Manuel Santos Iñurrieta: «La imaginación es lo único que nos ilumina».

Tiene dos obras de su autoría en cartel, tal como el estreno de “Construcción poética de un recuerdo. A Silvia Filler” y el retorno de “Buenos Aires épica”. Con su personal forma de abordar el teatro en el que cruza política y humor, Manuel Santos Iñurrieta se consolidó como un referente de la escena independiente. Café de por medio, se presta a un rico diálogo sobre teatro, públicos, coyuntura y recuerdos que incluyen a El Bachin Teatro.

Fotos: Cecilia Inés Villarreal
 

-Manuel, ¿cómo llega “Construcción poética de un recuerdo” al CCC? Te pregunto porque habías hecho algunas funciones en Mar del Plata.
-El 6 de diciembre de 2021 se cumplían cincuenta años del asesinato de Silvia Filler. Decidimos estrenarla en esa fecha y formamos parte de los homenajes a Silvia en el Patio de la Memoria de la Universidad de Mar del Plata. Hicimos una función muy movilizante, acompañados por la familia y los organismos de Derechos Humanos. Esa misma noche, al horario del asesinato de Silvia, hicimos función en la sala Cuatro Elementos, con toda la comunidad marplatense. Estuvo presente el hijo de Gregorio Nachmann, detenido y desaparecido, gran director teatral. Arranca todo ahí. Después, hicimos temporada en Mar del Plata con la obra.
 
– ¿En qué momento llega de tu carrera?
– Es una obra que siempre quise hacer. Mar del Plata es una ciudad muy particular. El conservadurismo que tiene es muy fuerte al igual que la derecha. La historia de Silvia siempre estuvo muy tapada. Recién la conoces cuando entras al secundario o en la universidad. Fue divisoria de aguas tanto para la ciudad como para el país. Recuerdo que enganché a Silvia cuando leí “El libro de Manuel” de Julio Cortázar, donde está el facsímil de su muerte. Me llamó mucho la atención. Después fue a través de las pinturas de Alberto Bruzzone, gran pintor argentino que participó del reclamo de justicia por su asesinato.
Otro elemento es que el lugar físico donde mataron a Silvia fue el aula magna del rectorado de la Facultad de Arquitectura que, en los 90, funcionó el Teatro de la Universidad de Mar del Plata que lo conducía Antonio Mónaco, el abuelo de Wos. Ir al teatro, a ese lugar siempre me generó un impacto especial. El pelear contra el fascismo, como siempre.
 
– ¿Cómo fue la concepción del texto?
– Estaba cruzado todo con la crónica policial, pero queríamos pensar a Silvia con sus 18 años y su vigor y deseo de vivir en el que entra el amor, la fantasía y el humor. Desde ahí, empezamos a discutir las estéticas y las músicas de la época. Quisimos pensar su vida no desde el bronce sino como una piba joven que realizó un acto de amor maravilloso que es participar de un acto colectivo.
Después tuvimos el diálogo con la familia Filler. Tenía un boceto de la obra y se lo mandé a Lila, la hermana de Silvia. Empezamos a cotejar diferentes cosas tanto de lo que era su mirada como la mía en relación con Mar del Plata. Prestamos atención a distintas cosas que parecen insignificantes pero que se relacionan con los olores, las referencias y los colores. Esa charla forma parte del proceso final de construcción de obra.
 
– ¿Cuánto tiempo te llevó hacer la obra?
– Hace varios años que tenía el deseo de encarar el asesinato de Silvia. Es más, tenía algunas escenas escritas. No era trabajar sobre la efeméride, pero los 50 años revitalizó esta circunstancia al igual que la muerte de mi padre. La arquitectura siempre estuvo presente en la familia. en esas discusiones sobre esta materia que era trasladada al ámbito teatral. Era también pensar a Mar del Plata, simbólicamente, como botín, en que se puede ver la lucha de clases sin lugar a dudas.
Llegué al estreno de la obra sostenido todo con chinches y acá, en Buenos Aires, seguimos buscando su mejor versión. Es más, al día de hoy, respecto a la primera función, han salido escenas más vinculadas a lo plástico y al posmodernismo. Sigue durando casi lo mismo, pero le agregué una escena de improvisación con un diario y la interacción con el público.
 
-En “Construcción poética de un recuerdo”, compartís el escenario con Marina García, que forma parte de tu grupo Los Internacionales…
– Si, pero ya venía trabajando con nosotros desde El Bachín Teatro. Es una alumna histórica ya que empezó a tomar clases con nosotros a los 16 años. Se iba formando como actriz, al tiempo que realizaba asistencias varias. En la última etapa de “Fidel Fidel” hizo un reemplazo. Con Los Internacionales hizo “Buenos Aires Épica”.
 
– Vi la obra y noté la onda que se establece con el público…
-La gente se engancha y también se emociona mucho. Hay una sorpresa por la forma en que se encara un tema tan denso desde el humor. Lo pueden disfrutar, por más que lo que se cuente es tremendo. La concurrencia está muy disputada cada fin de semana. Tenemos una media de 40 espectadores lo cual está bien, aunque no deja de ser complicada.
 
El colectivo denominado “público”.
 
– ¿Qué te dice la gente cuando termina “Construcción poética de un recuerdo”?
– Se acerca conmovida y con ganas de hablar del caso de Silvia así como de lo político. Alguna gente no lo conocía en absoluto y otra, de rescatar un hecho que no es muy conocido. Me gusta pensar que es un caso, por fuera de Silvia, que se repite. Es una joven asesinada que participa de un acontecimiento social y solidario. Esto es algo que se repite a lo largo de los años. El gesto solidario, reprimido. Pienso en Fuentealba, por ejemplo. Me parece que está bueno poner estas cuestiones sobre el tapete. Igualmente te digo algo, si eligiera otro estilo teatral para desarrollar, más conservador, en términos de público y económico, nos iría mejor.
 
– ¿Por qué lo decís?
– Cierta propuesta estética que se enmarque dentro de lo conocido, tiene un público más numeroso.
 
-Ahí es donde hago una observación malévola. Retomando lo que decis, una parte del público de teatro se autopercibe progre, abierto, etc, pero no lo es tanto.
– No. Vos pensá que el público que viene a ver algunas obras, que tienen un planteo político claro -en tanto son antiimperialista (sea de izquierda o del campo nacional y popular)-, las aplaude y después vota a Mauricio Macri. Pareciera que está deslindado el camino artístico del político. En lo artístico, se banca ese tipo de planteos, pero cuando se habla de algo estrictamente político, salta por derecha. Es una ciudad que tiene esa peculiaridad.
 
-Si la memoria no me falla, hubo algunos artistas que dijeron algo similar….
-Tal cual. Es todo un desafío. “Ves esto y ¿por qué lo hacés?”. ¿Cómo se cambia? Participando en política. Simple. Hay que seguir insistiendo con la búsqueda de un lenguaje posible sin abandonar lo que sos.
 
-Hay un público que mira las obras con el ojo izquierdo y vota con la mano derecha…
-Se ve claramente y se puede reconocer a través de una construcción del gusto. Los grupos de poder hacen bien la tarea. Desarrollan y construyen una subjetividad ligada al arte. Provocan, proyectan y potencian una determinada mercancía cultural que es vendida con determinados parámetros que es la que se consume masivamente. Quisiéramos o no, la terminamos consumiendo. Hay una tendencia a inclinar nuestra opinión hacia eso que conocemos. No es porque la gente es mala….
 

-Je…
– Hay de todo. Después, las excepcionalidades, cuando aparecen, intentan ser captadas, subsumidas, empaquetadas y comercializadas por aquellos que construyen los circuitos del trafico de la obra de arte. ¡Los premios mismos! La gente que entra y que no, los que merecen y no entran. Son formas y mecanismos de funcionamiento de la sociedad. Lo reconozco. Igualmente, hubo expresiones artísticas muy potentes que, por suerte, han sido premiadas. Hay que tener mucha esperanza en la peripecia y en la transformación. Boludos no somos. Tenemos una cultura y una producción tremenda, así como unas cabezas fenomenales. La derecha hace su trabajo y pone sus obras en sus teatros. Se enmascaran propuestas que parecen transformadoras per sé, pero no. Repiten lógicas y actores que son técnicos del gesto. Le preguntas sobre qué te inspiró participar en esta obra y no saben que decir. Solo el salario…
 
– ¿Cómo era recibido “Eléctrico Carlos Marx” en el país?
– Lo llevamos por el país y también a Cuba…
 
– ¿Qué tal la recepción en Cuba?
– Fue fabuloso porque nos propusieron un debate posterior, encarado todo desde el humor. Como estábamos en el Festival Internacional, había públicos diversos por lo que aparecieron muchas discusiones. El como se engancha con el humor, la temática de la construcción de las subjetividades por medio de las redes sociales. Esto es una disputa central que están llevando a cabo los cubanos por todo lo que llega desde Miami. La desestabilización por medio de internet, a partir de la idea de «la libertad». Estuvo ese debate y fue muy rico. Después, nos invitaron a hacer una gira por las universidades pero no se pudo hacer por la pandemia.
En nuestro país, tuvimos buenas experiencias. Además, el que va a verla, sabe que va a ver. A menos que quiera ir a pudrirla, no se puede sorprender. Desde el mismo título de la obra, se produce un recorte.
 
Un clásico de cinco años
 
-Hablando de públicos, ¿Cómo es el de “Buenos Aires épica”? Pregunto porque sos un hombre escribiendo una obra feminista.
-Eso forma parte de la discusión de la obra. En un momento, las actrices lo plantean. “Que es un recorte imperfecto e inacabado”, “que solo es literatura”. Es una discusión en el terreno de lo filosófico que no se va a resolver en 60 minutos de espectáculo. Tendría que hacer una obra sobre ese tema, dentro de la discusión del feminismo. Fuimos a algunos lugares a hacer la obra en que pusieron el acento solo en eso. No en el capitalismo ni en el sistema patriarcal opresor. Ok. Está bien pero ¿reducir la discusión solo a eso?. Ese aspecto en particular salió en ocasiones. Me gusta que esto ocurra porque genera una polémica dentro de la obra. En Mar del Plata, una periodista militante del feminismo (que tiene bastantes debates al respecto) me preguntó sobre que se siente escribir una obra feminista siendo hombre. Medio que me increpó pero no puedo hacer nada. Es una obra de teatro únicamente.
 
– ¿Cuándo se estrenó?
– En el 2017.
 
-Estamos en el 2022. ¿Cómo fue el paso de esos cinco años?
-Tremendo. La estrenamos con Mauricio de presidente por lo que teníamos un montón de situaciones críticas para reflejar. Después, cambió el gobierno y hubo que actualizar algunas circunstancias. Conforme a como avanza este gobierno, hay que seguir actualizando y también sosteniendo. Tal es el caso de Milagro Sala que fue presa con Macri y sigue encarcelada por lo que seguimos reclamando al respecto. También hablábamos en esa época que la jubilación era baja, lo cual continuamos diciendo. Lo mismo con el tema de los femicidios que siguen, y en ascenso.
Cambiaron algunos personajes políticos que aparecieron en la época de su estreno, como Stolbizer, que ahora los actualizamos con Milei o Maratea. La política siempre da material al respecto.
 
– ¿Te cambió el público en “Buenos Aires épica”?
-Es una obra que nos da muchas satisfacciones. Igual pasa que quedan comentarios en Alternativa Teatral de los que vinieron 2017 en la que nos acusaron de “cerdos kirchneristas”. Uno dijo –no me lo olvido más- que no era de derecha pero que se asociaba a las “buenas costumbres y modales” y que se sentían “engañados por ver un panfleto K”. La obra tiene un momento muy emocionante con una galería de mujeres y un poema muy conmovedor que termina conciliando desde el sentir y la emoción. Siempre es linda de hacer más allá de la cuestión política que la atraviesa. Le pegamos a todo el mundo, hacemos un humor desmesurado…Te podes enojar un cachito pero después es todo parte de la misma comedia.
 
Pasado y presente
 
– ¿Cuantas obras ya tiene tu grupo los Internacionales?
– Cuatro. “Buenos Aires épica”, “Eléctrico Carlos Marx”, “Construcción poética de un recuerdo” y “Los Minimax y el cazador de talentos”.
 
– ¿Cómo te sentís?
– ¡Bien! El grupo sigue creciendo. Es una nueva forma de construir y pensar un repertorio. Estrenamos “Santa Juana de los Mataderos”de Bertolt Brecht, la quinta obra, en colaboración con Novodrama Teatro, otro grupo de teatro, de Bahía Blanca. En Mar del Plata se hizo una versión de “Buenos Aires épica” con elenco de alla pero siempre con el sello de nuestro grupo. Por suerte, anduvo muy bien. La gente salía muy agradecida.
 

– ¿Cómo recordas a “El Bachín teatro”?
– Muy bien. Fue una experiencia increíble. Lo siento presente, es parte de uno. Es “más de un paso yendo a marchar conmigo”. La construcción de la historia teatral de uno, con El Bachín, es muy poderosa.  Por más que uno mira desde la nostalgia y se te estruja el corazón cuando pensas de una eventual continuidad posible de la grupalidad, estuvo bueno haber potenciado los caminos y búsquedas de cada uno. Estuvo bien llegar a donde llegamos, de la manera en que llegamos, con la obra que terminamos que fue “Fidel Fidel”. Habla muy bien de la grupalidad que supimos construir.
 
– ¿Qué sentís como artista cuando escuchas el celular o el papel del caramelo?
– Da para construir escenas esto ya que hay ritmos y sonoridades. Hay caramelos que son interminables. Ahí el ruido de caramelo no te indica que necesita una pastilla, sino que hay cierta incomodidad. No sé si con el mundo, con la civilización o se pregunta “¿Qué estoy haciendo acá?” ¡Por eso se extiende el ruido del envoltorio! (risas).
Después está la llegada tarde al teatro que tiene a gente que se enoja porque no la dejan entrar al teatro. “Viniste quince minutos tarde”. No es que la función empieza cuando usted llega.
Es algo que debemos seguir trabajando el tema de la ubicación y el uso del mundo tecnológico ya que estamos todo el tiempo pendiente del celular y que puede pasar. Me ofende pero lo tomo para hacer chistes. “Es verdad, señor. El teatro no es importante, pero por favor apague el celular”.
 
Un Iñurrieta reflexivo
 
-A esta altura de tu carrera, ¿pensas que hay gente que “te sigue”?
– Ahá…es una buena pregunta. Dentro de un circuito, se va conociendo el trabajo. Igual siempre desconcierta el público. Acá, tenemos la posibilidad de ir al interior del país a hacer teatro. Nuestra ciudad es compleja. Sabemos que nuestro teatro tiene un recorte político e histórico, entrando en el terreno de la coyuntura, si bien sostenemos que todo teatro es político. Creo que tenemos un público y hay otra cantidad con la que nos trenzamos artísticamente. Al menos, una vez vienen así después podemos trenzarnos. (risas).
El camino elegido es ese y estamos en la búsqueda de un lenguaje. Sabemos que es un desafío y ese es el camino, de seguir probando cosas.
 
-Tenes un formulario en el que te pregunta tu profesión. ¿Qué pones?
– Actor. A partir de ahí, me pienso director y dramaturgo. Solo soy ambos desde el lugar del actor. Me gusta escribir, con impunidad y eso pero siempre las pienso de la forma en que se interpreta. Además, el título de la Escuela Municipal de Arte Dramático dice “actor”. Me habilita solo para ser actor. (risas)
 
-Si por la puerta de esta oficina entrase el Manuel que estaba estudiando actuación, ¿qué le dirías?
– Le diría que siga en el teatro con esa misma intensidad pero que no se olvide de salir, de tanto en tanto, a pasear. Que no se olvide de jugar a la rayuela, los acertijos, a la escondida porque la imaginación es lo único que nos ilumina.
 
“Construcción poética de lo real. A Silvia Filler”. Centro Cultural de la Cooperación. Sábados, 20 hs
“Buenos Aires épica”. Teatro El Crisol. Domingos, 20.30 hs.

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