BAFICI 2026. Toma 3. Solo los chicos, tan solo los chicos.

Las historias que rodean a las infancias vulneradas y su posterior reinserción en un marco familiar, en el mejor de los casos, deben ser de las más difíciles de tratar. Más que nada, por la sensibilidad que atraviesa el tema. Darío Doria y un equipo de probada calidad lo logra con un documental para tomar conciencia de una situación invisibilizada.

“La espera”. El dolor de algunas infancias, en lucha contra el tiempo.

Las infancias vulneradas deben tener su propio lugar, con un marco adecuado y una familia que pueda cobijarlas. Niños y niñas tratan de reconstruir su vida, de a poco, con lo que pueden después de haber sido protagonistas de situaciones lamentables y dolorosas.

Para tal fin, Darío Doria creó un documental emotivo y revelador. Con un tratamiento respetuoso y sensible, plasma el relato de la vida de chicos y chicas que deben crecer sin familia. Muchos sin saber lo que es un papá o una mamá o con una información errónea al respecto.

La lente de Doria opta por no filmar niños y niñas, al tiempo que le daría protagonismo a sus palabras, enmarcadas con sus objetos y sus espacios. Estos pueden ser en geografías varias más no los relatos. La potencia de las narraciones es única. Es más, alguien cerrará los ojos, en pos de su lucha por impedir que una lágrima salga a la luz. Por ejemplo, el caso de tres hermanos que deben presentarse ante un juez de familia y les dice que deben “esperar un tiempito”. Uno de los hermanos, 7 años aproximadamente, le realiza una contrapregunta fulminante:

El patchwork diseñado en forma de film, se acentúan en la primera y tercera persona, mientras va y viene a través del tiempo, compone un rompecabezas de sensatez y sentimiento. Cada palabra impacta sin anestesia. Por eso, cuando llega a su fín, el aplauso es instantáneo.

Más allá de la recomendación propiamente dicha de “La espera”, dejamos para el final algunas palabras de Darío Doria y su equipo así como algunas preguntas y reflexiones que les hicieron.

Darío Doria: En la sala hay voces que se escucharon la peli. Son muy bienvenidos y bueno, acá estamos. Ahí se van animando. Silvia, operadora en un hogar, ahora mamá adoptiva por dos; Gustavo es psicólogo de niñez, Silvia psicóloga de niñez, la pianista y la que hizo la investigación y las entrevistas. Martín, diseñador gráfico. Majo, abogada, pero no suena abogada, suena más a trabajadora social, psicóloga. Andrea, que trabaja en Niñez, y la pequeña ya en la punta, meritoria de cámara, estudiante de imaginería.

-Me gustaría saber un poco más de los datos. ¿Cuántos hogares? Vi que va por varios lugares en el interior, también hay instituciones religiosas que hemos conocido un poco ahí.

Andrea: El problema que hay con el tema de adopción particularmente es que los datos son muy dinámicos. ¿Qué quiero decir con esto?, sin esquivar la respuesta. Hay hogares que están en todas las provincias, incluyendo la Ciudad de Buenos Aires, pero muchas veces la pregunta fue –y lo digo ya que trabajé en el Registro de Adopción- siempre la misma: “¿Cuántos chicos hay?”.  Es una curiosidad lógica y entendible. La situación es dinámica, porque los chicos entran y salen de los hogares. Entonces, no hay un número fijo. Lo que sí es cierto es que, lo que implica la adopción, es un proceso muy profundo de ambas partes. De los chicos, de los adolescentes…He escuchado y me pareció fantástico el dato, dijeron en una parte que un chico, un adolescente que ingresa una familia, piensa, “a los 18 me voy”. Es así. Y hay que decirles que no, que no se van a ningún lado. Esto es un detalle muy tierno, pero muy real, muy concreto y muy cotidiano. Los más ansiados son los de menos de 3 años. Es una realidad.

Cuando empecé a trabajar, la red de adopción eran cinco provincias en total y las demás estaban afuera. Así empecé. Hoy están todas. Se avanzó un montón. Hoy hay familias maravillosas que se animan a adoptar grupos de hermanos y a  adolescentes. Hoy la situación va cambiando, un poco porque hay un cambio de mentalidad y gracias al trabajo de ustedes, chicos, tanto Darío, Flor y gracias al trabajo de todos ustedes. Todo esto ayuda a repensar, a darse cuenta que hay otra realidad posible, que la adopción de grupos de niños es posible. Como decía un nene, “ponerle imposible y tacharle la I y la M”. Eso es posible y empieza a ser cada vez más concreto y más maravilloso, gracias a todos estos trabajos, a quienes trabajan en adopción día a día, a las instituciones y a las familias que le meten mucho cuerpo. Esto lo digo sin ser exagerada.

Gracias a todo eso, la cosa va cambiando. No al ritmo que quisiéramos pero va cambiando. Saco eso como positivo que, de a poco, las cosas van cambiando.

Mariana Encarnato: Estoy acá con el equipo de Doncel. Vinimos a hinchar por “La espera”. Un dato, hay un relevamiento nacional sobre dispositivos de cuidado en Argentina. Hay más de 700 hogares en toda la Argentina y 10 000 niños separados de su medio familiar. Pero hay 6 000 más, que se contabilizaron en el último relevamiento, que están con su familia extendida, tíos, abuelos los primos, hermanos y referentes afectivos. Ahí tenemos una lucha para darles a las familias todo el soporte que necesitan para cuidar. Algunas, mucho más por las condiciones socioeconómicas en las que están al recibir niños con una medida excepcional ya que fueron separadas de su mamá o de su papá. Necesitan el mismo o más apoyo todavía que las instituciones y los hogares en donde los niños viven. Personalmente me alegra y me pone muy feliz ver esta obra de arte cuando el arte atraviesa el dolor. Nos hace bien y nos da más oportunidades para conocer realidades que de otro modo no conoceríamos.

Tengo una pregunta cortita. La peli, me consta, pasó por muchos momentos hasta que llegamos a éste en que sabemos las historias que vamos a contar y tienen que ver con la espera.

Darío: Mariana fue la primera que confió en nosotros. Tenía una idea muy vaga de la película. Googlé y me encontré con ella, que no tenía ni idea de mí. Googleó, confió y me fue guiando desde el principio. Me dice que no, pero sí, “después vemos la forma”. En principio no era sobre la espera, pero vieron que la película a lo largo de la película la palabra la espera la fuimos encontrando todo el tiempo. “Los chicos esperan”. Sofía la cordobesa dice, «La nena chiquitita que nos miraba” y esa era la espera.

A lo largo de la película, surge la palabra “Espera”, en tanto los tiempos de los chicos. Todos hablan de la espera, los tiempos de los adultos, los tiempos de los niños.» Yo la dice eso, Todos van hablando de los tiempos y se fue naturalmente para ese lado. , para los eso. Los años que pierdan los chicos esperando que el estado, las familias, les resuelva una situación. Como sabemos, los tiempos de los chicos corren muy rápido. Cuatro años, para un nene de seis, es un montón;  tal vez para nosotros, los adultos, no es tanto.  Fue encontrarnos naturalmente con esa “espera” de los chicos. Mientras estamos acá, hay 10 000 chicos que están esperando que se resuelva algo. Lo que sea, una familia, un juez, algo. No sé qué hora es pero ya estarán acostándose o lavándose los dientes, mientras que esperan que algo pase. Eso les pasa por adentro.

Florencia Gattari: Sí, un poco estoy de acuerdo y a la vez, no sé tanto si fue naturalmente. Me parece que hubo una decisión ahí que tiene que ver con que quisimos todo el tiempo tener adelante a los pibes y a las pibas, sabiendo que no íbamos a entrevistarlos. Entonces, el recorte de las entrevistas y la búsqueda de mirar fue como ese ojo de aguja, como si estuviera arriba del hombro de uno de estos niños y pudiera ver lo que él ve. Ese fue el intento y lo que vimos desde ese lugar fue que hay que esperar un montón. Más de lo que sabes, de lo que tenés ganas y que es sumamente incómodo. Esto tiene que ver con el recorte y con el punto de vista que quisimos intentar.

– Felicitaciones. Tengo la curiosidad respecto a las decisiones de espacios y los relatos en off. También preguntar por la decisión de por qué no hay niños y por la decisión arriesgada y bella en como narraron la película.

Florencia: Puedo intentar una parte de una respuesta que tiene que ver con todo lo que pasaba. Era un material sumamente sensible y queríamos ver como poder transmitir algo de eso con el mayor respeto, sin exponer de más. Entonces, ¿hubiera sido posible entrevistar un pibe? Capaz que sí. ¿Necesario? No sé, ¿no? Era una situación delicada. Si podíamos escuchar desde este otro rodeo, nos venía bien. Hay algo ahí de una decisión de preservar y a la vez intentar mostrar lo más honestamente que se pueda. que no siempre es lo más literal.

Dario: Con respecto a las imágenes, los protagonistas de la peli son los niños, no los adultos. Como a ellos no queríamos ni podíamos filmarlos, no tenía sentido desde la película filmar a los adultos, porque no son los protagonistas. Si no mostrábamos a los niños, no mostramos a nadie, porque sería como poner a los adultos enfrente de los niños.

Nosotros queríamos que dentro de lo posible, se imaginen a los niños. Entonces, con las historias que fuimos grabando en audio, las armamos dónde transcurrió esto. Que ese niño cuando va a un juzgado, cómo es. Imagínense un niño de 7, 5 y 3 años yendo a un juzgado a sentarse adelante de un juez. Esa fue la búsqueda de las imágenes. Que situara a ustedes en los lugares donde esas historias pudieron haber transcurrido y que se imaginen lo que es para un niño estar ahí. Personalmente, nunca había entrado a un hogar y ahora ustedes lo pudieron ver. Lo loco es que vos filmás y están todos los niños acá dándote vueltas, gritando y pidiéndote ver por la cámara. Para nosotros, tenerlos tan cerca sin mirarlos que son niños, fue muy fuerte.

Lo mío, más que una pregunta es una reflexión  y contarles lo que me pasó de ver estos hogares vacíos. Esta ansiedad que nos provoca no ver a los niños. No estar viéndolos y ver los hogares como desolados, produce mucha depresión, tristeza, desolación y ansiedad. Lo mismo que sintieron nuestros hijos los años que estuvieron ahí. A ellos les faltó el marco de una familia. La seguridad, la estructura, los límites, el amor, el cariño. Todo eso les faltó los años que estuvieron ahí, con esta espera. Entonces, me parece que pudieron transmitirnos muy bien esa sensación, esa tristeza. Lo incierto, la nada, conviviendo con otros niños en la escuela. Está buenísimo que lo muestren aunque no debería pasarle a ningún chico.

Silvia: Trabajo en el equipo de niñez y soy psicóloga en Vicente López. Quería solamente felicitarlos. Estoy muy conmovida. Trabajo hace muchos años con infancias vulneradas. A propósito de la elección de no mostrar a los niños, creo que lo más que me conmovió fue que los escuche. En ocasiones, nosotros como adultos, necesitamos ver para creer y lo más difícil es escuchar. Siento que, a pesar de no haber visto ninguna carita de los niños que puedo ver en lo diario en mi tarea, estuvieron acá, todo el tiempo. Fuimos nosotros hoy los grandes escuchadores de estas infancias y esto es lo que les debemos.

Dario. Esta película, lo digo en nombre de todo el equipo, es una construcción colectiva. A nosotros nos tocó hacer la parte cinematográfica, pero cada uno de de los que están acá, más los que no estuvieron, nos fueron contando historias muy frágiles. Confiaron en nosotros al contárnoslas porque son complicadas. Entre todos los que estamos acá, más los que no estaban acá, pudimos construir esta película que hoy la presentamos por primera vez en el BAFICI. Ahora, ya empieza a ser su camino.

Ficha técnica.

Guión: Florencia Gattari. Dirección de fotografía y edición: Darío Doria. Sonido: Agustín Manavella. Producción y producción ejecutiva: Virginia Croatto. Compañía productora: Sudoeste Cine. Con Sofía Pizzi, María José Valletta, Marcelo Molina, Silvia Tedesco, Paola Muscente

Miércoles 22 de abril. Sede Cine Arte Cacodelphia Sala 1. A las 13.15 h.

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