Alberto Ajaka: “Macbeth es una obra moderna”

Uno de los actores más viscerales y talentosos del teatro independiente encarna un Macbeth moderno en una puesta poco convencional en el Teatro San Martín. Alberto Ajaka cuenta como es hacer Shakespeare, la forma en que creó la gran “Llegó la música”, sus vivencias en la televisión y si el teatro independiente puede ser popular.

 

¿Cómo se dio la chance de hacer este Macbeth en el 2012?
– Me llama Javier Daulte. No lo conocía personalmente. Me había visto en “Ala de criados” y me convoca para esta puesta. A partir de ahí, nos metemos en este asunto de obtener alguna singularidad en el trazo del personaje. El intento nos hizo pensar en lo que sería el envejecimiento del personaje en relación con el poder. Cómo el personaje se va degradando y cayendo a medida que transcurre la obra y él, con el poder en la mano. La forma que el poder lo envejece. Decidí y decidimos en términos de actuación –tampoco se si lo podría hacer de otra manera- hacer una actuación encarnada y de trazo potente. El resto fue trabajo y más trabajo. Saber donde pararse y cosas más básicas.

-Te costó aprehender al personaje? Si se puede utilizar estas categorías…
– Hubo mucho ensayo. Empezamos a ensayar muy rápido. Leímos una sola vez, para conocernos. Fuimos con la letra sabida. Este es un proceso muy largo que continúa y va más allá de las funciones. No es un proceso cerrado o que se cierra después del estreno. Nosotros continuamos trabajando en el recorrido del personaje. El como fue meterse en el personaje…o ir encontrando, es una categoría rara la del personaje. Porque, ¿quién carajo es Macbeth? No lo se. No se podría pensar que realmente se puede encarnar algo parecido a un espíritu o un algo de un escocés de hace quinientos años. A partir de ahí, no hay que pensar más en nada. Hay que ir y actuar, que es lo que hacen los actores. No hay más misterio que ese. Lo que pasa que el actuar solamente, demanda un gran trabajo que no es solo poner el cuerpo. Éste termina sabiendo qué hay que narrar y tiene información guardada en sus fibras, en su interioridad, que no podría ser traducida en un escritorio. Ya salido del equivoco del personaje shakesperiano, hay un tipo que se llama Macbeth, que está en una especie de espacio fabril, tal cual la puesta de Javier, que habla en castellano, con traducción en prosa y voceo. Esa es la obra y ese es el personaje al cual uno entraría, que no responde a la fantasía que, quizás, uno puede tener sobre el Macbeth.

-Hablás de la fantasía, justo cuando muchos la tienen con respecto a la obra….
– Claro, como se hace, como se actúa. Hay un modelo dominante que parecería indicar que el camino debería ser por algún lado. Nadie lo sabe muy bien porque se hace tan poco que nadie lo sabe y las referencias, en general, son las del Festival Internacional o puestas de hace veinte o treinta años, que todos dicen haberlas visto y no se cuantos las vieron.

-Son como los recitales de Sumo…
– Si, exacto, que iban veinte y después lo vio todo el mundo. Una vez metido en ese asunto, en ese lugar, estaba medio perdido al inicio. Nos encontramos con ese problema, ensayando y tratando de darle forma a este Macbeth. Cual era el territorio el cual habitaba. La puesta no remite a un lugar específico. No se puede decir “Buenos Aires 1971”, pero uno sabe que es una época actual, que tiene algunos elementos hibridos que hace que esa actualidad se vea esmirilada por algunos signos.

-Se pueden establecer muchos guiños.
– Si pero no se cuanto de eso está definido para que asi sea. Javier se centró mucho en el trabajo de lo que sería las situaciones, las pasiones que recorren esas situaciones como el envejecimiento en el poder, la deshonra de su clase asi como su ambición desmedida. Esta es la que deshonra su condición de noble. Algo de lo que se habla poco –porque se sabe poco seguramente-, es que los personajes shakesperianos se quieren de una manera determinada porque asi estaban establecidos los vínculos en esa época. El decir “hermano, querido, amado” estaba cargado de enorme pasión. El honor era de gran importancia. El “querido” no se le decía a cualquiera. Macbeth deshonra a su clase y lo que va a hacer Malcom es que “no soy honorable para ocupar el cargo de rey”. Es una obra de una tremenda actualidad y modernidad. Lo que pasa es que acá no hay mucha historia del honor. Somos más cachivache.

-Me encantó lo que habías dicho fuera del micrófono, que es “una puesta generacionalmente muy próxima”.
– Si, en principio por quienes la hacemos. Además es una obra moderna y eso, no lo vi en ninguna crítica. Es la mitad de Hamlet, la mitad de Ricardo III, de Otello. Eso es una información de lo que es la obra. Tampoco vi en ninguna crítica pero no lo digamos tanto porque parece que le asignamos un valor que no le corresponde. Justamente por esas cosas que te dije, que queda en la discusión del “me parece”. Lo que llega a nuestros días de Macbeth, es el “text acting”, el texto de actuación. La obra va a una gran velocidad, con una enorme actualidad política. Habla de los valores éticos y morales necesarios para ocupar un lugar de poder. Dice, con mucha inteligencia, que no hace falta ser el mejor para eso. Justamente, Mac Duff dice a Malcolm que “no hay que ser tan malo como Macbeth”. No hay que ser perfecto, lo que no podés ser tan oscuro como Macbeth, tan desastroso. Más real politik que eso, imposible.

-Con guiños a Maquiavelo….
– Claro, Shakespeare lo leía mucho. En ese sentido es muy moderno. Te decía lo actual y que nos pertenece es porque lo hacemos nosotros. A Javier le decía que ibamos a hacer teatro, después Macbeth, Shakespeare y a lo último, el San Martín. Ese es el orden. Mi moral y mis leyes son con las leyes teatrales, no son con la obra Macbeth de Shakespeare. Recién después vendrá Macbeth y luego Shakespeare –porque ahora me interesa Macbeth precisamente-. Para el final existe la Sala Martín Coronado del San Martín. Ocurre teatro, si ocurre porque no es más que un edificio de ladrillos. Nosotros hacemos una obra de teatro que tiene que cumplir la función de una obra de teatro. Que sea entretenida, espectacular, cierta conciencia de las leyes del escenario grande. Después, toda la carga que tenga la historia importa menos. Por supuesto que uno no es ingenuo pero habría que desdramatizar el asunto al solemnizarlo y descaretizarlo en la idea de que todos sabemos como se hace Shakespeare en Buenos Aires, en el 2012.

-Aparte, de descaretizarlo, hubo visitas de los chicos de la secundaria, que me contaste…
– Eso fue fantastico. La potencia y la emoción de ese público juvenil, es muy válida porque se cruza con un Macbeth accesible a la oreja, a la mirada y posible dentro de su campo imaginario. Creo que no solo lo reafirma en esos lugares sino que los interroga en otros. En mi caso, actúo para reafirmar mi individualidad, porque no puedo hacer otra cosa. Si esto, milagrosamente le produce a otro la misma sensación de alegría que a mi me produce actuar, es fantástico. Si el espectador puede sentir lo que siento cuando actúo, que es de profundo compromiso y alegría, si puede recortar eso, es muy bueno.

Intermedio: El punto de encuentro para la nota es una afamada pizzeria del centro. Levanto la vista desde mi asiento y veo su flequillo enrulado acercarse hasta la mesa. Nos saludamos, charlamos un poco –bastante- antes de apretar el “on” del grabador, para la nota. Alberto es sincero y frontal con sus respuestas y pensamientos. Sabe lo que hace y no tiene miedos ni dudas en expresarlo. Más aún cuando reflexiona sobre si el teatro independiente puede ser popular.  

-Si te pregunto por “Llegó la música”…
– Es un laburo que es la continuidad de un proceso muy largo de trabajo mio, como director y escritor y de renovación en el encuentro con el agrupamiento de la Sala Escalada. Es una obra muy ambiciosa, compleja en sus procedimientos teatrales. Son once actores que son once protagonistas, de dos horas, escenas múltiples y teatralmente muy compleja. Es muy difícil de rastrear algo parecido. He buscado un poco y no encontré tal grado de polifonia en las voces y en las tramas. Se abren y se cierran. Fijate ahí, que la categoría de “personaje” se constituye con muy pocos indicios, con dos o tres trazos, que lo completa el público con su enorme fantasía. Es una tragicomedia ensayística estético-política. Hay un laburo y una circulación de temas estéticos, vinculados al arte, a la política –gremial específicamente en este caso-, a lo público, y a la idea del gesto artístico, como momento efímero, real y fugaz. Tenía muchas ganas de probar las escenas múltiples, las escenas superpuestas, la polifonía de voces y cuerpos.

– ¿Sería como una continuación de “Cada una de las cosas iguales”?
– No. En lo temático si pero “Cada una…” estaba apoyada sobre algo conceptual. La utilización de los colchones, los monólogos, el no-cruce. La primera parte era un canto de los nombres de los políticos y la segunda era, claramente, paródica.

-Albania..
– Claro! La parte central de la obra, lo que sería comparable a nivel estético-visual, pero en términos teatrales, es diferente. En lo concreto, lo que nos ha pasado es que esta obra ha duplicado la complejidad de “Cada una”. Por cierto, dura el doble. Es muy difícil hacerla porque somos muchos y no solo para la escena independiente sino para la escena oficial porque no hay plata. Tan sencillo como eso. El teatro comercial tiene obras para tres o cuatro personajes. No más.

-Te sorprendió la buena repercusión de “¡Llegó la música!”?
– Veníamos bien con “Cada una”. Me alegra pero no se si me sorprende. Me interesa una línea de pensamiento que atraviese mi propio pensar. Que proponga por un lado pero que este cerca de lo que estoy pensando. Nosotros hemos tenido una muy buena respuesta de la crítica y de los colegas, de la teatralidad porteña. Digo esto porque nos vino a ver Solita Silveyra, Rita Cortese, Javi Daulte dos veces, Bartolo, Kartún, además de los pares más coetaneos. Festejo y me alegra. Me enorgullece y me honra, por lo que nos permite continuar en este camino. No tenemos otra posibilidad que nos vaya bien. No somos un grupo sino un agrupamiento. Si no nos va bien, no podemos seguir. El encuadre es muy débil y para poder volver a encontrarnos, necesitamos que nos vaya bien. Hay que ser realista. No ganamos plata, ni nada. Si no le gusta a la gente, sonamos.

¿Qué le falta al teatro independiente para que tenga un boom de popularidad?
– Y…me parece que le falta –no en todos los casos- pensar la categoría de espectáculo un poco más alto, laburando un poco más profesional. Me parece que le falta –no en todos los casos- pensar la categoría de espectáculo un poco más alto, más profesional. Te digo esto y pienso en nombres y no es tan asi. Igual, no se si el teatro independiente podría ocupar el lugar de lo popular. En “¡Llegó la música!”, preguntamos “¿que es la música popular? Música de elite para todos”. Entonces, el teatro popular sería “teatro de elite para todos”. Al teatro independiente se lo puede considerar de cierta elite, si se quiere, socioeconómica cultural. ¿Cómo se podría despegar de esa condición? No se si es posible. Quizás una respuesta sería no pensar tanto en la deconstrucción pero bueno, que cada uno haga lo que tenga ganas. El que quiera deconstruir, que deconstruya pero que sepa que tiene un problema. Después del mingitorio de Duchamp, la deconstrucción esta con un tufo a vejestorio. Ya te digo, no se si hay posibilidad de hacer al teatro independiente más “popular”. Se hace el Festival ESCENA, a la gorra y no se si eso, por ejemplo, hace la diferencia. Una vez que aparece la guita, todo se complica. La nombro como un problema al tiempo que es una necesidad. También pienso que se debería complejizar un poco la discusión teatral y ciertos lenguajes. Probablemente eso haga que venga más gente pero no popular. Podrá concurrir más público pero nunca ser popular….

-Cambiemosle el término.
– Claro. Quiero decir “que sería popular”. Un fenómeno nuestro que llenamos….una sala para cincuenta personas. Llenamos dos veces por semana y son cien personas. Está bien. Son 400 por mes. Es un muy buen número. Pero eso….no más! Jajajaja. No es “Stravaganza”, que es popular. Igual, no creo que nadie vaya a ver Stravaganza si le gusta o no, uno va sabiendo que le va a gustar lo que va a ver. No creo que el personaje de Flavio Mendoza pueda ofrecer, como fantasía, una enorme singularidad. Por caso, no es Gasalla. Hoy lo popular, lo que rompe todos los records es esto y eso es un poco la medida de lo popular. Mirá, en “Macbeth” tenemos el día de entradas populares, que es el miércoles. En teatro independiente tenemos entradas a 50 pesos y 35 con descuento. Contra los 180 que vale acá, no hay nada más popular que el teatro independiente. Es muy interesante el tema. Hay algo ahí. Podrá concurrir más público pero nunca ser popular o abierto.

-La última que habíamos charlado, ya habías empezado a laburar en televisión, pero estabas medio desconfiado. Ahora estás más consolidado. ¿Cómo te sentís con la tele?
– Bien, muy bien. Ahora dije a algunas cosas que «no» por Macbeth y los ensayos, por lo que este último tiempo inmediato no estuve. Me siento muy bien con la tele. No reniego para nada. Te da un training de actuación aunque sea de una que se diluye muy rápidamente. La televisión es, muchas veces hacer lo mismo todo el tiempo, pretendiendo que parezca distinto y sin mucha elaboración. No obstante, para un actor, es una fuente de laburo muy importante porque te brinda una estabilidad. A nivel actuación, hay una información que es interesante, que es lo repentino. Vas y grabás una escena rápido, lo que tiene algo de iniciatico en términos de actuación y de juego. Después, hay cuestiones diferentes dentro de la tele. En los unitarios, miniseries, por tiempo de producción, hay tiempos de elaboración mayores que el de una tira. Incluso puede ser más entretenido que el cine

-Si?
– Si. La tele te demanda más actuación. El cine te pide menos, en términos de tiempo. Hacés dos o tres escenas por día y tal vez, de esas escenas, dos eran que tenías que estar sentado en un café sin decir nada. La televisión, al actor, si tenés un personaje, tenés ocho escenas por día –el protagónico mucho más-, vas y venis, y no estás tan cargado de cómo habrá quedado y que habremos hecho. A veces, no hay mucha diferencia con el cine.  

“Macbeth”. Teatro San Martín. Miércoles a domingo, 20.30 hs.
“Llegó la música”. Sala Escalada. Viernes y lunes, 21 hs.

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