
A lo largo de la historia, los regímenes totalitarios buscan algún tipo de legitimación y/o aceptación por parte de la sociedad a la que domina, con mano de hierro. Pueden ser a través de acontecimientos deportivos, obras faraónicas o, en algún caso, a menor escala, explicando el porqué de sus acciones. Inclusive, su ola expansiva dura más allá de la finalización del período político mencionado.
Por estos motivos, no resulta raro que, en 1985, un grupo de periodistas extranjeros asisten a la visita guiada de un museo antisubversivo, ubicado en el Regimiento de Patricios, en Palermo. Era el espacio en el que los militares exhibían objetos y recreaciones vinculadas con la represión ilegal.
Francisco D’Eufemia elaboró un documental tan revelador como perverso en relación a los siniestros deseos de la dictadura. La reconstrucción de la historia de estos museos ocultos abre un marco de análisis por demás rico e interesante. Para empezar, expone el discurso triunfalista de la dictadura en el marco de “la guerra” contra el terrorismo marxista. Dicho todo esto, desde la construcción de un discurso tan obvio y llano como efectivo. Además, da cuenta la persistencia del poder militar durante la democracia como una espada de Damocles sobre el gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín.
Igualmente, centrándonos meramente en los museos aludidos, queda de manifiesto que, los elementos exhibidos transcienden su propia veracidad con el fín de cimentar ideas que no serán sometidas a debate. El museo como excusa, a partir de su aura de “concentración del saber” que utilizaron los militares para impregnar el inconsciente colectivo. Allí será donde la creación de sentido aparece en su máxima expresión desde el uso del lenguaje. La conformación de bandos bien definidos, de “buenos” y “malos” con características fácilmente reconocibles. Llenar algunos significantes vacíos con particularidades tan zonzas como obvias mientras los militares genocidas exterminaban a los enemigos y saqueaban todo lo que podían, al tiempo que entregaban el país a intereses foráneos. Cualquier similitud con la actualidad, no es coincidencia.

El film da cuenta de un material de archivo por demás importante, que no ha sido visto, en su mayor parte, hasta la fecha. La red de museos que los militares que fundaron para conmemorar su victoria sobre la denominada “guerrilla” cuenta con elementos obtenidos a partir de esta lucha. El tema es cuando se ven maniquíes que no llegan ni a la uña de los vistos en el Madame Tussauds pero se los llena de palabras grandilocuentes y heroísmo impregnados de cobardía.
Belén Blanco, a partir de su enorme talento como actriz, es quien pone su voz a disposición del relato de una historia a la que dota de precisión y sensibilidad quirúrgica. De hecho, transmite esa densidad propia de un hecho lleno de intencionalidad política como bizarro en su forma de llevarla a cabo.
“Museo de la subversión” se ubica por fuera de los documentales que reflejan los desastres de la Dictadura. Es la búsqueda de legitimidad en torno a una institución/espacio que asegura un saber. La lucha por el lenguaje y su construcción lingüística mantiene su vigencia al día de hoy, reivindicaciones nefastas de liberotarismo reinante en esta Argentina 2026.
A continuación, la palabra de Francisco D’Eufemia que se refirió a aspectos muy puntuales de la película.
– Francisco, primero que nada, felicitaciones por la película. Hay cierto debate lingüístico por la utilización de términos en su título.
– Mirá, la película usa el discurso de la dictadura para contar la historia de estos desconocidos museos. Se usa su vocabulario. Si bien no intenta ponerse en su lugar ni nada parecido, la película trata sobre una construcción discursiva. Esto es delicado porque usas una terminología que ya no se utiliza o en un sector determinado. Tal es el caso del término “subversión” que no se utiliza. Te diría que la película se cruza de campo, si se quiere, para reponer las palabras del régimen militar. En ese sentido, hay veces que, lo que el museo dice, lo termina diciendo la película y también se cambian los roles, de alguna manera.
– A partir de ahí, hay una resignificación interesantísima del laburo, semióticamente hablando, que hace muy poderosa a la creación de sentido de la peli.
– Sabíamos que estaba esa complejidad. Incluso el riesgo de que sea malinterpretado el título o algunas partes. La cuestión es que, ese discurso estaba muy expuesto, de una manera muy palpable en el material. Una forma tan concreta y tan cruda como nunca me había enfrentado
– ¿A ese discurso?
– Si, tanto como cineasta o consumidor de cuestiones históricas. Es, verlo acá, de golpe, tan desenfrenado en su decir y en su mostrar que decidimos adoptarlo y usarlo en la película.

– Veía los maniquíes que había en los museos, un tanto bizarros. ¿Cómo se construía cierto sentido de verdad desde allí?
– Ahí, el sentido de verdad, en lo que sería la puesta en escena, lo llevan los elementos que visten a los muñecos. En ciertos momentos, parecen hechos para la muestra pero los documentos nos dicen que también había muchos elementos que habían pertenecido a personas secuestradas y/o desaparecidas. Entonces, habría una suerte de equilibrio entre lo que te saca de contexto el muñeco y lo que te mete ese elemento. Si te cuelgo una percha y digo «Esta era la ropa de tal persona”, estamos hablando que, en la mayoría de los casos, son desaparecidos. La ausencia de la persona se vuelve muy grande ante la presencia de sus pertenencias.
– Te preguntaba al respecto porque, después aparecen las pelucas y demás, ver eso y dar la entidad de verdad, es muy bizarro.
– Si, te entiendo. El primer acercamiento es sobre lo llamativo que resultan pero cuando empezás a rascar un poquito al muñeco y se le cae el maquillaje, aparece lo que venimos charlando. Es ver y percatarse que hay elementos que pertenecían a personas de carne hueso, que tenían familia, que fueron desaparecidas, robadas y saqueadas. El primer acercamiento va más por lo bizarro y que, rápidamente, adquiere una densidad importante. Al respecto, es una película densa desde lo que cuenta. Pasaba algo muy interesante que es ver el material crudo y solo. De por sí, era muy denso por los largos silencios y la fragmentación de las palabras.
– Mira vos….
– Se hacía muy pesado de ver. Esa fue la sensación que, al armar la película, tratamos de reconstruir. Además, sabíamos que el 98% de las personas que vean la película –sino el 100 %- nunca lo vieron. Nos parecía importante reconstruir ese primer acercamiento que habíamos tenido.
– Hay dos nombres que, por lo menos para mí, resaltan del resto: Santucho y Walsh.
– Aparecen muchos nombres y caras relevantes, básicamente porque están todas las cúpulas de las organizaciones guerrilleras de la época. Me pasaba algo muy particular con las fotos que están en un marco de bronce y se veía la marca de los dedos. No se si es una manera de despreciar, un saludo o qué. Había una relación particular de quienes armaban en los museos con esos retratos. En gran medida, era dar mayor entidad. Si Montoneros tenía una oficina, no creo que hubieran puesto fotos de los militares con bronce y madera. Acá, la manera de representarlos es mucho más elegante. Había una clase de magnetismo.
– Son figuras muy fuertes.
– Si, sin dudas, pero para el discurso del museo son figuras derrotadas. De alguna manera, son los trofeos.
– En los agradecimientos lo nombras a Jonathan Perel y a Eduardo Jozami.
– Sí. Eduardo Jozami, a través de Laura Matarolo, nos facilitó algunas informaciones verbales que nos condujeron a nuevos archivos. En el caso de Joni, es un amigo y hemos trabajado juntos muchas veces. Hizo varios documentales sobre el tema y vio la película en una etapa naciente. Es un amigo muy querido.

– ¿Cómo llega Belén Blanco a ser la narradora del documental?
– Trabajamos en una película que había hecho que se llama “Al acecho”. Fue allí que establecimos una linda relación laboral. En algún momento, le conté del material, se interesó y después se me ocurrió que su presencia podía enriquecer la película. Su voz es muy magnética y se contraponía con la de los especialistas que hablan con un tono académico.
– La última. La película habla de “el bien contra el mal”, “las fuerzas del cielo” y demás. ¿Cómo pensas que puede dialogar con la coyuntura actual en tanto construcción del discurso de más? ¿Cómo crees que va a caer en algunos círculos esto?
– ¿En qué círculos?
– El libertario, por ejemplo, que no se destaca por ser muy brillante pero sí, muy literal en su comprensión.
– Puede haber una gimnasia del recorte y del tuiteo muy fragmentaria. Pura y exclusivamente sobre lo que es el archivo. No creo que ese círculo quiera debatir con la película o verla inclusive. Lo pensé mucho y fue algo que evaluamos bastante como una responsabilidad, digamos, por dar a conocer el material. Igualmente, tiene que empezar a circular y ahí veremos qué es lo que sucede.
– Es una película muy exigente, en el buen sentido de la palabra.
– Bueno, ¿por qué lo decís?
– Porque exige hacer una gambeta corta para darte cuenta para dónde estás yendo sino te vas a comer todas las curvas lingüísticas con las que no juega, pero utiliza la peli.
– Si, entiendo. Si la consumís “de punta a punta” prestando atención, te lleva por ese recorrido para que no te estroles contra algo que tal vez no querés.
– Me parece un ejercicio excelente porque, hoy por hoy, no hay tanto desarrollo intelectual, ni de reflexión
– Ese era el deseo de la película. Su voluntad. Dar a luz un material así que se puede leer de muchas maneras, tenía que estar curado. Por eso, al principio de la película, dice la película como UN museo. Como es hacer esa curaduria del material. Esto me parecía importantísimo.
Ficha técnica.
Título original: Museo de la subversión. Dirección: Francisco D´Eufemia (CdC). Con testimonios de Pablo Llonto, Mariana Sirimarco, Rafael Calviño, Alejo Ponce de León, Yanina Toledo y Julia Risler. Narración: Belén Blanco. Producción: Ramón Irreal.
Producción Ejecutiva: Nadia Martínez. Productor Asociado: Francisco Villa. Jefatura de Producción: Samanta Bianucci. Archivo: Laura Mattarollo. Guión: Fernando Krapp, Francisco D´Eufemia y Julia Straface. Dirección de Fotografía: Joaquín Neira (ADF) y Pablo Bernst. Foquista: Lucía Somoza. Color: Alejandro Armaleo. Director de Postproducción: Anibal Kelvo. Coordinador de Postproducción: Nicolás Rodríguez Fuchs (CdC). Montaje: Julia Straface (SAE) y Francisco D´Eufemia. Dirección de Sonido: Natalia Toussaint. Música Original: Jackson Souvenirs. Mezcla de Sonido: Jorge Gutiérrez Jiménez. Sonido Directo: Marilina Giménez. Diseño Gráfico: Nicolás Rodríguez Fuchs (CdC) . Afiche: Cecilia Jacob. Prensa: Julieta Bilik
Funciones
Jueves 5 al sábado 7 y martes 17 de noviembre, a las 21 h; domingo 8 y jueves 12 de noviembre, a las 18 h y viernes 13 de noviembre, a las 15 h.
Sala Lugones, Av. Corrientes 1530, piso 10, CABA. Venta de entradas: Aqui.
