Aguafuertes porteñas. Tres semanas, tres shows, tres estilos.

En Buenos Aires pasan cosas. A veces uno se entera por circunstancias relacionadas a su actividad o simplemente porque la casualidad metió la cola. De esta manera y con esta impronta, se relatarán historias y hechos varios dignos de mención.
Nos hemos atrasado un poco con esta sección. Vacaciones y acontecimientos varios hicieron que el reloj corriese más rápido de lo que corre y se acumularon algunos hechos que queremos contarles.
Hace tiempo que uno está en estas lides y sabe que el término “seriedad” tiene que ver con la forma en que se encara un espectáculo, un show o un concierto y no con la cara “seria” con la que uno toque. Si nos guiásemos por esto, deberíamos decir que gente como Juanse brinda un show porque no es “serio”, a lo que seguiría que tampoco es “amargo” y demás calificativos. No obstante, hoy Juanse está más cerca de la historieta que de la historia –en el poco probable caso en que lo hubiese estado-.
Los Parraleños: La dicha en movimiento
Tres semanas atrás, tuve el placer de ir a una fiesta de animé, animado (cuac!) por la idea de ver a Los Parraleños. Para quienes no lo saben es un grupo integrado casi íntegramente por “nikei”, o sea, hijos de japoneses o japoneses de segunda generación (si me equivoco, agradecería los correos que corrijan el error!) que son los creadores de la “Kumbia Samurai”. 

Digamos también que salen a tocar pintados al estilo de las Geishas, al teatro Kabuki y al glam de Kiss. Su hit “Megadeth”, parodia al “Morrissey” de Leo Garcia, los ubicó en la masividad. Ahora, están presentando material nuevo por lo que hicimos un viaje con el 55 hasta Groove, el nuevo templo rockero, de Santa Fe y Oro (no el Negro sino Fray Justo Santa María), en Palermo. El show que brindaron fue impecable. La gente hizo pogo y mosh al ritmo de cumbias y rocanroles que se mezclaban con canciones de los Power Rangers e himnos satirizados como “Seminare”, “Mujer amante” y fragmentos de canciones como “Jump” de Van Halen.

El clima era de alegría y satisfacción por la “seriedad” con la cual los Parraleños encaran sus shows para brindar alegría y diversión con temas excelentemente arreglados e interpretados. Así, desfilaron los hits “Megadeth”, “Acedecé” o “Margarita”. Además, grabaron en vivo el video de su próximo lanzamiento, el tema “Mazinger Z”.
Los Parraleños rescatan la risa sana, esa que se ríe y satiriza pero no a los débiles, al mejor estilo Tinelli. Promediando el último tema, el vocalista “Met” Takara dijo “gracias por venir, gracias por el respeto y no a la discriminación”. Con lo cual, hoy por hoy, es mucho más “rock and roll” divertirse y luchar contra las cosas que hacen realmente mal –como la discriminación- que estar tomando cerveza en una esquina, siendo un idiota útil para el consumismo.
Fernando Kabusacki: el arte de la sutileza
A la semana siguiente (30-1), siguiendo con el derrotero musical, llegamos a Virasoro Bar para presenciar el concierto que brindó Fernando Kabusacki. El público era muy heterogéneo pero no caía en esa cool tan palermitanamente bien vista. Virasoro es un lugar pequeño, con muy buen sonido para ver un espectáculo musical. Más aún, si Fernando Kabusacki es el encargado de amenizar la noche de domingo. 

Saco negro, con guitarra al hombro, se sienta y empieza también a manejar la programación de sonidos al tiempo que “la banda” está compuesta por Cesar Franov en bajo y electrónica, Javier Martinez Vallejo en bateria y la voz invitada de Bárbara Togander. Recordemos que Kabusacki sacó hace poco su disco “Luck” el cual está a la venta en sus conciertos y demás disquerías. Un tal Vernon Reid dijo “Fernando Kabusacki es un guitarrista impresionantemente original y poderoso, cuyo mayor valor es su humanidad y claridad de visión” sobre “Luck”. Y creo que Vernon sabe algo sobre como tocar las seis cuerdas, ¿no?

El concierto de Kabusacki se dividió en dos partes, en las cuales la sutileza dijo presente a través de la calidad interpretativa. El viaje onírico y poético que propone el sonido de Kabusacki es para disfrutar de principio a fin. Aquellos más avezados el arte de tocar instrumentos intentarán descifrar afinaciones y efectos que permiten la creación de un collage sonoro de alta calidad mientras que los que se dejan llevar por el sonido, realizaran un viaje placentero, de esos que se disfrutan con los ojos cerrados, transportándose a los lugares más insospechados del alma. El clima se mantendrá tenue o subirá de acuerdo a la página musical interpretada pero siempre con una coherencia asombrosa.
Quienes tengan la chance de presenciar un concierto de Fernando Kabusacki no se irán nunca decepcionados de lo que escuchen ya que estamos en presencia de uno de los más talentosos y creativos guitarristas argentinos.
Dino Saluzzi: Música popular
El jueves 3 de febrero, continuamos con esta gira mágica y misteriosa musical, esta vez con escala en el Teatro de la Comedia, para ver a Dino Saluzzi. Raro en mi, llegué bastante temprano y mientras estaba haciendo la cola para retirar las acreditaciones pertinentes, el mismísimo Dino Saluzzi entraba al teatro, como quien no quiere la cosa, pasando entre la gente. Un par de personas lo reconocieron, lo saludaron y le pidieron –creo- una foto. Esta imagen, de Dino pasando entre la gente recordó a una similar que pasó con B.B.King y Bob Dylan hace un par de años. El tener el don de la música, influir a generaciones enteras y después, cierta lejanía respecto a las luminarias y al reconocimiento por trayectorias riquísimas, deja un sabor agridulce en la boca. 
A todo esto, se cruza en mi camino un estudiante japonés llamado Katsume Watanabe. Nos quedamos charlando sobre tango y música en general. El público que concurrió al concierto tenía la particularidad de que era un público adulto, varios turistas o estudiantes de música.
Si bien estaba anunciado que iba a tener un formato de trío (Dino en bandoneón, su hijo José María en guitarra y su sobrino Matías en bajo), se presentó un quinteto que incluyó a Nicolás “Colacho” Brizuela en guitarra y a “Cuchara” Saluzzi –hermano de Dino- en saxos. Lo primero que dijo Dino fue que esa noche iba a ser que se “junten las dos puntas de la música argentina, el tango y el folklore”. Lo que siguió a continuación fue un magistral concierto que tuvo de todo: tango, zambas y algún toque de jazz para el deleite de los concurrentes. Realizó homenajes a Osvaldo Pugliese y a Enrique Delfino con “Recuerdo” y un arreglo excelente de un tango de Delfino para saxo y bandoneón. A continuación, llegó el gran momento musical y de emotividad de la noche con la presencia del maestro Jaime Torres, quien dijo “digo con orgullo que soy hijo de bolivianos”, una alusión directa y exacta para los momentos de “racismo bien pensante” como el que tiene la clase media –asustada- encarnado por Mauricio “¿les conté la historia de Cacho?” Macri.
Después de la sublime aparición de Jaime Torres, subió al escenario quien, según Dino, “no se si es el mejor bandoneonista que hay. O por lo menos el que más me gusta a mi”. Presentado de esta manera, subió Julio Pane para dos interpretaciones a puro bandoneón que sacaron chispas. Zambas, chacareras, sonidos del altiplano se conjugaron en toda la creatividad que puede brindar el maestro Dino. El último invitado es el “Tata” Cedrón, quien con su particular estilo, cantó dos tangos que no enriquecieron mucho el alto nivel que tenía el concierto.
Saluzzi habló bastante, más allá de presentar a sus invitados, sobre reflexiones acerca de cuestiones varias, relacionadas con el acervo popular relacionado con el folklore y el tango. No obstante, más allá de que se lo notaba realmente contento y disfrutando del momento, sus palabras denotaban cierta molestia, con una separación entre  un “ellos” y “nosotros”.
Tras más de noventa minutos de música, el punto final llegó con “La llorona”, una zamba de Atahualpa Yupanqui y “Lunita tucumana” en los cuales, ambos, desde sus arreglos y ritmos particulares, encendieron las emociones de los presentes.

Dino Saluzzi está vigente y creativo, con lo cual, la música argentina lo tiene como uno de sus máximos exponentes, con la pena de que el reconocimiento sea mayor en el extranjero que en su propio país.

  
Después de tres conciertos, en estilos diferentes pero con la seriedad de los proyectos y el ser consecuente con los mismos, nada más puede agradecerse que la posibilidad que brinda la música de enriquecerse en los varios estilos y ritmos que tiene. Siempre me acuerdo de aquellos que son tan “auténticos” y “puros” en su prédica, que terminan mordiéndose la cola, sin posibilidad de enriquecimiento alguno, negados a todo tipo de crecimiento.

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