Lo mejor del teatro 2025.

«La revista del Cervantes». De lo mejor del 2025.

En el consecuente balance anual de la actividad teatral del año, tenemos “de todo como en botica”, tal como suele decirse. Teatro comercial, oficial u off, con propuestas variadas, aunque con un alto predominio de puestas “correctas”. O sea, aquellas que «están bien», se dejan ver pero que no sobresalen tanto como para que sean destacadas. A continuación, seleccionamos varias puestas que realmente llamaron la atención, dentro de una producción que, de a poco, se encamina a los números previos a la pandemia en tanto estrenos. Siempre tenemos en consideración la merma del público debido al azote de la motosierra desquiciada que afecta a la sociedad argentina (y que, increíblemente, hubo gente de la cultura acompañó/acompaña….).

El año lo iniciamos con “Ha muerto un puto”, de Gustavo Tarrío. Desde el mismo título, se planta bandera con una frase fuerte que atravesará los 70 minutos de duración. Llega al escenario la vida de Carlos Correas, quien pergeñó el primer relato homosexual de la historia argentina con su cuento “La narración de la historia”. Tarrío conformó un texto que hace justicia no solo a lo realizado por Correas sino que, le añade a la sensibilidad del autor, la propia. La enriquece y la potencia. El trío conformado por los excelentes María Laura Alemán, Vero Gerez y David Gudiño llena el escenario con el legado de Correas. Cada uno lleva adelante algún aspecto de un artista de múltiples inquietudes.

Hubo mucho teatro político para destacar en tanto planteos realizados con seriedad y, por sobre todas las cosas, con la sensibilidad artística que se requiere. Siempre, con la historia vinculándose de una u otra manera.

Uno de estos casos, fue la muy buena “Civilización”. El texto escrito por Mariano Saba toma a la Buenos Aires de 1792 cuando se incendia el Teatro de la Ranchería. Allí, dos hermanas escapan del fuego devorador. Las diferencias entre ellas son notorias, más allá de un atuendo similar. Dos soldados españoles buscan esclarecer el siniestro aunque surja una sospechosa como una «media hermana» del dúo de mujeres sobrevivientes. Junto con un elenco de calidad, la dirección de Lorena Vega –otra faceta de la talentosa actriz- postula el “menos es más” que permite el desarrollo armónico y atractivo de los sucesos. La combinación de historia pasada y presente a partir de situaciones hilarantes llama a la reflexión y a la (auto) crítica. La sonrisa y la carcajada, el aplauso y la mano que se rasca la cabeza. Teatro que modifica al espectador y lo lleva a otros horizontes.

«Ojos látigo», el barrio y los vínculos más allá de todo.

Leticia Coronel combinó teatro y “calle” (algo de lo que carecen gran parte de los creadores progrechetos, blancos y clasemedieros teatrales) en su visceral “Ojos látigo”. Allí lleva adelante el legado de Juan Carlos, “El gordo”, abatido por la policía -tras una entradera- y mejor amigo de su hermano Leonel. Coronel concibió una oda a la amistad, al barrio y a los gustos comunes que tiene un grupo de cuatro chicos que se reúnen para recordarlo. Lo bueno y lo no tanto, pero destacando el carácter humano de quien ha partido de esta Tierra. En ese ítem se dividirán las aguas de “lo bueno” y “lo correcto”, que no es lo mismo. La música es fundamental en esta creación de sentido en tanto se eligió la obra de Pity Alvarez, Vox Dei y cumbia. Danza y palabra para ese futuro que está por venir y no se presenta de la mejor manera. Algo que es de lamentable actualidad.

Con una frase atribuida a Manuel Belgrano (“Ay, Patria Mia”), Eugenio Soto vuelve a poner el dedo en la llaga con un díptico argentino que toma una figura nacional y un ámbito que se convierte en metáfora de las divisiones internas del país. Desde el mismo título, se juega con el dolor y la tonalidad en la enunciación que podrá denotar añoranza, rabia o búsqueda de un futuro en concordancia con los laureles de antaño. Los relatos logran un fuerte impacto al combinar ficción con realidad, en relación directa con la coyuntura. Por eso, choca la imagen de la Madre Patria como una mujer retirada de la escena pública o un desierto que se traga a dos hombres. Cada narración, más allá de una escritura rica e imaginativa, juega con la Historia de este bendito país, con el talento y la irreverencia de la zurda más emblemática que dio esta tierra. Pero también es civilización y barbarie. Es ese campo en el que “la palabra es la arena de la lucha de clases” entre un baqueano y un bufón. Ambos, con los indios y el ejército de por medio. Una puesta que son dos caras de la misma moneda..

A contracorriente de lo que sería “lo políticamente correcto” en relación a la programación del Complejo Teatral de Buenos Aires, destacaremos a “Sansón de las Islas” por encima de producciones más ambiciosas. Año 1982, plena guerra de Malvinas. Desde un canal de televisión, manejado por el coronel Garmendia, convocan a Sansón para que retorne al ring en el marco del “Fondo Patriótico” con el fin de recaudar fondos para los soldados en las islas. Para eso, debe enfrentar a un enigmático rival para fomentar la euforia del colectivo denominado “pueblo” en el combate contra los ingleses. La pluma de Gonzalo Demaría es tan rica como corrosiva. El uso de la intertextualidad y del metamensaje, pleno de ironía y sarcasmo es preciso. Nuevamente, el linkeo con la actualidad es más que apreciable y pone el dedo en la llaga en la esencia del “público”, por su participación u negación ante lo que ocurre en la sociedad. Más aún si se da cuenta de políticas económicas de una época que –¡oh, casualidad! -, se repiten al día de la fecha. Emiliano Dionisi ratificó sus dotes como director. La espectacularidad, solo cuando es necesaria, pero sin resignar un ápice en la significación.

La participación femenina en la historia y la política dice “presente” en historias como “El grito y el silencio”. Dos mujeres hablan de su drama en dos distintos años de sus respectivas vidas. En 1868 y 1914, cada una de ellas (Ignacia y Carmen Robles, respectivamente) dan cuenta de un vínculo que tienen con el –ahora reivindicado por el contexto liberotario- general Julio Argentino Roca. La dramaturgia de Selva Palomino es cruda y elocuente. Es el nexo de Roca con ambas y la forma en que la espada imponía su voluntad, con lo que implica el verbo “imponer”. De más está decir que el machismo y el patriarcado eran la norma a seguir. La dirección de Fabi Maneiro es acertada y le brinda contundencia a la puesta en general.

El humor corrosivo de Carne de Crítica, siempre vigente.

Párrafo aparte para “Carnada” con su temporada en el Portón de Sánchez. Frida está sentada, en el living de su casa, en pleno duelo. Dos jóvenes mujeres interrumpen sus pensamientos, en busca de su marido recién fallecido. Las chicas, con una estética dark, tienen un propósito, un fin, con un pasado que no fue pisado. El texto de Susana Torres Molina es tan rico como inquietante respecto a lo que esboza. Juega con maestría con el misterio de la condición humana y su comportamiento. Su capacidad para “hacer el bien y hacer el daño”, como diría una canción. Aquí, es un universo más femenino, con mujeres que han crecido pero no olvidado lo acontecido. La dirección de Cintia Miraglia es precisa. Todo está en su lugar y se desenvuelve como armonía.

Política, sociedad y marcos históricos se conjugan en la ponzoñosa “Yunta” en que dos hombres están en un campo, a punto de galopar. Son “el señor” y el “Perro”. Hablan pero ¿dialogan? El “señor” pavonea su alcurnia como si fuera un bien supremo. Hay un “nosotros” y “ellos” bien definido, pero es en esta construcción, donde se percibe la punta de un iceberg de creación de sentido enorme. Hay dos clases sociales bien definidas que se relacionan por medio de relaciones de poder y sometimiento. La versión que realiza Adriana Rolfi del texto de Joaquín Daniel es excelente en tanto y en cuanto la combinación del humor con la parodia y la sátira. El escenario cuenta con una escenografía austera y exacta que potencia las palabras. Su dirección es sabia; sabe qué priorizar y de qué manera. Todo está en su lugar, tal como los silencios que son elocuentes en las pausas que derivan en el devenir de la acción.

Carne de Crítica brilló con “Algo ladina (El premio que faltaba)”. Como si fuera ese vino que mejora con el paso del tiempo, ese combo maravilloso compuesto por Carlo Argento, Claudio Pazos y Francisco Pesqueira dio cuenta de su vigencia. En este caso, todo gira en torno de la ceremonia de entrega de un premio, espacio por antonomasia en que se pavonean los egos y las vanidades. El arte y el espectáculo atravesados por la banalización propia de la industria cultural y el mercado televisivo El grupo hace reir y visibiliza la constante circulación de un vaciamiento de contenido en los medios.

No vamos a descubrir la pólvora al dar cuenta del talento de Mariano Pensotti. En este 2025, retornó, tras casi veinte años, a una sala de teatro independiente. Lo hizo con “Una sombra voraz” una propuesta acorde a sus pergaminos. Dos historias paralelas que se unirán a su debido tiempo. El texto de Pensotti tira una bomba de implosión silenciosa en cada una de personas sentadas en la butaca de Dumont 4040. El efecto será único y personalísimo. Saltan las esquirlas de los deseos y expectativas que uno tuvo/tiene/tendrá en su vida. Lo deseado y lo obtenido no siempre termina siendo una ecuación exacta. Pero la pluma de Pensotti también apunta a otros destinos. En un 2025 de capitalismo salvaje, juega un partido especial la construcción de realidades alternativas y una “individualidad” elogiada por el contexto.

La fábula de «Rocky» esta bien cuidada.

En los llamados “site specific” (¡qué nombre moderno!) destacamos a “Atlas de un mundo imaginado”. La propuesta de la dupla Aliana Alvarez Pacheco- Silvia Gómez Giusto se alejó de la gran mayoría de los “recorridos” que son un compendio snobismo, banalización y una “inocencia” propia de quien vive en una burbuja y descubre que hay “maldad en el mundo”. No es el caso. Aquí, Ana y Emilia son dos hermanas que tienen diferencias notorias en su concepción de la vida, pero se aman como pocas. En 1997, Ana se tomó un avión para salir al mundo mientras que Emilia se quedaba en el barrio. La década del 90 explota mientras se camina por La Isla de Paternal. Los viajes de Ana y la permanencia de Emilia terminan reflejando la historia del país, con los ojos de quienes son testigos de lo malo y lo peor, con muy poco para rescatar.

En lo que a teatro comercial y/o de Calle Corrientes, destacamos a “Rocky”. Divertimento al 100 % con toda la producción destinada a lograr un producto de primerísima calidad para que todos los presentes se vayan felices. Nicolás Vázquez lleva adelante la historia de Rocky Balboa tal como es conocida.  «El camino del héroe» que refleja la vida de Balboa es rico en sus diversas luchas. Hombre de pocas luces y buen corazón, sabe que está frente a la última posibilidad de ser “alguien” en el marco de la sociedad de 1976, año en que se desarrolla la acción. Nuevamente reiteramos que, a toda la gente que se emociona con Rocky y la cantidad de historias que hay detrás de los boxeadores, estaría bueno que, alguna vez, vayan a la FAB –como mínimo- para ver un combate y vivir la realidad de quienes suben al cuadrilátero.

Para cerrar, dejamos la que consideramos LA puesta del año. En el marco de una buena programación en el Teatro Cervantes, hubo una joya que brilló por encima de las demás, dentro de la cartelera porteña. Nos referimos a “La revista del Cervantes”. La revista siempre fue un hito dentro del teatro argentino, mal que le pese a muchos. Desde el principio, se aprecia la seriedad y la ambición de un proyecto tan arriesgado como necesario, con una investigación enorme que reflota partituras originales para crear un show único. El texto es de calidad, e incluye un mix de la prosa y el verso -parte del ADN teatral de Gonzalo Demaría- que resulta cautivante y amable al oído. El anclaje con la realidad lo brindan los monólogos de Bores y Pinti. Es aquí cuando el público juega su partido con risas y aplausos llenos de catarsis y descargo, en medio de este contexto de crueldad liberidota en que se vive.

“La revista del Cervantes” brilla de principio a fín y ubica a un género considerado “menor” en el lugar de admiración que se merece. En una de las producciones más importantes del año, la puesta hace justicia divina a un capítulo oculto por mero prejuicio, de la rica historia del teatro argentino. Reivindicación, calidad y respeto. La revista no ha muerto; ¡¡viva la Revista!!

La próxima entrega traerá a las Damas de las Tablas 2026

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