Un clásico eterno
Intérprete: Carolina Calema. Autor: Fernando de Rojas. Dirección y adaptación: Darío Galo. Iluminación: David Amandi. Espacio, marionetas, títeres y vestuario: Elena Colmenar. Máscara: Renzo Sindoca. Composición: Renato di Prinzio. www.calema.es Duración: 70 minutos
Ítaca,Complejo Teatral. Humahuaca 4027. Martes 21 y 28 de julio; y 4 y 11 de agosto a las 20 hs. Sábado 18 y 25 de julio; y 1 y 8 de agosto a las 23 hs

La riqueza de los clásicos es lo que permite que se los trabaje de distintas maneras. Esto permite el desarrollo de la imaginación quienes lleven a cabo empresas arriesgadas en algunos casos. Tal es el caso de la reconocida Carolina Calema que, mediante la utilización de títeres y máscaras, desarrolla una atrapante versión de “La Celestina” aunque con un giro diferente.
En esta ocasión, la Celestina se convierte en una juglaresa que representa la historia de Calisto y Melibea ante los presentes, pero no se queda sólo en eso. Aquí, se ubica en un lugar de advertencia, que recomienda precaución sobre el amor, la pasión y los secretos de las personas que ocultan ambiciones de variada índole.
Desde el momento en que Calema ingresa, de a poco, al centro del escenario de Itaca, pareciera que el tiempo se detiene y el ojo se concentra en aquellas dos pequeñas figuras que la acompañan. La luz cierra el espacio y comprime los hechos en un radio del cual es imposible quitar la vista. Allí, cortesía de la manipulación de Calema, los títeres cobran vida para llevar a cabo la acción mientras la tercera en discordia, como narradora, añade contexto y reflexiones a lo que está ocurriendo. Es entrar y salir de un relato, rico de por sí, al que se añade una nueva visión.
La sobriedad con que se lleva adelante la puesta concebida por Darío Galo es exacta a lo requerido. No quita en absoluto el tono irónico y sarcástico que es marca de fábrica. La prosa excelsa de Fernando de Rojas recibe el tratamiento acorde. La misma que atraviesa el tiempo hasta llegar a nuestros días. La provocación ante lo establecido, como ruptura del statu quo juega su propio partido.
La fuerte presencia escénica de Calema no pasa desapercibida. En tanto “bululú”, se corporiza como esa actriz que lleva obras de ciudad a ciudad, haciéndose cargo de todos los personajes. A través de la precisa combinación del lenguaje juglaresco con la Commedia dell’Arte, el clown y el bufón, el texto potencia sus palabras, así como sus reflexiones sobre el amor y los vínculos de los seres humanos. Estos incluyen las contradicciones y pasiones propias que atraviesan a la condición humana. Por eso, no será extraño ver gente con los ojos cerrados, resignificando nuevamente lo que sale desde el escenario.
“Celestina bululú” cautiva desde el axioma “menos es más” en el cual realiza un desarrollo que explotará en cada uno de los espectadores. Lo que es indudable es el efecto que se logra. El haber sido testigo de una tragedia la cual permite un diálogo directo, con uno mismo, en tanto toca fibras internas e íntimas.
