Actriz y cantante de reconocido talento, estrenó su excelente unipersonal “(Ser) James” que visibiliza a una mujer que se transformó en hombre para cumplir su deseo de ser médico, en el siglo XIX.
Café de por medio, en un mediodía soleado, Belén Pasqualini se abre a un diálogo sincero e intenso en el que se aborda la concepción de una puesta intrigante en sus mínimos detalles hasta sus vidas como actriz y música, su visión sobre los unipersonales femeninos, los musicales y el ser “curiosa” en medio de una existencia atravesada por el arte.

– Belén, primera y obvia pregunta, ¿cómo surgió “(Ser) James»?
– Casualidad pura, como las mejores cosas de la vida. ¿Se imagina? No. Estaba leyendo un libro de mi abuelo médico, “Los médicos, los enfermos y la cultura médica” porque me dijeron “Leé tal cosa”. Me pongo a hurgar y digo “Che, qué bueno que es este libro”. Está lleno de anécdotas científicas médicas y, al pasar un capítulo que se llama “La feminización de la medicina”, digo “¿A ver?”. Y me lo leo. Eran cinco hojas y, así, enumerada al pasar, estaba esta historia en tres líneas y media.
– Tres líneas y media…
– Leí, frené, subí de nuevo tres renglones, releí, frené, subí de nuevo tres renglones, releí y dije “Esto es teatro puro”. Esto es la vida, ¿Viste “La vida es sueño”? No. La vida es teatro. Esto hay que hacerlo. Quería hacer un unipersonal nuevo después de “Christiane” que ya tiene siete años. Me preguntaba que podía hacer porque nada de lo que veía me interesaba. Siempre tengo ideas en la cabeza -y las sigo teniendo ahora- que son secretos conmigo que, cuando uno puja mucho por salir, lo tomas. El tema era que ninguno hacía fuerza suficiente como para parir y éste fue automático. Lo gesté y rompió bolsa. Ahí me puse a googlear, a encontrar algunas cosas.
– ¡Qué bueno!
– Pensé en lo genial que estaría contar la vida de este médico y también la vida paralela de esta mujer que podría haber sido si hubiera elegido eso. Eso cambió rotundamente ya que se fue el germen. Además, lo quería en hacer en un musical…electrónico. Ahí se me ocurrió que lo quería escribir con alguien más. Venía de trabajar con Juan Dasso en “Benito de la Boca” que escribió el libro y realizó la dirección de actores. Conocí a Demarais, su mujer, que es poeta y me encanta lo que escribe. Fue cuando les dije de trabajar los tres…
-Un proyecto a seis manos.
– Si, a seis manos. Ellos, el libro y yo la letra y música, pero de manera “cruzada”. Juan escribió a Margaret y Demarais, a él para que el hombre tuviera cierto sesgo femenino y viceversa. Así fue que ellos me propusieron contar momentos de las dos historias y yo insistía en que fueran hilvanados, uno y uno. Después, fue rotando el lapso de la línea de tiempo de cada personaje y quedó como un instante muy específico en la vida de ella como adolescente y en la previa a optar por esta gran decisión de vida. Un racimo de momentos que coronan la vida de este médico que ocupó cargos muy importantes dentro del ejército británico. Estuvo en la batalla de Waterloo y fue jefe de cirugía asi como autor de una de las primeras cesáreas con éxito de la historia.
– ¿Cuánto tardaron en escribir la obra?
– Estuvimos un año juntándonos semanal o quincenalmente, borrando escenas, reescribiendo, pensando los momentos. Después, entré a “Astor Piazzolla” en el Colón y eso me tomó por completo. Ahí sentí que no tenía energía para componer nada. Recién lo hice en febrero-marzo lo que hizo que se reescribiera el libro. Después fue un proceso de ensayo de tres meses.
– Es contrafactico pero, ¿le agradecemos a Piazzolla por lo que terminaron logrando?
– Si, me gusta la idea. Es todo contrafáctico. Si Juan y Damarais me hubieran dicho que no… En un momento, iba a dirigir otra persona, pero lo terminaron haciendo ellos. Además, me sumé a la dirección porque opinaba mucho en cuestiones de puesta lo cual hizo que la dirección sea de los tres. Todo es contrafáctico y, claramente esta obra es la mezcla de estos accidentes. Todo, sumado a que pudimos incorporar a Marlene Lievendagh y a Mica Sleigh en escenografía, o que Mery Pastore la coordinadora estética del proyecto me haya sugerido que entrara alguien de la alta costura y del mundo de la moda a diseñar el vestuario. Así fue que llegaron Jade Ferrari y Zoel Gastou. También estuvieron los videos de Tomás Serio y la participación de Carla Rímola en el diseño de movimiento. De todo esto, salió este bicho.
– ¡Un bicho enorme por todo lo que plantea!
– Estoy muy contenta. La verdad es que, pienso que, inconscientemente, los que hacemos obras, armamos jugueterías. O sea, me gusta que llegue el día de función y entrar en ese universo que tiene toda una serie de reglas…
– Muy particulares ellas…
– Sí, y cuanto más en serio te las tomas, es más divertido todo. Hay que ir conociendo ese juego que, como siempre, se termina de consolidar cuando aparece el público. Es un proyecto que teníamos muy “puertas adentro”. Estas once personas que terminamos conformando el equipo, no sabíamos cómo iba a ser cuando lo compartiéramos con el “afuera”. Éste nos dictó algunas cosas que escuchamos con conciencia y con criterio.

Poner la puesta
– El dispositivo escénico que diseñaron es excelente.
– ¡Si! Más si a eso le sumamos las luces de Mili Chaín que son excelentes. Está todo hilvanado con mucha artesanía y mucho respeto a que la historia vaya por delante, sin que se convierta en una mera Wikipedia biográfica. Queríamos pasarla por el cuerpo y que nos atraviese. Lo hicimos cuando la íbamos creando, por lo que encontramos qué parte nos terminó resonando. Desde ese lugar, se la acercamos al público.
Por otra parte, es una propuesta ambiciosa agarrar algo del siglo XIX de Europa, de Irlanda y traerlo acá. ¿Por qué no lo podríamos hacer? Lo primero que se me ocurre decir es, «Che, tantas obras que se compran los derechos de afuera, ¿por qué no una local que escriba algo de afuera? De última, es hasta menos hipócrita. Mirá lo que te digo.
– Es cierto.
– Eso por un lado. Por el otro, es una excusa para contar un montón de historias que tienen esta percha, este cimiento, como el sacrificio que hace alguien que, en este caso, pertenece a una minoría, como es una mujer del siglo XIX. Es un tema universal por lo que termina siendo anecdótico que haya nacido en un pueblo de Irlanda y haya estudiado en Edimburgo. Podría haber pasado acá y tenemos las historias. Quien no me crea, que agarre el disco “Mujeres Argentinas” y empezamos a hablar.
– Además, cuenta con la gran particularidad que es irlandesa y no es inglesa.
– Si, es irlandesa y las Malvinas son argentinas. Nadie se metió con eso, pero quizás, ya llegará. Igualmente, la historia tiene una humanidad que trasciende todo tipo de grieta. Es tan grande lo que hizo esta persona… El sacrificio de guardarse a ella misma, en un cofre para ejercer su vocación y aportar algo al mundo. Fue militante de la higiene, de las precursoras del famoso “prevenir en vez de curar”.
– Una grosa.
– Si. Una rupturista que decía “Muy linda la iglesia, pero acá hay que limpiar las cañerías antes que purgar el alma con la comunión”. Es la historia de una heroína que nos contagia las ganas de conectarnos con la parte aventurera, arriesgada de nosotros mismos. Nos pone entre la espada y la pared. Es más, siento que el público acude a escuchar una confesión al tiempo que, el relato acorrala al espectador y le pregunta “Sí, ¿y vos qué?, pero no desde un lado didáctico ni mucho menos. La obra tiene un dispositivo que incluye espejos porque habla de la identidad y del verse mimetizado en esa historia que se ve en escena. Te vuelve la pregunta. “Che, ¿y yo qué arriesgo? ¿Cómo me pega que alguien haya corrido estos riesgos que corrió?”.
– Es “el vivir cuesta vida” que dicen los Redondos.
– Exacto. Nunca mejor aplicado.
– ¿Cómo fue el proceso de componer el o los personajes, actoralmente hablando?
– Mira, a priori, lo que más me convocó cuando leí el texto fue “¡qué lindo actuar de chabón!”. Hipótesis derribada. Empezamos muy “arriba” permitiéndonos jugar y necesitando exacerbar la distancia entre los dos personajes. Íbamos a ir y volver en las escenas, pero tampoco teníamos el vestuario en tanto no queríamos la literalidad de “hombre-se-transforma-en-mujer”. Teníamos que ayudar al espectador de alguna manera. “Ok, juguemos al blanco y negro”. Era la típica hipótesis de cualquier primer ensayo donde te paras en el espacio a ver qué onda.
Con el correr del tiempo, fuimos entendiendo que se podía suavizar mucho ese gesto. Empezamos a trabajar en una zona de actuación más sutil, casi cinematográfica. Los chicos me compartían muchas referencias actorales de cine. Inclusive para escenas donde hay más de un personaje, sin caer en la monigoteada de cinco personas. Todo esto, sin subestimar al espectador, pero confiando en su capacidad para hilar cuando se produce el cambio de personaje. En un momento íbamos a usar un micrófono con el que hiciera las distintas voces.
– ¿Cómo si fuera un radioteatro?
– Algo así. Iba a tener hasta el pie, pero después lo sacamos. Muchas cosas volaron porque nos jugamos por aquellas que quedaron adentro de la obra. El mayor riesgo fue lo que decidimos sacar, confiando en lo que era esencial.
Por otra parte, dijimos “No son dos personajes”. James es siempre Margaret. Por eso, la obra se llama “Ser James” y va más allá del título. Está bueno que en el nombre no aparezca Margaret porque hay un sujeto tácito que es ella. Incluso Margaret quiere ser James.

Música para las masas
– ¿Cómo fue la grabación de las canciones y el dispositivo sonoro? Me senté arriba en el medio de la platea, cerré los ojos y quise escuchar todo.
– El teatro es esencialmente escuchar. Yo siento eso.
– Tu voz doblada en los coros, las capas sonoras. Hasta Phil Spector y su idea de “pared de sonido” se me cruzó al respecto.
– Hay referencias a discos conceptuales de obras que van desde la banda sonora de la película “Annette” hasta “Tommy”, de The Who, pasando por Dior, Rosalía, Leonard Cohen, Quimbra, Lana del Rey, Radiohead, Spinetta. Traté de no tener prejuicios desde el mismo modo que la obra intenta ser dentro de lo posible, desprejuiciada.
Después hay algo que está buenísimo que es que, cuando componés con vos misma, si sos una nazi explotadora, nadie te jode. Así fue que pasé muchas horas en la computadora, con el Ableton maquetando y después grabando encima los sintetizadores. Los coros los metí como una loca desinhibida durante dos noches a altas horas porque vivo en un departamento muy ruidoso sobre la calle Thames. No quería ir a grabar a ningún lugar. Deseaba experimentar con la cantidad de tomas a grabar. ¡Que nadie me rompa las pelotas! Lo que sí hice fue ensayar las canciones en “El Eco Estudio”, que es de un amigo. Fue más como practicar las canciones.
– O sea, “maqueteaste” todo afuera…
– Si, si. Después Hernán Ambrogi hizo todo el trabajo de mezcla y masterización. El detalle final es que, en momentos, el tema era “figura” y en otros, “fondo”. Entonces, hicimos todo un proceso de automatización, que es armar una curva de volumen con puntos. El volumen sube, está en primer plano la voz, la pista con los coros; cuando la música es solo incidental baja. Había literalmente un gráfico, para regular todo en tanto no podía permitirse que la música llamara más la atención que la historia.
– Y no lo hace.
– Tampoco quería que, cuando empezara a cantar -y fue algo muy buscado con Juan y Julieta- aparezca la idea de “¡Ah! Se puso a cantar”. Quería que se borren los límites entre todas las cuestiones que podía haber en el medio, por lo que se realizó un trabajo muy minucioso. Es más, borré muchas partes de la música. Hubo estrofas y canciones que quedaron afuera.
– ¿Cuántas canciones hay en la puesta?
– A ver…Necesito contarlas. Incluyendo algún tema a capela y un par de instrumentales, serían once.
– Casi un disco.
– Si, y voy a meter tres más cuando salga, que son las que quedaron afuera. Serían catorce en total. ¡Quiero sacarlo…! ¡Estaría bueno…! ¡Ah! Te cuento que ya tenemos el diseño del vinilo, con el arte y todo.
– ¡Qué bueno! Sería a la vieja usanza. Catorce canciones, siete por cada lado. Como “Revolver”, por ejemplo.
– Si si. Tengo amigas que me piden que lo toque en vivo. Igualmente, lo vamos a hacer con la banda.
Visibilizar lo oculto
– ¿“James” sería el primer transgénero?
– Es una historia trans. Lo he conversado con amigos pertenecientes a la comunidad trans y me dijeron que si, porque es una mujer que se trasviste de hombre. Lo que pasa es que es un término que no existía en el siglo XIX. Por eso, se volvió un icono del mundo trans. Hubo una drag queen famosa que se llama “Sir James” en Londres. Lo que pasa es que como cualquier cosa que es vanguardia en el momento, no se sabe que lo es.
– Igual no es la primera historia así, ¿no?
– La verdad es que hay muchas antes. No es la primera para nada. Creo que ya viene desde antes de Cristo. Hubo en todos los tiempos, pero es anecdótico. Yo me agarro del serendipismo, -término que vengo usando mucho en estos días-, que es cuando encontrás algo mientras que buscas otra cosa. Me agarro del gesto caprichoso. En mi caso, me tocó cruzarme con esta historia, y a otra persona le toca con otra. Se me habían cruzado muchas historias. En esta puse la lupa y en otras, no. Es una mezcla de ver qué historias se te cruzan, lo cual es un poco azaroso y el destino. En cuál decidís poner la lupa porque elegir es extrañar. Elijo algo y voy a extrañar lo que deje afuera de esa decisión.
Ahora, me interesó contar la historia de una minoría que no podía hacer lo que quería. Era su vocación y su llamado social en la condición de nacimiento que le había sido dada al nacer. Tuvo que elegir entre una vida convencional o seguir su deseo. Optó por lo segundo, no sin extrañar lo que no pudo elegir.
– Sí, se entiende.
– La obra rinde homenaje a ese acto heroico de nuestra protagonista y la hace reencontrarse con quien no pudo en vida.
– ¿Qué te dice el público cuando termina la función?
– De todo. Muchos no pueden creer que exista esta historia, que sea verídica. Otros destacan el texto y hasta el vestuario, que es una nava. También están los que me dijeron que “solo a vos te diría hacer una historia sobre esto”. (risas).

-Ser o no ser….
– Parafraseando a Barbra Streisand, ¿vos también sos una “actriz que canta”?
– Y…entre actriz que canta o cantante que actúa, definitivamente soy la primera. Lo que pasa es que tampoco me gusta que haya algo que vaya primero, pero bueno, vivimos en un mundo cruel. Por ejemplo, me encanta bailar, pero no lo puedo decir porque se te etiqueta. Te encasillan y te relegas. En este mundo de “etiquetas”, necesitan que vos seas clara con lo que sos. No puede ser muchas cosas asi no se rompe las pelotas. No me queda otra que tomar un camino no sin la pena de dejar los otros de lado que, para mí, son igual de importantes. Para el “afuera”, hay que ordenar un poco todo. Igualmente, creo que la actriz es la que sostiene todo.
– ¿Si?
–Sí, sí. Inclusive cuando presenté mi primer disco, “Rulera”, en el 2011, lo primero que dije fue “¡Wow! No hay personaje acá, es la persona hablando”. Vergüenza…pero también ahí aparece un personaje que es el cantor. Entonces siempre está la actriz, aún si ésta actúa de sí misma.
– En un momento dijiste que no querías que el público eventualmente piense “ahora va a cantar”. Una vez, charlando con Ale Paker, me decía más o menos lo mismo. ¿Puede ser que el actor o la actriz de musical está más “encasillado” por el «canto»?
– Mirá, estratégicamente prefiero no decir que es un musical -por más que lo sea-, porque lamentablemente, creo que es un género que, todavía, está un poco bastardeado. Me parece que, aún hoy, hay que darle mucha más murra en términos de reivindicar “lo actoral” dentro del musical. Es muy difícil de llevar adelante el actuar, cantar y bailar. El gran desafío radica en que no se note que es un esfuerzo enorme lo que estás haciendo, que salga con naturalidad. Si te fijas en la calle, todas las personas que pasan caminando, están bailando con sus pies, tienen una cadencia para hablar con el celu o pedir un taxi. Están teniendo una acción mientras interpreta un personaje. Habría que llevar más de “la vida” al género musical para que no se vuelva algo tan extraño y, por ende, distante para un espectador que no es un ávido consumidor de musicales.
Lo importante es que sea un devenir al canto y a la danza. Todo el tiempo hicimos esos ejercicios con Juan y Julieta desde la dirección. Me conducían desde lo más chiquito, cuando la canción arranca y el personaje empiece a hablar. Después, irá creciendo, pero ahí el espectador ya está adentro de la canción. No se da cuenta y de golpe, está en una.
– En medio del tema….
– Sí, pero de manera paulatina. Es hacer que el espectador esté, todo el tiempo, “incorporado” desde su butaca. Que en ningún momento, nada de lo que hagas le haga “click” y se “sorprenda”. Es como un ejercicio de no espantar sino de seguir con la música hipnótica de la flauta que hace que la serpiente baile. El espectador es esa serpiente a la que, como intérprete, tenemos que hacer bailar con delicadeza porque en cualquier momento haces una melodía estridente y se va o algo parecido….
– Sí, te entiendo.
– Es un trabajo muy artesanal e inestable. Hay algo en el aire, cada día, que requiere mucha concentración. El teatro tiene lo hermoso de cualquier arte performática viva que es que no hay dos veces que sea igual. Sin embargo, todas las veces tenés evocar la misma presencia en escena, por más que cada vez salga distinto. Ahí está lo lindo. La pauta es siempre la misma y cada vez sale distinto, pero tenés que irte a dormir diciendo “Ok, intenté estar presente y no forzar las cosas”.
– ¿Por qué pensás que está subvalorado el musical?
– Me da la impresión que es criticado por parte de la gente que no lo consume. Es como que no “creen” en ese género. Como que dicen “me gusta aunque es medio tironeado y se ponen a cantar y a bailar». El código actoral es, a veces, estereotipado, pero, por suerte hay cosas de mejor calidad, con mayor sutileza. Sin querer, a veces, se escapa -en quien está interpretando el musical- ese esfuerzo que no se debería notar en tanto la percepción debería ir por dentro. El musical es un género que implica que mostrar muchas habilidades, pero el éxito va a radicar en si lográs esconderlas.
– La sutileza….
– Si, en tanto guardar para que revele. Es llevar hacia adentro el trabajo para que se muestre solo. Si lo revelás para generar atracción, se lee como pornografía y acá, lo que hay que hacer es seducir.
Sola y solas
– “(Ser) James” es tu unipersonal ¿número….?
– Dos.
– Pensé que tenías más de dos. Tenés razón.
– Al respecto, hice alguna cosa con Favero, pero no era un unipersonal.
– Sobre este tema, ¿cómo viste el desarrollo de los unipersonales femeninos a través del tiempo?
– ¿En Argentina?
– Sí. Justo habíamos hablado de “Dóciles y útiles” que fue tu proyecto de graduación. Por esa época, había una gran cantidad de unipersonales femeninos, de gran calidad, de mucha fortaleza. Entre que los tipos salvo excepciones, no había tanto.
– Es cierto. Las chicas eran mucho más. Quizás tenga que ver con este acto de fe grande para quien sea que esté en escena. Una forma de reivindicar esa batalla por pertenecer a una minoría. Por ahí, las mujeres pertenecemos más a la minoría que el hombre… Creo que hay un llamado colectivo que, en cada unipersonal femenino -me atrevo a imaginar-, hay una reivindicación de esa lucha que siempre ha requerido un gran esfuerzo por parte de las mujeres. Se vuelve metáfora el unipersonal de la condición femenina. .
– Además, había distintas generaciones…
– Si, me acuerdo. Mira, retomando algo que dice “James” es eso que puede una mujer en tanto “partirse para compartir en dos”. La mujer tiene el don de gestar, seamos madres o no.
Por ahí tenemos esta cosa, esta condición dramática dentro per se, la máquina biológica que nos ha tocado. El unipersonal suele invocar muchas voces, aunque hable desde una sola. Es como un homenaje a esta condición de partirse para convertirse en dos o en más. Algo propio que tiene la mujer.

Todo concluye al fín….
– ¿Qué sentís cuando suena un celular en función?
– La verdad, el infierno manifestándose (risas). Me ha sonado alguna alarma. Puse el celular en silencio y me ha sonado una alarma. ¡El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra! Mira, hace poco fui a ver a Marcos Montes en el Centro Cultural Borges en un homenaje a Atahualpa Yupanqui. De repente, suena un teléfono en la presentación del espectáculo y la pianista que lo acompañaba a Marcos, empezó a hacer la melodía del ringtone. Estuvo excelente, con una delicadeza…” Sol, sí, sol, sí, la, sí/sol, sí, sol sí, la, sí”. Me pareció maravilloso. Logró que algo horrible como el sonido de un celular -que te saca del momento artístico-, lejos de putear o pedir silencio, lo hizo arte.
Volviendo a tu pregunta, hay que entender que la gente está cada vez más “pasada”, más aún, viviendo en grandes ciudades. Nos cuesta mucho salir de la realidad.
Asimismo, se debe tener criterio de que es muy difícil pedirle a un espectador de una gran ciudad, pedirle la atención y se banque una obra de dos horas y media, a no ser que tengas mucho para contar. Esa es mi teoría.
– Ok, perfecto.
– Seamos considerados. Tampoco hay que darle todo masticado, ni fastfood o teatro de microondas. Puede sonarte un teléfono porque estuviste despistado, pero también es parte de la educación”. Hay gente con muchos quilombos a cuesta. Creo que, si suena un teléfono, cuanto antes te rendís, más rápido sorteas ese momento.
–Te dan un formulario y, ante la consulta de “profesión”, ¿qué pones?
– “Artesana del arte” o… “curiosa”. Soy curiosa…crónica. (risas). Artista…no me considero, aunque uno lo intenta hasta el cansancio. Nunca me vas a escuchar decir que soy artista. Es una palabra enorme. No me la voy adjudicar nunca. Me incomoda.
– ¿Si? ¡Mirá vos!
– Me incomoda decirlo. Eso es algo que te tiene que decir la sociedad. Eso si, moriré en el intento de rendirle honores al arte. Mi problema es que me hubiera gustado tener catorce vidas dentro de una. Mirá, me hubiera gustado ser astronauta, oceanógrafa, química, médica, antropóloga, irme a vivir con los pigmeos a Camerún, en África. ¿Ves? Ahí tengo un par de vidas.
– Si por la puerta de acá de Varela Varelita entrase la Belén que estaba ensayando “Dóciles y útiles” -¡obrón!-, ¿qué le dirías a esa chica?
– ¿A esa niña que iba corriendo a los ensayos desde Olivos? Le diría “No corras tanto. No vamos a ningún lugar. No hay apuro”.
– ¿Se apuraba mucho esa Belén?
– Y… hacía múltiples actividades. Se quedaba dormida en los bares porque dormía poco. Tengo la sensación de haber corrido muchos colectivos porque llegaba tarde de una actividad a otra. Bueno, ahí hay otra profesión: correr colectivos.
– ¿“Christiane” va a ser tu obra de valija?
– Cuando la estrené, pensé que iban a ser un par de funciones y nada más. La seguí haciendo y dije “la voy a hacer hasta que sienta que hay que decirlo y hacerlo”. Cuando estoy en el medio de la función, veo que está viva. El día que no la sienta más, me bajo, pero esto puede ocurrir mañana o dentro de ochenta años. Por suerte, no lo sabemos.
“(Ser) James”. Dumont 4040. Lunes 21 de septiembre, 21.30 h; sábado 3 de octubre, 22 h.
“Christiane”. Universidad de San Andrés. Jueves 24 de septiembre
