Dos/Un elogio escénico del amor (Teatro)

El lado amoroso (y reflexivo) de Badiou

Dramaturgia y actuación: Diego Starosta. Diseño de vestuario: Sofía Di Nunzio. Espacio escénico: Sebastián Ricci y Diego Starosta. Realización de vestuario: Yuraima Borrero y Gisela Durán. Diseño gráfico: Mauro Oliver. Asistencia De Producción: Sofia Vilaro. Producción general: Compañía El Muererío Teatro. Supervisión dramatúrgica y dirección: Sebastián Ricci.

Teatro Payró. San Martín 766. Viernes 21 hs.

Él es uno que, en realidad, son dos. ¿No somos todos así? La dualidad que permite que siempre haya, al menos, dos posibilidades en tanto decisión a tomar frente a un hecho determinado. El amor no está exento al respecto.
Desde este lugar se ubica Diego Starosta para llevar adelante “Dos/Un elogio escénico del amor”, un unipersonal que continúa la trilogía escénica basada en textos de Alain Badiou, iniciada con “El Immitador de Demmostenes”.
Starosta indaga en los estudios del filósofo francés, en este caso, “Elogio del amor”, para dar cuenta de la poética de su palabra y llevar adelante una puesta tan reflexiva como poderosa. La filosofía hecha teatro desde el estudio sensible de sus ideas.
 
A partir de la construcción de los dos payasos que ocupan el centro de la escena, comienzan a desgranarse conceptos e ideas que tocaran las fibras mismas de la definición de la palabra “amor” –y sus implicancias- sin quitar el cuerpo a las preguntas propias al respecto. Dos que podrán ser tanto un ying y un yang de las personalidades de quien ama y la satisfacción de ese deseo, con todo lo que esto incluye. La incertidumbre en tanto el vínculo y la reciprocidad del mismo. Más aún, desde el momento que implica la interacción con un otro, depositario de tal sentimiento.
 
Si bien el texto gira en torno el amor, el otro componente del par complementario/opuesto es la incertidumbre. Es salir de la linealidad que forma parte de nuestra crianza. Pero ojo, será esa misma incertidumbre que plantea Badiou la que se refiera a “no dominar” al otro en tanto y en cuanto el amor no puede brindar ningún tipo de seguridad. Hete aquí que la idea de “amor seguro” y “para toda la vida” entra en un sismo que, por su obviedad y lógica, no quita que haya toda una sociedad queriendo tapar el sol con las manos.
 
La elección de dos payasos para llevar adelante la puesta es por demás precisa. Esa figura inquietante, de maquillaje tan elocuente como perturbador será otra de las “trampas” que sabiamente pone Starosta para que la aprehensión (término muy diferente a la comprensión -¿acaso debe comprenderse siempre el teatro más que vivirlo o sentirlo?-) sea exacta en la construcción de sentido. Por eso, desde un comienzo pausado y tenso, de repente el espectador se encuentra en un torbellino de muy bien dosificada inquietud, por lo visto y escuchado sobre tablas. De ahí que se establezca un diálogo integro y enriquecedor entre el texto, la actuación, la dirección y los elementos técnicos que conforman la puesta.

 
Siempre se le ha destacado a Starosta su búsqueda artística constante a partir de materiales que no son escritos para la escena. Un creador que pone la curiosidad y el riesgo en un primer plano con el estudio y la formación como pilares de su talento investigador. Ahora, vive, pregunta y confronta desde este binomio clownesco con la calidad interpretativa de siempre.
 
La luz se apaga y el teatro Payró aplaude. La atención era plena. No volaba una mosca. El teatro como experiencia única en tanto sensación y contenido. Por este motivo, la recomendación está hecha. Inclusive para verla más de una vez. Es del tipo de obras que siempre tiene algo más para descubrir.

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