
Pero con Hugo Chavez fue un diferente. No porque no sea carismático –que lo fue y lo es- sino que encarnó un modelo que fue coherente en sus principios, fines e ideas. Que uno comulgue o no con algunas de esas cuestiones, será harina de otro costal.
En mi caso, me pareció genial cuando interrumpió a ese inepto con corona, que se hace llamar Rey de España y responde al nombre de Juan Carlos I. También desenmascaró a todos los “bienpensantes” que se solidarizaron con el “Rey”, aduciendo una falta de respeto, cuando el monarca alzó la voz por encima del jefe de Gobierno español, Rodriguez Zapatero –que dialogaba, no imponía- con la soberbia de quienes merecen un trato diferenciado, sin darse cuenta que en el siglo XXI no hay lugar para pleitesías de esa calaña. No obstante, Chavez se abrazó con gente como Mahmoud Ahmadinejad (presidente de Irán), Muammar Gadhafi (presidente de Libia) o Bashar al Assad (presidente de Siria, hijo del casi inmortal Hafez Al Assad). Estos tres países no son un ejemplo de democracia ni de libertades cívicas por lo que surgía el interrogante ¿Con tal de estar en contra de EE.UU, hay que tener en el mismo bando a estos impresentables? Por este motivo, en varias entrevistas a políticos y filósofos de izquierda, preguntaba si se podía ser de izquierda sin ser chavista.

Su frase “ALCA, ALCA, al carajo!” patentó el coraje y la verborragia que caracterizaba al bolivariano. En ese momento hubo un quiebre importante e invisible, en mucha gente. Allí quedó demostrado el egoísmo de clase que muchos siguen sosteniendo al día de hoy. Son los que se “alegran” con la muerte de Chavez, asi como antes se alegraron con la muerte de Néstor Kirchner, pero son tan viles que son capaces de votar a Mussolini con tal de mantener su “quintita” en paz.
Después del 2001, y más aún con lo ocurrido con la nefasta década menemista, basada en ese neoliberalismo especialista en encandilar mediocres, con espejitos como el “1 a1” o “pizza con champagne”, cuando hubo que pegar un volantazo y dar de nuevo ante el desastre económico y político en el continente, todavía hay quienes sostienen (y sostenían) que debemos usar las “recetas del FMI”. Porque eso…es lo que “está bien”, “porque es lo que hay que hacer”, pero que si le preguntas el porqué de tamaña afirmación, no saben que decir. Incluso, se ofenden y empiezan a buscar algo que los “justifique”. Eso serán pavadas insostenibles como que “Chavez confronta y no es una persona de paz” (pero no le hacen la misma objeción al ex presidente Bush Jr o al premio Nobel de la Paz llamado Barack Obama), “Chavez es un dictador” (con catorce elecciones ganadas, nadie puede ser considerado un “dictador”. Que guste la presentación continua en las elecciones es una cosa –personalmente, no estoy a favor de las “re-re” de ningún tipo sino por una renovación constante para que no pase lo que va a ocurrir con Venezuela sin Chavez-, pero sostener lo insostenible, que no puede argumentarse seriamente con datos fehacientes, es terminar chocando contra una pared. Y como decía el gran Groucho, “Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente”.
Ahora, seguramente, habrá algunos cuantos idiotas que estarán felices y festejando. Me alegra saber que su alegría no es la mía (ni lo será nunca) pero también pregunto, de muy mala manera, por girar todo en torno a la muerte.
¿Te alegraste el día que murió Pinochet, Ramón Camps o Ronald Reagan?

Ahora empieza para el pueblo venezolano la dura tarea de continuar sin su líder. También será un momento de tener mucha atención si los que se dicen ser democráticos, lo son realmente, cuando el viento no los favorece. Porque hace unos cuantos años, los “democráticos” apoyaban golpes de Estado para….mantener la democracia a la que solo apoyan cuando los favorece.
Murió Chavez y su ejemplo cundirá en todos aquellos que queremos ver una Latinoamérica que sea orgullosamente latinoamericana y no con ansias de ser solo una estrella en una bandera. Eso si, y para que no quede ninguna duda, “¡Acá no se rinde nadie!”