hasta “Absentha”, “Nada te turbe” que lo hablamos fuera de micrófono. Me acuerdo una que habías hecho con dirección de Martín Flores Cárdenas…
– Sí. “Mujer armada, hombre dormido”
– Exactamente. Al día de hoy, vuelve a estar vigente con el tema de la comunicación.
– Si, totalmente. El haber participado en laburos que siguen vigentes tiene que ver con la elección. Bueno, Sergio Cucchiara, el iluminador de “Rodando” me dijo, tras ver “La era del olvido”, «Hijo de puta, siempre haces cosas distintas, personajes distintos”. Fue algo que me gustó.
– Es un gran elogio.
– Si, porque es algo que está en mi búsqueda. Que un espectador y amigo, te lo diga así, con esa sinceridad… Es lindo. Después, vino Enrique Dacal que fue docente mío en la EMAD y me dijo algo que también me quedó. “Qué buenos son los materiales que elegís. Te metés en problemas”. Me resonaron esas dos cosas porque es algo que busco como artista. Todas esas obras que vos decís, son en las que quise estar. También hay un montón en las que no quise y, en algunos casos, funcionaron bien. Pero yo tengo una búsqueda que se ligan a cuestiones que tienen que estar presentes. Algunas de producción, que son importantes, y otras artísticas, que son las que definen, a menos que sea un trabajo pago.
– Me imagino…
– Que decir…Bueno, como actor también uno tiene que hacer trabajos que, si no fueran pagos, no sé si los haría. Es la referencia, ¿viste? A ver, si no me pagasen, ¿lo haría? Ok, bueno, genial. Ahora, ¿si me pagan y lo necesito hacer? Tampoco, cualquier cosa…
– Hay un límite.
– Siempre lo hay, pero ahí negocias más. “Hay que parar la olla”. Digo, “A ver, esta obra la hago, me parece que está bien. Tal vez, si no tuviese estas condiciones de producción, no lo haría, haría otras cosas”. Está en el límite de “dice algo que me parece bien. No sé si artísticamente es lo que más me calienta”. Ahora, con “La era del olvido” se juntó todo eso. Estamos en un teatro lindo, que nos están tratando muy bien como es el Camarín de las Musas. Me encanta lo que hicimos y con Francisco nos divertimos mucho. A la gente le gusta y la estamos agitando a full.
Argentina 2025
– La otra vez nos encontramos en el abrazo al INT. ¿Cómo estás viviendo este momento?
– A ver, todos los argentinos y argentinas, a esta altura del partido sabemos que, ante las crisis uno puede fortalecerse, que es lo que yo estoy haciendo. Además, practico Budismo Soka. Entonces tengo todo ese forjamiento de poder fortalecerme. Es lo que estoy haciendo con “La era del olvido”. O sea, estoy pudiendo crear valor de toda esta oscuridad.
Ahora, como ciudadano, veo la realidad. En mi caso, tengo mi casa y un recorrido hecho, pero pienso en los jóvenes que tienen que pagar un alquiler, que quieren formarse, y la situación es cada vez más dura. Esta situación me da mucha bronca. Hoy, si no tenes una pequeña espalda, te quedas fuera de juego. Da rabia esto. Hay artistas jóvenes que la están bancando y siguen adelante, pero esto no es novedad. A los cómicos de la legua les decían así porque los enterraban cuando se morían, a un par de leguas de donde la gente descansaba en paz. Entonces, nuestro trabajo siempre fue periférico, más allá de como decía Fidel Pintos, “a veces, comes pavo y otras, te comes las plumas”
– De alguna manera, es algo que pasó siempre.
– Nuestro laburo tiene esas características y ahora, encima toda esta situación que está pasando que, es nueva, que no te dan un mango. El gobierno de CABA se jacta de que Buenos Aires era la capital cultural de Iberoamérica, hasta hicieron una campaña con eso.
– El teatro de Buenos Aires, solo comparable con Nueva York y con Londres…
– Claro, pero después no te tiraban un centro. Los subsidios siempre fueron pocos, pero por lo menos te hacían creer que valían. Ahora, están totalmente recortados. Encima apareció un odio hacia los artistas que es bastante nuevo. Esto te enciende mucho. Si lo usas para tu trabajo artístico, es un gran valor. Que odien al artista porque es el que evidencia lo que ellos quieren esconder en las redes, a través de estupidizar, es lindo porque te da un lugar. El odio a los artistas, ¡mirá qué poder que tenemos! Entonces, hay que usarlo, con inteligencia, uniéndonos. El trabajo artístico y artesanal es, como decía el Tato Pavlovsky, “micropolíticas de la resistencia”. Parece que son chiquitas, pero valen un montón. Más con toda esta huevada de la inteligencia artificial que nos quiere hacer creer que llegar a Marte va a cambiar las cosas del mundo. Dejen de gastar guita en eso y lleven un plato de comida a quien lo necesita.
– Y si…
– Al teatro lo veo tan esencial ahora. Me está pasando eso, que está siendo tan difícil que la gente pueda pagar una entrada y, sin embargo, es tan fundamental ahora hacer teatro como nunca lo sentí.
– Termina siendo el arte una especie de trinchera de resistencia.
– Sí. Lo que siento ahora es esto que decís y te preguntas ¿cómo lo vehiculizas? ¿Dónde es la trinchera? Es al aire libre. En las calles. Norman Briski decía «hay que salir a las calles”. Él siempre lo hizo. La gente no puede pagar una entrada. Algunas si, pero mucha no. Decís, «Bueno, ¿dónde hay que armar esa trinchera?». Hoy estamos en otra época. Lo político del teatro está en unir a la gente. El que podamos mirarnos, ver más al ser humano y dialogar después. Poder apagar el celular y mirar un cuerpo de verdad, que no esté mediatizado incluso por una cámara. Entonces, eso es recontra político ahora, más allá de lo partidario.
– Sí.
– Necesitamos eso. Tengo esa certeza, por eso la comparación con la IA. Seguramente bien usada, van a salir cosas buenas, pero si necesita un reactor nuclear para que funcione, descartémosla. Como no va a ocurrir eso, pongamos a la par todo lo que posibilite el encuentro entre las personas.
Teatro puertas adentro
– ¿Qué sentís cuando suena un celular en la función?
– Ya no me molesta. Es más, esto de “apaguen los celulares antes de la función”, hay que hacerlo. Todos lo tenemos encendido y estamos enfermos ya con eso. Si suena, bueno, hay que esperar que lo apague la persona. No hay que enojarse. Puede pasar el olvidarse. Ya vamos a tener un chip en la cabeza y nos va a sonar solo a nosotros. Por eso, usémoslo lo mejor posible como herramienta. En la función, apaguémoslo para encontrarnos y si le suena alguno, bueno, ya está, si le apaga. Además, «La era del olvido» lo permite.
– Si. Esta obra sí.
– Te pone un poco en juego todo eso. Antes, si sonaba un celular, era una cosa tremenda, como un pecado.
– A través de los años, me da la impresión como que el público hace lo que quiere…
– Eso no me molesta porque el teatro elitista, para entendidos, siempre me pareció una idiotez. Si la gente que va al teatro no tiene la cultura…no te hablo de microteatro.
– Eso es otra cosa.
– No me gusta Microteatro. Todo bien que entres escabiado a una función y puedas ver una obra que está armada bajo ciertas condiciones para un lugar y la gente se divierta. Vi lindos espectáculos en microteatro también, eh. Lo que te quiero decir es que es otro fenómeno ese. Es algo más festivo, en el que te vas a tomar una birra, salís. En vez de ir a un cantobar, vas a Microteatro. Ponele. En ese sentido, si uno lo toma como lo que es, está todo bien. Pero no estamos hablando de eso, sino de que alguien vaya al teatro.
– Exacto.
– O sea, ¿cuál es mi objetivo hoy día? Que la gente pueda ir al teatro. Si no puede ir, el objetivo siguiente es que la gente vea teatro. Pero no a través de Teatrix sino en vivo. Entonces, todo lo que posibilite acercar el teatro a la gente, para mí es válido. Todo es todo, porque hay público para todo. Entonces, si Moria Casán está en el San Martín o en el Multiteatro y acerca a gente a ver teatro, bienvenido.
– El problema está en otro lado…
– Si…. es si se maneja la cultura por criterios de venta de entradas. Es el problema de financiar la cultura que ahora está muy exacerbado, pero eso viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires hace 15, 20 años. Se desfinancia, los sueldos son más bajos y se van recortando las cosas. Más allá de los criterios, hay que ver en qué invertís en Cultura. Si es en proyección a futuro, más allá del resultado o solo en vender entradas. ¿Con qué obra te la jugás? ¿Qué es “jugársela”? Son temas complejos que, la verdad, solo se resuelven en equipo, con pensamiento y muchas voces.

– Te hago las últimas. Si no era así actor, ¿qué hubiera sido de tu vida?
– Qué buena pregunta. El otro día, mi hijo me hizo un planteo similar cuando lo llevaba a la escuela y no supe qué responderle. (risas). Creo que me hubiese gustado algo con las plantas.
– Si te dan un formulario y te preguntan “Germán Rodríguez, profesión”, ponés…
– Actor. Además, doy clases de actuación. En este momento, en que hay que parar la olla ya que tengo una familia, hice trabajos de otra índole, por ejemplo, de pintura, pintar una casa. Un trabajo que disfruté mucho fue hacer un piso de madera. Tengo un vecino carpintero y en la pandemia, me ayudó y pude hacer todo el piso de mi casa. Aprendí un poquito de eso. Él es un capo y lo hice con él. Ese laburo con la madera me gustó. No sería carpintero, quizás, zapatero,
– Ahora sí la última. Si por la puerta de este bar de Floresta entra ser Germán Rodríguez de 18 años. ¿Qué le dirías?
– Eh, 18 años terminando el secundario. Mira, lo terminé en una escuela muy cerca de acá, nuestra Señora de la Candelaria. No le diría nada. Que se equivoque con lo que se equivocó y que acierte con lo que acertó. Lo miraría con ternura. Quizás lo invitaría a tomar un café. Si no se asusta, ¿viste? “¿Quién es este jovato?” pero si no se asusta, sí lo invitaría.
“La era del olvido”. Camarín de las Musas. Sábado, 20.45 y domingos, 19 h.
“Rodando”. Camarín de las Musas. Domingos de julio, 17.30 h.
Muy buena nota! No conocía al actor hasta hoy, que lo ví el «La era del olvido». Estupenda actuación, una corporalidad notable. Buen guión que se luce !! A seguir encontrándonos presencialmente, que tanto lo necesitamos. (En la función no sonó un solo celular, no hubo posibilidad de distraerse).