Julio Lopez: “El humor de hoy es vulgar”

Actor de larga carrera, trabajó con casi todos los grandes de la actuación y aún sigue vigente, con la presentación de “Che, Madam”, una obra de Carlos País. Rostro conocido de inmuerables tiras y programas de TV, Julio López le cuenta a EDCL sobre esta vuelta al teatro, sus recuerdos en la tele y su opinión del humor de nuestros días.

– Julio, volvió a las tablas con «Che madam”!
– Si. Fui convocado por la esposa del autor, Elisa Pais  y por el director Hugo Alvarez, quien fue el que dio mi nombre para que yo haga el papel. Estamos desde hace unos cuantos meses con el proyecto que, finalmente, se estrenó.
– ¿Cómo fue hacer a Tito, su personaje en la obra?
– No tuve muchas dificultades porque el autor aclara muy bien la personalidad del personaje en las acotaciones, al margen de los diálogos que tiene. El autor pone los pensamientos que le ocurre a este personaje en cada momento. Esto ayuda a elaborarlo al personaje. Después, tuvimos tiempo suficiente de ensayo por lo que llegamos al estreno en optimas condiciones. No sentí nunca el problema del personaje porque son personajes muy cercanos a nosotros. Es un muchacho de barrio. Le dije al director que si quería ponerme más joven, incluso teñirme, no había problema pero me dijo que estaba bien asi. Es un personaje muy inocente, asombrado del mundo en el que vive. Maneja las cosas simples de la vida. No se hace complicaciones. Es un poeta y le gusta la poesía del tango. Nunca reflexiona sobre la música  pero si sobre las letras y las poesías que se dicen en el tango.
-Lo lindo de los personajes es que uno toma el tango como letra y el otro toma el tango como danza.
-Claro! Carlos País….lo conocí y era un enamorado del tango en su totalidad. Al concebir la obra, reparte las magnificencias del tango que es la música y la letra. Por eso les toca a cada una, un personaje. Resulta muy interesante y muy gratificante esto. En el ambiente decimos que nos toca un personaje “caramelito” o no. Un caramelito es un personaje hecho a la medida de que parezca hermoso y tenga todos los ingredientes. Eso es una ventaja para el actor porque hay que acercarse lo más posible y ya está.
-Es muy querible. Es más, desde una posición en la que uno podría decir que le quiere soplar la mina al otro tipo, ¿no?
– Es que, digamos, no tiene lo que podríamos decir “malas intenciones”. Esa chica le llama la atención porque la ve continuamente en el trabajo pero él es inocente al punto de llegar a su casa, en la que ella está casada. No es lo que lo lleva a él a fijarse a una mujer. Es un accidente. Ella dice en un momento “me gusta la poesía, la forma en que recitás” y él se sorprende, “te gusta?”. Asombrado que a ella le guste y sea ese el punto de encuentro entre los dos. A ella le gusta la poesía del tango dicha por él, y en todo caso, si hay una segunda intención es de ella, más que de él. Lo de la mujer sería, mejor dicho, una intención más amplia. A través del tango, resulta una obra feminista que, por lo general, no se une el tango al feminismo. Carlos Pais tuvo la brillante idea de ponerle algo que no existe en ninguna obra de tango, que es una problemática y resolución feminista, cuando eso sería un sacrilegio para los tangueros.
– ¿Le comentaron a usted algo con respecto al final de la obra?
– La gente no me habla tanto del final sino que se divierte con la comedia, que está hecha con recursos válidos. Todo viene por lo que trae lo anterior y nada es forzado. Ojala hayamos encontrado ese sentido profundo de la comedia, que no es fácil hacer. A mi siempre me pareció más cercano el drama porque es más cerca lo que se vive. Uno tiene referencia de las cosas malas que nos pasa y queda muy grabado; en cambio, cuando estamos alegres, no queda grabado porque pensamos que es natural, y es lo otro, en realidad, lo natural. Por eso es difícil encontrar en la comedia el lado y el tiempo justo. En los momentos que podría asociarse un drama, también hay una vueltita de tuerca que lo lleva a uno a la comedia y no al drama.
-Entonces, usted coincide con lo que dicen muchos actores que es más difícil hacer reir que hacer llorar.
– Por supuesto. Porque el hacer reir es surrealista, para el drama, es normal en nuestra vida. Un tipo está sentado, con cara de pena. “Que te pasó?”, “Me dejó mi mujer”. Ya está. Ahí tenés la escena. No hay que agregarle nada. Esa misma letra, llevada a comedia, cuesta mucho trabajo descubrir donde están los resortes de la comedia. Como hacer reir con las mismas situaciones y la misma letra y no hacer llorar. Ese es el secreto de la comedia. Hay actores que pueden hacer comedia y hay otros que no lo pueden hacer; de la misma manera que hay actores que pueden hacer tragedia y otros que no pueden. Tragedia como las de Shakespeare o la de los griegos. Pero lo más cercano es el drama cotidiano. Lo más difícil es transformar esas situaciones, en comedia y aca no hay que transformar nada porque el autor, cuando lo escribe, es en tono de comedia. El autor se plantea escribir una comedia pero hay inclinaciones para todo.
– Julio, ¿por qué actor?
– (Piensa). Nunca pude responder esa pregunta. No no. Yo tenía ideado, después de la secundaria, otras cosas como Ciencias Económicas. Nunca se me hubiese ocurrido. En la secundaria, hice teatro vocacional en mi barrio. Prendió fuerte eso. Además, descubrí que quería saber más. En un barrio, uno trabaja con alguien que lo dirige, con sus compañeros, pero también está en una nebulosa con respecto a que es esto de actuar. Esto me llevó a querer saber algo más. Porque no me gusta hacer las cosas que no conozco. Rendí el examen en el Conservatorio, que ahora es el IUNA. Pasé cuatro años con profesores maravillosos como Osvaldo Bonnet, Nestor Nocera, Cunill Cabanillas. Esos eran nuestros maestros de entonces. Ya después no me lo plantee más. Una vez que quise saber de que se trataba, quise saber y entender más. El saber no implica que uno sea más capaz porque sepa. Se tiene o no se tiene.
-Es como la esencia, no?
– Si, si. Hay gente que puede actuar, que tiene el don de la actuación. Siempre recuerdo una frase que dijo Pelé, al margen que nos resulte un personaje simpático, que su maestro le dijo “vos tenés un don y ese don tenés que cuidarlo para que se haga realidad”. Esto se aplica a muchos aspectos de la vida. Asi como hay algunos que pueden salir a la calle a vender, hay otros que no pueden ni vender una ballenita. Está predestinado a tener una llegada, una simpatía, un don de gente. Quien sabe que, pero que le permite vender. Le creemos y le confiamos. Hay una cuestión de confianza con el que nos vende algo. Hay otros que tienen el don de la investigación. La fe y la paciencia de que va a descubrir algo al sentarse en una mesa e investigar todo. Al final, descubren algo. Eso es un don.
-Y usted cuando descubrió ese don? Cuando se percató de éste?
– Hubo un momento en particular. Soy de partido de Caseros, entre San Martín y Ciudadela. Actuábamos en el barrio y tenía 15 o 16 años. Nos dirigía una actriz llamada Marta Algibay, que trabajaba en Radio Nacional, en “Las dos caratulas”. Una noche, invitó a otra compañera de “Las dos caratulas”, que era Blanca Lagrota, una actriz muy conocida en otros tiempos, ya fallecida. Entonces, Blanca Degrota, terminada la función, se me acercó y me dijo “que estas haciendo aca?” y yo, con la inocencia de la edad, le dije “vine a hacer la obra”. Ella me dijo “tenés que ir a estudiar al Conservatorio!” y me abrió una cortina que nunca terminé de agradecerle en la vida. Lo paradójico es que nunca pude volví a verla a Blanca. Esa conversación que tuvo conmigo, que me dijo “tenés condiciones para ser actor” me cambió la vida. Me sorprendió mucho porque era uno de los tantos del grupo. Me anoté para dar los exámenes y ahí empecé. Tengo que decir también que tuve mucha suerte porque es una carrera muy difícil y puedo decir que trabajé siempre. Teatro, televisión, cine y sigo. A veces, con primeras figuras y otras entre nosotros, en cooperativa, como ahora. En vez de quedarme sentado en mi casa, prefiero salir y trabajar.
– Hace un par de años, también lo había visto con Julieta Díaz, haciendo “El pan del adiós”
– Si, hace un par de años. Creo que el 2007. Pero pasaron unos cuantos años ahora. Fue en el teatro Del Nudo. Hace poco hice “El patio de la morocha”, en Vicente López, con Susana Rinaldi, Miguel Habud, Roberto Carnaghi, donde tenía un personaje lindísimo, que era el pretendiente de la morocha. Esos son regalitos que uno recibe en la vida. A mi edad, tendría que estar en mi casa, tranquilo, viendo que hago a fin de mes para cobrar la jubilación pero no me rindo…
-Tiene la llamita encendida del querer seguir haciendo cosas…
– Claro! Esto no lo puede prever nadie. Hoy estoy bien. Entonces aprovecho. Mañana no sabemos. Cuando uno tiene cierta edad, no lo sabe. Cada día que amanece, hay que agradecerlo y hacer lo que se pueda ese día, no dejarlo para el día siguiente. Por ahora, puedo, entonces sigo.
– ¿Qué siente usted cuando se ve en la televisión? En Canal Volver, se lo ve bastante….
– Ya ni me analizo ni me critico. Me acuerdo de esos momentos, los compañeros y las anécdotas que hacen posible pasarla bien en las largas esperas del cine. Si hay algo que tiene el cine, es el esperar. Narciso Ibañez Menta decía, cuando alguno se quejaba porque pasaban horas y no habían hecho ninguna escena, “nos pagan para esperar”. Tuve la suerte en “La tuerca”, tantos años que tuvimos, de trabajar con gente bastante mayor que yo, de tener un nexo con aquella gente que no conocí prácticamente pero si anécdotas que ellos me contaron. Vicente Rubino, Tincho Zabala, Tino Pascali, Tono y Gogó Andreu, una enorme cantidad de actores que ya no están pero dejaron su recuerdo en todos nosotros.
– ¿Cómo ve al humor de hoy en día?
– Lo veo como la sociedad, que ha optado por lo fácil, por lo que el humor es fácil. Refleja lo que es la sociedad. No es que alguien se ponga a hacer humor y recurra a lo que en otros tiempos llamábamos “malas palabras”, que ahora pasaron a ser parte de la conversación entre padres e hijos, abuelos y nietos. Antes les llamábamos malas palabras y no se decían en televisión. El tiempo cambió, el mundo cambió y algunos se dan cuenta. Yo no me di cuenta. Es eso que tenemos hoy que, para la juventud, no representa nada extraordinario. No cree que es una exageración de lo vulgar. Lo toman de la manera que lo recibieron. Para los que venimos de otros años, nos resulta una vulgaridad. Pero no se puede ir en contra de los tiempos. Asi me pasó que no hice cosas en televisión porque me interesaba lo que tenía que decir. Hay gente –incluso compañeros- que se ríen de posiciones como la mía pero que le voy a hacer. Tengo que ser fiel a mi mismo. No hago eso porque no lo se hacer y tampoco me interesa. Puedo hacer reir de la misma manera pero sin ser un vulgar. Si tengo algo que cuidar, será eso.
– ¿Lo estuvieron llamando de televisión?
– Si, pero no para personajes fijos sino para uno o dos días. Entonces como a mi eso, no me soluciona nada y a la gente para la que tendría que actuar, tampoco, prefiero no hacerlo. Otra cosa es si me ofrecieran un personaje fijo pero parece que ahora la edad es también un obstáculo muy importante. Ahora tenemos abuelos de cincuenta años. Si seguimos asi, tendremos la novela de la tarde, con bebes enamorados…
-…intercambiando mamaderas…
– Claro! Justo ayer mismo vi una publicidad en la que hay dos chicos que tendrán diez años, en una situación amorosa. Desarrollan esta cuestión! Seguramente, detrás de eso, hay una necesidad de ventas. Bueno, que vendan lo que sea.
Intermedio: El Café El Olmo, de Santa Fe y Pueyrredón, es el lugar elegido para la nota. Llegamos puntuales y Julio ya estaba sentado, tomando un café. Lo saludo con un apretón de manos. Es imposible no recordar su rostro de tantos programas en los que participó. La conversación con Julio es animada. Inteligente en su pensar, da su opinión sobre el humor de hoy en día, al tiempo que recuerda sus comienzos en esta profesión. 
-Usted trabajo con, casi, todo el mundo. Era chico cuando vi algo de “La Tuerca”. Usted cree que, más allá de lo que fue Calabromas, No toca Botón o ahora Capusotto, hay algún ciclo que haya trascendido tanto como “La Tuerca”?
– En ese momento era una situación ideal. De lunes a viernes, iba un programa humorístico al aire. Telecomicos los lunes, el martes íbamos nosotros, el miércoles iba la mesa del bar y otro que se me escapa ahora…
-…Operación Ja Ja?
– Si, según los tiempos, no? También estaba “Telecataplum” de los uruguayos…Cada día, había uno, pero ¿por qué no hay ninguno ahora? Capusotto está en un canal de cable con las repeticiones. Hablo de los programas en los que estuve únicamente y nosotros, en La Tuerca, hacíamos una crítica de la realidad. A las costumbres, a la política, a la economía y no se porqué ahora (y hace tiempo que se ve) que a nadie le interesa hacer críticas de este tenor por televisión. Que me digan que pasaron los programas de sketchs? Puede ser. Pero la idea que tengo es otra, que es que a nadie le interesa. Tampoco hay una prueba de poner algún formato similar a los antiguos programas, a ver que pasa ahora. No lo hay. No solo que no les interesa sino que tampoco prueban.
-Con quien le hubiese gustado trabajar y no se le dio?
– Tantos…admiro y admiré a mucha gente. Lo que pasa es que, vamos a ver…La Tuerca nos daba un encasillamiento por la popularidad de los personajes. Yo tuve uno que era Globulito, que me encasilló durante mucho tiempo. Un éxito bárbaro! Entonces, un productor, para elegir para algún proyecto, decía “Julio López tiene cara de humor” y ya está! Últimamente tuve una felicidad enorme, al trabajar con China Zorrilla en uno de sus últimos trabajos, de hace unos años. Hacíamos “Las de enfrente”, que era teatro leído por los barrios de la capital. Era un placer descubrir el oficio y la grandeza que tiene China para actuar. Me hubiese gustado trabajar con Alcón, por ejemplo, pero no se dio. Una vez, íbamos a hacer “Edipo” pero pasó lo del 2001. El director, que era español, se volvió. Venía si le pagaban en dólares, lo cual era imposible. Era un proyecto del TGSM y no pudo ser. Por los recuerdos y las cosas que me cuentan, me hubiese gustado trabajar con Luis Arata, que era un tragicómico extraordinario. No llegué a tiempo cuando él trabajaba.
– ¿Cómo se lleva con el ego?
– Creo yo que funciona en el camino de ida; en el camino de vuelta, se va desgastando. Y yo lo desgasté hace mucho! Jajajaja. Por hacerte gráfico esto, cuando me ofrecen “Che Madam”, la obra es en cooperativa. No es que gano tanto por mes. Entonces ¿Cuál es el aliciente? Era hacer la obra de alguien con quien compartí muchas horas. Una vez, le llevé una idea mia, sobre algo que había escrito y Carlos Pais me dijo “tráela que la hacemos”. Firmamos junto a Contorchelli, un monólogo que hice hace muchos años. Compartimos muchas cosas con Carlos Pais. Eso ya era un aliciente. Carlos murió el año pasado y no me enteré. Estuve haciendo cosas, no se que pasó y me enteré después. Viste que te encontras con gente a la que volvés a ver después de un tiempo pero que hay muy buena relación. Me sucedió eso con Carlos que me enteré unos días después de su fallecimiento. Es una especie de homenaje personal. No me importa no ganar. Conocí a mis compañeros en el escenario porque no había trabajado con ello anteriormente. Conocía a Beatriz de la Casa y Alberto Clementin pero no conocía a Hugo Alvarez, el director. Esto es un halago para mi. En vez de estar en casa, estoy activo. Tengo que agradecer. Ellos son más jóvenes y debo agradecer que compartan el escenario conmigo, haciéndome sentir que estoy adentro y no afuera de la profesión.
– ¿No hay un poco de “crueldad” y “olvido” con los actores veteranos?
– No es crueldad sino el lógico paso del tiempo. A los actores, cantantes y músicos, se los tiene presente durante una cantidad de años. Cuando se retira, deja de estar en la conciencia de la gente cada día. Después se los recuerda al día de su muerte y después, ya menos. Hay que asimilarlo y entenderlo esto, sino viviríamos amargados. Cuando la gente me saluda en la calle, lo agradezco mucho. Uno sigue viviendo en la memoria del otro. Además, de seguir transitando los tiempos, estamos en la memoria de alguien. Hay quienes te dicen “yo lo veía cuando era chico, con mi papá” y eso es maravilloso. Muchas veces me recuerda la gente y es muy interesante lo que dice. Añora y recuerda bien aquellos programas. O sea que uno no está tan equivocado con respecto a los tiempos y eso. Si lo recuerda bien, es porque algo se sembró.
-Cómo son los cinco minutos después de bajar del escenario?
– Maravilloso! Uno sale con una energía diferente con la cual entró. No hay momento en el día, que uno esté más atento y sabiendo todo alrededor que en ese momento de la actuación. Uno, en la vida, no está pendiente de si el interlocutor le va a decir el bocadillo que corresponde para meter el pie. En ese momento, si y uno está haciendo, jugando a que es otro. La atención es máxima. En la vida, uno no tiene que acordarse de quien es para hablar de una manera o la otra. Uno “es”. Aca uno tiene que pensar en el libro, decirlo de la manera que corresponde y hay que estar felíz. Entonces uno termina, cuando interpreta una comedia, con felicidad. Tengo un hermoso recuerdo de una actriz ya fallecida, llamada Gloria Ferrandiz. Hacíamos en Caminito, Las de Barranco. Ella tenía mucha edad, y venía con un pañuelito. Tenía algunas dificultades en las piernas para trasladarse. Venía despacito, entraba al camarín, se maquillaba y salía al escenario. Allí, te pasaba por encima. Era una aplanadora. Salía maravillosamente. Ni rengueaba ni nada, saludaba con un “hasta mañana, chicos!” a pleno. Un día le preguntamos “Gloria, como es posible que llegues tan asi y te vayas como una flor?” y nos dijo lo siguiente “Acaso no saben? Yo vengo al teatro a curarme!”. Se olvidaba de los dolores porque tenía que interpretar a una señora que era una locomotora. Tenía que olvidarse de todo. Esta se olvidaba de sus propios dolores.
– Si a usted le ofreciesen un personaje clásico dramático, cual le gustaría hacer?
– Me gustaría hacer Yago, de Otelo. Sin ninguna duda. Es de una composición mucho más difícil que Otelo, que es más parejito. Es difícil pero no tiene los cambios que tiene el malo. Una inteligencia impresionante pero para hacer maldades. Es un desafío completo.
-Usted hizo algunos «malos»….
– Hice uno en el Maipo, hace poquitos años, en una obra de Claudia Piñeyro, que se llamaba “Tres viejas plumas”, con Claudia Lapacó, Adrián Navarro, Marcos Montes y yo, que era el padre. Claudia hacia un personaje maravillosom que era una recordación del personaje, que había fallecido. Éste no es que era malo sino que no se podía portar bien porque no sabía lo que era el cariño. A los hijos les ladraba. Fue un desafío muy grande para mi. De esas funciones salía muy feliz porque había logrado lo que yo no era. El desamorado, falta de sensibilidad y de cariño, que no podía demostrar a los hijos y a la mujer. Un tipo atravesado en la vida. No tenés idea la cantidad de hombres que me esperaban a la salida para decirme “tuve un padre asi y ahora puedo comprenderlo”. No porque había visto la obra sino que por el paso del tiempo lo había comprendido. Más de uno llegaba lagrimeando. Le había hecho recordar aquél padre y se daba cuenta que no lo hacía de maldad sino por incapacidades del alma. Fue un desafío maravilloso y agradezco el haberlo podido hacer.
– Debe ser un momento fundamental para el actor cuando sale y la gente lo espera…
 – Mirá, la gente nos enseña continuamente con nosotros. Hace docencia. Uno piensa que las pequeñas acciones en el escenario no se ven y si se ven. Todo se ve en el escenario. En el Conservatorio, mis maestros me decían que el actor está desnudo en el escenario. La acción está en otro lado y una pequeña cosa que hagas, se ve y no tenés donde esconderte. El ojo es como si fuera una cámara que hace un primer plano en lo tuyo por más que no sea lo protagónico en ese momento. Pequeñas acciones que tenía en esta obra, me decía la gente “como se ve que está concentrado” porque era un bicicletero y trabajaba con una bicicleta. Estaba demostrando lo que sentía en base a lo que decían en otro lado. Eso se apreciaba. El público te felicita por cosas que vos casi no las tenés en cuenta. Se ven igual que las palabras, las acciones.
-Si por la puerta, entrase el Julio Lopez que estaba haciendo sus primeras obras en Caseros, que le diría?
– (Se emociona). Ese fue el argumento que tenía, sin darle forma dramática, que terminó escribiendo Carlos Pais. Era eso, un periodista, de mi edad, que viene él mismo de dieciocho años y le dice al viejo, “Que hiciste con la vida que te dejé?”. El viejo dice “a vos te parecía fácil vivir”. Y nada es fácil. Si entrara yo, viniera a conversar conmigo, me diría “hice lo que pude”. Nada más y nada menos. Sin ninguna recomendación ni nada. Solo eso.

“Che, Madam”. Corrientes Azul. Av. Corrientes 5965. Viernes, 21 hs.

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