Carrie Bradshaw, un invento del periodismo

Hace no mucho tiempo, en discusiones bizantinas con amigas sobre la cuestión del gusto masculino por las mujeres, tuve la osadía de decir que Sarah Jessica Parker o Carrie Bradshaw, a esta altura, indivisible una de la otra, eran un invento absoluto.
Conté que debo ser uno de los pocos tipos que ha visto “Sex and the city” y que, personaje que he detestado a través de los años, fue el de Carrie, encarnado por Sarah Jessica Parker. Esta mina tan sobrevalorada como David Beckham a nivel futbolístico, cuenta con el mejor agente de prensa del mundo. Le hizo creer a todos que es buena actriz y encima es bella y fashion icon!!!!!!!! Nunca soporté a Carrie porque representa todo lo que, personalmente, detesto de una mujer. Consumista al 100%, reprimida, histérica y sin personalidad. Todo lo hace “hasta ahí”. No coge como Samantha –aunque le gustaría-, no es independiente como Miranda –aunque le gustaría- y tampoco es la princesita que es Charlotte –aunque le gustaría-. O sea, toda una serie y cierto patrón femenino gira en torno de esta veleta!! Por Diosssssssss!!!!
El gran inconveniente es cuando tiene tanta preminencia sobre algunas chicas y se la ve en más de una revista posando como si fuera una tal Audrey o Marilyn. Alguna me dirá que hago hincapié en cierto patrón de belleza pero no es asi. Más de una vez he dicho que mi trio favorito de bellezas es Winona Ryder, Keira Knightley -foto izquierda, abajo- y Natalie Portman, lo cual ha sido motivo de mofa ya que, según los críticos a mi gusto, entre las tres no hacían 20 kgs y tenían menos carne que pata de canario. Igualmente, voy a lo que sería una cuestión simbólica del tema. SJP o Carrie representan algo que no va con los gustos o formas de uno.
Recuerdo haber visto capítulos de la serie con mi ex y nos turnábamos para putearla. Ella decía “nos hace quedar como histéricas” mientras que mi parecer se acercaba a la pregunta retórica de como una serie podía agrandar a semejante loro. Porque Carrie intenta, prueba pero no sale de su miedo a ser feliz. ¿Acaso recuerdan noviazgo con Aidan, el diseñador de muebles? Buen tipo, todo sale de maravillas pero la flaca se empeña en cornetearlo –después le pide perdón-, vuelve con él para darse cuenta que no es el estilo de vida que le interesa. ¡Fantástico! “Encontró su camino” pero no….sigue dando vueltas como un trompo. Finalmente lo vuelve a ver pero con un hijo y ella ni siquiera tiene la hidalguía de decir “lo perdí por pelotuda” o plantar bandera y sostener “de la que me salvé”, sino que, en su interior, parece que le molestase ver que otra mujer (y ese bebé –un tema con el cual tampoco termina de definir y/o aceptar) ocupa ese lugar que ella dejó vacío.  Tampoco tiene la buena onda de reconocer la cara de felicidad del muchacho.
Carrie es una que se la da de “rebelde” pero siempre está atada a alguna convención o axioma de “deber ser”, pero que rompe….. “hasta ahí”. Ahí también está puesto el tema de si quiere tener hijos o no y de nuevo “lo que quiere” y lo que “se debe ser”. Porque lo ve al hijito de Aidan con cara de “¿Qué hace este pequeño ser que cuelga del cuerpo de mi ex?”. Si no quiere tener hijos y fija su posición al respecto –lo cual estaría fantástico porque sienta una postura que tienen muchas mujeres que es absolutamente respetable-, perfecto pero….tampoco lo hace! Se va con un escritor ruso, con su mundo tan glamoroso a Paris y tampoco se siente a gusto. O sea, ¡basta del reproche/capricho constante! En futbol (¡qué básico que soy al apelar a una sentencia futbolera, no? Ja!), hay un axioma que habla de la sábana corta, “te tapas los pies, te queda afuera la cabeza” y viceversa para hablar de esquemas tácticos de ataque y defensa. En la vida, ocurre lo mismo, a veces, para ganar algo, tenés que resignar otra parte. Las parejas son contratos de a dos y no de acuerdo al humor/berrinche de uno de los miembros del par.
 
Otro momento “memorable” de Carrie es cuando se va a casar con Big y esta la deja de garpe en el altar, digo yo, ¿tan necesaria es esa pedorrada de casamiento en el que disfrutan todos menos los que se casan porque están pendientes que todo salga bien y más cuando uno de la pareja no lo quiere hacer? ¿Cuánto se hace por uno y cuanto se hace por los demás y el que dirán? No te cases, hacé la tuya y Big no se te escapa pero, como siempre –pareciera- hay que “lucirse” al tiempo que quiere algo que su contraparte no desea…y lo pierde.
Además, hay un momento en que el hecho de “tener” a Big pasa de ser un amor a un capricho. Esto me recuerda a una frase que me dijeron una vez, “las mujeres se enamoran de la barba del Che Guevara pero después se la quieren afeitar”. Vuelvo a la pregunta ¿¿¿Qué necesidad???
Además, a gusto personal, por mas glamour que (digan que) tenga Carrie Bradshaw, no se le acerca ni a los talones a Lisa Cuddy (Dr House) -foto derecha- o  Alicia Florrick (The Good Wife), personajes creados con mujeres inteligentes, laburantes y directas. Como dice otro refrán referido a quienes se visten de seda, prefiero una caída de ojos de una mina que viene con un jean, después de laburar y dice “tomamos un café?”, con los pies sobre la tierra antes que una que tiene un complejo de Carrie Bradshaw y apenas llega a fin de mes, porque reventó su tarjeta por comprarse unas botas o sandalias Ricky Sarkany. Pregunta, le sacás toda la plata en pilchas que tiene encima, ¿qué queda de bueno para disfrutar de Carrie Bradshaw?

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