Cuando los iguales no hacen la igualdad

Antes que alguien me diga algo por el título, quiero aclarar que no fue inspirado por una sobredosis de lectura de los oxímoron y frases de sobre de azucar del rabino Bergman, pensonaje al que podría dedicarle el brindis que siempre hago con un amigo: «Viva la Patria…¡que viva bien lejos!»

Por estos días se habla de una serie de enfrentamientos en el ámbito de la colonia artística por ciertas críticas realizadas por Federico Luppi a Mirtha Legrand y Susana Gimenez. Más allá que Luppi no es santo de mi devoción, me sorprenden algunos puntos esgrimidos por la octogenaria dama de los almuerzos. Independientemente que es un torpeza la de acusar que “el Gobierno le dice a los actores que la ataquen”, su conducta de “puedo decir lo que se me canta pero nadie me puede criticar” es lo que me llama la atención pero no me causa sorpresa. 

Este tipo de actitudes son muy comunes dentro de ciertos comportamientos dentro de los diversos grupos de individuos de nuestro país. Recuerdo cuando era más chico y solía juntarme con un grupo de amigos en los que estaba todo bien. Escuchábamos rock, nos gustaban las chicas, jugar al futbol y éramos hinchas de Boca. El problema surgió cuando fui creciendo. Dejé de escuchar solamente rock, me volví crítico del club de mis amores y las chicas que les gustaban a todos no eran mis favoritas. Me harté de la tan mentada “igualdad” en el ámbito del grupo porque estaba todo bien porque todos hacíamos lo mismo. Entonces ¿por qué cuando se busca otro camino, se levanta el dedo acusador? A estos amigos, solo veo a uno y a los otros dos, sinceramente, para aburrirme con otros y recordar siempre lo mismo, sin ningún tipo de evolución o modificación alguna –aunque sea por curiosidad-, prefiero quedarme en casa. 


Lo mismo puede pasar por ejemplo, en el seno de una familia de garcas donde uno señala “manejos y manipulaciones varias” y se enojan con aquél que muestra  la situación pero no con el cúmulo de guachadas cometidas a lo largo del tiempo. El malo es aquél que quiere cambiar (ergo, mejorar) la situación en vez mantenerse en el lodazal. Este ser tan “malo” es el que recibe las críticas de “siempre buscas pelea”, “siempre estás criticando”, “no podés criticar a la familia”. Palabras más, palabras menos, los mismos argumentos que dice Mirtha. Eso si, la Legrand, de autocrítica….cero! Igual que gran cantidad de personas que prefieren seguir adelante en vez de reparar daños causados o lo que es peor aún, vistos pero tratados con indiferencia…«porque a mi no me pasó»

Pregunto, ¿Por qué no se la puede criticar a Mirtha, a Susana, y demás personajes decadentes amparados en un divismo afín a una chusma de barrio? Porque cuando dice la “Chiqui” que “esto parece una dictadura” está poniendo en tela de juicio el derecho que se tiene a disentir y no estar de acuerdo con muchas cosas de la sociedad. 
Preguntémonos ¿en qué momento y por qué todos pensaban “lo mismo”? En la dictadura, ¿no? Entonces, el problema, parece, que va para otro lado.
Por otra parte, ahora se critica a Mirtha pero ¿acaso los actores no sabían a la mesa de quien se iban a sentar? ¿De repente les agarró el ataque de justicia para con “Doña Rosa”? O sea, ¿con tal de tener publicidad, soportaban la sarta de bobadas que decía la Señora? Hace no mucho tiempo, un amigo me dijo que iba a votar a Macri. Le pregunté por qué y me respondió “Porque no me gusta este Gobierno”. No me hubiese molestado una argumentación sólida y fundamentada –independientemente de estar de acuerdo o no con la misma- pero frente a semejante perogrullada, es notorio que no importa nada salvo salvaguardar “lo de uno”, sin ningún tipo de “confrontación”. Si hay que sentarse en la mesa de una mina que tuvo declaraciones ligadas a la discriminación sexual  y política o votar a Mussolini, sería nada más que un detalle. Todo esto se llama “egoísmo”, “comodidad”, “mirarse el ombligo” porque como dice el refrán, podremos creernos que somos el ombligo del mundo pero cuando la realidad te pega dos bifes, cuesta el triple levantarse….
Cuando todos son iguales, piensan igual, visten igual en una sociedad, una sombra de duda asoma en el horizonte. Si la sociedad busca esta “igualdad” que pone debajo de la alfombra los contrastes, es porque gruesos nubarrones se empiezan a encapotar el cielo, tapando el sol de la esperanza que alumbra el debate, el intercambio de ideas y también….de las diferencias.
¡Bienvenidos al Caleidoscopio!

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