Lila Monti: De profesión Payasa

Su unipersonal de clown “Povnia” fue elegido entre lo mejor del 2011 por varios medios –incluido ECDL- pero Lila Monti, su creadora, paró todo al quedar embarazada. Ahora vuelve con nuevos bríos y en una nota humana y sincera, cuenta lo que es ser clown, mamá –pariendo en su propia casa- y los cambios que ha pasado en esta nueva etapa de su vida.

Fotos: Juana Ghersa, salvo donde se especifica.
  

– ¿Cómo es esta vuelta de Povnia?
Crédito: Javier Flores.
– Es muy deseada. Quedé embarazada y sentí una especie de contradicción porque la niña era muy esperada y “Povnia” estaba saliendo como pan caliente, con gente que se quedaba afuera de la sala. Había empezado a pasar algo con la prensa muy fuerte. No se había hecho ninguna movida ni nada y de pronto, empezó a venir gente y salir notas. Entonces fue muy abrupto el dejar de actuar. Después, durante el embarazo, me conecté con todo eso y me olvidé de todo lo otro. Ni hablar cuando nació Juana, que viví en un mundo paralelo de cinco meses. No existí. No iba al super ni nada. Pero justo tenía el Festival de Teatro de Rafaela. Me habían invitado el año pasado y no había ido por el embarazo. Este año me volvieron a invitar. En un momento, me pregunté “¿Voy o no voy?”. Además tenía funciones contratadas en Europa, a fin de año, por lo que sabía que iba a volver pero digamos que dudé. Igual, hicimos el esfuerzo familiar de volver y fue alucinante. El ensayar, hacer las funciones…Me hizo muy bien a mi, más allá de mi carrera payasa sino a mi historia humana. Además, la payasa…está cambiada también…
– ¿Muy cambiada?
– Está más liviana. Sigue teniendo mucha fuerza pero está menos tensa, porque yo estoy menos tensa. Mi eje pasa por otro lugar. Estoy haciendo una función y un lugar de mi cabeza está conectado con Juana en otro lugar. Hay algo de las importancias y prioridades que está ordenada de otra forma. Ahora siento que la mirada del público no es un peso. La función es algo tan deseado….Se que es una obra larga. Me doy cuenta que hay sectores del público que van desconectándose en distintos lugares. Antes hacía fuerza para ganármelos a todos, todo el tiempo y ahora es como que “ya van a volver”. Creo que el público debe pensar “que pesada esta piba, cuando terminará” pero después se vuelven a enganchar. Esa cosa le dio un aire a la obra. Ahora lo siento como que todo es más fluido, más relajado.
– ¿Sería menos “épica” en su desarrollo?
– La obra sigue siendo la misma pero si…la siento menos esforzada. Termino menos transpirada. Tengo muchísimo menos estado físico pero también, quizás es eso. Si bien hago la misma cantidad de acciones, se ve que no las hago de la misma manera y me agoto mucho menos que antes. Creo que soy yo la única que está preocupada porque sea una obra larga. Yo tenía el berretín de que fuera de una hora porque me parece que las obras de más de una hora no se soportan y que se yo que otras cosas. Por ahí, siento que hay dos obras en una, con un cambio muy abrupto. Por otro lado, hay algo de esto que me gusta que es que Una, mi payasa, acepta lo que hay, sin negar lo que pasó. Se reconstituye desde la catástrofe más absoluta. No se suicida sino que sigue para adelante. No necesita deshacerse de lo que dejó atrás. Lo lleva un poco con ella. Por eso me pareció muy importante contar desde donde ella venía y todo lo que le había pasado asi como elegir quedarse aca, donde cayó. Por ahí, hay algo de este cuento –que suena muy simple contado de esta forma-, que hace que la obra se haga larga. Hay un momento en el medio de la obra en que le cambia la vida a ella radicalmente. Ella tenía un mundo y ahora viene otro, que es la aceptación de vivir en otro lugar. Ahí es donde se nos complicó el hacer de una obra corta. Igual ahora estoy en un 90% felíz aunque me queda ese 10% de berretín de la obra corta pero bueno, es eso que me pasó en Rafaela de que parece larga pero te va volviendo a gustar. Hay gente que me dice que podría haber terminado en tal parte y otra que me dice que se podría haber quedado mirando otras dos horas más. Es como te quedas en una fiesta. Hay un momento en el que vas al baño, otro que vas al balcón y bueno, si la estas pasando bien, te quedas.
– ¿Le hiciste algún retoque a la dramaturgia de la obra?
– No, todavía no y no se si se lo voy a hacer. Tuvimos muchas dudas a nivel dramatúrgico. Si hay algo difícil en la creación de un espectáculo de clown, es que el material es infinito y que, en general, uno va engarzando momentos y situaciones que le gusta y que son necesarios para el payaso. En “Cancionero rojo” era un poco más fácil porque había eslabones pequeños mientras que en “Povnia” siento que si sacamos algo, tenemos que sacar todo un pedazo. No es posible recortarle cinco minutos. Si sacás, sacas y se complica un poco.
-Además, en «Cancionero Rojo» eran dos…
– Y aca estoy sola. Eso es una diferencia importante. Tiene su pro y su contra. Hay momentos en que está buenísimo y otros, en que necesitas la “pata”, el momento antes de empezar, extraño un montón. El estar ahí con alguien bancándote. Igual el proceso de creación, en Povnia fue super plancentero. Improvisé, improvisé e improvisé sin saber a donde iba a ir, que es lo que íbamos a escribir ni lo que queríamos. No había una idea, solo un montón de imágenes. Un día, Cristina, una de las directoras, dijo “Una tiene que caer del cielo”. “Si, Cris…”, jajajaja. Guillermo y yo somos más de tierra pero ella tiró esa imagen, que terminó siendo la de Povnia y que le agradezco infinitamente esa locura. Después vino toda la cosa técnica de resolver. No hay que darse por vencido a los dos minutos porque técnicamente no se puede. Tiene que haber alguna manera.
– ¿Sentís que el clown tiene mayor legitimidad entre la gente y los medios?
– Si, entre la gente si; con los medios también aunque todavía no jugamos en las ligas mayores. Ni hablar de los festivales. Por eso rescato mucho lo de Rafaela que está buenísimo por su pluralidad. Hay todavía un dejo de que el clown es un género menor pero eso dentro del teatro. La gente ya se dio cuenta que el payaso es tan difícil como el teatro del otro. La gente va a ver los espectáculos sin el prurito con el que se maneja la intelectualidad teatral. Los espectáculos se llenan pero hay más legitimidad. Hay más gente haciendo clown. Esto también tiene el doble filo de que hay millones de varieté con números que no están terminados. Cuando algo se vuelve muy masivo, empezas a tener de todo en la producción, los talleres…
– Como ocurre con el stand up…
– …y con la impro. Los nuevos géneros tienen eso, de estar solos en la superficie pero después se vuelven más masivos y pasa esto. Para mi, lo que tiene de malo, no es que la gente haga esos números –está bueno curtirte y eso- pero eso se hace en reductos muy pequeños donde van tus amigos y se ríen.
-El problema es cuando salís de ahí…
– Claro! Porque pensas que está buenísimo lo que haces ya que todos te festejan los chistes pero no es tan fácil. También pasa cuando cae alguien a ese reducto, pensando que va a ver payasos y ve una varieté deshilachada, en la cual los amigos le festejan los chistes al que está actuando y se cree que es el mejor. Lo que a mi me gusta del humor teatral, callejero y de circo es que se diferencia del humor de la tele. Si voy a una varieté o a un espectáculo de calle, y es algo que puedo ver en Tinelli, me quedo en mi casa. Encima elijo no ver la tele y mucho menos, a Tinelli, con ese humor puesto en reírse del otro, faltándole el respeto a alguien. En el susto o la ridiculización de alguien y el payaso es todo lo contrario. Hay algo del no-éxito y del error que se rescata.
-Una reivindicación.
– Claro. Vos te enamoras del fallido, del accidente y de como sea la persona, porque te das cuenta que todos somos asi en un punto y el payaso elige rescatar eso. De esta manera, elijo no ver la tele y cuando voy a una varieté y me hacen el mismo chiste que Tinelli o Listorti, me deprimo. Sobre todo con una naríz puesta y mal hecho. También empezaron a aparecer cosas de mucha calidad en el último tiempo.
– Pareciera que está diseñado todo con “se hace el curso, la varieté y sigue su rumbo”.
– Si, y lo que parece más fácil es que el clown es su propio productor y vestuarista. La modalidad de “número” te permite cierta inmediatez de producción que hace que parezca fácil. No tenes que esperar a que te convoque ningún director. Cuando vos queres, producís tu número y solo tenes que encontrar en qué varieté mostrarlo. Si uno se lo toma en serio, es igual de difícil de hacer que una obra; si no te lo tomas en serio, sacas número a lo pavote. Cuando empezamos con Los Papota, hacíamos una cosa que era, improvisar los fines de semana -a veces hacíamos números- pero lo tomábamos como espacio de laboratorio. Nos partíamos el coco redactando el programa –era a las 12 de la noche, a la gorra, en Puerta Roja (como me dolió que hayan cerrado ese espacio!!)-. Redactábamos el programa que le contábamos al público de que se trataba y era una continuación de la formación en contacto con el público. Pero, cuando eso se transforma en la normalidad. “hay una varieté el finde, me tiro un numerito a ver que se me ocurre”, eso no va. Nosotros nos juntábamos tres veces por semana a ensayar para la porquería que hacíamos pero bueno…había mucho laburo. No digo que está mal la inmediatez pero ensayen, laburen, critíquense. Dense cuenta que no todos los chistes son lo mismo. Esta buenísimo hacer varieté a lo loco pero lleva mucho laburo.
-Igualmente, en algún momento tenés que parar para decir, como estoy yo, como está mi clown…
– Si. Eso y el formarse. Todo el tiempo. Para mi, la formación es fundamental. Hice cursos de iniciación como doscientas mil veces para volver a ponerme en jaque. No porque sienta que los maestros tengan la gran verdad para decirme sino porque siento que el entrenamiento es el lugar donde vos te pones en jaque y perdes tu certezas. Cuando sentís que tenes al payaso atado, éste se te rebela y se va a cualquier lado. El payaso es un tejido vivo. Si lo cristalizas y pones en un cuadernito “nunca haría eso, nunca haría esto”, el payaso se te muere y se vuelve una caricatura mala de lo que es. Para mi, el entrenar con un buen guía –más allá de que te juntes a entrenar con gente-, está bueno. El tener quien te diga “Esto que estas haciendo es una pavada” o que te apreté por algún lugar y te lleve a una nueva capa de su payaso. A mi me abrieron una puerta y está bueno poner a otro en su lugar. No dar por cerrada la búsqueda.
Intermedio: Quedamos en encontrarnos en tomar un café en un bar en Villa Santa Rita, pero estaba cerrado. Finalmente, recalamos en un bar en la esquina de Nazca y Magariños Cervantes. Lila muestra su temperamento cuando hay cosas que no le gustan y ríe con ganas cuando la situación lo amerita. El café con leche aguanta el frío mientras la charla se desarrolla y Lila cuenta como son los preparativos para esta vuelta de Povnia.
– ¿Te definis como actriz o como payasa?
– Me defino como payasa pero cuando también depende un poco del lugar. Si estoy con ánimo de explicar, me defino como payasa y me banco la pelusa. Escucho todas las preguntas, estereotipos y contesto pero si estoy en un momento que no tengo ganas….o escucho un “que lastima que no haces nada de teatro….”, digo que soy actriz. Esto forma parte de mi lucha interna. Los espectáculos de clown tienen que formar parte de los Festivales. Es teatro. Hecho de una manera diferente pero es teatro. Me gusta decir que soy payasa porque es fundamental en mi modo de actriz. Es como la idea de “actores o bailarines”. En “La idea fija”, son actores o bailarines? Que se yo. Porque actúan también aunque se sientan más bailarines
-Y nadie les dice “ustedes son bailarines”…
-….o no. No dejan de ser bailarines. Eso de las etiquetas me pone de malhumor. Tengo amigos que se lo toman más livianamente y se cagan de risa, yo no puedo. Me enojo bastante cuando me dicen que soy clown y no payasa porque estudié y que los payasos son los que están en el circo. Clown es una palabra inglesa, no me define. Soy payasa y a la vez me molesta cuando dicen que los payasos no hacen teatro. Decir todo esto, en la era de la globalización, donde todo es mas o menos lo mismo, no se si vale la pena andar explicando y dividiendo aguas. De verdad creo que el teatro se nutrió tanto de la multimedia, del cine, de la danza, que dejó de ser una cosa pura. Mi papá es Ricardo Monti. Más teatro puro que mi papá no hay y siento que entre su generación y mi generación, al teatro le pasaron mil cosas. Que venga un pibe de veintiocho o de cuarenta y diga “que lastima que no estes haciendo teatro”, “si, estoy con este espectáculo de clown” y vuelva con “un espectáculo de teatro!”; “si, estoy en un espectáculo de teatro, pelotudo!”, me pone de malhumor y al final, termino haciéndome la boluda.
– ¿No será el tema de la nariz el conflicto?
– La nariz, para mi, es un elemento pedagógico super fuerte. Es una mini máscara por lo que pedagógicamente es maravillosa. Es como una máscara que le permite a la persona revelar un montón de cosas que, sin esa máscara, no lo haría. Después, si usas la nariz o no, todo bien. Hubo veces, en las que tenía que trabajar en eventos, hacía números de payasa sin nariz y estaba todo bien. No la usaba porque te la pones para un evento y al toque, piensan que sos Piñon Fijo. Entonces, eso te juega en contra. Es como un código. Te bardean, cae el tio borracho de la novia y te saca la naríz, un embole. Para otros, si la he usado. No sos más payaso o menos payaso por usar o no nariz. Es una decisión estética.
– Contame un poquito sobre la gira que vas a hacer.
– Me voy de viaje con la tribu por primera vez. Hace un tiempo, empecé a viajar una o dos veces por año a Europa en un circuito que medio me armé yo con alumnos que vinieron acá a tomar clases y después se vuelven allá. Cuando voy para allá, me ayudan y voy a algunos festivales en Europa. En general, la mayoría de los argentinos van a España por el idioma pero en mi caso, me inclino a dar talleres de inglés o francés. Me abrí a un sector que es la Europa de Holanda, Bélgica, Alemania, Austria. Está buenísimo porque es otro registro. Me encuentro con payasos allá que tienen otra energía, otra calidad. Payasos del carajo, que no actúan porque allá es más difícil actuar y que vienen de escuelas más estructuradas por lo que se les rompe el coco cuando vas con la energía más latina de acá. Les encanta el laburo. En Viena hay un Festival llamado Clownin, y doy el taller de iniciación. Todo el mundo me pregunta “¿qué onda los austríacos?”, que son refríos y eso, pero me encuentro con otro tipo de austríaco digamos. Son gente con una disponibilidad muy grande para el trabajo. Tengo amigos en Europa ayudándome y que me pueden dar una mano para alojarme junto con mi novio y mi hija. La verdad es que disfruto tanto lo que hago y amo tanto mi trabajo que, cuando pasan cosas asi, no lo puedo creer. Ahí es cuando pienso que algo del Universo se acomodó para que esto ocurra.
– Estas muy metida con el tema de las parteras. Por qué?
– Cuando quedé embarazada, soy bastante de investigar y leer. Soy de elegir las cosas que hago. Pecaba de rata de librería, ahora de rata de internet. Empecé a leer mucho y asi me enteré de lo que es el parto humanizado, el parto respetado. Para mi, era un delirio tener un hijo en mi casa. Era muy de hippie loco y que era un riesgo que no quería asumir. No entendía porque, para que me respeten en mi parto, tenía que parir en mi casa. Iba a luchar porque me respetaran en la institución que eligiese pero me di cuenta que las instituciones tienen mucho poder, mucha fuerza. Acá, la institución médica es de lo más poderosa. Si vos te metes en una clínica, muchas de las cosas que vos querés, las cerraste. Que si no las cerrás, vas a tener que estar peleándolas en el momento en el que ocurre lo más maravilloso de tu vida, que es que nazca tu hijo, como es que el neonatólogo no se lleve a tu hijo. No tenía ganas de pelear para que no me pongan una via indovenosa al pedo, en la que no se que me van a mandar. Leí mucho las recomendaciones de la OMS, en relación al momento del parto y del posparto, la primera hora de vida, la piel del bebe y del momento en que se prende a la teta. Esa primera hora es super-importante. El vínculo que se genera entre la madre y el bebe en esa primera hora, es invaluable. Que no te corten el cordón muy tempranamente, porque lo que le pasa al bebe desde la placenta, es vitamina a pleno. Son cosas que le roban al bebe, aunque se lo lleven cinco minutos. Si hubiera parido en una clínica en la que se lo llevan cinco minutos pero te lo devuelven bañado y peinado al bebe. La gente se tiene que enterar que es al pedo todo eso que se hace. El pesarla, medirla, lo puede hacer los 45 minutos después de haber nacido el bebe. Todo que estoy hablando es si no surge ninguna complicación. No soy necia y no hubiera parido en mi casa si mi equipo y yo hubiésemos tenido una sola duda. Tenía un plan B que era ir a parir a la Trinidad de Palermo, si había cualquier cosa medio rara en el trabajo de parto. Si tu bebe con poco ritmo cardíaco, o está deprimido, lo tenés que llevar pero si está bien, si lloró, el neonatólogo lo puede revisar arriba tuyo, como está, con todo lo que nace. Eso es fundamental para el bebe y para la mama. Hay un intercambio de hormonas, de oxitocina, que de verdad te llega a la cabeza. Toda mujer que fue puérpera sabe que su cabeza se vio alteradísima por un carnaval de hormonas. Todo ese intercambio de piel con el bebe genera un vínculo super fuerte e importante. Los bebes que se prenden a la teta en esa primera hora, en general, no tienen problemas para probar teta y esto no es cualquier cosa. Esto no te lo informa ningún obstetra por más cálido y divino que sea. Tenía un obstetra que era muy copado y me dio el OK para el parto natural. Que como laburo con el cuerpo, puede ser mejor pero, de todas maneras, “pensemos que la cesárea y la episitomía fueron avances de la medicina”. Hay una gran cantidad de cesáreas de más que se hacen acá en relación con el resto del mundo. En Holanda, por ejemplo, te tienen que autorizar a parir en un sanatorio sino parís en tu casa. Si tenés una complicación, te mandan al sanatorio. Parir en tu casa es mucho más barato. La corporación médica de las prepagas son unos atorrantes. Se gasta un montón de guita al pedo hospitalizando. Me empecé a mover mucho con las chicas de Parteras Independientes porque me parece fundamental que se respete el derecho a parir. También habría que hacer algo para que las obras sociales y las prepagas consideren los partos domiciliarios en sus prestaciones. Ok, no nos vayamos a ese extremo. Déjennos parir donde se nos canta y con quien se nos canta. Es medieval que persigan a las parteras por la soberbia médica de que tienen un título menor. A la que tengo clavada acá, en la cabeza es a Edith, mi partera, diciendo “pujá” y dándome helado para que no se me fuera el azúcar. Si tuviera otro hijo, voy a parir en mi casa con ella, aunque vengan a mi casa y me declaren ilegal. Está todo bien si para vos es más seguro parir en un hospital. No me obligues a mi a parir en un hospital, sobre todo por un prejuicio que es el que es más seguro. Con Edith, hablamos mucho y me dijo “Que es lo peor que puede pasar? Que se muera el bebe o vos?”. Hay mucho fantasma alrededor del parto. De pronto, parece que es la cosa más insegura del mundo. Que todos se pueden morir y solo algunos sobreviven. En realidad, lo que puede pasar es que el bebe se atore con el cordón…..uno tiene la imagen de un bebe colgado del cordón y no es asi. Empieza a pasar poca sangre y hay un tiempo en el que vos te trasladen y te hagan la cesárea. No es que a los dos minutos se murió. Estas en una clínica y vos no parís en un quirófano sino en una sala de partos. Si hay una complicación, ahí te trasladan al quirófano, que hay que prepararlo y demanda un tiempo. Si hubiese tenido una complicación en mi casa, mi obstetra llama a la Trinidad y van preparando todo, que en veinte minutos llego. Si tenés un buen equipo y un buen plan B, parir en tu casa no es riesgoso. Al principio, decía que no quería asumir ni el 1% de riesgo y no lo asumí. No puse en riesgo mi vida ni la del bebe. Hay un riesgo intrínseco en el parto que también se da en la clínica. Lo que te puede pasar en tu casa también te puede pasar en una clínica.
-Los virus hospitalarios, por ejemplo…
– Si! Conozco la historia de una chica que, como no tenían cama, la dejaron en una guardia. ¿Sabes todo los bichos que hay en una guardia para un recién nacido? Que es más inseguro? Un obstetra que dice “las decisiones las tomo yo, no empieces con pavadas” ¿Por qué me tengo que bancar eso? Este obstetra que te decía, que era muy copado, el primer día que escuchó el corazón de Juana, ¡ni me avisó! Madre primeriza, me pone para escucharlo, escucho un ruidito y le pregunté si era el corazón de ella. Ahí me dice que si. ¡Chabón! ¡Es el corazón! ¿Cómo no me vas a avisar que escuchaste el latido de mi hija? Ahí dije, esto no quiero para mi. Si me hace esto, no duda dos segundos en hacerme una cesárea porque le queda cómodo el viernes y que se va al club el sábado y el domingo. El video de Cualca es genial! A otra amiga, también payasa, le dijeron “No dilataste nada. No me servís, nena!”. Eso en el momento más maravilloso de tu vida que es cuando estas más vulnerable. En una clínica, no me quiero pelear con nadie por estas cosas. Parí en mi casa y fue lo más hermoso del mundo el nacimiento de Juana. Vino la neonatologo. Me la sacó un segundo para pesarla y me la volvió a poner encima, asi como estaba. Después, se fue el equipo médico, y estábamos en nuestra casa, con nuestros olores, en nuestra cama, con nuestras cosas. Es muy importante que la gente deje de pensar que esto es de hippie loco y es algo riesgoso. No lo es.
-La última, si por este bar de Magariños Cervantes y Nazca, entrase la Lila Monti que recién hacia sus primeras armas de clown. Qué le dirías?
– Que disfrute de los procesos. Que baje un poquito el super YO y que todo lo que ella crea que es un punto al que llegó, es un punto de comienzo. A la mitad del camino, los logros son una partecita mínima de un proceso que va a terminar cuando tenga noventa años. En el medio se va a encontrar con gente maravillosa y no tan maravillosa y que se puede sacar algo positivo de todos. 
“Povnia”. Teatro Beckett. Guardia Vieja 3556, Sábados 20.30 Hs y Domingos 20 Hs. Desde el 12 de enero. Únicas funciones del 2013!!

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