Malena Marechal: “Hoy, llevar el apellido es más sencillo”

Tras quince años de ausencia, Malena Marechal volvió a dirigir teatro, a partir de crear una obra alrededor de Adán, el mítico personaje del gran Leopoldo, padre de Malena. La obra era “Rueda adán en buenosayres con sus azules tapas”. Aqui, cuenta los motivos de su ausencia de las tablas, lo que fue adaptar un personaje de la obra de su padre y el legado paterno. 


– Cómo surge “Rueda Adán”?
– De “Adán Buenosayres”. Me interesó mucho el personaje de Adán. La posibilidad de hacerlo no se si surge o la buscamos! Jajajajaja. Lo primero que se me ocurrió fue llevar el texto de Adán, tomando el personaje y ver como lo llevaba al teatro. No es Adán Buenosayres con sus azules tapas. No es una adaptación de la novela sino tomar un personaje central y con él, conformar la historia de la mayoría de las circunstancias por las que transita en la novela para configurar un espectáculo de teatro. Es solamente el personaje de Adán al cual le adosé una presencia femenina. La mujer es un símbolo muy fuerte en Marechal y en la novela, pero aca está encarnando el destino de Adán. El más caprichoso de los destinos. Esto me permite una visual más rica entre hombre y mujer. Si tiene cuatro o cinco bocadillos es mucho pero hay un fuerte diálogo de acciones. De presencia y de entendimiento, por sobre o por debajo de la palabra. Hay una coreografía en la que se complementan ambos personajes.

– La presencia de ella es muy fuerte!
– Si! Además en la forma en que está vestida. Busqué algo completamente atemporal, que forma le dabamos. Fue difícil pero quedó muy bien. Hay diferencias entre los dos, entre el ser “real” y el que no lo es, ya que Adán viaja a través del tiempo. No es que solo va y viene en el paisaje de Villa Crespo sino dentro de su historia. Va y viene. Es un viajero. Creo que asi Marechal lo definía al personaje en todos los múltiples sentidos que se le puede dar a esa palabra.


– Y la puesta en si?
– Fue un quebradero de cabeza. Justamente esa fue otra de las pautas que me interesaron para tomar este texto. Es decir, cuando uno va a un teatro, se enfrenta con un escenario vacío. La pregunta es “Que hago acá?”, “Que pongo acá?”. Era muy difícil. No podés crear un entorno único porque Adán va y viene. Ahí aparecen los elementos significantes, que tuvieran significancia y no descripción. Con las proyecciones, lo mismo y siempre con un espacio muy despojado y muy entornado por la luz.

– Justamente la luz y la “ausencia” de escenografía da lugar a mucha contundencia. Además del vestuario…

– Muchas gracias! A esto hay que sumarle la música que si la pensé de entrada. Esta fue escrita especialmente por Gustavo García Mendy. Escribió varios temas. Cinco en total.

– Cómo fue contarlo a Adán?
– Duro. Era difícil lograr que con distintos textos del libro –porque también en el texto fui y vine-, encontrar que una cosa fuera fluyendo en otra. Encontrar la mecánica interna del discurso dramático, que es muy diferente al discurso literario. Todo eso está en la obra. Hay algún texto que está de otra forma, como el trabajo de maestro de Adán que se ve en otro cuento que escribió Marechal y entregó en otra circunstancia. Un cuento de otro texto si bien su actividad está en el “Adán Buenosayres”. Está en “El hipogrifo”. Está medio escondido. Hay cuentos que están medio escondidos pero si figura en las obras completas.

– Mire usted, había olvidado que Adán era maestro…
– Claro y está en el libro tercero o cuarto, dedicado a la enseñanza (por llamarlo de alguna manera) y a la ironía con que Marechal miraba todo.

– Usted dirige esta obra después de varios años de ausencia en el circuito teatral….
– Si. Estuve quince años sin dirigir. Empezó con unas cuestiones de salud. No eran graves pero me crearon un estado de incertidumbre. Me fue difícil salir de eso ya que me crearon un círculo vicioso. Eran temas del músculo esquelético, por la zona de la columna. No son graves pero si muy dolorosos. Fue difícil salir de ahí y poder volver a levantar la montaña. Por más que sea un espectáculo no muy grande, hay que cargarlo y ponerle el cuerpo. Esto me llevó –y no digo que me llevó mucho- nueve años como adaptación y llevará un año y medio de preparación hasta llegar a Corrientes Azul, una sala más que apta para la obra. Además, está en Villa Crespo! Todo cerraba!

– Cómo se vio volviendo a la dirección?
– Feliz! También tenía mis miedos después de no dirigir tanto tiempo. Fue un suave y sensible volver atrás en los caminos previos a la concepción de puestas y dirección de actores. Fue un devenir gracil.

– Me gustó de la obra que es actual aunque también podría ocurrir también hace veinte años.
– Sos la primera persona que me lo comenta y me encanta. En ningún momento quise hacer el Adán de los años 40. Es un texto que tiene mucha vigencia y la va a seguir teniendo porque es un clásico de la literatura. No quería hacer un Adán rodeado de malevos y compadritos, en un Villa Crespo antiguo sino tomar un clásico y trasladarlo al presente. Lo que no sabía es que no se siente es viejo. Es norteñamente actual. Esa fue mi idea.

– De paso le pregunto como fue hacer el Adán hombre? Digo porque usted se tuvo que internar en los vericuetos del personaje….
– A ver…no me resultó muy ajeno a mi. Hay cosas de Adán que me resultan próximas. Casi todo él lo siento asi. Su inquietud poética, el tomarse el pelo porque de repente se siente un poeta excelso y después es un vendedor de humo. De pronto, es un héroe apasionado, el amante ideal, y en un santiamén es el derrotado, el vencido, el desengañado que se quiere morir. Tiene un cuaderno de tapas azules, que es un corazón y de pronto, le hace un funeral al cuaderno. Es muy oscilante el personaje y es en esas contradicciones donde lo encuentro vivo. No es el Adán Buenosayres modélico sino que oscila, duda, va y viene. Se contradice y eso está bueno que pase.

Intermedio: Centro de Buenos Aires. No hay combinación más explosiva que el calor húmedo de Capital con una faringitis que no se va nunca. Subimos a la casa de Malena. Su ventanal permite que la luz entre como un bálsamo. Malena nos ofrece algo de tomar. De repente, dice “voy a bajar la persiana. Estás traspirando”. Tenía razón pero escuchar lo que ella dice hace que cualquier dolor o molestia, pase a segundo plano.

– Al día de hoy, como es llevar el apellido “Marechal”?
– Al día de hoy, es sencillo! Ya tengo varios años sobre mi pero no fue sencillo cuando era más jóven. Entonces quería ser yo y no es que no sea yo, porque era su hija pero cada vez que hacía algo, me ponían “Malena Marechal, hija de Leopoldo Marechal”, me peleaba. Después me di cuenta que no tenía sentido pelearme. Siempre iba a ser asi porque soy la hija de Leopoldo y le busqué el lado bueno. En mis comienzos, no quería dirigir una obra de Leopoldo. Quería estar lejos de todo. Cuanto más separada, mejor! Cuando me di cuenta que eso no era posible, dirigí con gran placer para mi, “La batalla de José Luna”, que es una obra maravillosa. La dirigí en Rio Cuarto, con la Compañía Musical de Rio Cuarto y la llevaron al Primer Festival Latinoamericano. Lo disfruté tanto! Ese sainete, con los malevos, la novia olvidada, esos demonios….Son personajes que siendo tan terrestres, de pronto, cobran una dimensión tan distinta. Se levantan del conventillo! Jajajajajjajaja. De ahí en más, no tuve más empacho. Iba a hacer lo que me gusta. Hice tres cosas de Leopoldo, “La Batalla”,  la versión teatral de un cuento poco conocido que es “Autobiografía de un sátiro” que la obra se llamó “Satiro” y después hice esta.

– En esta época en el que hay tanto reconocimiento a autores como Jauretche y Scalabrini Ortiz, usted cree que a su papá se lo reconoce como se merece?
– Todavía creo que no pero si mucho más que hace veinte años. A Marechal se lo desconoció durante muchos años. En el 68 o 67, cuando salió “El banquete de Severo Arcángelo” se transformó en un best seller, y nadie sabe bien porqué. Ahí arranca Marechal al conocimiento del público, del cual estaba muy alejado. El nunca dejó de trabajar pero su obra estaba muy dormida. Tenía muy poca llegada. El emisor emitía pero al receptor no le llegaba. Ahí, con ese libro que fue best seller, arrastró un poquito al Adán tan olvidado del año 48 y también a que se leyera más a Marechal. Si bien el pensamiento y nuestra identidad nacional reconoce felizmente a nuestros pensadores como Scalabrini Ortiz o Jauretche, todavía cree que Marechal no ocupa dentro de las letras, el lugar que debería. Pero ¿quién puede decir que lugar debería ocupar? Si se que ahora se lo lee, se lo comenta mucho más. Está más vivo que antes.

– Cuando era chico, en mi secundaria, nos mandaban a leer libros como “El lazarillo de Tormes” o “Fuenteovejuna”, pero nunca textos argentinos. A lo sumo, “El tunel” de Sábato y Borges, no porque “nadie lo entendía”. Marechal, Arlt estaban ahí, como “literatos malditos”. Usted cree que cambió esa visión?
– Si, creo que si. Esa es mi opinión. Creo que cambió. Arlt es un escritor, al día de hoy, muy valorado. Antes, lo tomaban como a un escritor menos. Para mí siempre fue un escritor bellísimo. Hizo un realismo mágico en nuestra identidad nacional sorprendente. Sus personajes, tanto como en sus novelas como en sus obras de teatro, son bellisimos. De él, dirigí “La isla desierta”, una obra cortita y muy linda….

– “Prueba de amor”… 

– Si, otra que es muy linda. Tiene otra obra más que es “La juerga de los polichinelas”, que son tres obras cortitas. Después tiene las obras más grandes. Se ha dejado de lado el soslayar a
Roberto Arlt que fue hecho por grandes actores argentinos. Es un grande de la dramaturgia,como Discepolo.

– Una vez escuché que Discepolo está a la altura de Pirandello….
– Si, seguro y ambos son dos grandes pero que maravilla de creador que era Discepolo.

– Al respecto, escritores como Marechal y Arlt, no pasan de moda…

– No, no va a pasar de moda nunca. La literatura de estos grandes es un pensamiento que trasciende ya que conjugaba una visión de presente y un pensamiento utópico. La utopía está siempre presente. Hay un viaje para transitar en esa utopía con la riqueza que esto implica.

– Si por esta puerta entrase la pequeña Malena Marechal que recién empezaba a trabajar en el viejo IUNA, qué le diría?
– Y sería muy campechana y le diría que hemos trabajado mucho y que eso no está mal.

– Le daría algún consejo?
– Que siga trabajando y acá volvemos a Arlt, yo creo en el trabajo. Este nos provee lucidez, de bonhomia de espíritu y conocimiento del mundo. Es una herramienta esplendida y maravillosa. Uno se perfila y se desarrolla en ese hacer y seguir haciendo. Se va conociendo a si mismo pero siempre con el trabajo bien entendido. Ahora parece ser un castigo el trabajo. Tal vez porque no todos tenemos la chance de hacer el trabajo que realmente nos hace felíz y que anímicamente nos hace sentir como propio. Ahí el trabajo se vuelve pesado.

– Hace un tiempo, hablamos con Alejandro Vaccaro, el biógrafo de Borges y nos dijo que todos quieren copiarlo pero «nadie va a poder superar al original». ¿Usted cree que va a aparecer una generación de escritores brillantes como la que hubo?
– Si, por qué no? Toda esa generación que nace en un corto período de tiempo…. Voy a decir una redundancia, la vida está viva. Es decir, en movimiento y como tal, es generador de cosas. Se pueden llegar a dar las cosas como para que alumbre a una futura generación de escritores. Y si no es así, a eso hay que apostar. Hay que esperarla porque se va a dar si es que no se dio ya. No puedo decir que conozca a todos los que están trabajando en las letras y demás fases del arte contemporáneo como para decir que no están. No se. Apuesto a que el hombre, en evolución permanente, llegue a ese punto.

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