Disco: «Whatever» de Aimee Mann

Allá por el año 1985, había una sección en el suplemento SI! de Clarín, llamada “La carta desde Nueva York”, que –supuestamente- la firmaba Charly Garcia. Allí, el bicolor contaba que estaba preparando con Pedro Aznar un disco –que sería Tango- y había visto un grupo que le pareció muy bueno. Se llama Til’ Tuesday y que tenía como líder a una bajista “muy new wave, como Sting pero con más onda”. Esta chica se llama Aimee Mann y en el 2009 se presentó en el teatro Gran Rex. De más está decir que llenó únicamente la parte de abajo del teatro pero fue un concierto excelente, de primerísima calidad, que tuvo a Hilda Lizarazu como artista «soporte».

Aquí, desde estas líneas, queremos recordar el primer disco solista de Aimee, llamado “Whatever” que, si bien no vendió mucho, tuvo muy buenas críticas. Editado en 1993, da cuenta de la búsqueda de Aimee por lo que sería, a la postre, su propio sonido. De ahí que esto se refleje en las dos partes que conforman el disco. Es esa salida del sonido de Til’ Tuesday para descubrirse como una artista con nombre y estilo propio. 

El álbum abre con “I’ve should have known” que tiene un clima muy similar al que después sonaría en “Who feels love” de Oasis. Fuertes guitarras y coros, con una melodía beatle lo cual hace que la empatía esté garantizada. Este clima se mantiene en “Fifty years after the fair” –en el que participa el ex líder de The Byrds, Roger Mc Guinn- y “Say anything”, la primera con una guitarra slide muy Harrison. 


Con “4th of july” y “Stupid thing” empieza a surgir la Aimee que, tiempo después, consolidaría su prestigio como solista. La primera es una canción acústica, con los teclados creando los climas acordes a la melancolía de la canción mientras que en la segunda los teclados son reemplazados por el golpe rítmico de la batería.
En “Could’ve been anyone” y “Put me on the top”, la influencia se emparenta con el sonido del invitado del disco, Roger Mc Guinn y las melodías que solía crear en su guitarra Rickenbacker, sobre todo, en la primera de las mencionadas. Hasta aquí sería la primera parte de un álbum bien diferenciado en sus dos lados.





















La segunda parte mencionada se inicia con “Jakob Marley’s chain”, una sencilla canción basada en la voz y la guitarra de Aimee junto con algunos arreglos complementarios. En esta misma línea, se escucha “Mr Harris”, quizás, el mejor tema del álbum ya que combina sencillez y buen gusto en los arreglos. Después de esto, sube el clima del disco con “I could hurt you now” pero manteniendo la cadencia que se había esbozado en los temas anteriores.
Este lado B de lo que sería el vinilo, marca la aparición del estilo que llevará a Aimee a ser considerada un ícono “indie” del rock norteamericano. De esta manera, suena “I know it’s a word”. 

En la recta final de los últimos dos temas, “I’ve had it” hace que la tónica sea similar pero no igual, una diferencia que pocos artistas pueden mantener sin repetirse. Un tema que empieza como una bossa y después decanta en un sonido propio. “Way back when” es la despedida del disco con un tema de aura festiva en sus arreglos. 
Aimee Mann debutó con un disco con dos caras diferenciadas en las que conviven la que fue y la que será con el paso del tiempo. “Whatever” es recomendable 100% para descubrir a una artista de culto.


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