Gastón Massenzio: “Hay posturas del viejo rock que están cayendo hermosamente, en desuso”

Acaba de editar su muy buen sexto disco que lleva de título su nombre completo. Una obra que visibiliza su madurez compositiva y musical. Gastón Massenzio da cuenta de su riqueza artística para un diálogo que va más allá del álbum para abordar el contexto en que fue concebido el disco, el panorama musical y social y lo que depara el futuro.

-Gastón, contame sobre tu sexto disco “Gastón Massenzio”…

– Este disco surge de la inspiración y las horas entregadas al piano y a la composición durante 2020 en el contexto de esta pandemia que aún continúa. Fue una entrega a la búsqueda de la verdad y belleza a través de la música, como si fuera un salvataje.
 
-La pandemia es un rasgo ineludible en estos momentos. ¿Crees que podría haber surgido el disco en una etapa de “normalidad”?
-Definitivamente, habría sido completamente diferente. La realidad te tiene que interpelar y ponerte contra la espada y la pared, para sacar de allí lo mejor. Para mí, fue el motor para no colapsar psíquicamente y hacer mi mejor disco. Y espero que sea, el motor para todo lo que venga el día de mañana
 
– El confinamiento por el covid “aceleró” la aparición del disco…
-Siento que no sólo aceleró sino que modificó y reubicó mi eje compositivo. Fue crucial este contexto para encontrarme conmigo en muchos aspectos.
 
-¿Siempre pensaste en titular al álbum con tu nombre?
-La idea se me reveló y develó cuando siento que a lo largo del disco estaba condensada mi historia, mis influencias y la sensación de un nuevo punto de partida. Cuando estábamos terminando el disco en el estudio Kimono, Claudio Lafalce, productor del disco, me propone esto mismo que a mí, ya me venía resonando. Ahí tuve la certeza de que tenía que llevar solo mi nombre.
 
– ¿Cómo es el proceso compositivo en relación con la letra y la música? ¿Fuiste con todo maqueteado al estudio?
– La letra y la música fueron madurando por carriles separados pero muy cerca. Al momento de las maquetas, la letra y la música estaban muy unidas. Las músicas fueron surgiendo sin la intención de que sean canciones ni mucho menos un disco pero, una parte inconsciente, me hacía volver una y otra vez a ciertas progresiones armónicas, armonías y melodías.  A su vez, escribía cosas que me lo sugería la propia canción, o viceversa. Es un proceso difícil de poner en palabras y uno es, en parte, un espectador medianamente involuntario de lo que sucede.
 
– Al respecto, ¿qué fue más complicado, la selección de los temas o los arreglos? 
-Los temas fueron exactamente todos los que compuse, y no sobró ninguno. Lo que iba perdiendo fuerza al momento de la composición no llegó a ser una canción. Los arreglos fueron un proceso muy lindo de hacer junto al productor Claudio Lafalce. Lejos de verle algún tipo de complejidad, fluyeron naturalmente, pensando y encontrándonos en el estudio en un trabajo y espacio muy íntimo. Hubo tranquilidad, buen humor, risas y momentos para salir a mirar el cielo y tomar unos mates
 
-¿Hubo alguna canción a la que le dieron alguna “vuelta de tuerca” respecto a como la tenías planeada?
– A lo largo del disco hubo ciertos finales que repensamos y arreglamos para que den al máximo su potencia (desde lo armónico principalmente) pero era muy grato para mí y para Claudio, no tener que buscar algo a resolver sino que el proceso fue presentando el camino a recorrer de manera muy clarificante
 
-¿Quedaron canciones afuera?
-No. Fueron esas nueve canciones las que nacieron como semilla y se transformaron en canciones. Las que dejé de tocar se fueron difuminando y me las olvidé
 
– ¿Cómo surgió la participación de Fernando Samalea y Lucy Patané ¡en batería!
-Lucy es una gran amiga y productora de varios de mis discos. Enorme música, eso seguro ya lo saben. Muchos la conocen como guitarrista o productora pero es, además, una gran baterista. Me puso muy feliz que haya aportado su música desde ese lugar para el disco. Con Sama (Fernando Samalea) fue muy anecdótico lo que sucedió porque yo estaba grabando los pianos de referencia de una de las canciones y él pasó de visita a ver el estudio Kimono. No sabía que estaba en Kimono y cuando me acerco al control estaban escuchando mis maquetas. En ese entonces, no tenía baterista para el disco. Me dijo que le encantaban las canciones y si quería que grabase en ellas. Toda una alegría y emoción.
 
– En general, en tu carrera, te desarrollabas más como guitarrista y ahora, te centras en el piano. ¿A qué se debe este cambio?
-Realmente me cuesta entender el motivo del cambio y sobre todo por qué siempre mostré más esa faceta. Siempre toqué los dos instrumentos. Incluso el piano es el instrumento con el que empecé a hacer música. Las búsquedas a lo largo de los años fueron muy diversas. Algunas experimentales, otras más conceptuales. Por ese entonces, me encontraba estudiando mucho guitarra. Al principio, el jazz, el blues, luego pasó lo del Guitar Craft. Quizás, antes estaba muy abocado a esas búsquedas que me sirvieron mucho de experiencia pero a su vez, tenía guardado y escondido, todo este otro mundo de mi música más esencial y fundamental que, afortunadamente, con este nuevo disco pude descubrir y darlo a conocer.
 
-Entre las referencias sonoras, haces mención a “Chaos and creation in the backjard” de Paul Mc Cartney. Este es un disco en el que Paul tiene de productor a Nigel Godrich que le revitaliza el sonido. ¿Te interesó el sonido de ese disco en particular de Paul como condición de producción a tu trabajo?
– Sí, nos interesó mucho tener referencias sonoras con Claudio. Una fue ese disco, otra fue Meaningless de Jon Brion. En lo que respecta al sonido de los instrumentos, planos, sonidos de las baterías… tratamos de tener claros ciertos preceptos que nos enmarquen, en la producción, con todo lo que sucede y se puede disparar desde allí.
 
– ¿Cómo fue la concepción del arte del disco y de fotografía con Nora Lezano?
– A Nora le encantó el disco. La idea fue la de crear un personaje, un tanto barroco, un tanto trash. Correrme del Gastón Cantautor y ser un personaje atravesado por la situación de destrucción y que a la vez busque ese lirismo y belleza al que hago referencia. El resultado fue maravilloso. Me entregué completamente a su propuesta.
 
Panorama musical
 
-¿Cómo es tu relación con el estudio de grabación? ¿Lo vivís con comodidad o es un momento de una presión diferente y extra al “vivo”?
-El estudio de grabación, creo, es mi momento favorito. Quizás está igualado con el vivo pero amo el estudio. Más allá de que lleve varios días de horas y horas de grabación, es algo hermoso y revelador para mí. Las primeras escuchas de las canciones mezclándose, el potencial que empieza a mostrar una canción…Con los años de grabar discos, además, esas horas de vuelo hacen que uno viva el proceso con un enorme disfrute y quizás con una entrega más grande cada vez.

 -Sos un músico por demás versátil tanto en la composición como en el sonido. Al respecto, ¿crees que, al día de hoy, interesa más la música que las letras?
– Si nos regimos por el mainstream o el consumo, es probable que solo importe la pose y la producción audiovisual o algo similar, pero sinceramente no conozco. Para quienes escuchamos música y discos, tienen que coexistir en un equilibrio. Las canciones me pegan por la música, el sonido y el carácter. De allí, llego a la letra. Cuando la letra dice verdades y está a la altura de la música sucede la magia. Yo pongo mucho trabajo en decir cosas importantes y de verdad en cada canción pero primero tiene que haber música muy buena donde decir eso que quiero decir. La música te tiene que pedir una letra, te la tiene que develar.
 
– Al respecto, ¿por qué no hay tanto “frontman” como lo había en otras épocas?
-Hay toda una escena que crece de frontwomans como Lucy Patané, Flopa Lestani, Paula Maffia, Valeria Cini, con mucho, muchísimo para decir. Que se plantan en un escenario y se prenden fuego o bien te parten el corazón, con nuevas banderas. Siento una enorme renovación desde ese lado. 
Por otra parte, me gusta mucho Mariano Fernandez Bussy de Me darás mil hijos. Siento que su música es sincera y emocionante.
Hay posturas del viejo rock que están cayendo hermosamente en desuso. Así como la historia se repite como farsa, hay que buscar que lo nuevo que se haga tome lo mejor del pasado y se revitalice con todo el enorme cambio de paradigma de hoy.
 
-¿Qué opinión tenes respecto el rol de las redes sociales y las diversas plataformas digitales en relación a la difusión y al acceso del público a la música?
-Hoy por hoy, es la única manera que existe. Hay que amigarse sin quedar atrapado a los clics, seguidores y repercusiones.  Buscar un equilibrio y saber que son las cartas que hay que jugar. A su vez, desde el INAMU y diversos sectores de la cultura se está buscando la manera de que el reparto dinero de derechos de autor e intérprete se repartan de manera más justa. Esperemos que eso se motorice pronto.
 
-En relación a esto, ¿cómo ves que ahora se vuelva a cortar temas –como los viejos simples- y no haya tanto disco entero para mostrar?
-Es raro. El simple puede servir como adelanto de la obra, del disco. En lo personal, no me intereso mucho en temas sueltos. Sigo escuchando los discos como obras. Hoy, todo se consume rápido y de manera fragmentada. Con eso nos quedamos con gusto a nada y pasamos otra cosa, a otra canción de otro artista y quizás nada nos sacie al final. Armamos un rompecabezas de piezas que no forman nada en particular. En el medio puede haber un capitulo suelto de alguna serie y dos publicidades de Pedidos Ya…
 
Pasado y presente
 
– ¿Cómo recordas tu paso por la Orchestra of Crafty Guitarists de Robert Fripp?
– Fue una etapa de mucho aprendizaje, sobre la motivación real y el sentido de hacer música. Seminarios de mucho aprendizaje y reflexión. Cosas que me marcaron para siempre como músico y persona.


-¿Sos de los músicos que desearían regrabar sus discos anteriores?
-No. Puede que no los escuche más pero lo que sucedió es lo que tenía que pasar para llegar hasta hoy. Nada nunca podría haber sido de otra manera. 


-¿Cómo fue hacer “música para teatro”?
-Una hermosa experiencia que espero se repita pronto. Es correrse del eje y ponerse al servicio de la obra de otro/a para potenciarla
 
-¿Lo ves al streaming quedándose de manera permanente o solo para esta ocasión extraordinaria?
-Creo que va a convivir, al menos, por un tiempo, con las presentaciones en vivo. Hay que ver si la gente tendrá muchas ganas de salir o no cuando esto pase.
 
-¿Cómo estás viviendo este momento de pandemia?
-Con angustia, altibajos, alegrías, culpa por sentirme bien cuando me siento bien, extrañando amigues y familia. Estoy feliz con mi compañera y nuestros hijos. Leo y toco el piano. Por momentos, siento desesperanza por la sociedad y la derecha que quiere hacer colapsar todo. En otros, con la esperanza de que el bien tiene que triunfar en algún momento. Cada tanto sucede.
 
-¿Qué expectativas tenes para un futuro “postpandemia”?
-Ensayar mucho con la banda y armar una presentación en un teatro hermoso con mucha gente asistiendo al concierto. Quiero salir a tocarlo por todos lados y hacer lo que todo el mundo quiere: verse con la gente que uno extraña.
 
-Si no eras músico, ¿qué hubiera sido de tu vida?
Me hubiera gustado ser maestro de escuela primaria, escritor o director de cine. O las tres pero con un día de 60 horas.
 
-Si por la puerta de tu casa entrase el Gastón adolescente, ¿qué le dirías? ¿Algún consejo o recomendación?
-«Tenete confianza , segui tu intuición y dalo todo. Que no te importe lo que digan los demás.  Ojo los excesos. Sé vos y divertite. Va a estar todo bien”.

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